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CICLOTURISMO Jiloca

Alto Jiloca, rodando desde los Ojos de Monreal a Calamocha

El río Jiloca localiza su nacimiento en la fuente de Cella, el pozo artesiano más grande de Europa. Sin embargo los Ojos de Monreal se consideran el verdadero comienzo del río por su caudal más estable. En su recorrido hasta Calamocha el valle discurre sin apenas desnivel, cubierto por huertas, maizales, choperas y rodeado por amplias parameras cerealistas. Los pueblos se conectan con pistas y carreteras por donde discurre la ruta ciclista.
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La ruta cicloturista recorre el Alto Jiloca, las tierras situadas en la parte alta de la cuenca entre las localidades de Monreal del Campo y Calamocha. Un recorrido sencillo ya que la mayor parte discurre por caminos asfaltados y carreteras de poco tránsito, mientras que el resto son pistas. El paisaje de la vega en compañía del río será de agrado al ciclista.

Hasta Monreal del Campo se puede acceder de manera cómoda por la autovía mudéjar, bien provenientes de Zaragoza o Teruel. El punto de partida es el paraje conocido como los Ojos de Monreal, situado a unos dos kilómetros del pueblo. El frondoso lugar está rodeado de chopos y se compone de unas cincuenta surgencias de forma circular de diferentes tamaños que ocupan una superficie de agua de una hectárea. El carrizal protege este hábitat natural, cuyo caudal medio es de unos 500 litros/segundo.

LONGITUDDESNIVELPENDIENTEFIRMEDIFICULTAD

20,5 km

50 mvariablebuenomedia

Se deja el vehículo al pie de la pista asfaltada de acceso, junto al área recreativa. A escasos metros están las compuertas que regulan el caudal del río y de la acequia de Rey. En este punto arranca la ruta, tomando un sendero que en apenas unos metros se convierte en camino. Éste acompaña a la acequia de cemento que distribuye el agua la cual alimenta las huertas de la vega. El tramo inicial constituye un agradable paseo donde las choperas se alteran con las tierras de cultivo.

Sin perder de vista las cristalinas aguas de la acequia se alcanzan las primeras viviendas de Monreal del Campo. Bordeando la población y cuando casi se han alcanzado los dos primeros kilómetros se pasa junto al Molino Alto. En su origen fue destinado a la producción de harina aunque fue reconvertido en fábrica de luz el siglo pasado. Tras su rehabilitación se conservan las tres cárcavas y su entorno se ha reconvertido en un bello rincón. Justo después aparece el primer cruce de carretera. Al frente y a la izquierda, se continúa por la pista que acompaña la acequia y que la cruza poco después. Tras recorrer trescientos metros por un tramo en regular estado se vuelve a cruzar otra carretera. De nuevo se avanza al frente por otra pista que discurre flanqueada por frondosas choperas. Cuanto se llevan 2,8 kilómetros otra vez es necesario cruzar, en este caso, la carretera principal de acceso a la localidad. Al otro lado se toma una calle que bordea las instalaciones deportivas y que discurre en paralelo a la acequia, por la margen opuesta. Medio kilómetro después surge el acceso al Molino Bajo, a la derecha, y el camino gira bruscamente a la izquierda, por donde  debe continuarse. Cuando se alcanzan 3,6 kilómetros de ruta se llega a una carretera. Tras incorporarse con precaución, se coge dirección a la derecha. El paisaje cambia, alejándose del río, y atravesando una llanura con campos de cultivo amplios.

Tras alcanzar los 5,6 kilómetros se deja la carretera tomando un amplio camino a la derecha. El trazado poco a poco va acercándose a la vega de nuevo, a la vez que toma dirección al siguiente enclave: Torrijo del Campo. A los 7,2 km vuelve el asfalto en las calles de la localidad. Su trazado rectilíneo abandona las huertas y se introduce en el casco urbano hasta toparse con el acceso a la localidad. Se gira a la izquierda y poco después arranca la calle San Pedro a mano derecha por la que se abandona el pueblo. Al alcanzar el punto kilométrico 7,9 se toma una pista asfaltada la cual surca de nuevo la vega del río Jiloca.

En el kilómetro 9,2 se pasa a los pies de la ermita de la Virgen de las Cuevas. El precioso edificio cuenta con un porche a los pies. En uno de sus costados cuenta con un área de descanso dotada de buena sombra. Además cuenta con un buen mirador del fértil valle del río Jiloca. Un buen lugar para descansar. Se continúa el trazado de la pista hasta otra carretera. Se avanza al frente, y poco después ésta gira a la izquierda. La ruta ciclista avanza nuevamente al frente por otra pista asfaltada. Sin abandonar el asfalto bordea unas instalaciones agropecuarias y a la vuelta de una curva surge en un costado la estación de ferrocarril de Caminreal. Tras su acondicionamiento ahora es la sede del Centro de Interpretación de la Cultura Romana de Caminreal (CICAR). Se llevan 10,3 kilómetros de ruta.

El recorrido avanza de manera rectilínea hasta introducirse en el barrio del Santo, en torno a la ermita de San Salvador, perteneciente a la localidad de Fuentes Claras. En este punto se cumpen 12,5 kilómetros. Frente a la ermita se coge la calle a la derecha que tras cruzar el cauce del Jiloca entra en el casco urbano. Es necesario tomar la primera calle a la izquierda, y seguir su trazado irregular hasta llegar a los pies de la ermita de San Ramón, situada en un cruce. En este punto se toma la calle de la izquierda que sirve para dejar atrás la localidad. Los campos ahora son más irregulares, cercanos al río. Llega un momento en que es necesario superar las vías del ferrocarril que conduce a Teruel. En su descenso se divisa el siguiente pueblo así como la ermita de la Virgen del Moral. En este punto se habrán alcanzado los 14,5 kilómetros de ruta.

A los pies de la ermita está el viejo moral, que da nombre a la ermita y a la virgen. Poco más adelante surge la carretera de acceso a El Poyo del Cid. Una pequeña elevación alberga el peirón de la Virgen del Pilar y un monumento en recuerdo a los muertos en la guerra civil. Cuenta con una bella vista de la localidad coronada por el cerro de San Esteban, donde el Cid Campeador estableció un campamento, hecho que dio nombre al lugar. Se coge la carretera en dirección a la derecha. A unos trescientos metros se abandona para tomar a la izquierda una pista asfaltada que arranca en una ligera curva. Su trazado sinuoso servirá de camino hasta alcanzar la localidad de Calamocha, surcando grandes campos de maíz.

La pista desemboca en una amplia calle que sirve de circunvalación, flanqueada por casas unifamiliares en uno de los costados. Sin dejar su trazado llega un momento en que gira a la izquierda con el fin de atravesar el cauce del río Jiloca. Justo antes se puede descender hasta los antiguos lavaderos, un edificio abierto al frente que cuenta con una fuente. A su derecha arranca el paseo fluvial que servirá como final a la ruta ciclista. Un agradable recorrido que acompaña al cauce del río rodeado de abundante vegetación. Al tropezarse con una calle, sólo resta girar a la izquierda para alcanzar de nuevo la ribera, en el punto en que se conserva un puente romano. Se trata de un robusto puente de un solo arco de origen romano, aunque reformado posteriormente. El entorno ajardinado y el paso del río configuran un espacio de gran belleza, y con el que se pone punto y final a la ruta ciclista.

Se recomienda un paseo por el centro de Calamocha, la capital de la comarca del Jiloca. Además de los buenos ejemplos de arquitectura civil, sobresale la iglesia de Santa María la Mayor, ubicada en una gran plaza donde también se localiza el ayuntamiento.

Para la tarde se propone acercarse hasta la Laguna de Gallocanta. Antes de alcanzar la población que la da nombre hay un centro de interpretación que relata la importancia natural de este enclave, la mayor laguna natural de la Península Ibérica. Además en el periodo invernal tiene como atractivo ser el lugar de reposo de miles de grullas en migración desde el norte de Europa hacia las tierras del sur.

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Campo de Borja CICLOTURISMO

Valle medio del Huecha, atravesando la ruta de la garnacha

El Huecha, también conocido como la Huecha, es un modesto afluente del río Ebro que nace en el Moncayo y desemboca en el Ebro junto a Novillas. Sus aguas proceden de los barrancos de Valdealonso, Morana y Horcajuelo. En su tramo medio se adentra en la comarca de Campo de Borja, pasando junto a Bulbuente, Maleján y Borja. Tierra de frondosas riberas rodeadas de campos de almendros y olivos, pero también de los viñedos de la ruta de la Garnacha.
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La ruta cicloturista recorre tierras del Moncayo, dentro de la comarca del Campo de Borja. Hasta la capital comarcal es necesario trasladarse para comenzar el recorrido en bici. El único acceso desde tierras aragonesas parte desde el valle del Ebro, a través de la carretera nacional N-122 en dirección a Soria.

El recorrido surca el territorio mediante pistas en buen estado, con algo de piedra suelta en algunos tramos. Debido a los numerosos cruces es necesario prestar atención a las indicaciones y a los puntos kilométricos. En todo caso la señalización del sendero de pequeño recorrido entre las localidades, con carteles indicadores y señalización amarilla y blanca solventará todas las dudas.

LONGITUDDESNIVELPENDIENTEFIRMEDIFICULTAD
22 km300 mvariableregularmedia

Tras atravesar el casco urbano de Borja, el punto de partida es el cruce de la travesía con el arranque de la carretera que sube al santuario de Misericordia. Justo enfrente parte la calle Vajillería, kilómetro cero de la ruta. En primer lugar cementado y después de tierra, parte una pista que se adentra en la ribera del Huecha, salpicada de huertos y abundante vegetación. Se alcanza el primer cruce del río a través de un robusto puente de sillería de dos arcos, a 1,2 km.

