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Comunidad de Calatayud FINES DE SEMANA

Valle del Mesa, a la sombra del río Piedra

El río Mesa nace y discurre por tierras de Guadalajara a lo largo de su  primer tramo. En su recorrido por Aragón, entre Calmarza y Jaraba, ha modelado un bello y agreste cañón donde anidan buitres por doquier. Muy cerca de Jaraba afloran las afamadas aguas termales que alimentan varios balnearios. Ibdes despide al río ya de camino al pantano de la Tranquera, donde mezcla sus aguas con las del río Piedra.
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Mapa de la propuesta Valle del Mesa.

El valle del río Mesa se emplaza al sur de la Comarca Comunidad de Calatayud. El mejor acceso parte desde la ciudad bilbilitana, junto a la cual pasa la autovía del Nordeste. Tomando dirección a Nuévalos, en su casco urbano se toma una nueva carretera que bordea el pantano de la Tranquera. Cinco kilómetros después aparece el cartel indicador hacia Jaraba. El resto del recorrido discurre por el precioso valle formado por el río.

Es necesario remontar el río hasta aproximarse al límite con tierras castellanas. Tomando como referencia el Santuario de la Virgen Jaraba que se visitará más tarde, 2,7 kilómetros después de rebasarlo, se dispone de un lugar para dejar el vehículo antes de llegar a una curva pronunciada. Anteriormente, a mano derecha de la carretera, está el punto de partida para acceder al Mirador de los Buitres.

TIEMPODESNIVELDIFICULTAD
30 min (ida)150 mmedia
Mapa topográfico con el sendero que asciende hasta el mirador de los Buitres, desde el río Mesa.

En el inicio del sendero se atraviesa el río por un puente de madera. Poco después se toma el sendero de la izquierda. Tras avanzar por el fondo del valle al borde del pinar, enseguida comienza el ascenso entre roquedos y pinares. El desnivel es fuerte para salvar los farallones rocosos que encajonan el valle. En unos veinte minutos de sinuoso ascenso se corona la parte más alta. Sólo resta un pequeño tramo para alcanzar una caseta de madera para la observación de las aves, así como los dos miradores acondicionados al borde de las paredes rocosas. El emplazamiento no puede ser más espectacular. En el acusado meandro del río, con vistas al valle, los farallones y los buitres dominan este paisaje.

Vista desde el Mirador de los Buitres, con el cañón del río Mesa a los pies.

Al finalizar el desfiladero del río Mesa surge el pequeño y pintoresco enclave de Calmarza, sobre un pequeño espolón rocoso. Es recomendable dejar el vehículo junto a la carretera y dar un paseo por la población. Tras cruzar el puente, a la derecha se pasa cerca de  una plazoleta donde se encuentra su ayuntamiento. Conserva en su parte baja una lonja de dos vanos de medio punto. El resto de la renovada fachada sigue la estructura de un caserón aragonés, con balconada principal y galería de vanos en la parte alta. Atravesando la lonja se accede por una calle quebrada a la iglesia de San Blas. Se trata de una construcción neoclásica, levantada sobre la anterior fábrica del siglo XIII. A los pies se alza una espadaña de dos vanos reconvertida en modesta torre. Avanzando por la calle que recorre longitudinalmente la población, ésta toma dirección al río Mesa. Se pasa junto a un robusto peirón con una hornacina, que se corona con una cruz de forja. A partir de este punto el río se flanquea de pequeñas huertas. Ya en el cauce, un puente invita a cruzar a la otra orilla. A escasos metros, se puede disfrutar del rincón más bello de la localidad, la cascada de Pozo Redondo. A corta distancia se puede acceder hasta un pequeño mirador de la cascada que permite verla en primer plano. Un rincón rodeado de abundante vegetación.

Cascada del Pozo Redondo, donde se precipitan las aguas del río Mesa, a escasa distancia de las casas del pueblo de Calmarza.

Para la tarde se reserva la visita al cañón formado por el río  Mesa. Uno de los rincones más fotografiados es el Santuario de la Virgen de Jaraba. Está situado en un mirador natural situado a media altura, en una de las paredes del desfiladero. La aparición de la Virgen tuvo lugar ante unos pastores al otro lado del barranco, en el año 1135. Debido a la falta de espacio allí no se pudo construir el templo inicial. El actual santuario fue construido a principios del siglo XVIII. Al templo le acompañan la antigua residencia de capellanes. En época barroca fue reedificado por completo, siendo terminado en 1732.

Santuario de la Virgen de Jaraba enriscado a media altura en las paredes del barranco de la Hoz, tributario del río Mesa.

Si se dispone de tiempo se puede dar un agradable paseo por el barranco de la Hoz Seca. El recorrido no tiene pérdida ya que no hay posibilidad de abandonar el barranco y además apenas cuenta con desnivel. En su trazado se puede contemplar un paisaje rocoso espectacular con paredes de más de cien metros de altura que flanquean el desfiladero, donde abundan las rapaces y los córvidos. También se pasa junto a numerosos abrigos reconvertidos en parideras por el hombre, en su labor de pastoreo tradicional.

Volviendo a la carretera se toma dirección a la villa termal de Jaraba. El conjunto balneario por el cual es conocida se encuentra en las cercanías del casco urbano. Atravesando el casco urbano se encuentran los Baños de Serón. Junto a la carretera está en primer lugar el Balneario Sicilia y poco más adelante los Baños de la Virgen. En el entorno de todos ellos el cauce del río se acompaña de arboledas y se flanquea por rojizos murallones. Las aguas brotan a 34 grados, estando indicadas para dolencias renales y reumatismos crónicos.

Acceso principal a los Baños de la Virgen, el primer balneario de la villa termal de Jaraba.

En el centro de la localidad se alza el Monumento al Agua, en homenaje a las aguas cuya abundancia dio origen al nombre de la localidad. A escasa distancia se abre la plaza mayor, presidida por el Peirón de San Antón. Construido en ladrillo bajo estilo mudéjar, se compone de varios cuerpos de planta cuadrada y tiene la imagen de San Antonio Abad. En la misma plaza está el edificio del ayuntamiento. En su parte baja se abren tres arcos de medio punto con una balconada de hierro forjado sobre el arco central. En un extremo de la población, ligeramente elevada, se ubica la iglesia de la Transfiguración. Se trata de una fábrica del siglo XVI, ampliada en el siglo XIX. En la fachada principal se abre el acceso, de arco de medio punto coronado con sencillo frontón triangular. En un lateral se alza la torre de planta cuadrada, con un vano por costado y rematada con tejado a cuatro aguas. Desde este punto se puede acceder a la parte alta de la localidad donde se emplazan los antiguos pajares y las eras. En este punto se ha acondicionado el Mirador de las Eras del Castillo, con buenas vistas del valle formado por el río Mesa.

Peirón de San Antón en primer término, en la plaza mayor de Jaraba.

Para el día siguiente se reserva la visita a la localidad de Ibdesy su entorno. El río Mesa discurre ahora por un valle más amplio rodeado de amplias zonas de de cultivo. De visita obligada es la Ruta del Agua. En las inmediaciones del casco urbano, junto a la carretera el Peirón de San Juan marca el inicio del recorrido. Poco más adelante está el acceso a la Gruta de las Maravillas, acondicionada para su visita. Una cueva subterránea que oculta formaciones de estalactitas y estalagmitas. En su interior cuenta con dos galerías, una de 15 y otra de 45 metros. Frente al acceso se levanta un gran caserón, en cuya fachada de piedra de sillería y conserva el acceso de arco de medio punto y el trabajo de forja en sus rejas. Unos metros más adelante está el acceso a la Gruta de la Soledad. Fue construida por la Orden de San Juan en el siglo XII. La ermita-cueva está formada por un pequeño altar natural excavado en la roca. Abundan las formaciones cársticas debido a las filtraciones de agua. Una torre de ladrillo de cuatro ventanas y techo semiesférico ilumina el interior de la cueva a modo de tragaluz.

Y poco más adelante el rincón más bello de la localidad, el Salto de La Paradera. Su origen es una pequeña presa construida para alimentar una central hidroeléctrica construida en el siglo XIX. Estuvo en funcionamiento hasta la década de los sesenta. Una pasarela elevada permitía la regulación de la presa. Ahora sirve para contemplar desde lo alto el paraje natural. Se ha acondicionado el entorno para la visita y como área de recreo. Un pequeño sendero permite admirar el paraje natural. El agua del río se precipita en una amplia cascada que desemboca en la parte más profunda, a modo de pequeño desfiladero. La vegetación inunda las márgenes convirtiendo el espacio en un auténtico vergel salpicado por las gotas de agua que manan del salto.

Salto de La Paradera, perteneciente a la Ruta del Agua situada en las inmediaciones de Ibdes.

Desde la carretera, el acceso se introduce en Ibdes por su arteria principal, la calle Rúa. A lo largo de su recorrido abundan las casas solariegas. Tomando la calle Hospital se asciende sin pérdida hasta alcanzar el edificio más importante de la localidad. La iglesia de San Miguel fue levantada sobre los restos del castillo medieval destruido en el siglo XIV, durante la guerra de los Pedros. Las obras fueron llevadas a cabo a comienzos del siglo XVI, bajo el influjo gótico. Al interior se divide en tres naves, con nave central cubierta con bóveda de crucería que se cierra con cabecera poligonal. Allí se aloja un retablo obra de Pedro Moreto y fechado en el año 1555. El coro del siglo XVI, tallado en madera de nogal, procede del monasterio de Piedra. La torre de planta rectangular fue reaprovechada del antiguo castillo. La bella portada se compone de arco de medio punto flanqueada por pares de columnas. Al exterior destacan los acusados contrafuertes, entre los que se abren los vanos de iluminación interior, unos geminados y otros apuntados. En todo su perímetro el edificio se corona con galería de arcos de medio punto bajo el alero. Ahora resta descender hasta la calle principal. En su parte central se abre la plaza donde está el ayuntamiento. En su fachada de ladrillo se abren una lonja de arcos de medio punto y se corona con galería de arcos en su parte superior.

Imagen exterior de la iglesia de San Miguel, en la parte alta del casco urbano de Ibdes.

Para terminar la visita al valle se recomienda hacer una parada en la ermita de la Virgen de San Daniel. El conjunto, levantado en el siglo XVII, está formado por la ermita y la vivienda utilizada antaño por los santeros. Desde este punto se puede apreciar el tramo final del río Mesa, poco antes de su desembocadura en el río Piedra. Dependiendo el nivel de las aguas del embalse de la Tranquera este tramo puede estar inundado o mostrar el curso del río surcando un paisaje desnudo.  

Acceso a la ermita de la Virgen de Daniel, de Ibdes. Desde este mirador se contempla el final del río Mesa desembocando en el embalse de la Tranquera.
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Aranda FINES DE SEMANA Valdejalón

Hoces del Jalón, atravesando el Sistema Ibérico

El río Jalón nace en tierras sorianas y poco después comienza su andadura por Aragón, camino a la ribera del Ebro. En su zona intermedia debe atravesar el Sistema Ibérico. Un tramo agreste y sinuoso que obliga al río a retorcerse formando las Hoces del Jalón. Una parte montañosa que alterna las pequeñas huertas con los desfiladeros, pero que también alberga un buen número de pueblos con un patrimonio relevante.
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Para acceder a este tramo del río Jalón es necesario tomar la autovía entre Zaragoza y Madrid. Al igual que el río debe atravesar el Sistema Ibérico. Pero ésta mediante un trazado más cómodo, tras las obras llevadas en las últimas décadas.

