El río Jiloca localiza su nacimiento en la fuente de Cella, el pozo artesiano más grande de Europa. Sin embargo los Ojos de Monreal se consideran el verdadero comienzo del río por su caudal más estable. En su recorrido hasta Calamocha el valle discurre sin apenas desnivel, cubierto por huertas, maizales, choperas y rodeado por amplias parameras cerealistas. Los pueblos se conectan con pistas y carreteras por donde discurre la ruta ciclista.

dondecomerguiadeviajecomollegar

.

.

 

La ruta cicloturista recorre el Alto Jiloca, las tierras situadas en la parte alta de la cuenca entre las localidades de Monreal del Campo y Calamocha. Un recorrido sencillo ya que la mayor parte discurre por caminos asfaltados y carreteras de poco tránsito, mientras que el resto son pistas. El paisaje de la vega en compañía del río será de agrado al ciclista.

Hasta Monreal del Campo se puede acceder de manera cómoda por la autovía mudéjar, bien provenientes de Zaragoza o Teruel. El punto de partida es el paraje conocido como los Ojos de Monreal, situado a unos dos kilómetros del pueblo. El frondoso lugar está rodeado de chopos y se compone de unas cincuenta surgencias de forma circular de diferentes tamaños que ocupan una superficie de agua de una hectárea. El carrizal protege este hábitat natural, cuyo caudal medio es de unos 500 litros/segundo.

LONGITUD DESNIVEL PENDIENTE FIRME DIFICULTAD

20,5 km

50 m variable bueno media

Se deja el vehículo al pie de la pista asfaltada de acceso, junto al área recreativa. A escasos metros están las compuertas que regulan el caudal del río y de la acequia de Rey. En este punto arranca la ruta, tomando un sendero que en apenas unos metros se convierte en camino. Éste acompaña a la acequia de cemento que distribuye el agua la cual alimenta las huertas de la vega. El tramo inicial constituye un agradable paseo donde las choperas se alteran con las tierras de cultivo.

Sin perder de vista las cristalinas aguas de la acequia se alcanzan las primeras viviendas de Monreal del Campo. Bordeando la población y cuando casi se han alcanzado los dos primeros kilómetros se pasa junto al Molino Alto. En su origen fue destinado a la producción de harina aunque fue reconvertido en fábrica de luz el siglo pasado. Tras su rehabilitación se conservan las tres cárcavas y su entorno se ha reconvertido en un bello rincón. Justo después aparece el primer cruce de carretera. Al frente y a la izquierda, se continúa por la pista que acompaña la acequia y que la cruza poco después. Tras recorrer trescientos metros por un tramo en regular estado se vuelve a cruzar otra carretera. De nuevo se avanza al frente por otra pista que discurre flanqueada por frondosas choperas. Cuanto se llevan 2,8 kilómetros otra vez es necesario cruzar, en este caso, la carretera principal de acceso a la localidad. Al otro lado se toma una calle que bordea las instalaciones deportivas y que discurre en paralelo a la acequia, por la margen opuesta. Medio kilómetro después surge el acceso al Molino Bajo, a la derecha, y el camino gira bruscamente a la izquierda, por donde  debe continuarse. Cuando se alcanzan 3,6 kilómetros de ruta se llega a una carretera. Tras incorporarse con precaución, se coge dirección a la derecha. El paisaje cambia, alejándose del río, y atravesando una llanura con campos de cultivo amplios.

Tras alcanzar los 5,6 kilómetros se deja la carretera tomando un amplio camino a la derecha. El trazado poco a poco va acercándose a la vega de nuevo, a la vez que toma dirección al siguiente enclave: Torrijo del Campo. A los 7,2 km vuelve el asfalto en las calles de la localidad. Su trazado rectilíneo abandona las huertas y se introduce en el casco urbano hasta toparse con el acceso a la localidad. Se gira a la izquierda y poco después arranca la calle San Pedro a mano derecha por la que se abandona el pueblo. Al alcanzar el punto kilométrico 7,9 se toma una pista asfaltada la cual surca de nuevo la vega del río Jiloca.

En el kilómetro 9,2 se pasa a los pies de la ermita de la Virgen de las Cuevas. El precioso edificio cuenta con un porche a los pies. En uno de sus costados cuenta con un área de descanso dotada de buena sombra. Además cuenta con un buen mirador del fértil valle del río Jiloca. Un buen lugar para descansar. Se continúa el trazado de la pista hasta otra carretera. Se avanza al frente, y poco después ésta gira a la izquierda. La ruta ciclista avanza nuevamente al frente por otra pista asfaltada. Sin abandonar el asfalto bordea unas instalaciones agropecuarias y a la vuelta de una curva surge en un costado la estación de ferrocarril de Caminreal. Tras su acondicionamiento ahora es la sede del Centro de Interpretación de la Cultura Romana de Caminreal (CICAR). Se llevan 10,3 kilómetros de ruta.

El recorrido avanza de manera rectilínea hasta introducirse en el barrio del Santo, en torno a la ermita de San Salvador, perteneciente a la localidad de Fuentes Claras. En este punto se cumpen 12,5 kilómetros. Frente a la ermita se coge la calle a la derecha que tras cruzar el cauce del Jiloca entra en el casco urbano. Es necesario tomar la primera calle a la izquierda, y seguir su trazado irregular hasta llegar a los pies de la ermita de San Ramón, situada en un cruce. En este punto se toma la calle de la izquierda que sirve para dejar atrás la localidad. Los campos ahora son más irregulares, cercanos al río. Llega un momento en que es necesario superar las vías del ferrocarril que conduce a Teruel. En su descenso se divisa el siguiente pueblo así como la ermita de la Virgen del Moral. En este punto se habrán alcanzado los 14,5 kilómetros de ruta.

A los pies de la ermita está el viejo moral, que da nombre a la ermita y a la virgen. Poco más adelante surge la carretera de acceso a El Poyo del Cid. Una pequeña elevación alberga el peirón de la Virgen del Pilar y un monumento en recuerdo a los muertos en la guerra civil. Cuenta con una bella vista de la localidad coronada por el cerro de San Esteban, donde el Cid Campeador estableció un campamento, hecho que dio nombre al lugar. Se coge la carretera en dirección a la derecha. A unos trescientos metros se abandona para tomar a la izquierda una pista asfaltada que arranca en una ligera curva. Su trazado sinuoso servirá de camino hasta alcanzar la localidad de Calamocha, surcando grandes campos de maíz.

La pista desemboca en una amplia calle que sirve de circunvalación, flanqueada por casas unifamiliares en uno de los costados. Sin dejar su trazado llega un momento en que gira a la izquierda con el fin de atravesar el cauce del río Jiloca. Justo antes se puede descender hasta los antiguos lavaderos, un edificio abierto al frente que cuenta con una fuente. A su derecha arranca el paseo fluvial que servirá como final a la ruta ciclista. Un agradable recorrido que acompaña al cauce del río rodeado de abundante vegetación. Al tropezarse con una calle, sólo resta girar a la izquierda para alcanzar de nuevo la ribera, en el punto en que se conserva un puente romano. Se trata de un robusto puente de un solo arco de origen romano, aunque reformado posteriormente. El entorno ajardinado y el paso del río configuran un espacio de gran belleza, y con el que se pone punto y final a la ruta ciclista.

Se recomienda un paseo por el centro de Calamocha, la capital de la comarca del Jiloca. Además de los buenos ejemplos de arquitectura civil, sobresale la iglesia de Santa María la Mayor, ubicada en una gran plaza donde también se localiza el ayuntamiento.

Para la tarde se propone acercarse hasta la Laguna de Gallocanta. Antes de alcanzar la población que la da nombre hay un centro de interpretación que relata la importancia natural de este enclave, la mayor laguna natural de la Península Ibérica. Además en el periodo invernal tiene como atractivo ser el lugar de reposo de miles de grullas en migración desde el norte de Europa hacia las tierras del sur.

El río Jalón nace en tierras sorianas y poco después comienza su andadura por Aragón, camino a la ribera del Ebro. En su zona intermedia debe atravesar el Sistema Ibérico. Un tramo agreste y sinuoso que obliga al río a retorcerse formando las Hoces del Jalón. Una parte montañosa que alterna las pequeñas huertas con los desfiladeros, pero que también alberga un buen número de pueblos con un patrimonio relevante.

dondedormirdondecomerguiadeviajecomollegarfindesemana_ 2-3dias

Para acceder a este tramo del río Jalón es necesario tomar la autovía entre Zaragoza y Madrid. Al igual que el río debe atravesar el Sistema Ibérico. Pero ésta mediante un trazado más cómodo, tras las obras llevadas en las últimas décadas.

Una de las salidas conduce directamente a Morata de Jalón, la primera parada en la ruta. Desde la reconquista por Alfonso I el Batallador la localidad formó parte de señoríos. En 1550 surgió el título de Conde de Morata. Uno de ellos, Francisco Sanz de Cortés, fue el impulsor del edificio más importante de la localidad. La carretera atraviesa la localidad, pasando junto a una preciosa plaza. Este espacio está delimitado por tres edificios de gran belleza; al frente el palacio de los Condes de Argillo, a la izquierda la iglesia parroquial y a la derecha la lonja del ayuntamiento. Las obras se llevaron a cabo entre 1672 y 1676 bajo la tutela del arquitecto Juan de Marca que dejó una clara impronta barroca. La fachada principal consta de dos plantas en altura, en cuya parte central se abre la portada. Se culmina bajo el alero con un tímpano que alberga un óculo rodeado de decoración. Tanto la fachada central como las laterales se rematan bajo el alero con una galería de pequeños óculos rodeados con abundante decoración. A la izquierda se alza la iglesia de Santa Ana, edificio anterior integrado en la construcción. Destaca la torre situada en la esquina de la plaza. Del edificio despuntan tres cuerpos octogonales que se rematan con un cupulín decorado con teja de color azul. En el lado opuesto se abre la lonja del antiguo ayuntamiento. Y en la esquina se eleva otra torre, de similares características a la anterior, aunque con menos decoración y con chapitel afilado.