Dejando dos pistas a la izquierda, se toma a la derecha un camino que discurre en paralelo al cauce junto a los límites de una gran finca. Cuando se alcanza los dos kilómetros de recorrido se desciende hasta un camino procedente de Maleján, por donde se volverá tras realizar el recorrido circular. De momento se toma dirección a la izquierda en ligero ascenso. El paisaje cambia por completo abandonando la vega. Los viñedos comienzan a dominar el horizonte. En el punto kilométrico 3,2 se alcanza un cruce ortogonal, continuando al frente. Se mantiene el ascenso hacia las suaves lomas que delimitan el valle. Los campos de olivos y almendros van dominando poco a poco el paisaje, otra de las señas de identidad de la comarca. Tras alcanzar el kilómetro 5,3, se toma el ramal derecho. Un recorrido más sinuoso alcanza la parte más de toda la ruta ofreciendo magníficas vistas del Moncayo. En todo momento hay que estar atentos a los carteles y las marcas amarillas y blancas.

En descenso, atravesando una zona de monte donde se alternan campos con la vegetación propia a base de carrascas se alcanza la carretera que conduce a Talamantes. Se alcanza el punto kilómetro 8,3. Enfrente parte un camino que bordea por la parte trasera una granja. En el siguiente cruce se sigue al frente, por camino escoltado por chopos y pasando junto a algunas bodegas que anuncian la cercanía del casco urbano de Ambel. Se abandona la rambla por la derecha para alcanzar una calle que se introduce en la localidad. Justo después de desembocar en una calle mayor, se pasa junto al frontón. Frente a él parte una de las arterias principales.

En su recorrido se pasa a los pies del ayuntamiento. Poco después atraviesan dos plazas donde se concentra el patrimonio artístico, con la iglesia de San Miguel, el Palacio de la Orden de Jerusalén y la Casa Galván como mejores ejemplos. En descenso se alcanza la parte baja, donde es necesario tomar una calle a mano izquierda, entre fachadas traseras y muros de campos. Al final parte un camino asfaltado que conduce al barranco de los Moros, donde se concentran las pequeñas huertas de sus habitantes. Al franquearlo se pasa junto al peirón o pilar de la Virgen del Río, al cumplir los 10 kilómetros de ruta.

Se toma el ramal derecho, asfaltado, que se abandona medio kilómetro después por una pista de tierra que parte a la derecha. Importante cruce es el siguiente, cuatrocientos metros después, en el kilómetro 10,9. En este punto hay que tomar el ramal que gira bruscamente a la izquierda. El recorrido se adentra en una zona boscosa flanqueada por pinares y carrascas. En descenso se bordea una val que desemboca en el valle del Huecha, a donde se encamina el trazado. Tras alcanzar el lecho del cauce y bordear una pequeña balsa se alcanza el cruce del río, sin acondicionar, pero que no presenta dificultades. Se cumplen los 11,8 kilómetros de recorrido en este punto.

Al otro lado comienza el ascenso que se aproxima a la carretera que conduce a Tarazona. A escasa distancia de ella, en el kilómetro 13,2, se toma una pista a la derecha que toma dirección a Bulbuente. Al alcanzar las primeras viviendas, al borde de la carretera nuevamente, parte la calle de los Moros a la derecha, la cual en trazado sinuoso y estrecho desemboca en el centro de la localidad. Allí se levanta un gran torreón perteneciente al antiguo castillo y el Palacio de los Abades de Veruela, además la sede del ayuntamiento. Junto al teleclub parte una calle que toma dirección al parque y al río Huecha, cuyo cauce sin acondicionar se atraviesa tras haber recorrido 14,5 kilómetros. Tras dejar atrás la vegetación de ribera, en el kilómetro 15 gira a la derecha. Ahora la ruta surca las terrazas fluviales dominadas por los campos de olivos y vides.

Un trazado rectilíneo en paralelo al río sin dejar las marcas amarillas y blancas del sendero de pequeño recorrido. Tomando una rampa cementada se desciende al cauce del Huecha, el cual se atraviesa por una plataforma a ras del río, en el kilómetro 18. Después atraviesa una zona de huertas hasta llegar cerca de la carretera, en el kilómetro 18,7. En este punto se toma un camino a mano derecha que toma dirección a la localidad de Maleján, que deja en el epicentro de la localidad, junto al colegio. Una pequeña parada nos permite acercarnos al casco antiguo, formado por calles estrechas herencia de su legado musulmán. Una plazoleta alberga la modesta iglesia de la Visitación, y un poco más adelante se abre un mirador del valle del Huecha de visita obligada. Este pequeño paseo añade doscientos metros más al cuentakilómetros.

Volviendo a la calle principal, se avanza en la misma dirección hasta alcanzar la calle Huecha. Por ella se abandona el casco urbano hasta toparse con un camino. Girando bruscamente a la derecha se encamina a la vega. Un puente atraviesa el cauce tras haber alcanzado los 20 kilómetros de recorrido. A escasa distancia surge a mano derecha el camino por el que se ha pasado antes, y que sirve para volver a Borja después de recorrer los dos kilómetros finales.

Por la tarde se propone la visita a la localidad de Borja. Junto a la Puerta de Zaragoza, está ubicada la oficina de turismo. Un recorrido por sus calles ofrece rincones tan acogedores como la plaza de Santa María. Allí se alza la ex-colegiata de Santa María, en cuyo exterior sobresalen dos esbeltas torres, una de ellas mudéjar conocida como Torre del Reloj, y la otra de estilo clasicista. Junto a ella se encuentra el Museo de la Colegiata ubicado en un palacio renacentista que alberga tres plantas con diferentes salas expositivas que muestran fondos religiosos, en torno a un pequeño patio de bella factura. Volviendo a la arteria principal, en ella se abre la plaza del Mercado. Uno de sus costados alberga la zona porticada. Y en las cercanías está uno de los espacios más bellos de la localidad, la plaza de España. Presidida por el ayuntamiento, la sede se emplaza en un palacio aragonés del siglo XVI.

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CICLOTURISMO Hoya de Huesca/Plana de Uesca

Ruta del Carrascal de Castejón, atravesando un bosque de encinas

El carrascal de Castejón, o de Nisano, toma el nombre de dos antiguos despoblados medievales reconvertidos en explotaciones agropecuarias, conocidos históricamente como castillos. Es una importante extensión de encinas, de unas 800 ha, el mayor y mejor conservado carrascal de llanura de la Hoya de Huesca. Entre todos los ejemplares sobresale la Carrasca de Becha, un longevo árbol cuya figura sobresale en medio de un campo de almendros.
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Esta ruta ciclista parte de la localidad de Chimillas, situada a escasa distancia de Huesca capital. Para llegar es necesario tomar la carretera que conduce a Ayerbe. Poco después un desvío conduce directamente al casco urbano. La travesía se rodea de nuevos edificios. Desde la segunda rotonda se accede al origen del núcleo, pasando junto a un bello ejemplo de casa solariega, hasta llegar a la plaza donde se alza la iglesia parroquial.

El recorrido propuesto combina pistas en bueno y regular estado, con algún trecho de veredas más estrechas que ofrecen un aliciente a la ruta, y dos pequeños tramos de carretera. El desnivel en el recorrido es escaso lo que la convierte un recorrido fácil.

LONGITUDDESNIVELPENDIENTEFIRMEDIFICULTAD
19 km100 mvariableregularbaja

Desde la plaza de la iglesia se vuelve por la misma calle hasta la rotonda. Se toma la segunda salida por la derecha, abandonando rápidamente el pueblo. En los dos primeros cruces se toma el ramal derecho. Cuando se llevan 1,6 km se toma de nuevo la bifurcación a la derecha, dejando el trazado principal de la pista. Los campos se van alternando con los primeros bosques de carrascas. En el kilómetro 3,7 aparece un importante cruce. La pista hace un giro muy pronunciado a la derecha para tomar dirección contraria. Siguiendo esta dirección el firme empeora. Medio kilómetro después se deja la pista y se toma un sendero que se interna en el carrascal. Comienza el tramo más divertido de la ruta en el cual se siente la frondosidad del bosque.

Sin dejar la senda y siguiendo siempre al frente, en el tramo final ésta se convierte en pista. Trascurridos 5,5 kilómetros aparece un cruce ortogonal de amplios caminos, donde se debe tomar el desvío a la derecha en ligero ascenso. De nuevo se atraviesa una zona de abundante arbolado, en la que deben dejarse todos los pequeños ramales que surgen continuando por el trazado al frente. En un claro del bosque aparece un campo de almendros, que debe bordearse por la izquierda. Poco después surge la majestuosa imagen de la Carrasca de Becha. Rodeada por la plantación de árboles alineados destaca por su gran porte, con 19 metros de altura. Es necesario atravesar el campo para poder admirar la carrasca bajo su copa.

Ya de nuevo en la pista, un poco más adelante, quedan los restos de algunos muros como único testimonio del antiguo castillo de Becha. El camino desciende de manera brusca desembocando en una pista de buen firme, tomando el desvío a la derecha. En sentido contrario se alcanzaría el castillo de Castejón. En trazado rectilíneo y atravesando el campo de almendros se alcanza la carretera proveniente de Chimillas en dirección a Lierta, tras superar ligeramente los ocho kilómetros de recorrido.

Girando a la izquierda se discurre por la carretera, bordeada por el carrascal sólo en su margen derecha. En poco menos de un kilómetro se abandona para tomar un amplio camino a mano derecha que sirve de acceso al castillo de Nisano. Se trata de un conjunto fortificado documentado ya en el siglo XI. Sin llegar a él, se toma a doscientos metros de la carretera un desvío a mano derecha que bordea la masa boscosa de encinas.