Una de las salidas conduce directamente a Morata de Jalón, la primera parada en la ruta. Desde la reconquista por Alfonso I el Batallador la localidad formó parte de señoríos. En 1550 surgió el título de Conde de Morata. Uno de ellos, Francisco Sanz de Cortés, fue el impulsor del edificio más importante de la localidad. La carretera atraviesa la localidad, pasando junto a una preciosa plaza. Este espacio está delimitado por tres edificios de gran belleza; al frente el palacio de los Condes de Argillo, a la izquierda la iglesia parroquial y a la derecha la lonja del ayuntamiento. Las obras se llevaron a cabo entre 1672 y 1676 bajo la tutela del arquitecto Juan de Marca que dejó una clara impronta barroca. La fachada principal consta de dos plantas en altura, en cuya parte central se abre la portada. Se culmina bajo el alero con un tímpano que alberga un óculo rodeado de decoración.

Tanto la fachada central como las laterales se rematan bajo el alero con una galería de pequeños óculos rodeados con abundante decoración. A la izquierda se alza la iglesia de Santa Ana, edificio anterior integrado en la construcción. Destaca la torre situada en la esquina de la plaza. Del edificio despuntan tres cuerpos octogonales que se rematan con un cupulín decorado con teja de color azul. En el lado opuesto se abre la lonja del antiguo ayuntamiento. Y en la esquina se eleva otra torre, de similares características a la anterior, aunque con menos decoración y con chapitel afilado.

Una de las excursiones más interesantes de la zona acerca al Paraje de las Torcas, muy conocido por la práctica de la escalada. Un lugar que ofrece uno de los entornos paisajísticos más interesantes del río Jalón a su paso por el Sistema Ibérico. Al final de la calle del barranco, junto al centro de salud, parte una pista que toma dirección a las ricas huertas de la vega del Jalón. En unos metros se ha acondicionado un mirador desde el cual se contempla en su totalidad el recorrido de la excursión. El nombre del paraje procede de la Loma de las Torcas, de la cual se descuelgan las paredes verticales más elevadas de todo el conjunto, en la margen derecha del río. Se discurre por la pista principal, sin cruzar las vías del ferrocarril, ascendiendo poco a poco. Se pasa junto a la Aguja Solitaria, situada a los pies de la pista. Poco más adelante aparece la Peña del Reloj, que se precipita a la vega mediante paredes verticales por donde hay trazadas numerosas vías de escalada. Entonces el recorrido comienza un descenso zigzagueante en dirección al río. La pista termina en un amplio aparcamiento, a poco menos de tres kilómetros del casco urbano.  En este punto, bajo el Almendro, una gran pared vertical a escasos metros del río, parte un sendero que conduce en diez minutos a la Peña Agujereada, un espectacular arco de piedra. Tras rebasarla se puede acceder al gran arco elevado por su parte trasera sin ninguna dificultad. Lo espectacular de su formación rocosa se complementa con las excelentes vistas que desde este mirador se pueden disfrutar.

Ya de nuevo en la población, se retoma la carretera que tras atravesar las vías del ferrocarril y el río Jalón toma dirección al cercano pueblo de Chodes. Tras la construcción del actual pueblo se abandonó el viejo situado a un kilómetro, a los pies de la fortaleza que vigilaba el estrecho del río Jalón. La construcción se llevó a cabo en la segunda mitad del siglo XVII por Francisco Sanz Cortés, conde de Morata. En 1676 encargó el proyecto al arquitecto Juan de Marca. El casco urbano se compone casi exclusivamente de una plaza poligonal de doce lados. Cuenta con 23 viviendas formadas por edificios iguales de dos alturas separadas por pilastras de ladrillo. El recinto alberga además la casa consistorial y la iglesia parroquial. Se accede al interior a través de tres pasadizos, dos de ellos enfrentados y que sirven de paso a la carretera. La iglesia de San Miguel cuenta con fachada de ladrillo. Se abre el acceso de medio punto que se antecede de escaleras. Sobre él un óculo y una espadaña con cuatro vanos de medio punto en dos alturas, convertida después en torre.

Para la tarde se propone ascender por el valle del río Isuela. Entonces se avista la hermosa estampa de la localidad de Mesones de Isuela a los pies de su magnífico castillo. Desde la travesía es necesario alcanzar la plaza mayor. Allí se alza la iglesia de la Asunción, obra del siglo XVI reformada dos siglos después. Destaca la torre de ladrillo con decoración mudéjar. También el ayuntamiento con lonja de tres arcos de medio punto de ladrillo en su parte baja. Bajo uno de ellos parte un pasadizo a través del cual se inicia el ascenso hasta el castillo. Esta fortaleza de estilo gótico fue construida entre 1370 y 1379 gracias al mecenazgo del arzobispo de Zaragoza Don Lope Fernández de Luna. Las obras no se llegaron a terminar y el castillo no participó en ninguna contienda. Consta de planta rectangular con seis grandes torreones, cuatro situados en los vértices y dos en el centro de los lados mayores; todos ellos presentan planta circular. La rampa de acceso conduce hasta el acceso.

Una vez al interior se abre un gran patio. En el recorrido interior se pueden visitar las torres, una de ellas terminada y con una altura de quince metros. También las estancias palaciegas que se alojan en el interior del castillo. Uno de los elementos más importantes es la capilla barroca, que ocupa una de los torreones. De planta circular al exterior, y hexagonal al interior. Cuenta con dos plantas, una subterránea que constituye la cripta, y encima de ella la capilla original del castillo, la cual se cubrió con una techumbre mudéjar con pintura gótica. Está formada por una armadura de madera que se adapta a la planta, con seis paños inclinados que convergen en una pieza hexagonal situada en el centro. Se trata de un ejemplar único dentro de la arquitectura aragonesa del siglo XIV.

Al día siguiente se remonta el valle del Jalón. A unos cuatro kilómetros de Morata de Jalón se divisa la silueta de Villanueva de Jalón. No cuenta con acceso rodado, con lo cual es necesario dejar el vehículo en un apartadero de la carretera junto a una curva pronunciada. Un poco más adelante arranca un acceso peatonal. Perdió su población en la década de los cincuenta, aunque llegó a contar con doscientos habitantes. Enseguida aparecen los primeros edificios, y poco más arriba una plaza delimitada por casas en ruinas. De ella parte una calle que deja a los pies de la iglesia de la Virgen de la Huerta. Del tejado tan sólo restan los arcos que sostenían la cubierta de madera. En el siglo XVII fueron añadidas las capillas laterales de factura barroca con influencia mudéjar, que se cubren con interesantes bóvedas decoradas con yeserías. El elemento más destacado es la torre, a pesar de su escasa altura. Su primer cuerpo, del  siglo XV, cuenta con decoración mudéjar en ladrillo. Se añadió posteriormente otro cuerpo que hace de campanario.

Desde la parte trasera de la iglesia se puede ascender hasta la parte alta de la cresta rocosa donde se asientan los restos de un castillo. Antes de alcanzar la fortaleza hay un mirador con magníficas vistas del meandro formado por el río, así como de todo el valle. El tramo final es más complicado y está dotado de unas clavijas. En lo más alto se conservan los muros de un torreón rectangular del siglo XIV bordeado por paredes que se descuelgan vertiginosamente sobre el valle del río Jalón.

Se avanza hasta alcanzar la localidad de Morés. Desde ella se toma la carretera que se encamina al valle del río Aranda. En apenas un kilómetro surge el desvío hacia Sestrica. Nada más acceder al casco urbano aparece una plaza irregular. De allí parte a la derecha una calle que conduce hasta la plaza donde está la casa consistorial. Para ello es necesario atravesar un pasadizo que pasa bajo el edificio. La calle continúa hasta desembocar en otra plazoleta, con un buen mirador del pueblo y sus alrededores. Allí se alza la iglesia de San Miguel. Una construcción ruda de mampostería y cuya torre luce cuerpo superior de ladrillo rematado con chapitel. Es recomendable un paseo por la calle del castillo, que rodea el montículo donde se asienta la población, evocando tiempos pasados y que ofrece bellos rincones.

Atravesando la población, junto a un peirón, parte un camino asfaltado que en su inicio conduce a la ermita de San Bartolomé. Siguiendo las indicaciones, en este cruce se toma el ramal derecho. Más adelante se pasa cerca del Alcornoque del Prado, a unos dos kilómetros del pueblo. El ejemplar de alcornoque monumental se emplaza a trescientos metros de la pista. Lo componen una decena de troncos que parten desde la tierra para dar lugar una copa que se eleva a 10 metros de altura. Volviendo al camino principal, y tras un desvío a la izquierda se aproxima a un refugio forestal. Desde este punto parte una pista que asciende hasta el Alcornocal de Sestrica. Al finalizar la pista se convierte en senda, y toma dirección a la derecha. La ladera se salpica de pequeños ejemplares de alcornoque que se alternan con carrasca y coscoja, de la misma familia. Poco a poco tienen mayor porte. La senda asciende hasta un collado con vistas a Illueca. En sus troncos quedan las marcas de la extracción del corcho, actividad que se inició a mitad del siglo pasado. Anteriormente su madera era utilizada al igual que la carrasca para leña, y de manera puntual se aprovechaba la corteza para la fabricación de colmenas. El bosque de alcornoques ocupa una superficie de 320 ha, y en Aragón sólo se encuentran otros ejemplares en Aniñón, Villarroya de la Sierra y Olba. En España los alcornocales se concentran en Extremadura, Andalucía y Cataluña, donde se produce el 30% del corcho mundial. La vuelta se realiza por otra pista que parte directamente desde el refugio en dirección contraria al acceso al alcornocal, y que conduce a la ermita de San Bartolomé, completando el recorrido circular.

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Alto Gállego FINES DE SEMANA

Quiñón de la Partacua, un pedazo del valle de Tena

El valle de Tena estuvo dividido administrativamente en tres quiñones o demarcaciones durante los siglos XVI y XVII. Uno de ellos, el Quiñón de la Partacua, incluye las poblaciones situadas en la margen derecha del río Gállego: Tramacastilla de Tena, Piedrafita de Jaca, Búbal, Saqués y Escarrilla. Toma el nombre de la Sierra de la Partacua coronada por las cumbres de Peña Telera y Punta Escarra.
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La autovía mudéjar proveniente de Huesca permite un acceso cómodo al valle de Tena. Se deja en Sabiñánigo para tomar un tramo de nacional hasta Biescas. Y finalmente es necesario coger la carretera regional A-136 la cual vertebra a uno los valles más amplios y bonitos de la cordillera pirenaica.

Poco después de avistar el pantano de Búbal se toma el desvío a la izquierda que conduce a la población de Piedrafita de Jaca. Rodeando el pueblo, junto a las últimas viviendas, parte la pista forestal que conduce de manera cómoda al aparcamiento del Parque Faunístico de Lacuniacha. Se trata de un bioparque de unas 30 hectáreas de superficie que ocupa el bosque natural de La Pinosa. Ofrece al visitante a través de un recorrido de cuatro kilómetros y medio la posibilidad de conocer tanto la flora como la fauna que vive o vivió en los Pirineos. En la parte baja se atraviesa un bosque mixto en el que destacan pinos silvestres, hayas, robles, abedules y acebos. Mientras que la parte alta cuenta con una pradera subalpina con prados poblados de arbustos y flores de alta montaña. En cuanto a la fauna, todos los animales han nacido en cautividad y residen en recintos amplios, que son atravesados en su recorrido lo que permite caminar cerca de ellos. Cuenta con 15 especies diferentes con unos 120 individuos en total. Se trata de ciervos, renos, corzos y gamos, pertenecientes a la familia de los cérvidos; sarrios y cabra montés, de los caprinos; jabalí, muflón, lince boreal, oso, caballo de Przewalski, lobo ibérico y zorro común. A ellos se añaden los animales autóctonos que viven en el parque como son ardillas, marmotas, topos y diferentes aves. Todo se complementa con miradores dotados de buenas vistas de la Sierra de Partacua, así como del valle.