Una de las excursiones más interesantes de la zona acerca al Paraje de las Torcas, muy conocido por la práctica de la escalada. Un lugar que ofrece uno de los entornos paisajísticos más interesantes del río Jalón a su paso por el Sistema Ibérico. Al final de la calle del barranco, junto al centro de salud, parte una pista que toma dirección a las ricas huertas de la vega del Jalón. En unos metros se ha acondicionado un mirador desde el cual se contempla en su totalidad el recorrido de la excursión. El nombre del paraje procede de la Loma de las Torcas, de la cual se descuelgan las paredes verticales más elevadas de todo el conjunto, en la margen derecha del río. Se discurre por la pista principal, sin cruzar las vías del ferrocarril, ascendiendo poco a poco. Se pasa junto a la Aguja Solitaria, situada a los pies de la pista. Poco más adelante aparece la Peña del Reloj, que se precipita a la vega mediante paredes verticales por donde hay trazadas numerosas vías de escalada. Entonces el recorrido comienza un descenso zigzagueante en dirección al río. La pista termina en un amplio aparcamiento, a poco menos de tres kilómetros del casco urbano.  En este punto, bajo el Almendro, una gran pared vertical a escasos metros del río, parte un sendero que conduce en diez minutos a la Peña Agujereada, un espectacular arco de piedra. Tras rebasarla se puede acceder al gran arco elevado por su parte trasera sin ninguna dificultad. Lo espectacular de su formación rocosa se complementa con las excelentes vistas que desde este mirador se pueden disfrutar.

Ya de nuevo en la población, se retoma la carretera que tras atravesar las vías del ferrocarril y el río Jalón toma dirección al cercano pueblo de Chodes. Tras la construcción del actual pueblo se abandonó el viejo situado a un kilómetro, a los pies de la fortaleza que vigilaba el estrecho del río Jalón. La construcción se llevó a cabo en la segunda mitad del siglo XVII por Francisco Sanz Cortés, conde de Morata. En 1676 encargó el proyecto al arquitecto Juan de Marca. El casco urbano se compone casi exclusivamente de una plaza poligonal de doce lados. Cuenta con 23 viviendas formadas por edificios iguales de dos alturas separadas por pilastras de ladrillo. El recinto alberga además la casa consistorial y la iglesia parroquial. Se accede al interior a través de tres pasadizos, dos de ellos enfrentados y que sirven de paso a la carretera. La iglesia de San Miguel cuenta con fachada de ladrillo. Se abre el acceso de medio punto que se antecede de escaleras. Sobre él un óculo y una espadaña con cuatro vanos de medio punto en dos alturas, convertida después en torre.

Para la tarde se propone ascender por el valle del río Isuela. Entonces se avista la hermosa estampa de la localidad de Mesones de Isuela a los pies de su magnífico castillo. Desde la travesía es necesario alcanzar la plaza mayor. Allí se alza la iglesia de la Asunción, obra del siglo XVI reformada dos siglos después. Destaca la torre de ladrillo con decoración mudéjar. También el ayuntamiento con lonja de tres arcos de medio punto de ladrillo en su parte baja. Bajo uno de ellos parte un pasadizo a través del cual se inicia el ascenso hasta el castillo. Esta fortaleza de estilo gótico fue construida entre 1370 y 1379 gracias al mecenazgo del arzobispo de Zaragoza Don Lope Fernández de Luna. Las obras no se llegaron a terminar y el castillo no participó en ninguna contienda. Consta de planta rectangular con seis grandes torreones, cuatro situados en los vértices y dos en el centro de los lados mayores; todos ellos presentan planta circular. La rampa de acceso conduce hasta el acceso.

Una vez al interior se abre un gran patio. En el recorrido interior se pueden visitar las torres, una de ellas terminada y con una altura de quince metros. También las estancias palaciegas que se alojan en el interior del castillo. Uno de los elementos más importantes es la capilla barroca, que ocupa una de los torreones. De planta circular al exterior, y hexagonal al interior. Cuenta con dos plantas, una subterránea que constituye la cripta, y encima de ella la capilla original del castillo, la cual se cubrió con una techumbre mudéjar con pintura gótica. Está formada por una armadura de madera que se adapta a la planta, con seis paños inclinados que convergen en una pieza hexagonal situada en el centro. Se trata de un ejemplar único dentro de la arquitectura aragonesa del siglo XIV.

Al día siguiente se remonta el valle del Jalón. A unos cuatro kilómetros de Morata de Jalón se divisa la silueta de Villanueva de Jalón. No cuenta con acceso rodado, con lo cual es necesario dejar el vehículo en un apartadero de la carretera junto a una curva pronunciada. Un poco más adelante arranca un acceso peatonal. Perdió su población en la década de los cincuenta, aunque llegó a contar con doscientos habitantes. Enseguida aparecen los primeros edificios, y poco más arriba una plaza delimitada por casas en ruinas. De ella parte una calle que deja a los pies de la iglesia de la Virgen de la Huerta. Del tejado tan sólo restan los arcos que sostenían la cubierta de madera. En el siglo XVII fueron añadidas las capillas laterales de factura barroca con influencia mudéjar, que se cubren con interesantes bóvedas decoradas con yeserías. El elemento más destacado es la torre, a pesar de su escasa altura. Su primer cuerpo, del  siglo XV, cuenta con decoración mudéjar en ladrillo. Se añadió posteriormente otro cuerpo que hace de campanario.

Desde la parte trasera de la iglesia se puede ascender hasta la parte alta de la cresta rocosa donde se asientan los restos de un castillo. Antes de alcanzar la fortaleza hay un mirador con magníficas vistas del meandro formado por el río, así como de todo el valle. El tramo final es más complicado y está dotado de unas clavijas. En lo más alto se conservan los muros de un torreón rectangular del siglo XIV bordeado por paredes que se descuelgan vertiginosamente sobre el valle del río Jalón.

Se avanza hasta alcanzar la localidad de Morés. Desde ella se toma la carretera que se encamina al valle del río Aranda. En apenas un kilómetro surge el desvío hacia Sestrica. Nada más acceder al casco urbano aparece una plaza irregular. De allí parte a la derecha una calle que conduce hasta la plaza donde está la casa consistorial. Para ello es necesario atravesar un pasadizo que pasa bajo el edificio. La calle continúa hasta desembocar en otra plazoleta, con un buen mirador del pueblo y sus alrededores. Allí se alza la iglesia de San Miguel. Una construcción ruda de mampostería y cuya torre luce cuerpo superior de ladrillo rematado con chapitel. Es recomendable un paseo por la calle del castillo, que rodea el montículo donde se asienta la población, evocando tiempos pasados y que ofrece bellos rincones.

Atravesando la población, junto a un peirón, parte un camino asfaltado que en su inicio conduce a la ermita de San Bartolomé. Siguiendo las indicaciones, en este cruce se toma el ramal derecho. Más adelante se pasa cerca del Alcornoque del Prado, a unos dos kilómetros del pueblo. El ejemplar de alcornoque monumental se emplaza a trescientos metros de la pista. Lo componen una decena de troncos que parten desde la tierra para dar lugar una copa que se eleva a 10 metros de altura. Volviendo al camino principal, y tras un desvío a la izquierda se aproxima a un refugio forestal. Desde este punto parte una pista que asciende hasta el Alcornocal de Sestrica. Al finalizar la pista se convierte en senda, y toma dirección a la derecha. La ladera se salpica de pequeños ejemplares de alcornoque que se alternan con carrasca y coscoja, de la misma familia. Poco a poco tienen mayor porte. La senda asciende hasta un collado con vistas a Illueca. En sus troncos quedan las marcas de la extracción del corcho, actividad que se inició a mitad del siglo pasado. Anteriormente su madera era utilizada al igual que la carrasca para leña, y de manera puntual se aprovechaba la corteza para la fabricación de colmenas. El bosque de alcornoques ocupa una superficie de 320 ha, y en Aragón sólo se encuentran otros ejemplares en Aniñón, Villarroya de la Sierra y Olba. En España los alcornocales se concentran en Extremadura, Andalucía y Cataluña, donde se produce el 30% del corcho mundial. La vuelta se realiza por otra pista que parte directamente desde el refugio en dirección contraria al acceso al alcornocal, y que conduce a la ermita de San Bartolomé, completando el recorrido circular.

El Huecha, también conocido como la Huecha, es un modesto afluente del río Ebro que nace en el Moncayo y desemboca en el Ebro junto a Novillas. Sus aguas proceden de los barrancos de Valdealonso, Morana y Horcajuelo. En su tramo medio se adentra en la comarca de Campo de Borja, pasando junto a Bulbuente, Maleján y Borja. Tierra de frondosas riberas rodeadas de campos de almendros y olivos, pero también de los viñedos de la ruta de la Garnacha.

dondecomerguiadeviajecomollegar

.

.

.

La ruta cicloturista recorre tierras del Moncayo, dentro de la comarca del Campo de Borja. Hasta la capital comarcal es necesario trasladarse para comenzar el recorrido en bici. El único acceso desde tierras aragonesas parte desde el valle del Ebro, a través de la carretera nacional N-122 en dirección a Soria.

El recorrido surca el territorio mediante pistas en buen estado, con algo de piedra suelta en algunos tramos. Debido a los numerosos cruces es necesario prestar atención a las indicaciones y a los puntos kilométricos. En todo caso la señalización del sendero de pequeño recorrido entre las localidades, con carteles indicadores y señalización amarilla y blanca solventará todas las dudas.

LONGITUD DESNIVEL PENDIENTE FIRME DIFICULTAD
22 km 300 m variable regular media

Tras atravesar el casco urbano de Borja, el punto de partida es el cruce de la travesía con el arranque de la carretera que sube al santuario de Misericordia. Justo enfrente parte la calle Vajillería, kilómetro cero de la ruta. En primer lugar cementado y después de tierra, parte una pista que se adentra en la ribera del Huecha, salpicada de huertos y abundante vegetación. Se alcanza el primer cruce del río a través de un robusto puente de sillería de dos arcos, a 1,2 km.