Tras dejar el carrascal, cuando se llevan 10,4 km de ruta se atraviesa un pequeño cauce, y poco después el recorrido se adentra de nuevo en la arboleda. Se trata de la última incursión en este reducto de bosque autóctono. Al salir se aproxima a una granja y poco después se gira a la derecha bordeando sus instalaciones. A los 13,5 kilómetros se toma una pista a la izquierda que toma dirección al campamento militar de Igriés.

En los sucesivos cruces, primero a la izquierda y luego a la derecha, se discurre junto a las instalaciones militares en desuso, en dirección al sur. Solo resta tomar el camino principal que se encamina a la localidad de Banastás. A los 17,2 kilómetros se pasa junto a los primeros edificios. Por la calle se llega a la intersección con la carretera. Para terminar la ruta sólo resta recorrer un tramo de carretera hasta alcanzar la población de Chimillas, habiendo recorrido algo menos de 19 kilómetros en total.

Para la tarde se propone un paseo por la ciudad de Huesca. Muchos son los atractivos de la capital oscense. El punto de partida ideal es la plaza de Navarra, con su bella fuente en la parte central, escoltada por el edificio del Casino. Desde allí recorrer los  Porches de Galicia y el Coso, las arterias más animadas del centro de la ciudad. Pero también adentrarse en el casco antiguo, haciendo un alto en las plazas de Allué, rodeada de porches, la plaza de San Pedro, con la iglesia de San Pedro el Viejo, panteón real, y la plaza de la Catedral, que alberga el edificio del ayuntamiento y la Catedral con su magnífica portada, son puntos imprescindibles en una visita rápida a la ciudad.    

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CICLOTURISMO Comunidad de Teruel

Vía Verde de Ojos Negros, en torno a Teruel capital

La vía verde más larga de España discurre entre Teruel y Valencia. En su tramo intermedio por tierras aragonesas, entre Puerto Escandón y Cella, bordea la capital turolense. Un recorrido donde se atraviesan bosques de pinos y quejigos, cortados teñidos por el color rojizo de las arcillas, el desfiladero del barranco Seco, el valle del río Alfambra y que desemboca en los llanos de Jiloca.
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La vía verde de Ojos Negros utiliza el trazado del antiguo ferrocarril minero de Sierra Menera, el cual comenzó a funcionar el 27 de julio de 1907. Fue construido para transportar el hierro extraído en las minas de Ojos Negros hacia el puerto de Sagunto. Se da la paradoja de que esta línea de ferrocarril, de 205 kilómetros de longitud, se trazó casi en paralelo a la línea de la Compañía del Ferrocarril Central de Aragón debido a las altas tarifas que imponía dicha compañía. Su vida estuvo siempre condicionada por el nivel de actividad de su cuenca minera. Con la puesta en marcha de la planta siderúrgica de Sagunto, éste fue creciendo llegando a limitar su expansión. Se alcanzaron acuerdos con Renfe, propietaria entonces de la otra línea, para traspasar a esta empresa el transporte de hierro, y finalmente en el año 1972 se clausuró el ferrocarril minero.

En esta propuesta se plantea recorrer una parte de la vía verde, entre el Puerto Escandón y la localidad de Cella, ambos puntos con acceso para vehículo. Entre ellos la distancia es de unos 41 kilómetros. La mejor opción es acudir inicialmente a la localidad de Cella, desde donde a través de un vehículo de apoyo o de un taxi alcanzar el punto de inicio de la ruta ciclista, Puerto Escandón. Así se realiza la ruta aprovechando la pendiente descendente en la mitad del recorrido.

LONGITUDDESNIVELPENDIENTEFIRMEDIFICULTAD
41,5 km (ida)300 m1,5%buenomedia

El punto de partida es el Puerto Escandón. Desde la autovía mudéjar, a unos 13 kilómetros de la ciudad de Teruel en dirección a Valencia, aparece la salida en dirección a Formiche Alto y Bajo. En la rotonda es necesario tomar la antigua carretera nacional en dirección a Valencia y en breve es visible a la derecha la solitaria estación de la actual línea férrea Teruel-Sagunto que lleva este nombre. Entre la actual vía del ferrocarril y la carretera discurre el itinerario ciclista. Este el punto más alto de todo el recorrido, a 1230 metros. Se toma la vía verde a la derecha, en forma de pista asfaltada.

A corta distancia la construcción de la autovía obligó a modificar el antiguo trazado ferroviario, con un descenso pronunciado y un cruce inferior mediante un corto túnel. Al otro lado un pequeño repecho devuelve a la plataforma del tren minero. Comienza un trazado prácticamente rectilíneo, surcando el paisaje mediante pequeñas trincheras y taludes protegidos por vallas de madera. En las márgenes la vegetación a base de sabinas, quejigos y pinos resulta muy agradable.

A los cinco kilómetros y medio se alcanza un pequeño merendero protegido por rocas. A continuación se atraviesa uno de los viaductos que fueron necesarios para salvar esta zona tan agreste. Y poco más adelante se llega a la boca del túnel más largo de este tramo. Sus 127 metros de longitud en trazado ligeramente curvo permiten que sea atravesado sin problemas sin apoyo de luz, aunque está dotado de iluminación automática en el caso de que funcione.

El recorrido discurre de manera elevada sobre la rambla de Valdelobos. A escasa distancia un nuevo viaducto y un túnel de 92 metros que se atraviesa sin problemas. La vía verde acentúa en este tramo la pendiente, lo cual facilita la marcha. La vegetación boscosa da paso a un paisaje en el cual dominan los colores rojizos de las arcillas en los cortados que atraviesa la vía verde.

Después de haber recorrido unos diez kilómetros, un buen lugar para realizar un pequeño alto en el camino es el merendero situado junto a la estación de Valdecebro. El pequeño apeadero sin uso se mantiene en pie, aunque en estado de abandono.

El recorrido ahora se va acercando a la autovía mudéjar. También se aprecia a la derecha, a media distancia, la silueta de la población de Valdecebro. Llega un momento en que se hace necesario cruzar la autovía por un puente elevado que se comparte con el resto de vehículos, habiendo recorrido casi catorce kilómetros y medio de ruta. Al otro lado de nuevo se retoma el trazado de la vía verde exclusiva para bicicletas.

El ciclista se adentra en la rambla del río Seco, un pequeño valle que poco a poco se va encajonando. Tanto que la vía verde debe atravesar por debajo de los dos puentes que se apoyan en pilares de gran altura que sirven para el trazado de la autovía. Tras una ligera curva de nuevo se atraviesa la carretera por debajo. Tras rebasarla se hace necesaria una pequeña parada para observar una curiosa forma rocosa, conocida como Peña el Macho, situada a escasa distancia a mano izquierda. A sus pies nace el manantial del cual se tomaron las aguas para el abastecimiento de agua de Teruel, llevado a cabo por Pierres Vedel a mitad del siglo XVI. Una obra de ingeniería que trasladaba el agua hasta la capital turolense recorriendo cuatro kilómetros de distancia.

Se avanza por la vía verde, elevada sobre la rambla hasta que se atraviesa un túnel moderno bajo la carretera que une Teruel con Cantavieja, de una longitud de 104 metros. Se habrán alcanzado los 16,7 kilómetros de recorrido en este punto. A su salida sorprende un paisaje deforestado con colores variados de yesos, arcillas y calizas que forman diversos estratos con formas que se deben al efecto de la erosión.

El trazado comienza a girar a la derecha bordeando la Sierra Gorda. A pesar de la ligera pendiente descendente, se circula elevado sobre la vega surcada por el río Alfambra en su tramo final. De nuevo sorprende el paisaje erosionado con tonos anaranjados que acompaña al trazado ferroviario.

Llega un punto en que el ciclista comparte su espacio con los vehículos, poco antes de alcanzar el cruce con la carretera nacional que une Teruel con Alcañiz. En este punto desaparece la plataforma ferroviaria, y es necesario pasar por debajo de la carretera. Tras un fuerte ascenso se alcanza el antiguo puente que servía para que los trenes cruzasen el río Alfambra. Hasta este punto se han invertido veinte kilómetros de recorrido. A unos trescientos metros se alcanza la estación de Teruel. También es conocida como estación de Baños, haciendo referencia a un pequeño balneario cercano destruido durante la guerra civil. Este el punto más bajo de la ruta, con 930 sobre el nivel del mar. Los edificios que le daban servicio todavía se encuentran en aceptable estado.

A partir de este punto cambia completamente el paisaje, tornándose más aburrido. Es el momento de centrarse en el esfuerzo físico acompañado de un cambio de pendiente. De ahora en adelante y hasta el final de la ruta ciclista el recorrido avanza en ligero ascenso. Una recta interminable donde el arbolado está prácticamente ausente. Esta monotonía se rompe con unos campos donde el cultivo de lavanda, una planta aromática de la tierra, experimenta una alternativa económica al cereal como cultivo dominante.

La ruta avanza cruzando al mismo nivel la carretera local que conduce a Celadas. Más tarde se pasa bajo la autovía mudéjar, tras haber recorrido 26,2 kilómetros de ruta. Nuevamente un tramo rectilíneo donde se comparte la vía verde con el resto de vehículos, situación que se mantiene desde el cruce con el río Alfambra y que prolongará durante el resto de la ruta ciclista. En medio de los llanos de Caudé es necesario realizar un pequeño esfuerzo para tomar el paso elevado para cruzar una carretera. Tras avistar la torre de la iglesia sólo resta la aproximación a la localidad de Caudé, cuando se superado los 29 kilómetros de ruta. La plataforma ferroviaria rodea el casco urbano y junto a la pequeña estación se ha acondicionado un área de descanso.