Foto cedida por el Parque Faunístico de Lacuniacha

Para la tarde se deja la visita de los dos pueblos más cercanos al parque faunístico y que formaron parte del Quiñón de la Partacua. Tras volver por la pista se hace un alto en Piedrafita de Jaca. Se trata de un pequeño pueblo de tradición pastoril. Desde el aparcamiento situado junto al ayuntamiento de la localidad, parte la calle principal que articula el casco urbano. En su trazado quebrado atravesando varias plazoletas parten cortos viales, configurando un conjunto arquitectónico típico de montaña. Sobresalen algunas viviendas, la más antigua de ellas Casa Silvestre fechada en el año 1640. El resto son posteriores pero ofrecen bellas portadas y conforman rincones pintorescos que bien merecen un tranquilo paseo. Al final del pueblo, junto a la carretera, se alza la iglesia de San Andrés. Su imagen actual se debe a una reforma de hace unas décadas. La piedra de sus muros y la pizarra del tejado mantienen el aspecto pirenaico de la construcción renovada.

Volviendo a la carretera regional, es necesario retroceder un poco para visitar la población de Búbal. Dio nombre al pantano ubicado a escasa distancia, pero ello provocó su total despoblación. El barrio bajo sucumbió con la construcción de la nueva carretera, y el resto se conservó siendo restaurado por el Estado para albergar un centro vacacional de estudiantes. Desde el aparcamiento parte una calle que pasa a los pies de la iglesia de San Martín, levantada en el siglo XVII. Destaca su maciza torre junto a la portada barroca de acceso. Un poco más adelante se abre una plaza, epicentro de la actividad estudiantil. Una calle al frente asciende entre edificios y muros que delimitan pequeños huertos. Toma dirección a un barranco que atraviesa un pequeño puente de piedra, un bello rincón que no debe dejar de visitarse. Al otro lado están los restos del antiguo molino.

El domingo se propone la visita a otras dos localidades cercanas. Desde la carretera regional que recorre el fondo del valle, parte un desvío hacia Tramacastilla de Tena. Debido a su importancia constituyó la capital del Quiñón de la Partacua. En las últimas décadas su casco urbano se ha ampliado con nuevas construcciones que mantienen la tipología pirenaica. El ayuntamiento marca el epicentro del casco urbano. Desde este punto una ruta circular por la zona más céntrica permite descubrir las casas más antiguas, las cuales conservan bellas portadas tensinas de influencia bearnesa. En uno de los extremos se alza la iglesia de San Martín, de origen románico. Cuenta con una gran torre cuadrangular de escasa altura como campanario.

Como perfecto complemento al paseo se recomienda la subida al Mirador de Santa Marina. El recorrido señalizado parte junto al ayuntamiento. Se deja el casco urbano mediante una escalera tras un edificio. Le sucede un sendero escalonado atravesando una ladera boscosa, y en menos de un cuarto de hora se alcanza la parte alta de la colina. Un espacio perfectamente acondicionado con vistas a la Sierra de la Partacua y al valle de Tena.

Después de atravesar el casco urbano, desde su parte más alta parte la carretera que conduce a Sandiniés. Se trata de una pequeña aldea que conserva perfectamente el sabor de antaño en sus calles. La carretera pasa junto al lavadero y la fuente, un buen lugar para dejar el vehículo. A escasos metros están las antiguas escuelas y la iglesia de San Ginés. Data de los siglos XVII-XVIII pero fue reformada hace unas décadas. Se inicia un recorrido que obliga a recorrer todos los rincones del pequeño núcleo. Durante el paseo por las empinadas y quebradas calles surgen pasadizos y callizos. Un paseo jalonado de portadas de gran belleza.

Es necesario alcanzar la parte más elevada del núcleo, de donde parte un sendero que conduce al Mirador Punta de las Eras. Atravesando una pequeña zona de pastizales ahora convertidos en lugar de recreo, se alcanza la parte más alta. Desde este punto se disfruta de una bella panorámica del casco urbano, con sus viviendas apiñadas, con el telón de fondo de la Sierra de Partacua. Pero también una amplia vista del valle de Tena.

Ya por la tarde se puede completar el fin de semana haciendo un alto en Escarrilla. La carretera es el elemento de conexión entre los dos barrios que formaban antiguamente este núcleo. Su casco urbano se ha ampliado con nuevos edificios y una amplia oferta de servicios para el visitante. Pero todavía se pueden observar algunos ejemplos de su arquitectura tradicional. Quizás el rincón más pintoresco se ubica en la parte baja, en el barrio del Plano. En la entrada de la población una estrecha calle conduce hasta Casa Maribuena. Su bonita portada forma parte de un conjunto de gran belleza. De camino al otro barrio se pasa junto al ayuntamiento, y en su parte alta la iglesia de San Pedro Apóstol. En el barrio del Vico, destacan algunas viviendas cuyo acceso tiene lugar por una calle paralela a la travesía.

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FINES DE SEMANA Maestrazgo

Maestrazgo, un conjunto de joyas arquitectónicas

La comarca del Maestrazgo se encuentra a caballo entre las provincias de Teruel y Castellón. Los pueblos que lo componen atesoran un patrimonio arquitectónico que los sitúa entre los pueblos más bonitos de España. El Portal de las Monjas de Mirambel o la plaza mayor de Cantavieja son claros ejemplos de su belleza. A ellos se suman innumerables rincones y edificios que dejan maravillado al visitante.
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Alejada de los grandes ejes viarios, a esta comarca turolense se puede acceder por la carretera comarcal A-226, bien provenientes de Teruel o de Alcañiz. Esta ruta atraviesa el Maestrazgo pasando por su capital, Cantavieja. La visita se inicia en Villarluengo, población a la que también se puede llegar por la carretera que proviene de Ejulve. Su casco urbano se agrupa en torno a la iglesia parroquial delimitado por un cortado vertical de roca que se asoma al río Cañada.

Un paseo por las calles de la localidad conduce sin pérdida hasta la plaza de las Tablas, denominada así por el antiguo pavimento que tuvo. En la parte baja se encuentra el ayuntamiento, robusto edificio renacentista del siglo XVI. A escasos metros se alza una lonja abierta a la plaza mediante arcos apuntados. El firme inclinado de la plaza deja a los pies de la iglesia de la Asunción. De estilo renacentista, fue inaugurada en 1861. Su fachada con perfil mixtilíneo está escoltada por dos torres gemelas de mampostería y ladrillo. Sus cuerpos superiores son octogonales y se rematan con tejado piramidal. Desde la parte trasera se accede al balcón de los Forasteros. Un bello rincón con sobrecogedoras vistas del barranco de la Cañada, que discurre a los pies de la localidad.

Como complemento al paseo urbano se propone una sencilla excursión, la Ruta de los Pozos. Recorre mediante un itinerario circular rincones de gran belleza formados por el cauce del río Cañada.

TIEMPO

DESNIVEL

DIFICULTAD

2 h (ida y vuelta)

 400 m

fácil

Desde la parte baja de la localidad parte el camino que toma dirección al gran barranco. Una vez dejados atrás los huertos cercanos a las viviendas el camino empedrado pasa junto a un peirón monumental. Tras un cuarto de hora se alcanza el primer cruce. Se deja el camino y se toma a mano izquierda la senda señalizada que conduce a los pozos. Un sendero rodeado de abundante vegetación que en ligero descenso alcanza el cauce del río media hora después de comienzo. Unos metros antes, junto a una caseta pastoril se puede hacer la primera aproximación, viendo el tajo abierto en el paisaje por la erosión fluvial. La senda desciende hasta el Pozo del Invierno, el primero de ellos. Al fondo se avista el estrecho desfiladero de donde proviene el agua. Volviendo a la senda, ésta toma dirección al siguiente pozo, en paralelo al río. En diez minutos más se alcanza el Pozo La Sulsida. La senda avanza ascendiendo ligeramente y proporcionando buenas vistas del angosto valle. De nuevo en descenso se acerca al Pozo La Zarzina. Es necesario tomar un ramal de la senda que permite alcanzar el más espectacular de los tres saltos. El agua se precipita entre las rocas para alcanzar un pozo de grandes dimensiones. Desde este punto es necesario volver por el mismo itinerario hasta el primer pozo. A sus pies se cruza el cauce con alguna dificultad. Ya en la otra orilla una senda asciende mediante varias lazadas entre campos abandonados. Avanza en dirección contraria con vistas de las viviendas de Villarluengo. Al final alcanza de nuevo el camino empedrado, que conduce al Puente de la Hoya. Se trata de una robusta fábrica de sillería, con dos arcos sobre el cauce. Al otro lado comienza el ascenso, ya sin pérdida en dirección al pueblo.

Para la tarde del sábado se propone la visita a La Iglesuela del Cid . Esta localidad tomó su apellido del personaje histórico de Rodrigo Díaz de Vivar, quién mandó fortificar el pueblo. La visita se inicia caminando desde la travesía y pasando un pequeño puente. Enseguida se aprecian dos magníficas torres: la de la iglesia y la del Homenaje o de los Nublos, del castillo de los Templarios. Un arco a mano derecha introduce en la plaza de la Iglesia. Se trata de uno de los rincones más bellos de la localidad. Allí se abren la magnífica portada plateresca de la iglesia parroquial, las fachadas de la Casa del Blinque, la Casa de los Daudén y el edificio de la Casa Consistorial. Éste último es un edificio gótico del siglo XVI, con lonja de tres arcos apuntados abiertos a la plaza y ventanales ajimezados en la fachada rematada con alero de madera. Forma parte del antiguo castillo templario. Del mismo queda todavía la sala capitular, donde celebraban las sesiones los templarios y sanjuanistas bajo el rico artesonado del techo. Se utiliza actualmente como salón de sesiones. En cuanto a la Casa Blinque, frente a la iglesia, cuenta con un gran porche que cobija la puerta, apoyado en una columna. En un rincón está la Casa de los Daudén que luce portada con fecha de 1773. En el interior destaca su escalera imperial de estilo rococó. Junto a ella, en recodo, parte la calle Ondevilla, origen del núcleo y que todavía conserva un profundo sabor medieval, con buenos ejemplos de casas nobles.

Se puede volver por la rambla salpicada de huertos, para entrar de nuevo por el portal de San Pablo, único vestigio del perímetro defensivo de la época medieval. En una replazoleta se alzan dos de los mejores ejemplos de arquitectura civil de la población. La casa Guijarro, del siglo XVI y la Casa grande de los Aliaga, monumental casona coronada por un magnífico alero de madera. Un paseo por el resto de calles permite apreciar por completo la riqueza monumental del núcleo.

Atravesando el portal de San Pablo, y el barrio situado al otro lado de la rambla, parte un camino que conduce al Santuario de la Virgen del Cid. A lo largo de tres kilómetros se atraviesa un paisaje escaso en vegetación, pero rico en muros de piedra seca que delimitan los campos. Una peculiar técnica constructiva carente de argamasa. El santuario, ubicado en una llanura, está formado por varios edificios en torno a una plaza. Cabe destacar el pavimento de la plaza, realizado con pequeños cantos rodados que forman dibujos. La ermita es una obra gótico-barroca, en la que destacan como elementos curiosos lápidas romanas, así como restos de columnas y capiteles incrustados en las aristas exteriores. Pertenecen a una construcción romana del siglo II, sobre la que se construyó la actual ermita.

El domingo se inicia con la visita a Cantavieja, situada en lo alto de un peñón rocoso y triangular. Desde la toma cristiana por Alfonso II su historia ha estado íntimamente ligada a las órdenes militares. Una calle sirve de acceso al recinto medieval. En ella se alza la oficina de turismo, en cuyas dependencias está el Museo de las Guerras Carlistas. A la largo de tres plantas ofrece paneles y material referente a las contiendas que sacudieron tanto esta comarca como buena parte de España, y se explican los acontecimientos políticos y militares acaecidos durante el siglo XIX. Avanzando por la calle, una bocacalle nos evoca los lugares más pintorescos y mejor conservados del casco urbano, con varios palacios. Se llega sin pérdida hasta la plaza del Cristo Rey.