Dejando dos pistas a la izquierda, se toma a la derecha un camino que discurre en paralelo al cauce junto a los límites de una gran finca. Cuando se alcanza los dos kilómetros de recorrido se desciende hasta un camino procedente de Maleján, por donde se volverá tras realizar el recorrido circular. De momento se toma dirección a la izquierda en ligero ascenso. El paisaje cambia por completo abandonando la vega. Los viñedos comienzan a dominar el horizonte. En el punto kilométrico 3,2 se alcanza un cruce ortogonal, continuando al frente. Se mantiene el ascenso hacia las suaves lomas que delimitan el valle. Los campos de olivos y almendros van dominando poco a poco el paisaje, otra de las señas de identidad de la comarca. Tras alcanzar el kilómetro 5,3, se toma el ramal derecho. Un recorrido más sinuoso alcanza la parte más de toda la ruta ofreciendo magníficas vistas del Moncayo. En todo momento hay que estar atentos a los carteles y las marcas amarillas y blancas.


En descenso, atravesando una zona de monte donde se alternan campos con la vegetación propia a base de carrascas se alcanza la carretera que conduce a Talamantes. Se alcanza el punto kilómetro 8,3. Enfrente parte un camino que bordea por la parte trasera una granja. En el siguiente cruce se sigue al frente, por camino escoltado por chopos y pasando junto a algunas bodegas que anuncian la cercanía del casco urbano de Ambel. Se abandona la rambla por la derecha para alcanzar una calle que se introduce en la localidad. Justo después de desembocar en una calle mayor, se pasa junto al frontón. Frente a él parte una de las arterias principales. En su recorrido se pasa a los pies del ayuntamiento. Poco después atraviesan dos plazas donde se concentra el patrimonio artístico, con la iglesia de San Miguel, el Palacio de la Orden de Jerusalén y la Casa Galván como mejores ejemplos. En descenso se alcanza la parte baja, donde es necesario tomar una calle a mano izquierda, entre fachadas traseras y muros de campos. Al final parte un camino asfaltado que conduce al barranco de los Moros, donde se concentran las pequeñas huertas de sus habitantes. Al franquearlo se pasa junto al peirón o pilar de la Virgen del Río, al cumplir los 10 kilómetros de ruta.

Se toma el ramal derecho, asfaltado, que se abandona medio kilómetro después por una pista de tierra que parte a la derecha. Importante cruce es el siguiente, cuatrocientos metros después, en el kilómetro 10,9. En este punto hay que tomar el ramal que gira bruscamente a la izquierda. El recorrido se adentra en una zona boscosa flanqueada por pinares y carrascas. En descenso se bordea una val que desemboca en el valle del Huecha, a donde se encamina el trazado. Tras alcanzar el lecho del cauce y bordear una pequeña balsa se alcanza el cruce del río, sin acondicionar, pero que no presenta dificultades. Se cumplen los 11,8 kilómetros de recorrido en este punto.

Al otro lado comienza el ascenso que se aproxima a la carretera que conduce a Tarazona. A escasa distancia de ella, en el kilómetro 13,2, se toma una pista a la derecha que toma dirección a Bulbuente. Al alcanzar las primeras viviendas, al borde de la carretera nuevamente, parte la calle de los Moros a la derecha, la cual en trazado sinuoso y estrecho desemboca en el centro de la localidad. Allí se levanta un gran torreón perteneciente al antiguo castillo y el Palacio de los Abades de Veruela, además la sede del ayuntamiento. Junto al teleclub parte una calle que toma dirección al parque y al río Huecha, cuyo cauce sin acondicionar se atraviesa tras haber recorrido 14,5 kilómetros. Tras dejar atrás la vegetación de ribera, en el kilómetro 15 gira a la derecha. Ahora la ruta surca las terrazas fluviales dominadas por los campos de olivos y vides.

Un trazado rectilíneo en paralelo al río sin dejar las marcas amarillas y blancas del sendero de pequeño recorrido. Tomando una rampa cementada se desciende al cauce del Huecha, el cual se atraviesa por una plataforma a ras del río, en el kilómetro 18. Después atraviesa una zona de huertas hasta llegar cerca de la carretera, en el kilómetro 18,7. En este punto se toma un camino a mano derecha que toma dirección a la localidad de Maleján, que deja en el epicentro de la localidad, junto al colegio. Una pequeña parada nos permite acercarnos al casco antiguo, formado por calles estrechas herencia de su legado musulmán. Una plazoleta alberga la modesta iglesia de la Visitación, y un poco más adelante se abre un mirador del valle del Huecha de visita obligada. Este pequeño paseo añade doscientos metros más al cuentakilómetros.

Volviendo a la calle principal, se avanza en la misma dirección hasta alcanzar la calle Huecha. Por ella se abandona el casco urbano hasta toparse con un camino. Girando bruscamente a la derecha se encamina a la vega. Un puente atraviesa el cauce tras haber alcanzado los 20 kilómetros de recorrido. A escasa distancia surge a mano derecha el camino por el que se ha pasado antes, y que sirve para volver a Borja después de recorrer los dos kilómetros finales.

Por la tarde se propone la visita a la localidad de Borja. Junto a la Puerta de Zaragoza, está ubicada la oficina de turismo. Un recorrido por sus calles ofrece rincones tan acogedores como la plaza de Santa María. Allí se alza la ex-colegiata de Santa María, en cuyo exterior sobresalen dos esbeltas torres, una de ellas mudéjar conocida como Torre del Reloj, y la otra de estilo clasicista. Junto a ella se encuentra el Museo de la Colegiata ubicado en un palacio renacentista que alberga tres plantas con diferentes salas expositivas que muestran fondos religiosos, en torno a un pequeño patio de bella factura. Volviendo a la arteria principal, en ella se abre la plaza del Mercado. Uno de sus costados alberga la zona porticada. Y en las cercanías está uno de los espacios más bellos de la localidad, la plaza de España. Presidida por el ayuntamiento, la sede se emplaza en un palacio aragonés del siglo XVI.

La Sierra de Carrodilla constituye el extremo más occidental de las sierras prepirenaicas oscenses.  Su punto más elevado es el Buñero, que se alza a 1109 metros de altitud. En su corazón se ubica el santuario de la Carrodilla. A piedemonte se asientan poblaciones como Estadilla y Fonz que atesoran un patrimonio arquitectónico de gran valor. La Fuente de los doce caños de Estadilla y el conjunto de palacios de Fonz son buen ejemplo de ello.

dondecomerguiadeviajecomollegarexcursion_1dia

 

 

.

La autovía entre Huesca y Lérida conduce a la zona más oriental de Aragón donde se localiza la zona a visitar. La salida para entrar en el casco urbano de Monzón sirve también de acceso a Fonz, pero en sentido contrario. Aunque de origen árabe, la reconquista fue forjando un emplazamiento que dependió del obispado de Lérida. Las vacaciones estivales de los obispos influyeron notablemente en la construcción de monumentales palacios que posee la población.

La visita arranca en la travesía, junto a la Fuente de Abaix. Destaca la decoración gótica mediante un arco conopial de sillería. Bajo tierra es posible la visita del caño o pasadizo que se adentra bajo el casco urbano y de donde proceden las aguas del manantial. Desde este punto parte una calle que asciende de manera directa al centro de localidad. En su recorrido se pasa a los pies de la Casa Moner. En ella nació Pedro Cerbuna, fundador de la Universidad de Zaragoza. Se trata de un palacio renacentista aragonés construido en el siglo XVI. Su fachada de traza curva cuenta con dos plantas construidas en piedra sillar y ladrillo que se remata con galería de 37 arcos de medio punto bajo el alero. Este fue el palacio más importante de la población, siendo de la familia Bardaxí y posteriormente Moner, las familias más poderosas. Un poco más arriba, esta vez a mano derecha, se alza la Casa Fiscal. A pesar de su modesta fachada, se trata de una de las pocas que conserva todavía la estructura interior de las estancias.

Se alcanza la plaza Mayor, catalogada como monumento histórico-artístico hace unas décadas. En un rincón aparece la fuente monumental, obra del año 1567 de piedra sillar. Un arco de medio punto cobija los seis caños adornados con máscaras diferentes. Se cubre el conjunto con un frontón triangular. Junto a la fuente se alza uno de los inmuebles más monumentales de la plaza, el palacio de los Gómez de Alba. La fachada se eleva a gran altura con una acusada esquina que da a la plaza. En su parte superior sorprende un curioso garitón. El acceso se abre en la parte alta de la plaza, junto a un pintoresco rincón formado por el Arco Codera. La fachada luce vanos con rejas en planta baja, vanos adintelados en la primera y galería de arco de medio punto doblado en ladrillo.

En el otro extremo de la plaza se alzan el resto de edificios de interés. La Casa Gilleuma-Moltó con su colorida fachada y poco después el antiguo palacio de los obispos de Lérida, ahora ayuntamiento. En su interior se ubica la oficina de turismo desde donde comenzar la visita guiada a la localidad. Obra del siglo XVI presenta típica fachada de palacio renacentista aragonés. Luce portada clásica y sobria fachada de ladrillo en su parte alta culminada con galería de arquillos. En su interior alberga el Centro de Interpretación del Renacimiento. El resto de la plaza se complementa con una zona porticada y otros palacios de interesante factura. Frente a ellos una elegante escalinata conduce a la iglesia de la Asunción. Es una construcción de estilo gótico aragonés, del año 1617. Al exterior sobresalen la portada cubierta por un elegante pórtico y la torre de planta octogonal en los cuerpos superiores.

Recorriendo la plaza en sentido contrario, parte una calle que sirve de aproximación a la Casa de los Barones de Valdeolivos o Casa Ric. Visita obligada en la población es poder adentrarse en su interior para sumergirse en la historia de esta familia. El edificio data del siglo XVII. La familia Ric recibió la Baronía de Valdeolivos en 1765. El tercero barón, Pedro María Ric, fue regente de la Real Audiencia de Aragón y diputado en las Cortes de Cádiz. Se casó con la condesa de Bureta, heroína de los Sitios de Zaragoza. El recorrido por su interior se inicia en la capilla y continua por las diferentes estancias nobles que se conservan sin apenas modificaciones. Se completa con una colección pictórica de gran valor. Además la familia acumuló documentos familiares desde el año 1242 y unos 4000 volúmenes que forman una biblioteca pública ya que junto con el resto de instalaciones ahora son propiedad de la Diputación General de Aragón al ser donados por la familia.