Poco más adelante es necesario atravesar la actual línea férrea para lo cual se ha construido un puente metálico elevado, con pavimento de tablas. Después se pasa bajo la carretera nacional. Al otro lado se pasa junto a las vallas que delimitan el aeropuerto de Teruel. Construido sobre las antiguas instalaciones del aeródromo de Caudé, tras su reconversión y ampliación se ha convertido en el mayor centro de mantenimiento, almacenamiento de larga duración y reciclado de aeronaves de Europa.

Tras cambiar de nuevo el ritmo con un nuevo paso elevado, sólo restará recorrer una gran recta, donde la vía ciclista cuenta con un pavimento en regular estado. Al fondo unas instalaciones madereras afean un paisaje ya de por sí poco atractivo. La antigua estación de Cella, se emplaza a escasa distancia del centro productivo. El antiguo trazado ferroviario ha sido ocupado por la empresa, con lo que es necesario rodear el recinto por un amplio camino asfaltado. Tras alcanzar los 38 kilómetros de recorrido, se alcanza la carretera que da acceso a Cella desde la autovía mudéjar. A partir de este punto sólo restará tomar su trazado para alcanzar el casco urbano. Una amplia recta introduce en el pueblo. La travesía bordea la localidad, dejando a la derecha campos de cultivo. Después de su largo trazado se alcanza la afamada fuente de Cella, punto final del recorrido ciclista.

Tras realizar la ruta en bici por la mañana se propone por la tarde dar un paseo por la localidad de Albarracín, situada a 22 kilómetros de Cella. Remontando el río Guadalaviar se alcanza la localidad más bella y con más encanto de Aragón. Recorrer sus calles empedradas, respirar la esencia medieval de su arquitectura, disfrutar de sus rincones seguro que deja satisfecho al visitante. Pero quizás también insatisfecho ya que son necesarias varias jornadas para poder saborear pausadamente todos los encantos tanto arquitectónicos como paisajísticos que ofrece esta población. Una excusa para volver con más tiempo a visitarla.

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CICLOTURISMO Hoya de Huesca/Plana de Uesca

Vuelta a la Sotonera, un remanso de agua para los Monegros

El embalse de la Sotonera está situado al suroeste de la Hoya de Huesca. Recibe las aportaciones de manera natural de los pequeños ríos Sotón y Astón, que recogen las aguas de sierra de Aniés y la sierra de Loarre respectivamente. Sin embargo el mayor aporte hídrico proviene del canal de Monegros que deriva las aguas desde el río Gállego mediante la presa de Ardisa. Este conjunto de obras forma parte del ambicioso Plan de Riegos del Alto Aragón.
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Las obras de la presa de la Sotonera terminaron definitivamente en 1963. Debido a la orografía del terreno, escaso en accidentes geográficos destacados, fue necesario construir un dique de gran longitud, mediante material suelto y prensado. Su longitud de coronación es de 3.870 metros, con una altura sobre los cimientos de 32 metros. Alberga una capacidad máxima de 189 Hm3.

Dos son las carreteras que sirven de acceso principal a la Sotonera. Una de ellas desde Esquedas, entre Huesca y Ayerbe. La segunda y más frecuentada desde Almudévar, en la autovía mudéjar, entre Zaragoza y Huesca. Ambas confluyen a los pies de la presa, siendo necesario tomar dirección a Puendeluna. A unos tres kilómetros parte el desvío indicado que conduce a la presa y al club náutico, donde puede aparcarse el vehículo.

LONGITUD

DESNIVEL

PENDIENTE

FIRME

DIFICULTAD

28 km

50 m

variable

regular

baja

Junto al bar-restaurante del club náutico hay una barrera que impide el tránsito de vehículos rodados. Desde este punto parte una carretera con buen firme que recorre el dique de la presa con un trazado no rectilíneo. En todo momento se pueden observar amplias vistas de la lámina del agua donde es fácil la observación de aves.

  

Tras recorrer unos dos kilómetros se pasa junto al poblado de Tormos, a los pies de la presa. Se corresponde con una antigua aldea, sobre cuyos restos se edificó este poblamiento para alojar a los operarios e ingenieros que trabajaron en la obra. Consta de una plaza de la cual parte una calle flanqueada por viviendas y que desemboca a los pies de la iglesia. Sin detener el ritmo, en el tramo final, se pasa junto al singular edificio desde donde se toman las aguas del canal de Monegros. Y poco más adelante aparece el aliviadero que vierte las aguas al río Sotón, cuando se han invertido los primeros 3,9 km de ruta.

Tras atravesar la barrera se accede directamente a la carretera. A la izquierda se toma dirección a Esquedas. Bordeando el pantano, a los 6,4 km se pasa a la altura de la paridera de La Atalaya, compuesta por varios edificios. Desde este punto parte la pista que asciende a la construcción defensiva cuya visita se deja para la tarde. Continuando por la carretera llega un momento en que se atraviesa el cauce del río Sotón, marcado en el paisaje por los tamarices que le acompañan. Tras la advertencia de zona inundable en la carretera, a los 11 km de recorrido, se toma una pista a la izquierda. Su trazado bordea pinares de repoblación que acompañaron la obra hidráulica, atravesando la acequia de la Sarda.

La pista asciende ligeramente hasta unas naves agrícolas y justo al rebasarlas gira bruscamente a la derecha hasta dejar en la carretera de acceso a Montmesa. A la izquierda se toma dirección al núcleo. Se alcanza un cruce al llegar a los 12,7 km, que cuenta con varios paneles informativos. A la derecha y sin entrar en la localidad se bordea el casco urbano por la derecha. El firme asfaltado acompaña este trazado mientras se siguen las indicaciones de la alberca de Alboré. A la salida se convierte en una pista en buen estado. En el próximo cruce a tres se toma la pista central. Las vistas ahora son mucho más amplias, con grandes campos de cultivo a ambos lados del trazado rectilíneo de la pista.

Poco a poco asciende, gira a la izquierda y se interna en un carrascal. Cuando se han recorrido 17,2 km parte un ramal a mano izquierda. Medio kilómetro después surge un grupo aislado de carrascas. Antes de rebasar el tendido eléctrico de gran tensión debe tomarse un sendero y cien metros después se alcanza un magnífico mirador. Desde este puesto privilegiado se divisa toda la cuenca hidrográfica de la Sotonera, con el embalse y las zonas limítrofes. En primer plano está la paridera de Antonié y más adelante la alberca de Alboré. Este humedal de gran importancia sólo está inundado cuando el nivel del pantano es alto.

Volviendo a la pista principal se avanza de nuevo escoltado por las carrascas, alternando con tramos que permiten divisar amplios campos de cultivo. De repente comienza el descenso que desemboca en el puente sobre el canal que alimenta el embalse con aguas provenientes del río Gállego. Hasta este punto se habrán recorrido 22 km.

Avanzando al frente entre pinares, a unos cien metros parte una pista a mano izquierda. Ahora pasa junto a una zona inundable sólo con la máxima cota, con arbustos de poco porte y con buenas vistas de las sierras prepirenaicas. Se alcanza el punto kilométrico 23 y con la bicicleta debe atravesarse una trinchera rectilínea, resto de un antiguo trazado ferroviario. Una senda sirve para marcar el recorrido, siendo necesario atravesar una zona de desprendimientos en la zona central sin apenas dificultad. Al final de este tramo se alcanza un cruce múltiple. Debe tomarse el ramal derecho en un tramo de pista en mal estado y unos metros después otra a mano izquierda.

Avanzando se bordea el pinar que cubre los alrededores del embalse mediante un trazado sinuoso y en regular estado. Entre la vegetación es visible en todo momento la lámina de agua. Después de rebasar los 25 km de ruta se alcanza una terraza ligeramente elevada desprovista de vegetación. Un buen mirador desde donde contemplar la gran superficie inundada por el embalse.


Sólo resta retomar la pista con un tramo pedregoso en ligero descenso. Se alcanza una urbanización y tras tomar el ramal derecho se llega en breve la carretera. A la derecha conduce a Puendeluna, pero debe tomarse la izquierda en dirección a la presa. Dos kilómetros y medio después de retomar el asfalto surge el desvío que conduce al club náutico y se alcanza el punto de inicio donde termina la ruta circular.

Para la tarde se propone completar con el vehículo la visita a los puntos de mayor interés del entorno del embalse de la Sotonera. En primer lugar debe rodearse de nuevo el embalse por la carretera hasta alcanzar la población de Montmesa. Su reducido casco urbano se asienta en una pequeña colina coronada por la iglesia de San Miguel. A pesar de su origen románico del cuál resta el ábside semicircular, su elemento más significativo es la torre estilo mudéjar del siglo XVII. Su decoración en ladrillo embellece el tramo más elevado de la torre, de planta octogonal. En la parte más alta se abre una plaza donde se ubica el Centro de Interpretación de las Aves Alberca de Alboré. A pesar de que el gran humedal cuenta con aves durante todo el año, los meses de enero y febrero son la época más interesante para acercarse a ver las abundantes grullas que utilizan la alberca de Alboré como dormitorio.