Se trata de una singular y monumental plaza circundada por porches de arcos ojivales en tres de sus lados. Pertenecen a la iglesia, el ayuntamiento y la Casa de Román de Diego. El ayuntamiento luce en su fachada tres ventanales góticos con balcones de forja. En su interior se dispone un salón con un bello artesonado. Por debajo del mismo se accede a la plazuela del Portillo que ofrece un mirador con magnífica panorámica. La iglesia de la Asunción, obra barroca terminada en 1745, es la más grande de la diócesis de Teruel. La torre se alza sobre un arco atravesado por la calle principal. De planta octogonal en su parte alta, se remata con chapitel afilado rodeado de almenas. La calle avanza en dirección al antiguo castillo situado en el extremo del espolón rocoso, del cual no quedan restos. El solar es el actual calvario, y se puede observar a través de la puerta. Volviendo por la calle de San Miguel se pasa junto a la iglesia homónima, la más antigua de la localidad. Es una obra gótica mandada construir por Gonzalo de Funes en 1411, en cuyo interior se encuentra su propio sepulcro, magnífica obra de alabastro. La portada con arquivoltas ojivales se cubre por un atrio de tres arcos apuntados sobre columnas. El recorrido se completa hasta alcanzar la entrada del pueblo.

A catorce kilómetros se encuentra Mirambel, cuyo topónimo significa algo así como belleza admirable, y no es para menos. Conserva buena parte de su perímetro defensivo así como los portales. Dejando el vehículo en el aparcamiento de la carretera, se accede al interior por uno de ellos. Junto a un torreón circular se entra por el Portal de las Monjas. En su interior presenta una galería formada por tres niveles, la primera con balaustrada de madera y las dos superiores con ventanucos y celosías de diferentes formas. Pertenece a un convento cuya fundación data del siglo XVI. La calle mayor es amplia, jalonada de vistosas casas, portales dovelados, rejas de hierro forjado y no pocos aleros con labores artísticas. Dos ejemplos son la Casa de los Julianes y la Casa de Lasota. Al final de la calle se abre el portal del Estudio, que servía de acceso a las escuelas situadas a extramuros. Desde este portal una calle nos conduce a la plaza de la iglesia. Se trata de una plaza abierta con un mirador sobre la muralla. En ella se alojan la iglesia y el ayuntamiento. La iglesia de Santa Margarita, data de 1679, aunque tuvo que reconstruirse casi por completo tras el incendio provocado durante las guerras carlistas, en 1837, en el que sólo quedaron en pie los muros y la torre. Bajo el influjo barroco se levantó de nuevo. En cuanto a la torre de sillería, destaca la parte superior decorada una balaustrada y culminada por un cupulín. El ayuntamiento es un edificio de 1615 en cuya fachada luce escudo y bellos ventanales. En su parte se abre una lonja de arcos de medio punto.

Desde la plaza mediante unas escaleras se accede a la vega a través del portal de la Fuente. Junto a las huertas se puede acceder a la cercana ermita del Pilar. A sus pies se abre un gran pórtico sobre columnas octogonales que forma parte del acceso. Desde este punto la vista del pueblo amurallado con la vega a los pies es muy pintoresca. Volviendo de nuevo a la plaza, junto al ayuntamiento parte una calle que conduce a la plaza de Aliaga. En este lugar se alzan las dos mejores casas del pueblo, la Casa de Aliaga y la Casa de los Castellot. Ambos edificios tienen una tipología parecida, con fachadas de sillería, grandes ventanas, galería de arcos y remate con alero de madera. Desde la plaza se vuelve a la calle Mayor, completando un recorrido monumental básico. Sin embargo hay muchos más inmuebles que tienen muchas riquezas ocultas en su interior, los cuales muestran al exterior soberbias fachadas.

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Bajo Cinca/Baix Cinca FINES DE SEMANA

Mequinenza y Fraga, lugar de encuentro del Cinca, el Segre y el Ebro

En el sureste de la comarca del Bajo Cinca/Baix Cinca se juntan tres de los ríos más importantes de la cuenca hidrográfica. Mequinenza/Mequinensa el viejo desapareció a causa del embalse de Ribarroja/Riba-roja. Sus museos recuerdan la historia de su pasado, mientras sus habitantes con fuerza miran al futuro, con el medio acuático como su mayor potencial. Mientras Fraga, capital de la comarca, basa su potencial en la agricultura y la industria.
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En el pueblo viejo de Mequinenza/Mequinensa arranca el fin de semana por las tierras del Bajo Cinca/Baix Cinca. Esta situado junto a la desembocadura del río Segre en el Ebro. Se puede acceder cómodamente a través de la autopista de Nordeste, que se abandona en la salida de Fraga. Tomando la carretera nacional en dirección a Alcañiz se atraviesa el pueblo nuevo y un kilómetro más adelante se llega a los pies de un aparcamiento. Las antiguas escuelas son el único edificio en pie del casco urbano, que tras su rehabilitación se han convertido en albergue y en la sede de los Museos de Mequinenza.

Para la mañana se propone visitar la oferta museística que ofrece esta localidad zaragozana. El primer espacio es el Museo de Historia. Una maqueta introduce al visitante para hacerse una idea de la configuración del antiguo pueblo, con las casas alineadas frente al río Ebro. Allí comienza el relato de su reciente historia. Con la construcción del embalse de Ribarroja/Riba-roja, las aguas anegarían la parte baja de la localidad, la más comercial. Aunque no se planteaba inicialmente, al final todo el pueblo fue desalojado, y las casas derruidas una vez iban siendo compradas por ENHER, adjudicataria de la concesión hidroeléctrica. En tan sólo cuatro años se culminó el proceso que hizo desaparecer un pueblo con siglos de historia.

En el museo, además de un documental, se pueden visitar varias salas que muestran otros aspectos de la historia, costumbres y entorno natural de Mequinenza/Mequinensa. Se completa con un amplio apartado reservado a la obra de Jesús Moncada. Este ilustre vecino escribió entre muchos otros “Camí de Sirga”, un libro de gran difusión que cuenta los últimos años de la vida en el pueblo. Pero además cuenta con una obra pictórica muy singular, la cual se muestra en una de las salas. En ellas se representan figuras humanas horadadas, que representan el vacío interior que supuso el abandono forzoso del pueblo.

A escasa distancia está ubicado el Museo de la Mina. A través de varias galerías de poco más un kilómetro el visitante se adentra bajo la sierra donde se ubica el castillo de Mequinenza.  A la entrada se suministra un casco, que ambienta todavía más la visita en la cual se relata la dureza del trabajo de los mineros. A la largo del recorrido se han reproducido diferentes escenas, que representan la evolución y modernización del proceso de extracción con el paso del tiempo. En la zona se llegó a extraer el 30% del carbón de producción nacional. Las últimas minas cerraron hace pocos años.

El tercero de los espacios expositivos está situado en la parte trasera del albergue, al aire libre. Se trata del Museo del Pasado Prehistórico. A través de reproducciones de yacimientos arqueológicos y pinturas rupestres del término municipal se descubre cómo era la vida de sus antepasados.

Por la tarde se propone para comenzar la visita a los restos del pueblo viejo. Tras la ruina forzosa de todos los inmuebles de esta villa que superó los cuatro mil vecinos, se efectuó una limpieza que hoy permite pasear por algunas de sus calles, que conservan incluso el pavimento original en algún caso. De las viviendas sólo restan el arranque de sus muros, así como alguna puerta. Aparecen señalizados algunos edificios importantes como el cine, el mesón, la casa de Jesús Moncada, así como la iglesia cuyo interior ha sido invadido por la vegetación acuática debido a las filtraciones. En la parte baja, cerca de la carretera, se conservan todavía las farolas de la plaza de Armas, mudo testigo de la frenética actividad social de la villa.

Como vigía tanto del actual núcleo como del antiguo, el castillo está situado en un lugar estratégico con amplias vistas. Sin embargo su propietario, la Fundación Endesa, sucesora de ENHER, que tanto daño causó tanto a Mequinenza/Mequinensa como a Fayón/Faió, dificulta su visita permitiendo sólo la visita los martes no festivos del año por la mañana. Se trata de uno de los castillos de factura gótica más importantes de Aragón. La  fortaleza musulmana fue tomada por Ramón Berenguer IV y desde el siglo XII fue regentada por la familia Moncada. En el siglo XV la fortaleza se convierte en castillo-palacio, sufriendo siglos más tarde el paso de diferentes guerras que azotaron la zona.

El acceso parte de la travesía de Mequinenza/Mequinensa, frente al aparcamiento del club náutico. Tomando la calle que sube a la izquierda y trescientos metros de nuevo el ramal izquierdo, la estrecha carretera asciende ya sin pérdida hasta el castillo. Antes de llegar ya se advierte de la prohibición de paso, siendo necesario dejar el vehículo en un pequeño ensanche. Desde allí parte un camino que sorteando las señales de propiedad particular conduce a los restos de un muro y un torreón circular. Este mirador no acondicionado ofrece unas vistas a vuelo de pájaro del pueblo viejo, el embalse de Ribarroja y el castillo que bien merecen el ascenso.

Sólo resta volver a Mequinenza/Mequinensa y dar un paseo por el centro de la localidad. Una bonita plaza porticada con el ayuntamiento al frente se abre a la travesía. Al otro lado otro gran espacio invita a acercarse al muelle que discurre en paralelo al río Segre. Una gran lámina de agua embalsada ideal para la práctica deportiva y la pesca. Aguas arriba el Cinca desemboca en el Segre creando el espacio natural que recibe el nombre de Aiguabarreig, lugar de encuentro de numerosas aves, con una variada flora y fauna.

Para el domingo se propone remontar el río Cinca en dirección a Fraga. Desde la carretera nacional, antes de cruzar el puente de la autopista, parte una pista señalizada y asfaltada que conduce a la ermita de San Salvador. Unos cinco kilómetros de sinuoso trazado dando la vuelta a la sierra conducen al destino. A partir del año 1550 la orden de los trinitarios construye el santuario. Se recuperó de la ruina hace un par de décadas. La ermita cuenta con una robusta fachada rematada por una espadaña. Un merendero ocupa los restos de las instalaciones monacales alrededor del pozo. Al fondo un mirador ofrece una de las mejores vistas del tramo final del río Cinca, que se cierra con las cumbres pirenaicas al fondo.

Volviendo a la carretera nacional se entra en Fraga por la avenida de Aragón, que vertebra la zona más moderna de la capital del Cinca. Se atraviesa el río mientras se divisa el casco urbano sobre un promontorio. Desde el paseo fluvial parte una calle empinada dotada de una escalera mecánica que permite el acceso cómodo hasta las cercanías de la iglesia de San Pedro. De la fábrica románica conserva su portada. El elemento más singular de la estampa fragatina es la torre, con cuerpos de las sucesivas etapas constructivas rematados con un chapitel apuntado. A escasa distancia está el palacio Montcada, la familia que ostentó el señorío de Fraga del siglo XII al XIV. Después fue palacio del Gobernador y sede del ayuntamiento. En la actualidad es un centro cultural dotado de salas de exposiciones que se pueden visitar. Desde la iglesia parte la calle mayor, de trazado sinuoso y descendente atravesando pasadizos, herencia del pasado musulmán. Desemboca a los pies del paseo de Barrón Cegonyer, atravesando el portal homónimo. Un paseo central, epicentro de la actividad social y cultural de la ciudad, culmina a los pies del ayuntamiento. Un monumento a la fragatina, la “done de faldetes”, embellece la plaza de España.

Tomando la carretera que conduce a Zaidín, se continúa remontando el valle del río Cinca.  A unos cuatro kilómetros se alcanza Villa Fortunatus. Se trata de un yacimiento arqueológico que conserva en buen estado la parte principal de una villa romana característica del sistema de explotación agraria del Bajo Imperio. En su último acondicionamiento se ha protegido todo el espacio con una cubierta, lo que permitirá un mejor mantenimiento de los actuales restos. La vivienda se estructura en torno a un patio, rodeado de las diferentes dependencias. A falta de los muros, su mayor riqueza son los pavimentos con mosaicos geométricos y abundantes representaciones. En una de ellas se encontró la palabra Fortunatus, traducida como “que seas feliz”, que dio nombre al yacimiento. Entre los restos arqueológicos apareció un segundo patio más pequeño, unas termas y un templo paleocristiano que se construyó en una época posterior al uso de la vivienda romana.