La visita al casco urbano pone su broche final en la ermita de San José. Tras atravesar la plaza Mayor y el arco Codera, se abandona el casco urbano por una pista de apenas un kilómetro tomando en todos los cruces el ramal izquierdo. La sencilla construcción cuenta con un pórtico a los pies. Desde este punto hay magníficas vistas del valle del Cinca así como de localidad.

Ocho kilómetros separan Fonz de Estadilla. El punto de partida de la visita es la Puerta del Sol, que se precede de una plaza ajardinada, uno de los puntos con mayor actividad del pueblo. En uno de los rincones se levanta el acceso medieval al núcleo más importante. Un arco de sillería del siglo XVI se flanquea por dos edificios a modo de torreones adelantados. Desde este punto parte la calle mayor, flanqueada por buenos ejemplos de arquitectura civil. Se alcanza la plaza Mayor, a la cual se accede directamente bajo uno de los porticados laterales. Este espacio es uno de los rincones más bellos de la localidad. Otro de los costados está formado por el edificio del ayuntamiento, de factura renacentista aragonés del siglo XVI. En la parte alta discurre una galería de vanos de doble arcada de medio punto. La plaza cuenta con un conjunto de fachadas de gran colorido en perfecta armonía con los palacios que completan el conjunto.

Desde este punto una calle conduce a la iglesia de San Esteban, cuyo edificio actual es producto de la reconstrucción tras el paso de la guerra civil. Desde la plaza, una calle en fuerte descenso va camino de la fuente. Junto a las últimas casas estaba el Portal de la Fuente. En este punto se ha acondicionado una pequeña plaza que cuenta con un magnífico mirador. A unos cinco minutos, fuera del casco urbano, se encuentra la Fuente de los doce caños. Sus alrededores han sido ajardinados dando lugar a un acogedor lugar de recreo. La construcción data del año 1735 bajo influencia neoclásica. Cuenta con una fachada con tres arcos de medio punto, los cuales albergan doce cabezas de león, a través de las cuales mana el agua. Junto a ella se acondicionó un lavadero público.

La jornada puede terminarse con la visita al Santuario de Carrodilla. Desde la Puerta del Sol parte una calle que bordea el casco urbano. Una pista en estado aceptable se adentra en la sierra a lo largo de seis kilómetros, con algunos tramos de mayor desnivel que se presentan cementados. El santuario se emplaza a 814 metros de altitud. El topónimo tiene relación con el carro de unos carboneros donde según la leyenda se apareció la virgen. La iglesia actual hunde sus orígenes en el siglo XIII, siendo reformada en el siglo XVI. En este siglo y el siguiente se construyó la casa y la hospedería. El conjunto se abre a una gran explanada y presenta cinco arcos de medio punto que cobijan un porche. Bajo ellos una bella portada que sirve de acceso a un pasadizo interior. La iglesia se culmina con el presbiterio delimitado del resto de la nave por un gran arco rebajado. Este espacio se cubre con bóveda de lunetos de la cual se descuelga un pináculo de gran belleza y singularidad.

El carrascal de Castejón, o de Nisano, toma el nombre de dos antiguos despoblados medievales reconvertidos en explotaciones agropecuarias, conocidos históricamente como castillos. Es una importante extensión de encinas, de unas 800 ha, el mayor y mejor conservado carrascal de llanura de la Hoya de Huesca. Entre todos los ejemplares sobresale la Carrasca de Becha, un longevo árbol cuya figura sobresale en medio de un campo de almendros.

dondecomerguiadeviajecomollegar

.

.

Esta ruta ciclista parte de la localidad de Chimillas, situada a escasa distancia de Huesca capital. Para llegar es necesario tomar la carretera que conduce a Ayerbe. Poco después un desvío conduce directamente al casco urbano. La travesía se rodea de nuevos edificios. Desde la segunda rotonda se accede al origen del núcleo, pasando junto a un bello ejemplo de casa solariega, hasta llegar a la plaza donde se alza la iglesia parroquial.

El recorrido propuesto combina pistas en bueno y regular estado, con algún trecho de veredas más estrechas que ofrecen un aliciente a la ruta, y dos pequeños tramos de carretera. El desnivel en el recorrido es escaso lo que la convierte un recorrido fácil.

LONGITUD DESNIVEL PENDIENTE FIRME DIFICULTAD
19 km 100 m variable regular baja

Desde la plaza de la iglesia se vuelve por la misma calle hasta la rotonda. Se toma la segunda salida por la derecha, abandonando rápidamente el pueblo. En los dos primeros cruces se toma el ramal derecho. Cuando se llevan 1,6 km se toma de nuevo la bifurcación a la derecha, dejando el trazado principal de la pista. Los campos se van alternando con los primeros bosques de carrascas. En el kilómetro 3,7 aparece un importante cruce. La pista hace un giro muy pronunciado a la derecha para tomar dirección contraria. Siguiendo esta dirección el firme empeora. Medio kilómetro después se deja la pista y se toma un sendero que se interna en el carrascal. Comienza el tramo más divertido de la ruta en el cual se siente la frondosidad del bosque.

Sin dejar la senda y siguiendo siempre al frente, en el tramo final ésta se convierte en pista. Trascurridos 5,5 kilómetros aparece un cruce ortogonal de amplios caminos, donde se debe tomar el desvío a la derecha en ligero ascenso. De nuevo se atraviesa una zona de abundante arbolado, en la que deben dejarse todos los pequeños ramales que surgen continuando por el trazado al frente. En un claro del bosque aparece un campo de almendros, que debe bordearse por la izquierda. Poco después surge la majestuosa imagen de la Carrasca de Becha. Rodeada por la plantación de árboles alineados destaca por su gran porte, con 19 metros de altura. Es necesario atravesar el campo para poder admirar la carrasca bajo su copa.

Ya de nuevo en la pista, un poco más adelante, quedan los restos de algunos muros como único testimonio del antiguo castillo de Becha. El camino desciende de manera brusca desembocando en una pista de buen firme, tomando el desvío a la derecha. En sentido contrario se alcanzaría el castillo de Castejón. En trazado rectilíneo y atravesando el campo de almendros se alcanza la carretera proveniente de Chimillas en dirección a Lierta, tras superar ligeramente los ocho kilómetros de recorrido.

Girando a la izquierda se discurre por la carretera, bordeada por el carrascal sólo en su margen derecha. En poco menos de un kilómetro se abandona para tomar un amplio camino a mano derecha que sirve de acceso al castillo de Nisano. Se trata de un conjunto fortificado documentado ya en el siglo XI. Sin llegar a él, se toma a doscientos metros de la carretera un desvío a mano derecha que bordea la masa boscosa de encinas.

Tras dejar el carrascal, cuando se llevan 10,4 km de ruta se atraviesa un pequeño cauce, y poco después el recorrido se adentra de nuevo en la arboleda. Se trata de la última incursión en este reducto de bosque autóctono. Al salir se aproxima a una granja y poco después se gira a la derecha bordeando sus instalaciones. A los 13,5 kilómetros se toma una pista a la izquierda que toma dirección al campamento militar de Igriés.

En los sucesivos cruces, primero a la izquierda y luego a la derecha, se discurre junto a las instalaciones militares en desuso, en dirección al sur. Solo resta tomar el camino principal que se encamina a la localidad de Banastás. A los 17,2 kilómetros se pasa junto a los primeros edificios. Por la calle se llega a la intersección con la carretera. Para terminar la ruta sólo resta recorrer un tramo de carretera hasta alcanzar la población de Chimillas, habiendo recorrido algo menos de 19 kilómetros en total.

Para la tarde se propone un paseo por la ciudad de Huesca. Muchos son los atractivos de la capital oscense. El punto de partida ideal es la plaza de Navarra, con su bella fuente en la parte central, escoltada por el edificio del Casino. Desde allí recorrer los  Porches de Galicia y el Coso, las arterias más animadas del centro de la ciudad. Pero también adentrarse en el casco antiguo, haciendo un alto en las plazas de Allué, rodeada de porches, la plaza de San Pedro, con la iglesia de San Pedro el Viejo, panteón real, y la plaza de la Catedral, que alberga el edificio del ayuntamiento y la Catedral con su magnífica portada, son puntos imprescindibles en una visita rápida a la ciudad.    

El valle de Tena estuvo dividido administrativamente en tres quiñones o demarcaciones durante los siglos XVI y XVII. Uno de ellos, el Quiñón de la Partacua, incluye las poblaciones situadas en la margen derecha del río Gállego: Tramacastilla de Tena, Piedrafita de Jaca, Búbal, Saqués y Escarrilla. Toma el nombre de la Sierra de la Partacua coronada por las cumbres de Peña Telera y Punta Escarra. 

dondedormirdondecomerguiadeviajecomollegarfindesemana_ 2-3dias

La autovía mudéjar proveniente de Huesca permite un acceso cómodo al valle de Tena. Se deja en Sabiñánigo para tomar un tramo de nacional hasta Biescas. Y finalmente es necesario coger la carretera regional A-136 la cual vertebra a uno los valles más amplios y bonitos de la cordillera pirenaica.

Poco después de avistar el pantano de Búbal se toma el desvío a la izquierda que conduce a la población de Piedrafita de Jaca. Rodeando el pueblo, junto a las últimas viviendas, parte la pista forestal que conduce de manera cómoda al aparcamiento del Parque Faunístico de Lacuniacha. Se trata de un bioparque de unas 30 hectáreas de superficie que ocupa el bosque natural de La Pinosa. Ofrece al visitante a través de un recorrido de cuatro kilómetros y medio la posibilidad de conocer tanto la flora como la fauna que vive o vivió en los Pirineos. En la parte baja se atraviesa un bosque mixto en el que destacan pinos silvestres, hayas, robles, abedules y acebos. Mientras que la parte alta cuenta con una pradera subalpina con prados poblados de arbustos y flores de alta montaña. En cuanto a la fauna, todos los animales han nacido en cautividad y residen en recintos amplios, que son atravesados en su recorrido lo que permite caminar cerca de ellos. Cuenta con 15 especies diferentes con unos 120 individuos en total. Se trata de ciervos, renos, corzos y gamos, pertenecientes a la familia de los cérvidos; sarrios y cabra montés, de los caprinos; jabalí, muflón, lince boreal, oso, caballo de Przewalski, lobo ibérico y zorro común. A ellos se añaden los animales autóctonos que viven en el parque como son ardillas, marmotas, topos y diferentes aves. Todo se complementa con miradores dotados de buenas vistas de la Sierra de Partacua, así como del valle.