Y como colofón a la ruta se recomienda volver sobre los pasos y subir a La Atalaya, como es conocido el castillo de Tormos. Desde la carretera es fácil identificar la pista de acceso que parte junto unas parideras. Debe tomarse el ramal principal que avanza en paralelo al promontorio rocoso en cuyo extremo se alza la antigua fortaleza. Un kilómetro y medio, con un repecho en la parte final, deja en la parte más elevada. Sólo resta tomar el camino a la derecha para avanzar entre campos de cereal y vegetación arbustiva. En el último tramo la pista está en regular estado. Tras poco más de tres kilómetros de recorrido total se llega a los pies de la torre. Fue un punto de defensa utilizado durante la Reconquista. El paso del tiempo ha hecho perder uno de los muros laterales de su planta cuadrangular, dejando al descubierto el interior. Las vistas del embalse desde este punto elevado bien merecen la visita. Si además se acompaña de las luces rojizas del atardecer el momento entonces puede ser inolvidable.

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CICLOTURISMO Monegros Ribera Baja del Ebro

La Retuerta de Pina, el último reducto de los Montes Negros

Al sur de los Monegros se ubica la Retuerta de Pina. Una partida que gracias a su protección real ha conservado un sabinar de gran valor ecológico, pequeña muestra de lo que fueron hace siglos los Montes Negros, los Monegros. Un paisaje marcado por las duras condiciones climáticas, con un clima continental caracterizado por temperaturas extremas, lluvias escasas y fuertes vientos.
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La Retuerta de Pina es un sabinar que fue protegido en 1235 por el rey Jaime I el Conquistador. En aquel momento dio libertad a los ganaderos de Zaragoza para pastar sus rebaños en todas las tierras del reino, a excepción de las Dehesas de Sena y la Retuerta de Pina, salvaguardadas para su aprovechamiento particular. Dicha protección se prolongó hasta el año 1906. Siendo Sabinar Patrimonio Forestal del Estado se divide en lotes de 700 hectáreas y se procede a su venta. En aquel momento se conservaba un sabinar intacto de 6.000 hectáreas. La dificultad de arrancado de los árboles impidió que la devastación fuera total. Uno de los propietarios llegó a regalar los árboles a todos aquellos que se encargasen de arrancarlos y la afluencia de los vecinos de la zona fue masiva. Tras este episodio de deforestación en la actualidad se conservan 1.500 hectáreas de sabinar.

Esta propuesta cicloturista es bastante sencilla, debido a su escasa longitud. Incluso podría realizarse sin dificultad andando. Ello permite poder disfrutar del paisaje, muestra de lo que fue antaño los Monegros. Pero se desaconseja realizar este itinerario en época de caza, los festivos desde mediados de octubre hasta finales de enero.

LONGITUDDESNIVELPENDIENTEFIRMEDIFICULTAD
 8,8 km80 mvariableregularbaja

Se toma desde la capital aragonesa la carretera nacional N-II en dirección a Barcelona. Tras dejar atrás el fértil valle del Ebro, se pasa junto al desvío que conduce a Pina de Ebro. Veinte kilómetros después desde este cruce se alcanza el punto de partida de la ruta ciclista, el Hostal del Ciervo. Junto a las antiguas instalaciones ahora en desuso hay una gasolinera y un espacio para dejar el vehículo y tomar la bicicleta. Siguiendo unos cien metros más por el arcén de la carretera parte una pista que se introduce en la Retuerta de Pina.

Se pone el cuentakilómetros a cero junto a la carretera. El tramo inicial de la pista está en regular estado, con acusadas rodadas de vehículos y además hay varios cruces: a 150 metros se toma el camino que continúa al frente, a 350 metros el ramal de la izquierda y a 425 metros se sigue a la derecha por la pista principal.

A partir de este punto la pista avanza sin pérdida en ligero ascenso bordeando una val con campos de cereal de secano. Mientras los pinos perviven en las zonas más elevadas, la sabina predomina en el resto. Ello se debe a la inversión térmica provocada en invierno por las nieblas, que impiden la irradiación solar haciendo que en las vaguadas las temperaturas sean más severas. La sabina soporta las heladas sin problemas, no así el pino carrasco. Cuando se han recorrido unos 1,9 km metros se pasa junto a un almacén agrícola.

Las sabinas tienen un complejo proceso de reproducción, con árboles macho y hembra. Los primeros se llenan de conos masculinos que producen el polen que se lleva el viento. Las sabinas hembra tiene los órganos reproductores femeninos, en forma de cono también, que tras ser polinizados producen las frutos. Una vez maduros deben ser comidos por animales herbívoros. Ello permitirá reblandecer la cubierta exterior al paso de los jugos gástricos, mientras que la materia orgánica de las heces favorecerá su posterior germinación.

Poco a poco se abandona la val y se alcanza una zona ligeramente más elevada donde se emplaza el Mas del Guarda. Hasta aquí se llevan recorridos 3,7 kilómetros. Se trata de una edificación típica de la zona, que servía de refugio a pastores y donde se alimentaba al ganado. Antes de llegar en un cruce se continúa al frente. Junto a la edificación surge otro cruce múltiple con cuatro opciones. Se toma la segunda comenzando por la derecha.

El camino toma un ligero descenso con un paisaje salpicado de alguna sabina y matorral bajo. Tras haber recorrido 4,2 kilómetros se alcanza la Paridera de las Lanas, un edificio de mayores dimensiones. Se trata de otro de los edificios típicos de la zona rural, que se utilizaba para guardar al ganado por la noche. Su nombre proviene del uso puntual para aquellas, que por estar a punto de parir, se separaban del rebaño para resguardarse. Desde este punto se divisan Las Planas, una gran llanura cerealista creada en los años 40. Hasta entonces según los vecinos se trataba de un denso bosque de sabina que fue talado.

A menos de cien metros de la pista, antes de llegar a la paridera, es visible el Aljibe de las Lanas. En las zonas áridas estos puntos de recogida del agua para el ganado son vitales. Está ubicado en una vaguada que permite la recogida de las escasas precipitaciones. Se regresa por el mismo itinerario hasta el Mas del Guarda. De nuevo surge el mismo cruce y con cuatro caminos para continuar. Se toma el segundo camino comenzando por la derecha. Cien metros después se abandona la pista principal y se toma al frente otra que obliga a circular por las rodadas debido a su escaso tráfico. A pesar de ello el trazado no se pierde y se discurre por ella con relativa facilidad, con algún tramo algo denso de vegetación.

Sin pérdida poco a poco se va descendiendo y atravesando una zona con mayor densidad de sabinas y pinos, y con un sotobosque más rico. A la derecha se avista la zona por donde discurre la carretera nacional, así como la población de La Almolda, cuya característica silueta se recorta con la Sierra de Santa Quiteria.

Más abajo se pasa junto a algunos campos de cultivo. Tras una curva a la izquierda y cuando se llevan 8,3 kilómetros de recorrido se alcanza la pista inicial por la que se ha entrado en la Retuerta de Pina. Ahora sólo resta tomar dirección a la derecha y alcanzar la carretera.

Para la tarde se propone una visita a las poblaciones de Bujaraloz y La Almolda. La primera de ellas es considerada la capital del sur de los Monegros. Junto a la antigua travesía se abre una recoleta plaza con un pequeño monolito en recuerdo a Martín Cortés de Albacar, autor del manual de navegación más notable de Carlos V. Bajo un arco parte la calle que conduce a la iglesia de Santiago el Mayor. Data del siglo XVI y la fábrica se remata con galería de arcos de medio punto. La torre barroca se alza junto a la portada. Bordeando la iglesia por la derecha se alcanza una replaceta donde se alza el edificio civil más importante del pueblo, la casa de Torres-Solanot. El palacio data del siglo XVII y su alargada fachada tiene portada flanqueada por columnas con escudo nobiliario. En la planta noble cuenta con ventanas enrejadas y la fachada se remata con galería de arcos semicirculares bajo el alero.

A unos ocho kilómetros está La Almolda. Su casco urbano se asienta a los pies de la Sierra de Santa Quiteria. Desde la parte baja, junto al centro de convivencia de la tercera edad, arranca la calle Mayor. En el centro se abre la plaza del ayuntamiento. A escasa distancia está la plaza del Mercado, que conserva un viejo edificio renacentista porticado. En las calles adyacentes surgen buenas muestras de arquitectura civil. En la parte más alta del núcleo urbano está situada la iglesia de Nuestra Señora de la Purificación. A sus pies se abre una plaza con un mirador de la villa. La visita a la población se completa tomando el coche y ascendiendo a la ermita de Santa Quiteria por una pista asfaltada que arranca de la parte baja del casco urbano. Está situada al borde de la sierra homónima y desde este punto las vistas de las tierras monegrinas del sur son magníficas. Un buen remate para la ruta ciclista propuesta.

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CICLOTURISMO Ribera Alta

Camino Natural del Ebro, por la Ribera Alta

El río Ebro discurre pausado en su tramo intermedio, atravesando la comarca de la Ribera Alta, aguas arriba de Zaragoza. En sus orillas el paisaje humanizado desde tiempos remotos cubre sus riberas de huertas surcadas por caminos y acequias. Un manto verde que acompaña al río y que rompe con el color ocre del paisaje estepario que domina el valle.  Mientras sus orillas se cubren de vegetación de ribera, más amplia en sotos, galachos y mejanas.
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El Camino Natural del Ebro se corresponde con el sendero de gran recorrido GR-99. Recorre un total de 1.287 kilómetros acompañando al río Ebro desde su nacimiento en Fontibre hasta su desembocadura en el Delta del Ebro. Un territorio poblado por el hombre desde hace muchos siglos. Los romanos utilizaron el cauce como vía de comunicación fluvial. Y en torno al río se fue tejiendo una red de caminos. Los afluentes que desembocan en el gran río. Las acequias que derivan el agua para regar las huertas. Y las calzadas romanas, que han ido articulando la comunicación en toda la cuenca, y que fueron el germen de las vías de comunicación de las sucesivas civilizaciones que poblaron este vasto territorio. Caminos naturales y económicos que acompañan a la corriente fluvial. El último de ellos, el Camino Natural del Ebro, se erige en una versión actual dentro de este entramado.