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Bajo Aragón FINES DE SEMANA

Tierras del Mezquín, surcadas por un modesto río

Ocupando la zona más oriental la Comarca del Bajo Aragón se disponen las Tierras del Mezquín. Un pequeño espacio geográfico en torno al Mezquín, modesto río que desemboca en el Guadalope a la altura de Castelserás. Pese a su escaso caudal, la belleza de los parajes moldeados a lo largo del tiempo sorprende. Así como las vistas desde las ermitas enclavadas en los pueblos de estas tierras turolenses.
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La aproximación a las Tierras del Mezquín se realiza mediante la carretera de Castellón, la N-232, que une Zaragoza con Vinaroz. Tras rodear la capital comarcal, Alcañiz, aparece el desvío en dirección a Torrecilla de Alcañiz, que debe atravesarse para alcanzar La Codoñera/La Codonyera, punto de partida de la propuesta.

Se propone para la mañana del sábado una sencilla caminata que se adentra en lo más profundo de estas tierras, el Barranc Fondo. Desde la plaza mayor de la localidad se toma la calle Herrería, mediante la cual se desciende a la parte baja. Allí parte una pista apta para todo tipo de vehículos y señalizada en los diferentes cruces. Tras recorrer un kilómetro y medio alcanza el punto donde comienza el itinerario.

TIEMPO

DESNIVEL

DIFICULTAD

1h 30´ (ida)

 125 m

fácil

Se toma la senda la cual desciende de manera rápida hasta el fondo del barranco de la Torreta en apenas unos minutos. La frondosidad circunda el camino, pasando por el Molí Siscar. Casi oculto por la vegetación se pueden apreciar las ruinas del edificio, así como el acueducto que conducía las aguas sobrantes del molino para el riego de las tierras de La Codoñera/La Codonyera. Unos metros más adelante se alcanza el río Mezquín. Desde este punto el sendero remonta el barranco. En un cuarto de hora aparece la Cueva Taulera, un saliente de roca ligeramente elevado respecto al cauce que cobija unas cuadras formadas por muros de piedras. Más adelante surge el azud desde el cual se derivaban las aguas al molino. Y a escasa distancia la senda pasa muy cerca de una espectacular visera rocosa que oculta completamente el lecho del río. En su interior la altura no supera los dos metros y la luz penetra reflejada en la escasa lámina de agua.

El recorrido alcanza poco después un caos de bloques de piedra que oculta el río, junto a la Cueva Encantada. Unas escaleras obligan al ascenso para salvar el tramo conocido como Las Calderas. El itinerario discurre elevado sobre el fondo del barranco cubierto por la vegetación. Más adelante se pasa a los pies de otro abrigo rocoso, la Cueva del Baso, que bien merece acercarse. Llega un momento que la senda se acerca al cauce, pasando entre varias rocas de enormes dimensiones. En unos minutos se pasa junto a otra paridera guarecida bajo un alero rocoso, y poco más adelante es necesario cruzar el río. Por la otra margen se toma dirección contraria para elevarse entre rocas hasta la parte alta. De nuevo remontando el barranco por una pista elevada se alcanza un mirador desde donde se aprecia con mayor amplitud esta parte del recorrido. Es el punto final, desde el cual volver por el mismo itinerario.

Por la tarde se propone la visita a dos localidades situadas en torno al río Mezquín. En primer lugar La Codoñera/La Codonyera. Su topónimo procede del término local “codoñ”, que hace referencia al membrillo. Un paseo por sus calles permite disfrutar de la arquitectura típica de la zona marcada por las portadas de arco de medio punto, balcones de forja y aleros de madera. En la parte central sobresale el imponente edificio de la Casa Consistorial. De estilo renacentista, fue levantado entre 1576 y 1579. Su fachada de piedra se abre con un gran arco de medio punto por acceso coronado por el escudo de la localidad. Tres ventanas de bella factura y una galería de nueve arcos de medio punto sobre columnas completan el conjunto. Junto a él se encuentra la iglesia de Santa María. Tras la reforma del siglo XVIII se levantó la portada flanqueada por columnas salomónicas, la cual se emplaza al fondo de un pequeño atrio. Del edificio despunta la torre de planta cuadrada con aristas achaflanadas en su cuerpo principal, donde además se abren los vanos.

Desde el casco urbano parte una calle que conduce a la cercana ermita de la Virgen de Loreto. Su silueta aparece enmarcada por longevos ejemplares de cipreses. El edificio barroco presenta una fachada con un porche de tres arcos de medio punto coronada por un sencillo campanil. Del conjunto sobresale la cúpula cubierta por teja vidriada.

El pueblo posee otra ermita de más modesta construcción pero situada en un paraje más atractivo. Para acceder a la ermita de Santa Bárbara se toma la misma calle. Junto a la capilla de Belén parte una pista asfaltada con un trazado de fuerte ascenso en apenas un kilómetro. Está situada en lo alto de una elevación poblada de pinos y cipreses. La ermita es una pequeña edificación que posee un atrio con tres arcadas y un campanario con espadaña. A escasos metros se conservan los restos restos arqueológicos de un poblado íbero. Desde este punto se disfruta de una magnífica vista de las Tierras del Mezquín.

Tras volver al casco urbano, se toma la carretera que conduce a Castelserás, situado a unos nueve kilómetros. En su término municipal se unen las aguas de los ríos Mezquín y Guadalope. Su censo se ha estabilizado en ochocientos habitantes, después de perder más de la mitad de su población en el último siglo. Tras desechar el primer acceso al núcleo y avanzar en dirección a Alcañiz, el segundo desvío conduce directamente a la parte baja. En la antigua travesía se abre la plaza del Puente, con una fuente donde aparece una mujer con un cántaro. En este punto comienza la visita que toma la calle Mayor en dirección ascendente.  A mitad de su trazado se abre una plaza donde está la Casa Consistorial. Tiene dos arcos de piedra que cobijan el porche de acceso. Desde este punto parte la calle que conduce a la parte más alta. Un gran espacio bellamente urbanizado enaltece la figura de la iglesia de la Natividad. Fue levantada en el siglo XVIII. Al frente se abre una sencilla portada junto a la torre de planta cuadrada con aristas achaflanadas coronada por sencillo chapitel.

Es necesario volver al punto inicial, la travesía. En ella se alza otra fuente junto a la Casa de los Secanellas, una mansión solariega construida en piedra de sillar que destaca por su volumen y la galería de arcos de medio punto con la que se corona su fachada. En sentido contrario se alcanza uno de los lugares de mayor interés de la población. El puente sobre el río Guadalope es una construcción de piedra que posiblemente se remonta a los siglos XIV o XV y que apenas ha sufrido modificaciones. Consta de cuatro arcos de medio punto que se apoyan en pilares se sección triangular en ambos sentidos. Su estrecha plataforma cuenta con pequeñas capillas en los ensanchamientos, una de ellas en veneración a la Virgen del Pilar de 1817. El cauce discurre entre piedras alisadas por el paso del agua. Al otro lado, junto al río, hay un pequeño parque. Bajo la arcada central del puente se conserva un antiguo lavadero esculpido en la roca. Al final del parque se completa con otro bello rincón formado por una fuente, abrevadero y lavadero cubierto con techumbre de madera sobre pilares de piedra. El paseo se completa atravesando una pasarela peatonal desde donde se aprecia la belleza del puente y de este tramo del río.

A las afueras del pueblo está la ermita de Santa Bárbara. Se puede acceder a ella atravesando el puente por la antigua carretera. Al alcanzar la variante es necesario girar a la izquierda. Señalizada en ella parte el camino asfaltado que conduce en fuerte ascenso hasta la parte alta de la elevación donde se alza la edificación. Fue construida en el siglo XVI aunque reformada dos siglos después. La fachada principal cuenta con porche que se abre el frente por tres arcos y se corona con una sencilla espadaña. Desde este punto hay un mirador con magníficas vistas a su alrededor, en especial al valle del Guadalope.

Al día siguiente se toma dirección a Belmonte de San José/Bellmunt de Mesquí por la carretera que conduce a Aguaviva. Es necesario tomar un desvío que conduce a la población con mayor encanto de esta zona. Está situada en un pequeño montículo, cercano a la cabecera del río Mezquín. En la travesía un panel indicador informa del recorrido de la visita. El inicio del itinerario es el Portal de Soldevilla. Nada más atravesarlo se pasa junto a la Casa Bosque, del siglo XVI. Su austera fachada de sillería se remata con galería de arcos de medio punto y alero de madera. Un poco más adelante se alcanza una pequeña plaza irregular que alberga el ayuntamiento. Se trata de un edificio de sillería llevado a cabo en el siglo XVI. En su parte baja se abre una lonja de dos arcos. En su interior está el acceso a la antigua cárcel, con discreta puerta adintelada y ventanuco con reja. Bordeando el edificio por la derecha, una estrecha calle pasa junto a dos calles con escaleras, bellamente adornadas con plantas. A la derecha y en la parte baja se alza el reconstruido Portal de la Herrería.

Avanzando por la calle se alcanza la plaza del Pilar. Al frente se alza la Casa del Solá. Este caserón renacentista luce fachada de sillería rematada con galería de arcos de medio punto construido en el siglo XVI. Siguiendo el recorrido señalizado se alcanza el Portal de la Muela, reconstruido hace unas décadas. En la parte alta está el palio, un balcón abierto bajo una vivienda con buenas vistas. Se continua recorriendo el pueblo y una nueva indicación conduce al sencillo Portal del Portel. Finalmente se alcanza la plaza donde se alza la imponente iglesia de San Salvador, de estilo barroco tardío fechada en el siglo XVIII. En la fachada se abre la bella portada compuesta por dos cuerpos superpuestos flanqueados por columnas salomónicas. La torre de piedra y ladrillo se alza en planta cuadrada a gran altura. Se vuelve a la plaza del ayuntamiento donde se sigue saboreando la cuidada arquitectura civil de esta población. Allí se alza la Casa Membrado, que luce portada de medio punto dovelada y una magnífica reja en una de sus ventanas. La visita al centro de la población termina al atravesar el Portal del Arrabal, que deja a los pies de la travesía.

Justo enfrente, parte el camino que conduce en unos minutos a otro de lugares de interés. Se trata de una antigua nevera restaurada. Se puede visitar solicitando las llaves en el ayuntamiento o en el bar Bello Rincón Aragonés. La construcción es subterránea y sólo asoma el orificio para echar la nieve además de la escalera de acceso. La función que desempeñaba era el acopio de nieve, que se aprisionaba entre capas de paja. Se suministraba para la conservación de alimentos y también servía para remediar algunas enfermedades. Tiene unas dimensiones de ocho metros de diámetro y nueve de altura. Se cubre con bóveda de hiladas reforzada por dos arcos de medio punto cruzados. En el fondo tiene el túnel de desagüe por el que discurrían las aguas, cuando se deshacía la nieve por efecto del calor.

La visita se completa con la ermita de San José, situada a poco más de dos kilómetros del casco urbano. Para ello se debe tomar la carretera que se dirige hacia la N-232. En una curva pronunciada está el desvío de donde parte la pista asfaltada que deja a los pies de la ermita. El edificio tiene a sus pies una plaza delimitada por banco corrido de piedra. Se accede a la ermita a través de un atrio con pavimento de guijarros de río formando dibujos geométricos. Los muros están decorados con bellos conjuntos murales de azulejos. Tanto desde la plaza, como desde la parte trasera del edificio se disfruta de buenas vistas del valle formado por el río Mezquín. Debajo del santuario, a la derecha, se encuentran los denominados Pozos de San José, donde se almacena el agua de lluvia a modo de aljibes.