Foto cedida por el Parque Faunístico de Lacuniacha

Para la tarde se deja la visita de los dos pueblos más cercanos al parque faunístico y que formaron parte del Quiñón de la Partacua. Tras volver por la pista se hace un alto en Piedrafita de Jaca. Se trata de un pequeño pueblo de tradición pastoril. Desde el aparcamiento situado junto al ayuntamiento de la localidad, parte la calle principal que articula el casco urbano. En su trazado quebrado atravesando varias plazoletas parten cortos viales, configurando un conjunto arquitectónico típico de montaña. Sobresalen algunas viviendas, la más antigua de ellas Casa Silvestre fechada en el año 1640. El resto son posteriores pero ofrecen bellas portadas y conforman rincones pintorescos que bien merecen un tranquilo paseo. Al final del pueblo, junto a la carretera, se alza la iglesia de San Andrés. Su imagen actual se debe a una reforma de hace unas décadas. La piedra de sus muros y la pizarra del tejado mantienen el aspecto pirenaico de la construcción renovada.

Volviendo a la carretera regional, es necesario retroceder un poco para visitar la población de Búbal. Dio nombre al pantano ubicado a escasa distancia, pero ello provocó su total despoblación. El barrio bajo sucumbió con la construcción de la nueva carretera, y el resto se conservó siendo restaurado por el Estado para albergar un centro vacacional de estudiantes. Desde el aparcamiento parte una calle que pasa a los pies de la iglesia de San Martín, levantada en el siglo XVII. Destaca su maciza torre junto a la portada barroca de acceso. Un poco más adelante se abre una plaza, epicentro de la actividad estudiantil. Una calle al frente asciende entre edificios y muros que delimitan pequeños huertos. Toma dirección a un barranco que atraviesa un pequeño puente de piedra, un bello rincón que no debe dejar de visitarse. Al otro lado están los restos del antiguo molino.

El domingo se propone la visita a otras dos localidades cercanas. Desde la carretera regional que recorre el fondo del valle, parte un desvío hacia Tramacastilla de Tena. Debido a su importancia constituyó la capital del Quiñón de la Partacua. En las últimas décadas su casco urbano se ha ampliado con nuevas construcciones que mantienen la tipología pirenaica. El ayuntamiento marca el epicentro del casco urbano. Desde este punto una ruta circular por la zona más céntrica permite descubrir las casas más antiguas, las cuales conservan bellas portadas tensinas de influencia bearnesa. En uno de los extremos se alza la iglesia de San Martín, de origen románico. Cuenta con una gran torre cuadrangular de escasa altura como campanario.

Como perfecto complemento al paseo se recomienda la subida al Mirador de Santa Marina. El recorrido señalizado parte junto al ayuntamiento. Se deja el casco urbano mediante una escalera tras un edificio. Le sucede un sendero escalonado atravesando una ladera boscosa, y en menos de un cuarto de hora se alcanza la parte alta de la colina. Un espacio perfectamente acondicionado con vistas a la Sierra de la Partacua y al valle de Tena.

Después de atravesar el casco urbano, desde su parte más alta parte la carretera que conduce a Sandiniés. Se trata de una pequeña aldea que conserva perfectamente el sabor de antaño en sus calles. La carretera pasa junto al lavadero y la fuente, un buen lugar para dejar el vehículo. A escasos metros están las antiguas escuelas y la iglesia de San Ginés. Data de los siglos XVII-XVIII pero fue reformada hace unas décadas. Se inicia un recorrido que obliga a recorrer todos los rincones del pequeño núcleo. Durante el paseo por las empinadas y quebradas calles surgen pasadizos y callizos. Un paseo jalonado de portadas de gran belleza.

Es necesario alcanzar la parte más elevada del núcleo, de donde parte un sendero que conduce al Mirador Punta de las Eras. Atravesando una pequeña zona de pastizales ahora convertidos en lugar de recreo, se alcanza la parte más alta. Desde este punto se disfruta de una bella panorámica del casco urbano, con sus viviendas apiñadas, con el telón de fondo de la Sierra de Partacua. Pero también una amplia vista del valle de Tena.

Ya por la tarde se puede completar el fin de semana haciendo un alto en Escarrilla. La carretera es el elemento de conexión entre los dos barrios que formaban antiguamente este núcleo. Su casco urbano se ha ampliado con nuevos edificios y una amplia oferta de servicios para el visitante. Pero todavía se pueden observar algunos ejemplos de su arquitectura tradicional. Quizás el rincón más pintoresco se ubica en la parte baja, en el barrio del Plano. En la entrada de la población una estrecha calle conduce hasta Casa Maribuena. Su bonita portada forma parte de un conjunto de gran belleza. De camino al otro barrio se pasa junto al ayuntamiento, y en su parte alta la iglesia de San Pedro Apóstol. En el barrio del Vico, destacan algunas viviendas cuyo acceso tiene lugar por una calle paralela a la travesía.

La comarca del Maestrazgo se encuentra a caballo entre las provincias de Teruel y Castellón. Los pueblos que lo componen atesoran un patrimonio arquitectónico que los sitúa entre los pueblos más bonitos de España. El Portal de las Monjas de Mirambel o la plaza mayor de Cantavieja son claros ejemplos de su belleza. A ellos se suman innumerables rincones y edificios que dejan maravillado al visitante.

dondedormirdondecomerguiadeviajecomollegarfindesemana_ 2-3dias

 

 

Alejada de los grandes ejes viarios, a esta comarca turolense se puede acceder por la carretera comarcal A-226, bien provenientes de Teruel o de Alcañiz. Esta ruta atraviesa el Maestrazgo pasando por su capital, Cantavieja. La visita se inicia en Villarluengo, población a la que también se puede llegar por la carretera que proviene de Ejulve. Su casco urbano se agrupa en torno a la iglesia parroquial delimitado por un cortado vertical de roca que se asoma al río Cañada.

Un paseo por las calles de la localidad conduce sin pérdida hasta la plaza de las Tablas, denominada así por el antiguo pavimento que tuvo. En la parte baja se encuentra el ayuntamiento, robusto edificio renacentista del siglo XVI. A escasos metros se alza una lonja abierta a la plaza mediante arcos apuntados. El firme inclinado de la plaza deja a los pies de la iglesia de la Asunción. De estilo renacentista, fue inaugurada en 1861. Su fachada con perfil mixtilíneo está escoltada por dos torres gemelas de mampostería y ladrillo. Sus cuerpos superiores son octogonales y se rematan con tejado piramidal. Desde la parte trasera se accede al balcón de los Forasteros. Un bello rincón con sobrecogedoras vistas del barranco de la Cañada, que discurre a los pies de la localidad.

Como complemento al paseo urbano se propone una sencilla excursión, la Ruta de los Pozos. Recorre mediante un itinerario circular rincones de gran belleza formados por el cauce del río Cañada.

TIEMPO

DESNIVEL

DIFICULTAD

2 h (ida y vuelta)

 400 m

fácil

Desde la parte baja de la localidad parte el camino que toma dirección al gran barranco. Una vez dejados atrás los huertos cercanos a las viviendas el camino empedrado pasa junto a un peirón monumental. Tras un cuarto de hora se alcanza el primer cruce. Se deja el camino y se toma a mano izquierda la senda señalizada que conduce a los pozos. Un sendero rodeado de abundante vegetación que en ligero descenso alcanza el cauce del río media hora después de comienzo. Unos metros antes, junto a una caseta pastoril se puede hacer la primera aproximación, viendo el tajo abierto en el paisaje por la erosión fluvial. La senda desciende hasta el Pozo del Invierno, el primero de ellos. Al fondo se avista el estrecho desfiladero de donde proviene el agua. Volviendo a la senda, ésta toma dirección al siguiente pozo, en paralelo al río. En diez minutos más se alcanza el Pozo La Sulsida. La senda avanza ascendiendo ligeramente y proporcionando buenas vistas del angosto valle. De nuevo en descenso se acerca al Pozo La Zarzina. Es necesario tomar un ramal de la senda que permite alcanzar el más espectacular de los tres saltos. El agua se precipita entre las rocas para alcanzar un pozo de grandes dimensiones. Desde este punto es necesario volver por el mismo itinerario hasta el primer pozo. A sus pies se cruza el cauce con alguna dificultad. Ya en la otra orilla una senda asciende mediante varias lazadas entre campos abandonados. Avanza en dirección contraria con vistas de las viviendas de Villarluengo. Al final alcanza de nuevo el camino empedrado, que conduce al Puente de la Hoya. Se trata de una robusta fábrica de sillería, con dos arcos sobre el cauce. Al otro lado comienza el ascenso, ya sin pérdida en dirección al pueblo.

Para la tarde del sábado se propone la visita a La Iglesuela del Cid . Esta localidad tomó su apellido del personaje histórico de Rodrigo Díaz de Vivar, quién mandó fortificar el pueblo. La visita se inicia caminando desde la travesía y pasando un pequeño puente. Enseguida se aprecian dos magníficas torres: la de la iglesia y la del Homenaje o de los Nublos, del castillo de los Templarios. Un arco a mano derecha introduce en la plaza de la Iglesia. Se trata de uno de los rincones más bellos de la localidad. Allí se abren la magnífica portada plateresca de la iglesia parroquial, las fachadas de la Casa del Blinque, la Casa de los Daudén y el edificio de la Casa Consistorial. Éste último es un edificio gótico del siglo XVI, con lonja de tres arcos apuntados abiertos a la plaza y ventanales ajimezados en la fachada rematada con alero de madera. Forma parte del antiguo castillo templario. Del mismo queda todavía la sala capitular, donde celebraban las sesiones los templarios y sanjuanistas bajo el rico artesonado del techo. Se utiliza actualmente como salón de sesiones. En cuanto a la Casa Blinque, frente a la iglesia, cuenta con un gran porche que cobija la puerta, apoyado en una columna. En un rincón está la Casa de los Daudén que luce portada con fecha de 1773. En el interior destaca su escalera imperial de estilo rococó. Junto a ella, en recodo, parte la calle Ondevilla, origen del núcleo y que todavía conserva un profundo sabor medieval, con buenos ejemplos de casas nobles.