Esta ruta ciclista recorre uno de los tramos de este camino natural, entre las poblaciones de Gallur y Cabañas de Ebro. Se trata de un recorrido sin dificultades ya que no cuenta con apenas desnivel, y además discurre en su mayor parte por pistas, con algún tramo asfaltado. Su longitud en un sentido es de 25,4 kilómetros. Existe la posibilidad de utilizar coche de apoyo en los puntos inicial y final con lo que se convierte en una ruta sencilla. En caso contrario habrá que contar con 50,8 kilómetros. Según las condiciones físicas puede ser considerado largo, y se puede acortar. Por ejemplo dando la vuelta tras recorrer el soto de Boquiñeni, con un recorrido total de unos 31 kilómetros.

LONGITUDDESNIVELPENDIENTEFIRMEDIFICULTAD
50,8 km (ida y vuelta)40 mnulabuenofácil

El punto de partida es la localidad de Gallur. Situada en la comarca de  la Ribera Alta, se puede acceder hasta ella a través de la carretera de Logroño, que surca la ribera del Ebro. Desde ella parte una carretera comarcal, la cual hay que dejar tres kilómetros después para introducirse en el pueblo. El casco urbano se emplaza elevado y protegido de las avenidas del río. Una calle desciende hasta el cauce y atraviesa el río a través del emblemático Puente de Hierro. Una vez en la otra margen puede dejarse el vehículo junto a una zona de merenderos situada a mano izquierda.

El recorrido ciclista parte de este punto, saliendo a la carretera y tomando un camino que pasa junto al campo de fútbol municipal. El camino avanza hasta atravesar por debajo la carretera comarcal. Justo después parte un camino a mano izquierda que discurre en paralelo a la vía, y desemboca en un camino más importante. Tomando dirección a la derecha, éste será el que servirá para recorrer la margen izquierda del río hasta alcanzar la siguiente población. En su trazado sinuoso atraviesa zona de cultivos  y se acerca al cauce bordeando uno de los meandros formados por el río en su suave discurrir.

Poco a poco se adivina la silueta de Pradilla de Ebro, pasando junto a la sencilla ermita de Santa Ana. Tras recorrer poco más de siete kilómetros se alcanza el casco urbano. El trazado avanza por la mota que defiende la población de las avenidas del río. Una vez rebasada la población, a escasa distancia, el camino se topa con la carretera que une las poblaciones de Pradilla y Boquiñeni mediante el puente sobre el río Ebro. Precisamente a través de él la ruta ciclista pasa a la margen derecha.

Tras circular trescientos metros por la carretera enseguida se toma una pista asfaltada a la izquierda en dirección a Boquiñeni. Sin embargo la ruta ciclista sigue poco después por una pista a mano izquierda que bordea el casco urbano, discurriendo junto al río. El trazado recorre ahora un acusado meandro, disfrutando de un paisaje formado por campos de cultivo delimitado por la frondosa ribera. En su parte final es necesario seguir las indicaciones del camino natural ya que durante un tramo atraviesa el Soto de Boquiñeni. Aquí se puede descubrir la riqueza natural que acompaña al río en sus márgenes.

A su salida se vuelve a una pista principal, la cual conduce de manera directa a la población de Luceni. Se atraviesa la población por el centro, pasando junto a la iglesia parroquial, el ayuntamiento y la plaza de España. Desde una de las esquinas de dicha plaza, a mano izquierda, parte la calle que  sirve para continuar con la ruta ciclista. Tras dejar atrás las viviendas el camino sigue su trazado rectilíneo acercándose de nuevo al cauce.

El paisaje de campos y ribera vuelve a dominar hasta toparse con la siguiente población, Alcalá de Ebro. Situada en el extremo de un meandro y protegida por una mota de defensa, el gran río en numerosas ocasiones ha puesto en aprietos a sus vecinos. Se bordea la población en paralelo al río. Junto a la ribera se emplaza el monumento a Sancho Panza, que recuerda el papel de gobernador de la Ínsula Barataria en una de las andanzas del célebre Don Quijote.

A escasos metros parte una pista que atraviesa una antigua chopera cercana al río. Tras un quiebro continúa su trazado surcando la ribera sin perder de vista la ribera que protege y oculta al río. En contrapunto los campos permiten una visión más amplia del paisaje. Cuando se llevan unos 23 kilómetros de recorrido se pasa junto al mirador del Ebro. Un pequeño desvío a la izquierda nos lleva a un punto con una vista inmejorable. Los sotos de Matillas y de la Pulliguera en primer término, y las islas cubiertas de vegetación en el cauce permiten comprender la complejidad del río más caudaloso de la Península Ibérica. Tras este pequeño descanso sólo quedan dos kilómetros más para alcanzar el punto final de la ruta ciclista, en Cabañas de Ebro.

El camino de vuelta se puede realizar por el mismo trazado. Y si es necesario recortarlo, puede evitarse recorrer el meandro de Boquiñeni, continuando por la pista que conecta directamente con el casco urbano. Por la calle Joaquín Costa se llega hasta la plaza de España. Por la calle la Purísima a la plaza Aragón, y desde ella por la calle Miguel Fleta, que pasa por las piscinas, hasta alcanzar el recorrido del sendero natural.

Para la tarde se propone visitar las poblaciones de Gallur y Alagón, por donde pasa el Camino Natural del Ebro en la Ribera Alta. La primera de ellas, Gallur, es el principio y final de la ruta ciclista. Desde el río Ebro debe cruzarse el Puente de Hierro, diseñado por Cornelio Arellano, autor del puente de hierro zaragozano. Se compone de cuatro arcos metálicos en paralelo. Al otro lado una calle se introduce en el casco urbano hasta alcanzar la plaza de España. Su planta triangular, porticada parcialmente, está cerrada en uno de sus costados por el ayuntamiento. Se trata de un edificio racionalista construido entre 1935 y 1939. Por la calle mayor, a escasa distancia, se alza la casa de los Ortega, una buena muestra de la arquitectura civil de la villa. Y desde uno de los rincones de la plaza parte una escalinata que conduce a la iglesia de San Pedro. Está emplazada en el punto más elevado de la población. La construcción neoclásica fue llevada a cabo en el siglo XVIII. La torre de ladrillo se alza en varios cuerpos con vanos de ladrillo y rematada con tejado a dos aguas.

En cuanto a Alagón, capital de la comarca de la Ribera Alta, sobrepasa los siete mil habitantes. El eje principal de la población es la calle Mayor, donde abundan las casas solariegas. En ella se abre la plaza de España donde se alza el ayuntamiento. Avanzando por la misma calle se alcanza la plaza de San Juan, que toma el nombre de la iglesia barroca con la que cuenta. En las cercanías está el promontorio donde se sitúa el origen de la villa. Una escalinata antecede a una amplia plaza donde se encuentra la ermita de la Virgen del Castillo. Pero el punto más relevante de la población tiene por epicentro la plaza de la Alhóndiga, en cuyo centro hay un kiosco de música. En uno de sus costados está la iglesia de San Pedro. La obra mudéjar en ladrillo que comenzó a construirse en el siglo XIV. La fábrica luce al exterior galería de arcos de ladrillo. Su elemento más relevante es la torre, compuesta en realidad por dos torres concéntricas entre las cuales discurre la escalera. Destaca la decoración mudéjar en sus tres cuerpos a base de arcos mixtilíneos, rombos y medios rombos. Y en la parte alta se abren vanos apuntados que cobijan a dos arcos en su interior. Se culmina la torre con pretil de ladrillo y una pequeña espadaña.

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CICLOTURISMO Comunidad de Teruel

Ruta del Alfambra, sobre vías férreas y caminos fluviales

La ruta ciclista recorre el valle surcado por el río Alfambra, entre las localidades de Villalba Baja y Alfambra. Éste nace en la Sierra de Gúdar y que tras un largo periplo desemboca cerca de Teruel, en el río Guadalaviar. En su primer tramo recorre el antiguo trazado del ferrocarril fallido entre Alcañiz y Teruel, de paisaje más seco. Mientras el segundo tramo utiliza el Sendero Fluvial del Alfambra, donde predomina el verde de la ribera.
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El antiguo ferrocarril diseñado para unir las localidades de Alcañiz y Teruel se comenzó a construir en 1927. Dos parones en las obras hicieron dilatar su construcción hasta el año 1935. Por aquel entonces ya estaban terminando prácticamente su trazado, incluyendo túneles y puentes, así como las estaciones. Sin embargo el inicio de la guerra civil, los problemas económicos y la falta de apoyo político impidieron que se terminase la obra no llegando a circular ningún tren.

La ruta ciclista está compuesta de dos partes diferenciadas. La primera de ellas discurre por el trazado de ferrocarril, a través de una pista de tierra en buen estado, pero sin acondicionar como vía verde. En la segunda parte se circula por el Sendero Fluvial del Alfambra a través de una pista de tierra que atraviesa el río en numerosas ocasiones, lo cual puede impedir la realización de la ruta en caso de que el río lleve mucho caudal. En el tramo final se discurre por el asfalto de una carretera abandonada y finalmente por la carretera nacional hasta alcanzar la localidad de Alfambra.

LONGITUDDESNIVELPENDIENTEFIRMEDIFICULTAD
36 km (ida y vuelta)100 m0,2%mixtomedia

El punto de partida es la localidad de Villalba Baja, situada a unos nueve kilómetros de Teruel capital. Desde la autovía mudéjar se puede acceder directamente a la carretera nacional con dirección a Alcañiz. Poco antes de llegar al enclave, a mano izquierda aparece la antigua estación del ferrocarril en la cual figura el nombre del pueblo al cual daría servicio. Junto a ella puede dejarse el vehículo aparcado.