A los pies de la ermita, por el costado derecho, parte una senda que desciende atravesando el pinar. En unos minutos debe tomarse otro ramal que termina en una roca elevada, denominado mirador de la Predicadera. Desde este punto hay una vista panorámica excelente de las Tierras del Mezquín con su valle poco pronunciado en el que es difícil apreciar su barranco camuflado en el paisaje. Y también son visibles todos los pueblos de su ribera, así como las ermitas que los coronan. Un magnífico punto para culminar la visita a esta pequeña zona del Bajo Aragón, tan desconocida como llena de encantos.

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FINES DE SEMANA Sobrarbe

Valle de Bielsa, coronado por circos glaciares

En la localidad de Bielsa confluyen los valles de Pineta y de Barrosa los cuales conforman el valle de Bielsa. El valle de Pineta, también conocido como Balle Berde, nace de la erosión glaciar de la cara norte del Monte Perdido. El río Cinca inicia sus primeros pasos por el valle desde el ibón de Marboré. El valle de Barrosa, surcado por el río homónimo, sirve de comunicación directa con Francia a través del túnel de Bielsa.
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El acceso a uno de los valles pirenaicos más bonitos parte de Barbastro, con enlace directo a la autovía Huesca-Lérida. Remontando el río Cinca se alcanza la localidad de Aínsa/L´Aínsa, capital histórica del Sobrarbe. Al final se llega a Bielsa, epicentro del valle. Para la mañana del sábado se propone un sencillo paseo como primera aproximación a la riqueza natural de este valle. Tomando la carretera que conduce a Francia, a unos ocho kilómetros aparece señalizado el Circo de Barrosa. Desde este punto la carretera comienza el fuerte ascenso que conduce al túnel de Bielsa. Sin embargo el recorrido natural del valle gira bruscamente a la izquierda, por donde discurre el río  Barrosa.

TIEMPO

DESNIVEL

DIFICULTAD

1 h 30´ (ida)

 350 m

fácil

El vehículo es preciso dejarlo junto a la carretera. Desde este punto parte una pista que recorre el primer tramo. En este entorno ahora ya engullido por el bosque, se encuentran los restos de unas instalaciones mineras. Aunque siglos atrás ya se pudo extraer materiales de esta zona, la mayor actividad tuvo lugar durante el siglo XX. El material extraído era trasladado a Francia mediante cable aéreo debido a la ausencia de comunicaciones adecuadas hacia el sur del valle de Bielsa.

Tras un cuarto de hora la pista se degrada y se convierte en un sendero que se adentra en el valle, cubierto por abundante vegetación. Poco a poco se va abriendo y ello permite visualizar la forma del circo glaciar, origen del valle. El pinar se despeja y se da paso progresivamente a los pastizales que cubre el fondo del valle. En hora y media de recorrido, tras atravesar el cauce del río Barrosa, el sendero deja a los pies del refugio de Barrosa.

Por la tarde se propone dar un paseo por lo pueblos del valle, cuya arquitectura se vio seriamente dañada durante la guerra civil, en el episodio conocido como Bolsa de Bielsa. A pesar de ello todavía conservan la raigambre pirenaica. A tres kilómetros de la capital del valle, en dirección a Francia se encuentra Parzán. Una calle articula el núcleo, en paralelo a la carretera. La iglesia parroquial es una clara muestra del paso de la guerra. Un edificio completamente nuevo y de un estilo poco propio de la zona. Sin embargo un paseo por el casco urbano permite descubrir algunos ejemplos de casas de piedra con encanto, que se completa con otras reconstruidas según la tipología pirenaica.

Un poco más adelante en la carretera parte el desvío a Chisagüés. Esta pequeña localidad, enclavada en el pequeño valle del río Real, conserva de una manera más fiel su arquitectura tradicional. Elementos como las cubiertas con estructura de madera, los tejados de loseta roja y las chimeneas troncocónicas son los más característicos. Apenas una docena de casas agrupadas en torno a una calle única, que forman un núcleo pintoresco. Carece de iglesia y sólo cuenta con una pequeña capilla integrada en una de las viviendas.

Y finalmente se visita Bielsa. Desde la carretera se accede directamente a un amplio aparcamiento. Un puente permite cruzar el río Cinca, y poco después se alcanza la plaza mayor. Allí se encuentra el edificio más bello y sobresaliente, la Casa Consistorial, que conserva únicamente la fachada original. En su parte baja se abren arcos de medio punto que dan lugar a un porche. En su fachada se abren ventanas de bella factura, siendo el elemento más singular el garitón situado en una esquina. En su interior alberga el Museo de Bielsa. En la planta baja se trata Bielsa y su territorio. En la primera planta se expone lo referente a su historia, con el tema principal de la Bolsa de Bielsa. Y en la segunda planta trata las tradiciones del valle: la casa tradicional y el Carnaval, uno de los más singulares de Aragón.

Un paseo por la parte baja conduce al puente de la Villa, el antiguo acceso a la población. El sencillo puente medieval atraviesa el río Barrosa con un solo vano. Ascendiendo por las callejas se alcanza la iglesia parroquial, situada en un extremo de la población. Reconstruida en buena parte, cuenta con grandes dimensiones. Su torre despunta sobre el paisaje urbano. De planta cuadrada, se cubre con tejado a cuatro aguas.

Para el domingo se reserva el lugar más emblemático, el valle de Pineta. Es necesario bordear la población de Bielsa por la carretera que toma dirección al valle. Tras pasar Javierre se alcanza un poco más adelante el embalse de Pineta. Se propone dejar para la tarde una obligada parada en este punto. Éste es un valle de origen glaciar que se caracteriza por la forma en U. Las rocas que arrastraban los glaciares excavaban estos anchos valles, a diferencia de valles fluviales en los que los ríos desgastan sólo la parte baja, creando valles en forma de V.  A pesar de la abundante vegetación en torno a la carretera, se pueden apreciar la forma del impresionante valle. A unos 13 kilómetros de Bielsa se alcanza el Circo de Pineta. Paredes de mil metros de altura cierran el valle, y en el fondo destacan las numerosas cascadas que alimentan el cauce del río Cinca.

Se cruza por un puente a la otra margen, donde se puede aparcar el vehículo. Aquí se inicia la ruta senderista que llevará al corazón de este circo glaciar, donde se precipita la mayor de las cascadas. Junto a una caseta de información del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido arranca una pista forestal.

TIEMPODESNIVELDIFICULTAD
3 h (ida y vuelta) 400 mmedia

Al principio se atraviesa una zona boscosa y luego se abre el paisaje permitiendo las vistas del final del valle. En media hora se alcanza la zona de Las Articas. Un puente atraviesa el río Cinca el cual discurre con pequeños saltos mientras sortea las voluminosas piedras que forman el cauce. Es necesario avanzar un poco más por la pista hasta que aparece a la izquierda el sendero señalizado en dirección a la Cascada del Cinca y el Balcón de Pineta. En primer lugar se atraviesa un pequeño hayedo y más tarde una zona con abundantes helechos. Después la vegetación va reduciéndose paulatinamente. Poco a poco el gran salto de agua se va acercando y sólo queda acercarse hasta su base. Dependiendo del caudal el vapor de agua que desprende puede dificultar su aproximación. En cualquier caso se trata de un espectáculo natural del cual no se puede prescindir. De igual manera las vistas en dirección al valle son espectaculares. Hasta este punto se habrá invertido una hora y media de caminata.

Ahora queda volver por el mismo itinerario hasta alcanzar de nuevo la pista. Se trata de un recorrido circular y la vuelta se realizará por la margen opuesta del río. Retomando la pista en sentido ascendente se pasa junto a una bella cascada formada por el río de La Larri. Un poco más arriba, de la pista partirá un sendero que conduce de nuevo al fondo del valle. En fuerte descenso se atraviesa un frondoso hayedo de ejemplares longevos. El sendero desemboca directamente en la ermita Nuestra Señora de Pineta, a los pies de la carretera. La devoción se remonta muchos siglos atrás. La fábrica actual tuvo que reconstruirse tras la guerra civil. El edificio es una sencilla construcción de piedra. Al interior se compone de una nave rectangular, cuya cabecera se protege con una reja, obra del año 1650. En la fachada este, durante su última restauración se levantó una especie de espadaña con dos arcos de medio punto. En el interior está colocada la imagen de la virgen. A unos cien metros termina la carretera en el Parador Nacional de Bielsa. Fue inaugurado en el otoño de 1969, poco después de que se asfaltara la carretera hasta el mismo. Se trata de una gran construcción al estilo pirenaico. Un porche cubre la fachada, y sobre él hay una terraza desde la cual se disfruta una privilegiada vista del circo glaciar de Pineta.

Para la tarde se propone una parada en el embalse de Pineta. Un paseo por su orilla que se puede prolongar hasta la presa de hormigón. La amplia lámina de agua en la cual se refleja la silueta del valle marcada por las sierras de Espierba y las Sucas supone un deleite para la vista. Se trata de uno de los rincones con más encanto de los Pirineos.

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FINES DE SEMANA Jacetania

Valle de Canfranc, surcado por el río Aragón

El valle de Canfranc conforma la cabecera del Aragón. Este río dio nombre al condado, germen del reino y la corona homónimos. Nace el río en el ibón de Escalar y recorre el valle en dirección a Jaca, capital del antiguo reino. Un valle poblado desde la prehistoria, y transformado fundamentalmente durante el siglo XX con la llegada del ferrocarril. Pero también una vía de comunicación fundamental con Francia a través del paso pirenaico del Somport.
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El acceso al valle de Canfranc se realiza a través de la carretera nacional que une las ciudades de Zaragoza, Huesca y Jaca en dirección al paso fronterizo del Somport. Buena parte de su trazado puede recorrerse en la actualidad por la autovía mudéjar. Después de Jaca, la carretera se interna en el valle formado por el río Aragón. El primer punto de destino es la localidad de Villanúa. La travesía recorre la zona urbana más reciente. Al final de la misma un desvío conduce al antiguo casco urbano. Tras atravesar el río debe aparcarse el vehículo, ya que éste es el punto de inicio del paseo propuesto para la mañana del sábado.

El objetivo es recorrer un tramo del Camino de Santiago en Aragón, uno de los dos trazados que cruza los Pirineos procedentes de Francia. Por una parte está el camino navarro que pasa por Roncesvalles. Mientras que el ramal aragonés atraviesa el puerto del Somport, y forma parte de la Vía Tolosana.

TIEMPODESNIVELDIFICULTAD
1 h (ida)100 mfácil

En las inmediaciones del puente sobre el río Aragón, por la margen izquierda, pasa el camino. Se trata del tramo entre las poblaciones de Villanúa y el núcleo originario de Canfranc, con una distancia entre ellos de cuatro kilómetros. Es uno de los tramos mejor conservados del trazado original de la ruta jacobea en Aragón. En el arranque se pasa junto al acceso de la Cueva de las Güixas cuya visita se deja para la tarde. A escasa distancia está el Dolmen de las Güixas, un monumento megalítico que marca la incipiente ocupación humana de estas tierras pirenaicas. Conserva las tres piedras, dos laterales y una superior de mayores dimensiones que formaban parte del túmulo funerario. La ruta recorre un paisaje surcado por amplia vegetación, cerca de los campos que bordean el cauce.

En el tramo intermedio debe cruzarse dos veces por debajo de la actual carretera. Al final se cruza el río Aragón por un puente medieval, por el cual habrán pasado infinidad de peregrinos.