Se puede volver por la rambla salpicada de huertos, para entrar de nuevo por el portal de San Pablo, único vestigio del perímetro defensivo de la época medieval. En una replazoleta se alzan dos de los mejores ejemplos de arquitectura civil de la población. La casa Guijarro, del siglo XVI y la Casa grande de los Aliaga, monumental casona coronada por un magnífico alero de madera. Un paseo por el resto de calles permite apreciar por completo la riqueza monumental del núcleo.

Atravesando el portal de San Pablo, y el barrio situado al otro lado de la rambla, parte un camino que conduce al Santuario de la Virgen del Cid. A lo largo de tres kilómetros se atraviesa un paisaje escaso en vegetación, pero rico en muros de piedra seca que delimitan los campos. Una peculiar técnica constructiva carente de argamasa. El santuario, ubicado en una llanura, está formado por varios edificios en torno a una plaza. Cabe destacar el pavimento de la plaza, realizado con pequeños cantos rodados que forman dibujos. La ermita es una obra gótico-barroca, en la que destacan como elementos curiosos lápidas romanas, así como restos de columnas y capiteles incrustados en las aristas exteriores. Pertenecen a una construcción romana del siglo II, sobre la que se construyó la actual ermita.

El domingo se inicia con la visita a Cantavieja, situada en lo alto de un peñón rocoso y triangular. Desde la toma cristiana por Alfonso II su historia ha estado íntimamente ligada a las órdenes militares. Una calle sirve de acceso al recinto medieval. En ella se alza la oficina de turismo, en cuyas dependencias está el Museo de las Guerras Carlistas. A la largo de tres plantas ofrece paneles y material referente a las contiendas que sacudieron tanto esta comarca como buena parte de España, y se explican los acontecimientos políticos y militares acaecidos durante el siglo XIX. Avanzando por la calle, una bocacalle nos evoca los lugares más pintorescos y mejor conservados del casco urbano, con varios palacios. Se llega sin pérdida hasta la plaza del Cristo Rey.

Se trata de una singular y monumental plaza circundada por porches de arcos ojivales en tres de sus lados. Pertenecen a la iglesia, el ayuntamiento y la Casa de Román de Diego. El ayuntamiento luce en su fachada tres ventanales góticos con balcones de forja. En su interior se dispone un salón con un bello artesonado. Por debajo del mismo se accede a la plazuela del Portillo que ofrece un mirador con magnífica panorámica. La iglesia de la Asunción, obra barroca terminada en 1745, es la más grande de la diócesis de Teruel. La torre se alza sobre un arco atravesado por la calle principal. De planta octogonal en su parte alta, se remata con chapitel afilado rodeado de almenas. La calle avanza en dirección al antiguo castillo situado en el extremo del espolón rocoso, del cual no quedan restos. El solar es el actual calvario, y se puede observar a través de la puerta. Volviendo por la calle de San Miguel se pasa junto a la iglesia homónima, la más antigua de la localidad. Es una obra gótica levantada por los templarios en el siglo XIV. La portada con arquivoltas ojivales se cubre por un atrio de tres arcos apuntados sobre columnas. El recorrido se completa hasta alcanzar la entrada del pueblo.

A catorce kilómetros se encuentra Mirambel, cuyo topónimo significa algo así como belleza admirable, y no es para menos. Conserva buena parte de su perímetro defensivo así como los portales. Dejando el vehículo en el aparcamiento de la carretera, se accede al interior por uno de ellos. Junto a un torreón circular se entra por el Portal de las Monjas. En su interior presenta una galería formada por tres niveles, la primera con balaustrada de madera y las dos superiores con ventanucos y celosías de diferentes formas. Pertenece a un convento cuya fundación data del siglo XVI. La calle mayor es amplia, jalonada de vistosas casas, portales dovelados, rejas de hierro forjado y no pocos aleros con labores artísticas. Dos ejemplos son la Casa de los Julianes y la Casa de Lasota. Al final de la calle se abre el portal del Estudio, que servía de acceso a las escuelas situadas a extramuros. Desde este portal una calle nos conduce a la plaza de la iglesia. Se trata de una plaza abierta con un mirador sobre la muralla. En ella se alojan la iglesia y el ayuntamiento. La iglesia de Santa Margarita, data de 1679, aunque tuvo que reconstruirse casi por completo tras el incendio provocado durante las guerras carlistas, en 1837, en el que sólo quedaron en pie los muros y la torre. Bajo el influjo barroco se levantó de nuevo. En cuanto a la torre de sillería, destaca la parte superior decorada una balaustrada y culminada por un cupulín. El ayuntamiento es un edificio de 1615 en cuya fachada luce escudo y bellos ventanales. En su parte se abre una lonja de arcos de medio punto.

Desde la plaza mediante unas escaleras se accede a la vega a través del portal de la Fuente. Junto a las huertas se puede acceder a la cercana ermita del Pilar. A sus pies se abre un gran pórtico sobre columnas octogonales que forma parte del acceso. Desde este punto la vista del pueblo amurallado con la vega a los pies es muy pintoresca. Volviendo de nuevo a la plaza, junto al ayuntamiento parte una calle que conduce a la plaza de Aliaga. En este lugar se alzan las dos mejores casas del pueblo, la Casa de Aliaga y la Casa de los Castellot. Ambos edificios tienen una tipología parecida, con fachadas de sillería, grandes ventanas, galería de arcos y remate con alero de madera. Desde la plaza se vuelve a la calle Mayor, completando un recorrido monumental básico. Sin embargo hay muchos más inmuebles que tienen muchas riquezas ocultas en su interior, los cuales muestran al exterior soberbias fachadas.

El valle de Onsella, conocido históricamente como Valdonsella, está ubicado en el límite norte de la provincia de Zaragoza. Su nombre hace referencia a la existencia de osos en el pasado.  El valle se descuelga de la Sierra de Santo Domingo discurriendo en dirección este-oeste. Sus pequeños pueblos conservan una arquitectura tradicional bien conservada, con elementos sobresalientes como el torreón de Navardún y las casas nobiliarias de Longás.

dondecomerguiadeviajecomollegarexcursion_1dia

.

 

 

.

El acceso natural a este pequeño valle es la localidad de Sos del Rey Católico, una de la Cinco Villas, que tomó el apellido de su hijo más ilustre. Hasta este enclave se accede por la carretera que vertebra la comarca de sur a norte partiendo del valle del Ebro desde Gallur o Alagón. Una vez rodeado el promontorio donde se alza Sos, en ocho kilómetros se alcanza la puerta de la Valdonsella.

El casco urbano de Navardún se asienta en una vaguada, salvaguardada por la torre del antiguo castillo. El acceso conduce directamente a la plaza principal, donde alza el ayuntamiento. El histórico edificio luce un magnífico escudo fechado en 1690. Se trata de un palacio aragonés con arco de medio punto y en la última planta alberga una galería de huecos rectangulares. Un paseo por sus calles descubre una cuidada arquitectura con fachadas de piedra, a la vez que se observan los restos de fustes y capiteles del patio de armas del castillo. En la parte alta está la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, una construcción de principios del siglo XII. Ante una bella plaza se alza su portada escoltada por columnas lisas y capiteles con decoración de hojas, con una banda de ajedrezado alrededor. Completan el conjunto el ábside románico y la espadaña a los pies.

El punto de mayor interés de la población es el castillo. Se accede una vez rebasado el casco urbano, mediante un pequeño ramal. Estuvo compuesto por distintas dependencias en torno a un patio de armas, del cual sólo se conserva la planta. En uno de los costados se alza la torre del Homenaje. Se trata de una de las más voluminosas de este tipo en Aragón, con una altura de 26 metros. Se accede a través de una puerta elevada que deja en la parte señorial. De sus cuatro plantas, la más baja sirvió como almacén. El resto de las plantas se cubrían con techumbres planas de madera. En la planta noble se abren ventanas ajimezadas de arco apuntado, además de una letrina. Se puede acceder a la terraza almenada, con excelentes vistas de la localidad y de todos los alrededores.

Poco más adelante es necesario tomar la carretera que acompaña al río Onsella. Encaramadas al valle se alzan las casas y la iglesia de Isuerre. Esta pequeña población cuenta con un magnífico mirador desde la plaza mayor y la iglesia de San Esteban, obra románica reformada posteriormente. Un paseo desde la parte trasera de la iglesia alcanza una recoleta plaza que conserva la esencia de la arquitectura típica de la zona, que cuidan con mimo sus habitantes. Otras dos portadas en el resto del pueblo atestiguan la nobleza de sus antiguos dueños.

A poco más de tres kilómetros se asienta otra pequeña población de la Valdonsella. Un desvío conduce a Lobera de Onsella. Su topónimo hace referencia a los lobos que poblaron antaño esta zona. En el centro se abre la plaza principal, un espacio amplio del cual parten buena parte de las calles del pueblo. Una calle con escalinata ofrece la visión del ayuntamiento y la torre de la iglesia ubicados en la parte alta. Cerca de la plaza destaca la casa Plano, que luce una excelente portada rematada con frontón y pináculos. La puerta cuenta con columnas achaflanadas a ambos lados. Un pequeño paseo servirá para saborear la cuidada arquitectura popular de su casco urbano.

La carretera que discurre por el valle llega a su fin en Longás. Se trata de uno de los pueblos más pintorescos de la ruta. Recibe al visitante la calle principal flanqueada por un conjunto de casas señoriales de piedra con grandes portalones y bellas ventanas geminadas. Un poco más arriba está la iglesia de Santa María, obra del siglo XVI. Sobresale su torre de planta cuadrada, singular por la torreta adosada que contiene la escalera de caracol de acceso. Merece la pena un paseo pausado por sus calles donde sorprende una arquitectura civil sobresaliente para una población tan pequeña.