A los pies del edificio se intuye el antiguo trazado ferroviario que nunca se empleó. Una pista ocupa su espacio, permitiendo la circulación de vehículos y por donde discurre la ruta ciclista. En menos de un kilómetro y en línea recta se atraviesan dos túneles de corta longitud para lo cual no es necesario iluminación suplementaria. En este tramo se circula por la parte trasera del casco urbano. Entre los túneles se pasa junto a una ladera en la cual fueron excavadas numerosas bodegas, ahora fuera de uso, que forman una curiosa estampa. En esta primera parte se avanza por la zona más seca del recorrido, en un plano ligeramente elevado sobre la carretera nacional y sobre la vega del río. Un paisaje estepario en el cual apenas hay vegetación. En el kilómetro 3,2 la pista salva sin dificultad un pequeño barranco de desagüe construido para proteger la carretera. Poco más adelante se atraviesa otro túnel no demasiado largo. De nuevo el trazado rectilíneo y elevado ofrece amplias vistas.

Un nuevo túnel marca el final de la primera parte de la ruta, en el kilómetro 4,3. Al salir, debe abandonarse el trazado ferroviario y tomar una pista a mano derecha que conduce a la carretera. Es necesario cruzar tomando las precauciones, y justo enfrente parte el acceso asfaltado en dirección a la localidad de Cuevas Labradas. En menos de medio kilómetro, justo antes de cruzar el río, parte a mano izquierda una pista por donde discurre el Sendero Fluvial del Alfambra. La segunda parte recorre la ribera del río, donde predominan las choperas que acompañan al suave discurrir de las aguas. A partir de este punto se suceden los cruces del río, que no suponen dificultades si el cauce es reducido, como suele ser lo habitual. El primero de ellos está dotado de un vado de hormigón lo cual facilita el cruce. En el kilómetro 5,5 aparece un pequeño merendero dotado de mesas para un pequeño descanso. Desde este punto se divisa el casco urbano de Cuevas Labradas.

Siguiendo por la pista principal, sobre el kilómetro 6, se cruza casi de manera consecutiva dos veces el río, volviendo a la margen izquierda. En quinientos metros de nuevo de vadea el cauce. A partir de este punto se circula por una pista en buen estado, como en el resto del sendero fluvial. El trazado es prácticamente horizontal. Se acompaña de la vegetación ribereña compuesta por altivos chopos, junto al paisaje formado por los campos de cultivo de la vega. Un cómodo y agradable recorrido por el valle del Alfambra.

En el kilómetro 8,3 se atraviesa por quinta vez el río, terminando así la aventura ciclista de cruzar el cauce. Otra vez en la margen izquierda la ruta avanza de camino a la siguiente localidad, la cual se avista entre las copas de los árboles. Un puente de hormigón permite cruzar por última vez el cauce, ésta vez sin dificultades.

Atravesando las huertas de la localidad de Peralejos, la ruta ciclista se introduce en pleno casco urbano cuando se alcanza el kilómetro 10 de ruta. En una intersección se toma una calle a la derecha la cual recorre la parte baja de la localidad. Al final del pueblo, debe tomarse una nueva calle a la derecha que desciende hacia la vega. La pista continua su trazado de manera cómoda a escasa distancia del río Alfambra. Llega un momento en que se aleja del cauce y toma dirección a la carretera nacional, sobre el kilómetro 12,5. Durante unos metros se circula por el arcén, y tras atravesar un pequeño barranco se abandona la carretera por la derecha. A partir de este momento se utiliza el antiguo trazado de la carretera, ahora en desuso. Su amplitud, el pavimento y la falta de circulación permiten rodar con tranquilidad, mientras se disfruta de las amplias vistas que proporciona el paisaje formado por los campos de cultivo.

Cuando se alcanzan los 15 kilómetros de recorrido el ramal de carretera desemboca en la actual carretera. Sin opción de continuar por la ribera con bicicleta no queda más remedio que circular por la carretera con precaución. Con este último tramo de poco más de dos kilómetros se alcanza la población de Alfambra. Para evitar la carretera se debe tomar el primer desvío al casco urbano que indica dirección a Santa Eulalia del Campo. En apenas unos metros se toma la primera calle a la derecha. En este punto están ubicadas las piscinas municipales y un área de descanso con unos merenderos, un buen lugar para hacer un alto y recobrar fuerzas. Por la amplia calle se recorre la parte baja del pueblo, hasta alcanzar una intersección donde se encuentra el monumento al labrador y el edificio del ayuntamiento. Hasta este punto se habrán recorrido unos 18 kilómetros, constituyendo la mitad del recorrido. Sólo restará emprender la vuelta por el mismo itinerario para completar la ruta ciclista.

Para la tarde se propone un paseo por la ciudad del Teruel. La ciudad de los Amantes tiene innumerables atractivos, imposibles de abarcar en una tarde. Recorrer la zona céntrica es lo más recomendable. La plaza del Torico, el entorno de la catedral, pasear por el Óvalo sin dejar de admirar sus torres mudéjares proporcionará al ciclista un complemento a la excursión matinal por el valle del río Alfambra.

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CICLOTURISMO Jacetania

Valle de la Garcipollera, en manos de la naturaleza

El Valle de la Garcipollera fue denominado Valles Cepolaria, o valle de las cebollas. El río Ijuez lo recorre hasta desembocar en el río Aragón. Quedó despoblado a partir del año 1956 en que Patrimonio Forestal del Estado adquirió las propiedades, a excepción del casco urbano de Villanovilla. El objetivo fue repoblarlo para evitar el arrastre de sedimentos. El valle ahora tiene un aspecto mucho más verde, pero está prácticamente carente de vida humana.
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Esta ruta tiene como punto de partida la localidad pirenaica de Castiello de Jaca. Para acceder a este bello rincón de la geografía aragonesa es necesario tomar dirección a Jaca, la capital de los Pirineos. Al norte parte la carretera que recorre el valle del río Aragón. En poco más de cinco kilómetros se alcanzan las primeras casas, situadas junto a la travesía. Allí mismo aparece el indicador de La Garcipollera, a mano derecha. En el arranque de la carretera, un aparcamiento permite dejar estacionado el vehículo.

LONGITUDDESNIVELPENDIENTEFIRMEDIFICULTAD
25 km 350 mvariableregularmedia

A partir de este punto se rueda con la bicicleta por la carretera local que recorre el valle de la Garcipollera. El primer tramo discurre por una zona con escaso desnivel y con el firme asfaltado por el que se rueda con facilidad. Los pinares cubren el paisaje del fondo del valle. En cuatro kilómetros se alcanza una granja experimental de la DGA, que fue instalada junto a los restos de las viviendas de Bescós de Garcipollera. Un alto en el camino nos permite contemplar lo poco que resta de las antiguas edificaciones entre cercados y que demuestran la belleza trastocada del antiguo pueblo. Un poco más arriba hay otro grupo de casas originarias y los escasos restos de la iglesia en el punto más alto. En las cercanías se sitúan varias viviendas nuevas construidas para albergar los trabajadores de las instalaciones agropecuarias.

De nuevo en la carretera se avanza por el valle y entre la vegetación de ribera se avista el amplio cauce del río Ijuez. En menos de dos kilómetros desde el anterior emplazamiento, el asfalto se desvía a la derecha en dirección a Villanovilla, en la otra margen del río. Para acceder al mismo se atraviesa el río por un puente y mediante una corta y pronunciada cuesta se llega al pueblo. Se trata del enclave en mejor estado de toda la Garcipollera. Fue el único en el que los vecinos no llegaron a vender sus viviendas. Tras la pérdida de la población ha vuelto la vida y las viviendas han sido restauradas según la tipología pirenaica. Su casco urbano tiene una traza irregular y una de sus calles conduce a la iglesia, situada en un extremo y elevada ligeramente sobre el resto. La iglesia tuvo su origen románico, aunque en la actualidad se encuentre en regular estado.

Para continuar recorriendo el valle es necesario volver al cruce anterior, donde se toma la pista principal. En dos kilómetros se atraviesan los restos de una antigua chopera. A escasos metros, a mano izquierda yacen las piedras de otro de los pueblos del valle, Acín. Su estado ruinoso impide descubrir el trazado de sus calles. Ello se debió en parte a que varios de estos pueblos fueron bombardeados para prácticas militares. El único edificio en pie es la iglesia, una construcción románica terminada en el siglo XIII, y posteriormente ampliada. Se conservan los muros de la nave, así como la cabecera semicircular y la torre del siglo XVII.

La pista poco después cruza el río por una vaguada sobre una presa de contención, una de las muchas que regulan el río Ijuez en su corto trazado. A partir de este punto el firme de la pista empeora notablemente. En menos de dos kilómetros desde la anterior población parte una pista a mano derecha. Por ella se asciende ligeramente. Tras una curva, a un kilómetro y medio de la pista principal, parte un ramal a la derecha que en descenso pronunciado deja en el pueblo de Larrosa. Los muros de las casas se mantienen en pie a duras penas, pero los abancalamientos permiten recorrer el pueblo por sus antiguas calles llenas de abandono. En la parte alta permanece en pie la iglesia de San Bartolomé. Cuenta con una gran nave de planta rectangular que carece de cubierta, con capillas laterales de factura barroca. Se culmina con un ábside semicircular románico en el que se abre una ventana, bajo banda de arquillos ciegos y friso de baquetones al estilo lombardo. La esbelta torre tiene planta cuadrada, y en la parte alta se abren vanos de medio punto.