Poco resta para alcanzar el casco urbano de Canfranc-Pueblo. Su nombre deriva del término Campus Francus, lugar fronterizo de cobro de peajes. A lo largo de su desdichada historia sufrió dos incendios devastadores, uno en 1617 y otro en 1944. Tras éste último que destruyó todo el pueblo y la mayor parte la población se trasladó al barrio de los Arañones, junto a la estación internacional de ferrocarril, convirtiendo este enclave en el núcleo principal de Canfranc. A las afueras se pasa por los restos de la iglesia de la Santísima Trinidad, que junto con el hospital se levantaron gracias a un vecino del pueblo en el siglo XVI. Debido a su decadencia dos siglos después fueron abandonados los edificios. El incendio dejó sin cubiertas la iglesia que ya estaba en mal estado. Un paseo por la calle Albareda, el eje principal, ofrece un núcleo cuyas casas recuperadas se alternan con solares vacíos. En la zona central se abre una plaza. Allí está la iglesia de la Asunción, del siglo XVI, pero que fue reconstruida tras el incendio. Al frente se alza la torre de planta poligonal y un porche de acceso. Tras la visita a la localidad debe emprenderse la vuelta, ahora en ligero descenso hasta el punto inicial.

Por la tarde se propone la visita a Villanúa, población que llegó a alcanzar el millar de habitantes gracias al impulso del ferrocarril. El lugar de mayor interés turístico es la  Cueva de las Guixas. La visita se inicia en el Centro de Interpretación Subterránea. Un audiovisual ayuda a comprender la formación de las grutas, su historia y la vida natural que acoge su interior. A unos cinco minutos se encuentra el acceso a la cueva, que toma su nombre de los aquelarres de brujas que se celebraban en su interior. La gruta ha sido formada por la filtración de aguas subterráneas en medio de un terreno poroso. El tramo inicial y más amplio corresponde a un río subterráneo que lleva agua cuando llueve con abundancia. Después se suceden unas galerías de manera ascendente, donde se refugian la fauna más carácterística, las comunidades de murciélagos. En esta zona abundan las formaciones de estalactitas y estalagmitas, destacando una gran sala en la que las coladas dan lugar a un entorno de gran belleza.

A medio kilómetro se encuentra el casco urbano que alberga bellos ejemplos de arquitectura pirenaica. Cuenta con dos plazas, de la fuente y de la iglesia, entre las cuales se situa la iglesia de San Esteban. Aunque de origen románico, fue remodelada en el siglo XVII. Sobresale su torre del siglo XVIII de singular altura y estrechez. En en entorno se pueden contemplar varios ejemplos de arquitectura tradicional pirenaico, destacando un edificio situado en la plaza de la fuente.

Como avanzadilla a la visita del dia siguiente se recomienda la visita nocturna a la estación de Canfranc. Todos los fines de semana se puede contemplar un espectáculo de luz y sonido, que ofrece una visión sorprendente de este edificio. Además la locución permite descubrir la historia de este enorme edificio varado en pleno Pirineo.

Al día siguiente se remonta el valle. Entre los dos núcleos de Canfranc, elevada a los pies de la carretera, está la Torre de los Fusileros. Se construyó entre 1884 y 1889 como refuerzo defensivo del Valle de Canfranc. De pequeñas dimensiones presenta en su base planta de rectángulo con esquinas redondeadas y alzado troncocónico. Una puerta sobre foso sirve de acceso. En sus muros se abren saeteras, en la primera planta, en la parte superior entre las arquerías y bajo el tejado. En su interior presenta dos plantas de exposición alrededor de un patio interior cubierto.

Poco más adelante se alcanza la boca del túnel de Somport puesto en marcha en el año 2003. Se trata del túnel carretero más largo de España con 8,6 kilómetros de longitud, que une los valles de Canfranc y de Aspe. Continuando por la antigua carretera nacional, a escasa distancia se encuentra el núcleo de Canfranc-Estación. Su ubicación se debe a la construcción del túnel ferroviario. A principios de siglo XX se empezaron a asentar los trabajadores de la obra. Entonces se llevó a cabo una transformación del paisaje impresionante. Con los escombros del túnel se construyó la explanada donde se asienta la estación, desviándose el cauce del río. También se repoblaron las laderas para evitar aludes. Unos años después de la inauguración de la línea de ferrocarril, en 1928, se terminan de construir los edificios que configuran buena parte del actual núcleo. A todo este núcleo original se han ido añadiendo edificios de diferente época y estética a lo largo de la carretera, formando una vía urbana.

La estación internacional de ferrocarril de Canfranc es la joya arquitectónica del pueblo. Sorprenden las dimensiones y su gran longitud. Pero la historia de la línea del ferrocarril se remonta casi 75 años antes de la inauguración de la línea. La construcción de esta vía de comunicación se llega a convertir en una verdadera obsesión para la sociedad aragonesa y que hace poner en pie a toda la clase política, con la recogida de 100.000 firmas de las tres provincias aragonesas. En 1882 se subasta la concesión a una sociedad anónima aragonesa y se firma un convenio con la compañía ferroviaria del Norte. En 1888 los dos países empiezan las obras de la línea. Posteriomente del túnel de 7,7 kilómetros de longitud, con la unión de las galerías excavadas desde Francia y España en 1912. En 1918 se comienza la estación internacional. Finalmente el 18 de julio de 1928 Alfonso XIII y el presidente de la República Francesa inauguran la línea transpirenaica. En sus primeros años de funcionamiento no tuvo buenos resultados de número de viajeros ni de toneladas de mercancías trasportadas. El tráfico mejoró progresivamente hasta 1965 sin terminar de llegar a las cotas previstas. Finalmente en 1970 un accidente de tren de mercancías en la vertiente francesa destruyó el puente de L´Estanguet cortando la línea. Desde entonces nuevamente la sociedad aragonesa reivindica la reapertura de la línea internacional.

Desde la oficina de turismo de la localidad, sita en los bajos del ayuntamiento, se ofrece una visita guiada a la estación. Aunque sólo se puede ver su vestíbulo, único espacio restaurado, es suficiente para imaginar la belleza de la estación en tiempos remotos. Además la explicación permite recorrer en el tiempo su historia, relacionados con el trajín de los viajeros y mercancías, pero también con interesantes historias relacionadas con el espionaje durante la segunda guerra mundial, o el paso del oro nazi por esta pequeña localidad pirenaica. 

 

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Comunidad de Teruel FINES DE SEMANA

Riodeva y Villel, la tierra del gigante europeo

El Turia, el río más importante de la Comunidad Valenciana, nace en las inmediaciones de la población turolense de Guadalaviar. Toma el nombre de esta localidad hasta alcanzar Teruel, cuando pasa a llamarse Turia. Cerca de la vega formada por el río dos poblaciones ofrecen rincones naturales de gran belleza. El barranco de los Trancos en Villel y Los Amanaderos en Riodeva. Éste último lugar además fue habitado por el mayor dinosaurio de Europa.
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Para acceder a la vega del Turia hay que tomar dirección al sur de Aragón. El punto de partida es Teruel, a la cual se puede acceder cómodamente por la autovía mudéjar. Desde la capital turolense se coge la carretera nacional que conduce a Cuenca. Su trazado discurre en todo momento junto al río Turia. En unos treinta kilómetros de sinuoso trazado se alcanza la frontera con la Comunidad Valenciana. Una vez rebasada surge a mano izquierda la carretera que conduce a Riodeva, de nuevo en tierras aragonesas.

La carretera termina en la población, después de recorrer once kilómetros. Bordeando el casco urbano, en plena vega, parte indicado el camino que conduce a Los Amanaderos. Se trata de un paraje de gran belleza cuyo término hace referencia a las surgencias de agua que alimentan el río Eva, también llamado río de Riodeva, el cual desemboca en el Turia. Tomando la pista señalizada, ésta asciende ganando rápidamente altura, y atravesando paisajes desprovistos de vegetación. Tras recorrer cerca de ocho kilómetros desde la población se alcanza un aparcamiento, rodeado de pinares. Hay varias posibilidades para conocer este paraje, la primera de ellas realizando el primer tramo del sendero hasta el Salto Polaina, volviendo después al punto de partida. Tiene una duración estimada de una hora en total. La segunda y más interesante requiere de vehículos de apoyo, para realizar el recorrido en sentido descendente y poder disfrutar del recorrido sin hacerlo demasiado largo. Serán necesarias unas dos horas. En este caso se termina en un aparcamiento emplazado a unos dos kilómetros del pueblo, en la pista de acceso al CIREA (Centro de Interpretación del río Eva y los Amanederos). Y la tercera opción es realizar el recorrido íntegro ida y vuelta, partiendo de dicho aparcamiento, con una duración estimada de unas 4 horas y media.

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2h (ida) 350 mfácil
4h 30´ (ida y vuelta) 350 mmedia

A escasos metros del primer aparcamiento se precipita el Salto de las Yeguas, cuyo cauce atraviesa la toba calcárea, piedra frágil, y se produce una espectacular caída de 22 metros de altura. Una senda desciende a su parte baja, con un mirador para poder apreciar el salto en toda su magnitud.

Siguiendo el recorrido perfectamente acondicionado con escaleras de madera se llega hasta la Cascada de las Ninfas, que se encuentra a escasos minutos. Se apoya en roca más dura, y su caída es escalonada, formando en su parte baja un apacible remanso. Continuando el trazado descendente se puede disfrutar de la vegetación de ribera junto al río que serpentea con pequeños saltos. El siguiente en aparecer es el Salto Polaina, con un mirador al cual se accede desviándose unos metros del recorrido. El sendero ahora se aleja del cauce. A gran altura respecto al mismo se divisa la Caída de San Lorenzo, también conocida como de la Virgen Blanca. Se trata del mayor salto de todo el recorrido en altura, con sus 48 metros en los cuales el agua se desliza por la roca. Más adelante comienza un descenso más acentuado hasta llegar a un pequeño valle. En este punto se retoma el trayecto fluvial acompañando al cauce.

Ya queda poca distancia hasta el Molino Montereta, situado en un entorno frondoso. Poco antes un pequeño sendero permite el acceso hasta el Salto de la Luz, ubicado en un precioso recoveco del cauce. Aguas abajo, junto a otro pequeño aparece el molino. En su interior alberga el CIREA. Las llaves para visitarlo se pueden solicitar en el albergue y en el pueblo. En la planta baja conserva la maquinaria del molino harinero; y en la planta alta tiene una exposición sobre el entorno natural de los Amanaderos y del río Eva. A escasos metros las aguas de los Amanaderos desembocan en el río Eva, que suele llevar menor caudal. El recorrido continúa pasando junto a una gran balsa que sirve para almacenar y regular el agua de riego de la vega que rodea a Riodeva. Poco más adelante se pasa bajo el puente de la canalización de riego. A partir de este punto la senda se convierte en pista, la cual surca la vega donde abundan frutales y huertas. En el trayecto aparece el segundo aparcamiento hasta donde se habrán invertido unas dos horas de caminata.

Para la tarde se propone la visita a Riodeva. Su casco urbano se asienta en una ladera del valle surcado por el río del mismo nombre. Una calle asciende de manera directa a una plaza donde se alza la iglesia de la Virgen de los Dolores. Fue erigida en la segunda mitad del siglo XVIII. A través de una sencilla portada adintelada se accede a su interior, compuesto por tres naves. La torre se alza en tres cuerpos; el primero es cuadrado y los dos siguientes octogonales. En la parte central del núcleo está el ayuntamiento de reciente factura.

Desde la carretera que bordea el pueblo por la vega, en su parte final, parte el desvío a mano izquierda que conduce a la ermita de la Inmaculada. La construcción de grandes dimensiones está fechada en 1857, en estilo neoclásico. Se accede a través de un pórtico abierto por tres arcos adintelados. Unos metros antes de alcanzar la ermita está la subsede de Dinópolis, que recibe el nombre de Titania. Este centro tiene como protagonista el Turiasaurus riodevensis, el dinosaurio más grande de Europa que fue encontrado en esta localidad. Del mismo ha sido descubierto el 50% de su esqueleto, y se representa a tamaño natural la mitad anterior de su cuerpo. En el espacio también se muestran los demás dinosaurios encontrados en el medio centenar de yacimientos de la zona. También se explican las rocas y estratos de la zona, donde vivieron los dinosaurios hace 150 millones de años.