Para culminar la excursión se propone coronar la Sierra de Santo Domingo mediante una pista que parte a la entrada del pueblo. Se encarama por la ladera salpicada de bojes y aliagas, ascendiendo fuerte mediante continuas lazadas. Tras este primer repecho se alcanza una gran llanura surcada por campos de cultivo. Más adelante el trayecto se adentra en una zona con más arbolado, donde predomina el pinar acompañado de abundantes hayas y serbales blancos. Se alcanza el Portillón de Longás, situado a 1.235 metros, tras despejarse la vegetación. La conforma una abertura en la cresta rocosa, la cual permite la conexión con Biel y Fuencalderas. Antiguamente este paso servía para controlar el número de cabezas de ganado que lo atravesaban.

TIEMPO DESNIVEL DIFICULTAD
50´ (ida) 300 metros fácil

La pista continúa hacia el punto más alto de la sierra. Este trayecto puede realizarse por un sendero que parte de la pista a escasa distancia del portilllón. Hayas, bojes, acebos y otras especies cubren por completo la umbría a lo largo de casi media hora de ascensión. Arriba se alternan progresivamente algunos pastizales hasta desembocar de nuevo en la pista para emprender el tramo final. Un amplio pastizal en forma de vaguada sirve de cobijo a la ermita de Santo Domingo. Una sencilla fábrica rectangular de piedra, con tejado formado por amplias losetas. A mano derecha, rodeada de masas de boj está el Pico de Santo Domingo, coronado por el punto geodésico, a 1.524 metros de altitud. Desde este punto se divisa perfectamente la vertiente sur, con las crestas rocosas de la sierra, el Puig Moné y al fondo el Moncayo. En el lado opuesto a la ermita se alza otra elevación donde un panel de interpretación permite identificar todas las cumbres pirenaicas visibles desde este magnífico mirador. El descenso puede realizarse directamente por la pista hasta alcanzar de nuevo el portillón.

En el sureste de la comarca del Bajo Cinca/Baix Cinca se juntan tres de los ríos más importantes de la cuenca hidrográfica. Mequinenza/Mequinensa el viejo desapareció a causa del embalse de Ribarroja/Riba-roja. Sus museos recuerdan la historia de su pasado, mientras sus habitantes con fuerza miran al futuro, con el medio acuático como su mayor potencial. Mientras Fraga, capital de la comarca, basa su potencial en la agricultura y la industria.

dondedormirdondecomerguiadeviajecomollegarfindesemana_ 2-3dias

 

En el pueblo viejo de Mequinenza/Mequinensa arranca el fin de semana por las tierras del Bajo Cinca/Baix Cinca. Esta situado junto a la desembocadura del río Segre en el Ebro. Se puede acceder cómodamente a través de la autopista de Nordeste, que se abandona en la salida de Fraga. Tomando la carretera nacional en dirección a Alcañiz se atraviesa el pueblo nuevo y un kilómetro más adelante se llega a los pies de un aparcamiento. Las antiguas escuelas son el único edificio en pie del casco urbano, que tras su rehabilitación se han convertido en albergue y en la sede de los Museos de Mequinenza.

Para la mañana se propone visitar la oferta museística que ofrece esta localidad zaragozana. El primer espacio es el Museo de Historia. Una maqueta introduce al visitante para hacerse una idea de la configuración del antiguo pueblo, con las casas alineadas frente al río Ebro. Allí comienza el relato de su reciente historia. Con la construcción del embalse de Ribarroja/Riba-roja, las aguas anegarían la parte baja de la localidad, la más comercial. Aunque no se planteaba inicialmente, al final todo el pueblo fue desalojado, y las casas derruidas una vez iban siendo compradas por ENHER, adjudicataria de la concesión hidroeléctrica. En tan sólo cuatro años se culminó el proceso que hizo desaparecer un pueblo con siglos de historia.

En el museo, además de un documental, se pueden visitar varias salas que muestran otros aspectos de la historia, costumbres y entorno natural de Mequinenza/Mequinensa. Se completa con un amplio apartado reservado a la obra de Jesús Moncada. Este ilustre vecino escribió entre muchos otros “Camí de Sirga”, un libro de gran difusión que cuenta los últimos años de la vida en el pueblo. Pero además cuenta con una obra pictórica muy singular, la cual se muestra en una de las salas. En ellas se representan figuras humanas horadadas, que representan el vacío interior que supuso el abandono forzoso del pueblo.

A escasa distancia está ubicado el Museo de la Mina. A través de varias galerías de poco más un kilómetro el visitante se adentra bajo la sierra donde se ubica el castillo de Mequinenza.  A la entrada se suministra un casco, que ambienta todavía más la visita en la cual se relata la dureza del trabajo de los mineros. A la largo del recorrido se han reproducido diferentes escenas, que representan la evolución y modernización del proceso de extracción con el paso del tiempo. En la zona se llegó a extraer el 30% del carbón de producción nacional. Las últimas minas cerraron hace pocos años.

El tercero de los espacios expositivos está situado en la parte trasera del albergue, al aire libre. Se trata del Museo del Pasado Prehistórico. A través de reproducciones de yacimientos arqueológicos y pinturas rupestres del término municipal se descubre cómo era la vida de sus antepasados.

Por la tarde se propone para comenzar la visita a los restos del pueblo viejo. Tras la ruina forzosa de todos los inmuebles de esta villa que superó los cuatro mil vecinos, se efectuó una limpieza que hoy permite pasear por algunas de sus calles, que conservan incluso el pavimento original en algún caso. De las viviendas sólo restan el arranque de sus muros, así como alguna puerta. Aparecen señalizados algunos edificios importantes como el cine, el mesón, la casa de Jesús Moncada, así como la iglesia cuyo interior ha sido invadido por la vegetación acuática debido a las filtraciones. En la parte baja, cerca de la carretera, se conservan todavía las farolas de la plaza de Armas, mudo testigo de la frenética actividad social de la villa.

Como vigía tanto del actual núcleo como del antiguo, el castillo está situado en un lugar estratégico con amplias vistas. Sin embargo su propietario, la Fundación Endesa, sucesora de ENHER, que tanto daño causó tanto a Mequinenza/Mequinensa como a Fayón/Faió, dificulta su visita permitiendo sólo la visita los martes no festivos del año por la mañana. Se trata de uno de los castillos de factura gótica más importantes de Aragón. La  fortaleza musulmana fue tomada por Ramón Berenguer IV y desde el siglo XII fue regentada por la familia Moncada. En el siglo XV la fortaleza se convierte en castillo-palacio, sufriendo siglos más tarde el paso de diferentes guerras que azotaron la zona.

El acceso parte de la travesía de Mequinenza/Mequinensa, frente al aparcamiento del club náutico. Tomando la calle que sube a la izquierda y trescientos metros de nuevo el ramal izquierdo, la estrecha carretera asciende ya sin pérdida hasta el castillo. Antes de llegar ya se advierte de la prohibición de paso, siendo necesario dejar el vehículo en un pequeño ensanche. Desde allí parte un camino que sorteando las señales de propiedad particular conduce a los restos de un muro y un torreón circular. Este mirador no acondicionado ofrece unas vistas a vuelo de pájaro del pueblo viejo, el embalse de Ribarroja y el castillo que bien merecen el ascenso.

Sólo resta volver a Mequinenza/Mequinensa y dar un paseo por el centro de la localidad. Una bonita plaza porticada con el ayuntamiento al frente se abre a la travesía. Al otro lado otro gran espacio invita a acercarse al muelle que discurre en paralelo al río Segre. Una gran lámina de agua embalsada ideal para la práctica deportiva y la pesca. Aguas arriba el Cinca desemboca en el Segre creando el espacio natural que recibe el nombre de Aiguabarreig, lugar de encuentro de numerosas aves, con una variada flora y fauna.

Para el domingo se propone remontar el río Cinca en dirección a Fraga. Desde la carretera nacional, antes de cruzar el puente de la autopista, parte una pista señalizada y asfaltada que conduce a la ermita de San Salvador. Unos cinco kilómetros de sinuoso trazado dando la vuelta a la sierra conducen al destino. A partir del año 1550 la orden de los trinitarios construye el santuario. Se recuperó de la ruina hace un par de décadas. La ermita cuenta con una robusta fachada rematada por una espadaña. Un merendero ocupa los restos de las instalaciones monacales alrededor del pozo. Al fondo un mirador ofrece una de las mejores vistas del tramo final del río Cinca, que se cierra con las cumbres pirenaicas al fondo.

Volviendo a la carretera nacional se entra en Fraga por la avenida de Aragón, que vertebra la zona más moderna de la capital del Cinca. Se atraviesa el río mientras se divisa el casco urbano sobre un promontorio. Desde el paseo fluvial parte una calle empinada dotada de una escalera mecánica que permite el acceso cómodo hasta las cercanías de la iglesia de San Pedro. De la fábrica románica conserva su portada. El elemento más singular de la estampa fragatina es la torre, con cuerpos de las sucesivas etapas constructivas rematados con un chapitel apuntado. A escasa distancia está el palacio Montcada, la familia que ostentó el señorío de Fraga del siglo XII al XIV. Después fue palacio del Gobernador y sede del ayuntamiento. En la actualidad es un centro cultural dotado de salas de exposiciones que se pueden visitar. Desde la iglesia parte la calle mayor, de trazado sinuoso y descendente atravesando pasadizos, herencia del pasado musulmán. Desemboca a los pies del paseo de Barrón Cegonyer, atravesando el portal homónimo. Un paseo central, epicentro de la actividad social y cultural de la ciudad, culmina a los pies del ayuntamiento. Un monumento a la fragatina, la “done de faldetes”, embellece la plaza de España.

Tomando la carretera que conduce a Zaidín, se continúa remontando el valle del río Cinca.  A unos cuatro kilómetros se alcanza Villa Fortunatus. Se trata de un yacimiento arqueológico que conserva en buen estado la parte principal de una villa romana característica del sistema de explotación agraria del Bajo Imperio. En su último acondicionamiento se ha protegido todo el espacio con una cubierta, lo que permitirá un mejor mantenimiento de los actuales restos. La vivienda se estructura en torno a un patio, rodeado de las diferentes dependencias. A falta de los muros, su mayor riqueza son los pavimentos con mosaicos geométricos y abundantes representaciones. En una de ellas se encontró la palabra Fortunatus, traducida como “que seas feliz”, que dio nombre al yacimiento. Entre los restos arqueológicos apareció un segundo patio más pequeño, unas termas y un templo paleocristiano que se construyó en una época posterior al uso de la vivienda romana.