Sólo resta volver a la pista principal y enfilar el tramo final que en un kilómetro conducirá al lugar con más encanto de todo el valle, la Ermita de la Virgen de Iguácel. Se trata del único resto de un antiguo monasterio. Su primera fase constructiva se debe al conde Galindo, a mediados de siglo XI. Unas décadas después su hijo Sancho Galíndez decidió reformarla. Con ello la construcción de una nave y cabecera semicircular fue embellecida. A las ventanas se añadieron pares de columnas con capiteles decorados. Y la cabecera se decoró con un arquería ciega de cinco arcos de medio punto.

Finalmente se reformó completamente la portada situada a los pies, convirtiéndose en la principal. Forma un cuerpo adelantado a la fachada que se cubre con un tejaroz sobre modillones. Bajo el mismo aparece una inscripción con caracteres mozárabes. Al interior, tras la restauración, se ha recuperado la cubierta con techumbre de madera. El pavimento se conserva intacto, formado por pequeños cantos rodados que describen sencillos dibujos geométricos. En el ábside aparecen unas pinturas murales realizadas en el siglo XV, que constituyen en sí un retablo aprovechando los huecos entre la arquería ciega de la cabecera.

Tras la ruta ciclista matinal, y el reposo después de la comida, una opción para la tarde es dar un paseo por Jaca. Su oferta turística es muy variada, siendo uno de los lugares más visitados de los Pirineos. No debe faltar un paseo por el casco antiguo, pasando por la porticada plaza de la Catedral. Es obligada la visita al edificio de mayor importancia artística, que hunde sus orígenes en el siglo XI. También se puede visitar el Museo Diocesano, que guarda una de las mejores colecciones de pinturas murales románicas. Después pasear por la calle Mayor, ver la Torre del Reloj y la fachada plateresca de la Casa Consistorial.

Y finalmente la Ciudadela, con una vasta extensión verde que la enmarca. Esta fortaleza del siglo XVI, es la única en España que se conserva íntegra y libre de edificaciones añadidas. Su planta poligonal está rematada con baluartes en sus esquinas en forma punta de flecha. Un foso rodea todo el perímetro, y un puente permite entrar por el único acceso. En su interior cuenta con un Museo de Miniaturas Militares, una magnífica muestra con más de 32.000 figuras de soldados de plomo repartidos en numerosas escenas de diferentes épocas.

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Bajo Aragón CICLOTURISMO Matarraña/Matarranya

Vía Verde de la Val de Zafán, surcando el paisaje mediterráneo

La vía verde de la Val de Zafán recorre solitarios pueblos de la comarca del Matarraña surcando un paisaje de campos de olivos, viñedos y frondosos bosques de pinos. En su recorrido atraviesa varios túneles y dos viaductos para salvar el Matarraña y el Algás. Estos dos ríos típicamente mediterráneos son los más importantes de la comarca.
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El antiguo ferrocarril del Val de Zafán tiene como punto de partida La Puebla de Híjar, por donde pasa la línea directa entre Zaragoza y Barcelona que discurre al sur del río Ebro. Surge como una aspiración aragonesa para contar con un acceso directo al mar pasando por Alcañiz y Tortosa. El nombre, una val llamada Zafán, procede de un paraje situado a las afueras de la población de donde partía la línea. Las obras se iniciaron en 1882 y en 1895 se inaugura el primer tramo hasta Alcañiz. El resto de las obras tuvo muchas dificultades económicas y hasta 1942 no alcanzó la localidad de Tortosa. La guerra civil forzó la finalización de las obras por el interés de desplazamiento de las tropas. Este ferrocarril fue conocido como el Sarmentero, debido al paisaje de viñedos que atravesaba. Su existencia fue corta ya que en septiembre de 1973 dejó de funcionar, siendo la excusa de su cierre el hundimiento de un túnel en tierras catalanas.
El recorrido propuesto realiza un tramo de la vía verde acondicionado entre las localidades de Valdealgorfa y Lledó. Su longitud lo convierte en recorrido largo, realizando ida y vuelta, con aproximadamente 55 kilómetros. En caso de disponer de dos vehículos se puede realizar el trazado en un sentido únicamente, reduciendo a la mitad el recorrido y el desnivel.

LONGITUDDESNIVELPENDIENTEFIRMEDIFICULTAD
55 km (ida y vuelta)500 m (ida y vuelta)0,8%buenomedia

El punto de partida es la estación de Valjunquera/Valljunquera. Para acceder hasta allí es necesario alcanzar la población de Alcañiz. Desde ella tomar la nacional en dirección a Castellón. A catorce kilómetros de la capital del Bajo Aragón debe tomarse el desvío de la carretera en dirección a Tortosa. Y cinco kilómetros después tomar la indicación a Valjunquera/Valljunquera. Se pasa por encima de la antigua línea férrea, a cuya estación se accede a mano izquierda poco después por un camino asfaltado. En este punto los paneles informativos informan al ciclista de la ruta, ubicados junto a un área de descanso.

ciclo8_estacionvaljunquera


Dejando atrás la primera estación se empiezan a ver pinares salpicados entre los cultivos. El trazado atraviesa una pequeña sierra para lo cual es necesario recorrer un pequeño túnel de 100 metros en cuyo interior no es necesaria iluminación. También se suceden algunos tramos de pronunciadas trincheras. Después de poco más de cinco kilómetros aparece la estación de Valdetormo/La Vall del Tormo.

ciclo8_viaverde


Una vez superada la sierra, el paisaje se abre y surgen campos de frutales aterrazados. En este tramo de unos cuatro kilómetros se atraviesa un túnel de 300 metros con trazado en curva. A pesar de que cuenta con iluminación, es recomendable llevar alguna linterna.

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En ligero descenso se alcanza uno de los lugares más interesantes de la ruta. Para salvar el río se construyó el viaducto del Matarraña/Matarranya. Una obra de grandes dimensiones, con una longitud de 275 metros. Desde la parte alta se aprecia la amplitud de este valle surcado por un río típicamente mediterráneo que acusa grandes avenidas en momentos puntuales. La ruta continúa ahora en dirección al siguiente punto, la estación de Torre del Compte/La Torre del Comte, situada a tan sólo medio kilómetro. El edificio fue reacondicionado como hotel de cuatro estrellas, poniendo en valor el patrimonio ferroviario. El ciclista debe abandonar el trazado de la vía férrea por un momento, rodeando las instalaciones. Justo después de pasar junto a su aparcamiento, una rampa a la izquierda deja de nuevo en la antigua plataforma ferroviaria.

ciclo8_viaductomatarraña


La ruta avanza en constante ascenso mientras atraviesa la rambla de Canaletas. El paisaje se compone de amplios pinares. Casi nueve kilómetros separan el apeadero anterior del punto más alto de todo el recorrido, que coincide con la estación de Valderrobres/Vall de Roures. Como casi todas las demás se encuentra abandonada, y está dotada de una zona de recreo para el descanso del ciclista.

ciclo8_estacionvalderrobres


Una vez superado este punto las vistas permiten divisar el cercano pueblo de Cretas/Queretes. Un corto tramo de poco más de dos kilómetros hasta pasar junto a la estación de Cretas/Queretes. En esta ocasión las instalaciones están rehabilitadas completamente como albergue aprovechando todos los edificios para los diferentes servicios que ofrece este alojamiento. La vía verde avanza en ligero descenso. Poco a poco las vistas permiten apreciar más de cerca las peculiares formaciones rocosas de los Puertos de Beceite/Ports de Beseit. Mientras el paisaje más cercano se cubre de viñedos, almendros y olivos.

ciclo8_puertosbeceite


El final del recorrido lo marca la frontera entre tierras aragonesas y catalanas, siete kilómetros después. El límite coincide con el río Algars/Algars el cual se atraviesa mediante el viaducto del Algás/Algars con 170 metros de longitud. Unos metros más adelante se encuentra la estación de Arnes-Lledó. Daba servicio a las dos poblaciones más cercanas, la aragonesa Lledó y la catalana Arnes. Se trata del punto final del recorrido. Hasta este lugar se habrán recorrido poco más de veintisiete kilómetros. Desde aquí, si no se cuenta con vehículo de apoyo, resta realizar el recorrido de vuelta.

ciclo8_viaductoalgars


Tras la realización del recorrido ciclista por la mañana, no debe perderse la oportunidad de dar un paseo por las poblaciones del entorno de la vía verde. Se puede elegir entre La Fresneda/La Freixneda, Valderrobres/Vall de Roures y Cretas/Queretes. Cualquiera de ellas sorprenderá al viajero por la conservación de su arquitectura civil y el valor monumental de su patrimonio religioso. Un paseo por La Fresneda/la Freixneda permitirá disfrutar de la plaza del ayuntamiento y las calles de su alrededor con sus característicos soportales. Mientras en su parte alta se encuentra la iglesia de Santa María la Mayor y el calvario, con excelentes vistas del casco urbano y sus alrededores. Valderrobres/Vall de Roures es la capital de la comarca y uno de los pueblos bellos de Aragón. El puente sobre el río Matarraña/Matarranya es una de sus estampas más conocidas. Al atravesar el portal se accede a una recoleta plaza desde la cual se recomienda callejear para saborear el ambiente rústico de sus calles. En la parte alta no debe dejarse de visitar la iglesia de Santa María la Mayor y el castillo-palacio, perfectamente conservados, y unas de las joyas artísticas de la comarca. Y finalmente otra opción es Cretas/Queretes. El pueblo más pequeño de los tres, pero que cuenta igualmente con encantos suficientes para satisfacer al viajero. En su traza urbana destaca la iglesia de la Asunción, así como las monumentales capillas, una de las cuales sirve de portal.

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