La vía verde más larga de España discurre entre Teruel y Valencia. En su tramo intermedio por tierras aragonesas, entre Puerto Escandón y Cella, bordea la capital turolense. Un recorrido donde se atraviesan bosques de pinos y quejigos, cortados teñidos por el color rojizo de las arcillas, el desfiladero del barranco Seco, el valle del río Alfambra y que desemboca en los llanos de Jiloca.

dondecomerguiadeviajecomollegar

.

.

 

La vía verde de Ojos Negros utiliza el trazado del antiguo ferrocarril minero de Sierra Menera, el cual comenzó a funcionar el 27 de julio de 1907. Fue construido para transportar el hierro extraído en las minas de Ojos Negros hacia el puerto de Sagunto. Se da la paradoja de que esta línea de ferrocarril, de 205 kilómetros de longitud, se trazó casi en paralelo a la línea de la Compañía del Ferrocarril Central de Aragón debido a las altas tarifas que imponía dicha compañía. Su vida estuvo siempre condicionada por el nivel de actividad de su cuenca minera. Con la puesta en marcha de la planta siderúrgica de Sagunto, éste fue creciendo llegando a limitar su expansión. Se alcanzaron acuerdos con Renfe, propietaria entonces de la otra línea, para traspasar a esta empresa el transporte de hierro, y finalmente en el año 1972 se clausuró el ferrocarril minero.

En esta propuesta se plantea recorrer una parte de la vía verde, entre el Puerto Escandón y la localidad de Cella, ambos puntos con acceso para vehículo. Entre ellos la distancia es de unos 41 kilómetros. La mejor opción es acudir inicialmente a la localidad de Cella, desde donde a través de un vehículo de apoyo o de un taxi alcanzar el punto de inicio de la ruta ciclista, Puerto Escandón. Así se realiza la ruta aprovechando la pendiente descendente en la mitad del recorrido.

LONGITUD DESNIVEL PENDIENTE FIRME DIFICULTAD
41,5 km (ida) 300 m 1,5% bueno media

 

El punto de partida es el Puerto Escandón. Desde la autovía mudéjar, a unos 13 kilómetros de la ciudad de Teruel en dirección a Valencia, aparece la salida en dirección a Formiche Alto y Bajo. En la rotonda es necesario tomar la antigua carretera nacional en dirección a Valencia y en breve es visible a la derecha la solitaria estación de la actual línea férrea Teruel-Sagunto que lleva este nombre. Entre la actual vía del ferrocarril y la carretera discurre el itinerario ciclista. Este el punto más alto de todo el recorrido, a 1230 metros. Se toma la vía verde a la derecha, en forma de pista asfaltada. A corta distancia la construcción de la autovía obligó a modificar el antiguo trazado ferroviario, con un descenso pronunciado y un cruce inferior mediante un corto túnel. Al otro lado un pequeño repecho devuelve a la plataforma del tren minero. Comienza un trazado prácticamente rectilíneo, surcando el paisaje mediante pequeñas trincheras y taludes protegidos por vallas de madera. En las márgenes la vegetación a base de sabinas, quejigos y pinos resulta muy agradable.

A los cinco kilómetros y medio se alcanza un pequeño merendero protegido por rocas. A continuación se atraviesa uno de los viaductos que fueron necesarios para salvar esta zona tan agreste. Y poco más adelante se llega a la boca del túnel más largo de este tramo. Sus 127 metros de longitud en trazado ligeramente curvo permiten que sea atravesado sin problemas sin apoyo de luz, aunque está dotado de iluminación automática en el caso de que funcione.

El recorrido discurre de manera elevada sobre la rambla de Valdelobos. A escasa distancia un nuevo viaducto y un túnel de 92 metros que se atraviesa sin problemas. La vía verde acentúa en este tramo la pendiente, lo cual facilita la marcha. La vegetación boscosa da paso a un paisaje en el cual dominan los colores rojizos de las arcillas en los cortados que atraviesa la vía verde.

Después de haber recorrido unos diez kilómetros, un buen lugar para realizar un pequeño alto en el camino es el merendero situado junto a la estación de Valdecebro. El pequeño apeadero sin uso se mantiene en pie, aunque en estado de abandono.

El recorrido ahora se va acercando a la autovía mudéjar. También se aprecia a la derecha, a media distancia, la silueta de la población de Valdecebro. Llega un momento en que se hace necesario cruzar la autovía por un puente elevado que se comparte con el resto de vehículos, habiendo recorrido casi catorce kilómetros y medio de ruta. Al otro lado de nuevo se retoma el trazado de la vía verde exclusiva para bicicletas.

El ciclista se adentra en la rambla del río Seco, un pequeño valle que poco a poco se va encajonando. Tanto que la vía verde debe atravesar por debajo de los dos puentes que se apoyan en pilares de gran altura que sirven para el trazado de la autovía. Tras una ligera curva de nuevo se atraviesa la carretera por debajo. Tras rebasarla se hace necesaria una pequeña parada para observar una curiosa forma rocosa, conocida como Peña el Macho, situada a escasa distancia a mano izquierda. A sus pies nace el manantial del cual se tomaron las aguas para el abastecimiento de agua de Teruel, llevado a cabo por Pierres Vedel a mitad del siglo XVI. Una obra de ingeniería que trasladaba el agua hasta la capital turolense recorriendo cuatro kilómetros de distancia.

Se avanza por la vía verde, elevada sobre la rambla hasta que se atraviesa un túnel moderno bajo la carretera que une Teruel con Cantavieja, de una longitud de 104 metros. Se habrán alcanzado los 16,7 kilómetros de recorrido en este punto. A su salida sorprende un paisaje deforestado con colores variados de yesos, arcillas y calizas que forman diversos estratos con formas que se deben al efecto de la erosión.

El trazado comienza a girar a la derecha bordeando la Sierra Gorda. A pesar de la ligera pendiente descendente, se circula elevado sobre la vega surcada por el río Alfambra en su tramo final. De nuevo sorprende el paisaje erosionado con tonos anaranjados que acompaña al trazado ferroviario.

Llega un punto en que el ciclista comparte su espacio con los vehículos, poco antes de alcanzar el cruce con la carretera nacional que une Teruel con Alcañiz. En este punto desaparece la plataforma ferroviaria, y es necesario pasar por debajo de la carretera. Tras un fuerte ascenso se alcanza el antiguo puente que servía para que los trenes cruzasen el río Alfambra. Hasta este punto se han invertido veinte kilómetros de recorrido. A unos trescientos metros se alcanza la estación de Teruel. También es conocida como estación de Baños, haciendo referencia a un pequeño balneario cercano destruido durante la guerra civil. Este el punto más bajo de la ruta, con 930 sobre el nivel del mar. Los edificios que le daban servicio todavía se encuentran en aceptable estado.

A partir de este punto cambia completamente el paisaje, tornándose más aburrido. Es el momento de centrarse en el esfuerzo físico acompañado de un cambio de pendiente. De ahora en adelante y hasta el final de la ruta ciclista el recorrido avanza en ligero ascenso. Una recta interminable donde el arbolado está prácticamente ausente. Esta monotonía se rompe con unos campos donde el cultivo de lavanda, una planta aromática de la tierra, experimenta una alternativa económica al cereal como cultivo dominante.

La ruta avanza cruzando al mismo nivel la carretera local que conduce a Celadas. Más tarde se pasa bajo la autovía mudéjar, tras haber recorrido 26,2 kilómetros de ruta. Nuevamente un tramo rectilíneo donde se comparte la vía verde con el resto de vehículos, situación que se mantiene desde el cruce con el río Alfambra y que prolongará durante el resto de la ruta ciclista. En medio de los llanos de Caudé es necesario realizar un pequeño esfuerzo para tomar el paso elevado para cruzar una carretera. Tras avistar la torre de la iglesia sólo resta la aproximación a la localidad de Caudé, cuando se superado los 29 kilómetros de ruta. La plataforma ferroviaria rodea el casco urbano y junto a la pequeña estación se ha acondicionado un área de descanso.

Poco más adelante es necesario atravesar la actual línea férrea para lo cual se ha construido un puente metálico elevado, con pavimento de tablas. Después se pasa bajo la carretera nacional. Al otro lado se pasa junto a las vallas que delimitan el aeropuerto de Teruel. Construido sobre las antiguas instalaciones del aeródromo de Caudé, tras su reconversión y ampliación se ha convertido en el mayor centro de mantenimiento, almacenamiento de larga duración y reciclado de aeronaves de Europa.

Tras cambiar de nuevo el ritmo con un nuevo paso elevado, sólo restará recorrer una gran recta, donde la vía ciclista cuenta con un pavimento en regular estado. Al fondo unas instalaciones madereras afean un paisaje ya de por sí poco atractivo. La antigua estación de Cella, se emplaza a escasa distancia del centro productivo. El antiguo trazado ferroviario ha sido ocupado por la empresa, con lo que es necesario rodear el recinto por un amplio camino asfaltado. Tras alcanzar los 38 kilómetros de recorrido, se alcanza la carretera que da acceso a Cella desde la autovía mudéjar. A partir de este punto sólo restará tomar su trazado para alcanzar el casco urbano. Una amplia recta introduce en el pueblo. La travesía bordea la localidad, dejando a la derecha campos de cultivo. Después de su largo trazado se alcanza la afamada fuente de Cella, punto final del recorrido ciclista.

Tras realizar la ruta en bici por la mañana se propone por la tarde dar un paseo por la localidad de Albarracín, situada a 22 kilómetros de Cella. Remontando el río Guadalaviar se alcanza la localidad más bella y con más encanto de Aragón. Recorrer sus calles empedradas, respirar la esencia medieval de su arquitectura, disfrutar de sus rincones seguro que deja satisfecho al visitante. Pero quizás también insatisfecho ya que son necesarias varias jornadas para poder saborear pausadamente todos los encantos tanto arquitectónicos como paisajísticos que ofrece esta población. Una excusa para volver con más tiempo a visitarla.