Para completar la tarde se propone visitar el Barrio Minero de Libros, que se emplaza a unos seis kilómetros de Riodeva, en dirección a la vega del Turia. Un panel informativo junto a la carretera marca el acceso rodado. Desde el siglo XVIII se extrajo azufre de estas minas. En el año 1906 la Industrial Química de Zaragoza comienza a explotarlas, trasladando el mineral hasta el barrio zaragozano de la Química para su procesado. El antiguo poblado, ahora en ruinas, llegó a contar con unos dos mil habitantes. El cese de la producción tuvo lugar en 1956, y después llegó la destrucción de los edificios. Sólo se conserva en buen estado la ermita de Santa Bárbara. En los alrededores se construyeron más de un centenar de cuevas que complementaban el alojamiento a las familias debido a la numerosa mano de obra. En los últimos años una docena de ellas han sido recuperadas por Julián Martínez. Gracias a su labor es posible la visita libre a su interior. Se aprecian las estancias excavadas en la roca,  que además están dotadas de mobiliario para poder imaginar mejor su uso como vivienda.

Para el domingo la visita se traslada a la población de Villel, de vuelta hacia Teruel. A finales del siglo XI pasó por estas tierras el Cid, siendo reconquistada en 1180 por el rey Alfonso II de Aragón. Sus viviendas se sitúan en torno a una afilada elevación coronada por el castillo, en la margen derecha del río Turia.  Desde la carretera se accede a la plaza principal, donde se encuentra el edificio del ayuntamiento y la iglesia de la Virgen de las Nieves. Ésta última constituye una gran construcción en mampostería terminada en 1738. Cuenta con dos portadas de factura barroca flanqueadas por columnas bulbiformes, guarecidas por un gran arco de medio punto. La torre se alza en tres cuerpos, siendo los dos superiores octogonales en ladrillo, rematándose con chapitel. Un paseo por el pueblo permite descubrir el Portal del Concejo. En su interior hay escaleras que toman dirección a la parte más alta del promontorio. De camino se pasa junto a la ermita de Santa Bárbara. El castillo de planta irregular corona el monte a cuyos pies fue desarrollándose la población. Pertenece a los siglos XII y XIII y fue regido por la orden templaria. Se trataba de una fortaleza de planta irregular. El resto más importante es la Torre del Homenaje, de planta rectangular y ocho metros de lado. Tras su restauración se accede a través de una escalera de caracol externa. Desde este lugar se disfrutan de excelentes vistas de la población y de la vega del Turia.

Para completar la mañana se recomienda la visita al entorno natural de mayor interés de la población, el Barranco de los Trancos. En la parte trasera del pueblo, desde la calle Fuensanta, parte otra calle que atraviesa el cauce del barranco de la Chartera, junto a una pasarela peatonal de madera. Por esta calle se abandona la población tomando una pista que en unos tres kilómetros y medio deja en la entrada del barranco, sin abandonar el trazado principal.

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1h (ida y vuelta) 150 mfácil

La fuente Chartera marca el inicio de la ruta. El sendero se adentra entre enormes paredes de roca. En algunas ocasiones la anchura es lo suficientemente estrecha como para tocarlas con las manos extendidas. Durante el recorrido han sido acondicionados algunos pasos con escaleras metálicas y sirgas para facilitar los ascensos bruscos del nivel. En menos de media hora se abandona la zona más angosta y el barranco se abre. Poco más adelante, en un cruce señalizado, debe tomarse el sendero GR-10 a la derecha, señalizado con marcas rojas y blancas. En el ascenso se gana poco a poco altura, con buenas vistas del barranco recorrido. Tras un pequeño collado comienza el descenso de vuelta que enlaza de nuevo con la pista que sirve de acceso al barranco.

Para la tarde se reserva la visita al Santuario de la Fuensanta. Desde la parte trasera de Villel, tomando la calle de la Fuensanta, parte una pista señalizada en buen estado que sirve de acceso a este lugar que se encuentra a dos kilómetros. Tras recorrer una zona con paisaje abierto la pista asfaltada se introduce en una barranco angosto, donde surge de repente el santuario. La actual construcción fue terminada en 1590. Es un conjunto compuesto por la ermita y la hospedería, que se unen mediante un pasadizo en alto. La ermita se compone de una nave que se cubre con bóveda de crucería estrellada. Sobre la cabecera se alza una cúpula octogonal. El acceso principal se encuentra en un lateral; se compone de arco de medio punto de gran dovelaje, con una inscripción de la cruz de malta en la clave. La hospedería es un edificio de planta cuadrada con tres alturas.

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FINES DE SEMANA Tarazona y el Moncayo

Somontano del Moncayo, a los pies de la mítica montaña

El Moncayo, denominado por los romanos Mons Caius, constituye frontera natural entre Castilla y Aragón. Su cota más elevada, a 2.316 metros, está en el cerro de San Miguel, cumbre a su vez del Sistema Ibérico. Sus sierras y laderas esconden historias que recogió Gustavo Adolfo Bécquer. Pero también un entorno natural de gran belleza protegido por un parque natural. Y pequeños pueblos con singularidades sorprendentes.
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Para acercarse al Somontano del Moncayo es necesario tomar la carretera nacional que conduce a Soria desde la ribera del Ebro. En las proximidades de Gallur parte la ruta que atravesando las poblaciones de Magallón y Borja alcanza Tarazona, la capital comarcal.

Para la mañana del sábado se propone una excursión que sintetiza a través de su recorrido la riqueza natural del parque natural que protege la vertiente aragonesa del Moncayo. La singularidad de este trayecto permite que en poca distancia se pueda atravesar los diferentes tipos de vegetación que albergan el Somontano del Moncayo. La caminata tiene una dificultad media, pero es asequible a buena parte de las personas que quieran disfrutar de este paraje natural de gran valor ecológico.

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1h 30 min (ida) 575 mmedia

Desde Tarazona es necesario tomar dirección al lugar conocido como Agramonte, donde está el centro de interpretación, además de un restaurante y un área de merenderos. A poco menos de dos kilómetros en dirección al monasterio de Veruela, parte una pista señalizada y de acceso restringido al campamento juvenil de la DGA. Tras aparcar el vehículo en un costado de la carretera se toma andando el camino que conduce a las instalaciones. Al final de ellas, donde termina la pista, nace un sendero bien marcado. El tramo entre el campamento y el santuario viene a costar hora y media. Durante el trayecto se atraviesan diferentes pisos de vegetación entre los 1.100 y los 1.600 metros de altitud. En la parte baja se discurre por un pinar entremezclado con arbustos. Entonces se alcanza un alberge situado junto a la carretera que asciende al Santuario del Moncayo, la cual se cruzará en varias ocasiones. En el siguiente tramo domina el hayedo, ofreciendo uno de los rincones más espectaculares del recorrido, sobre todo durante el otoño. Un nuevo cruce en la carretera tiene lugar junto a la fuente del Sacristán, un buen lugar para hacer un alto en el camino.

A escasos metros pasa uno de los pequeños arroyos que discurren por las laderas del Moncayo. La vegetación va cambiando poco a poco y de nuevo el pinar sustituye al hayedo. Se pasa junto al pozo de hielo del Prado de Santa Lucía y más adelante las ruinas de la ermita de Santa Lucía. Un último cruce carretero introduce en el tramo más empinado, ya muy cerca del santuario. En él se alterna la vegetación con zonas cubiertas por rocas de gran tamaño.

El recorrido termina en una plaza alargada que preside el edificio principal el cual ofrece servicio de bar, restaurante y alojamiento en albergue. Frente a él, un excepcional mirador ofrece unas vistas magníficas del Somontano del Moncayo. En uno de los extremos, junto a una fuente, parte la senda que asciende a la cumbre del Moncayo.

Después del inevitable descanso para la tarde se propone la visita de una pequeña localidad que esconde uno de los rincones más sorprendentes de toda la comarca. A poco más de tres kilómetros de Tarazona se encuentra Grisel. El acceso parte en el arranque de la carretera en dirección a Borja. Un paseo por sus estrechas y quebradas calles recuerda el origen musulmán de la localidad. En el centro de la localidad se encuentra su castillo, elevado sobre las viviendas. Se construyó en piedra de sillar, con planta irregular y carece de torres sobresalientes. El acceso se realiza mediante una puerta apuntada. Muy cerca se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, ante una plaza. Se trata de una obra mudéjar del siglo XVI levantada en ladrillo. En la parte trasera se alza un ejemplo de casilla de pico, casetas levantadas en el campo para uso agrícola construidas sin argamasa con materiales sobrantes de los campos. Cuentan con planta circular y una altura de unos tres metros. Se cubren mediante cúpula por aproximación de hiladas, como prolongación de los muros, con forma de punta.

Una de las singularidades naturales con que cuenta la localidad es el Pozo de los Aines. Al comienzo del pueblo se toma una calle a la derecha. Asciende hasta un peirón de grandes dimensiones y más adelante atraviesa una pequeña acequia. Poco más adelante surge un aparcamiento acondicionado. Desde este punto, en apenas cinco minutos, se llega a un campo de olivos. En medio del mismo aparece el gran agujero. En un costado un corto túnel dotado con escalones de piedra permiten bajar hasta un mirador subterráneo, desde el cual se puede contemplar en toda su magnitud la sima. La leyenda más conocida sobre su formación relata un suceso que aconteció en 1535. Entonces Grisel estaba habitado por moriscos, convertidos al cristianismo tras la reconquista. Un poderoso hacendado, Hammet-Ben-Larbi, renunciando a la fe cristiana trabajaba los días festivos. Así lo hizo el día de Santiago. Al poco de comenzar la faena en una era cercana al pueblo se escuchó un ruido ensordecedor acompañado de una gran nube de polvo. La tierra donde se encontraba se había desplomado formando una gran sima. Los vecinos que allí se congregaron gritaban aterrados que había sido castigo del Señor. El suceso tiene su explicación científica. Esta zona cuenta con abundantes riachuelos y manantiales llamados “aines”. Éstos originan oquedades bajo tierra que hacen que se desplome la superficie cuando son lo suficientemente grandes, dando lugar a estos hundimientos naturales. La sima tiene una profundidad de veintidós metros. La humedad hace que su interior cuente con abundante vegetación, con plantas que cubren las paredes, en contraste con el paisaje que rodea la formación.

El domingo se propone subir en primer lugar al Mirador de la Ciesma. Es recomendable la visita por la mañana ya que es el mejor momento para ver el Moncayo iluminado por los rayos solares. Se puede acceder desde Grisel, y también desde la carretera que une el acceso a Agramonte y Trasmoz. El monte carece prácticamente de vegetación. Generadores de energía eléctrica aprovechan la fuerza del viento en este lugar tan apropiado. En la parte más alta un par de mesas de interpretación en cada dirección ilustran las panorámicas. Desde este punto se disfruta de una de las mejoras vistas del Moncayo y de su somontano, ya que está situado a escasa distancia. En dirección contraria se contempla una amplia panorámica del valle del río.

A continuación se toma dirección la población de Los Fayos, situada a unos diez kilómetros. Este pueblo de estampa pintoresca está situado bajo los escarpes de conglomerado. Pero también junto al cauce del río Queiles, desnaturalizado ya que aparece encajado entre muros de hormigón a su paso por el casco urbano. Metros arriba de la localidad se juntan los dos arroyos que forman el río Queiles, y en el barranco del Val un gran muro de hormigón da lugar al embalse del Val.

Desde la travesía parte una calle que asciende hasta la plaza mayor de la localidad. En un lateral se levanta la casa consistorial y palacio de Villahermosa, con tres plantas y  galería de arcos. En la plaza está la iglesia de la Magdalena. Se construyó en el siglo XVI. La torre de planta cuadrada tiene decoración de ladrillo y un arco en cada lado. Tras la iglesia asciende una calle que se encamina a un frondoso barranco, por el cual se puede ascender a la parte alta de los farallones rocosos. Gracias a su acondicionamiento mediante escaleras de madera, es posible alcanzar la torre vigía del antiguo castillo. De ella sólo resta su parte baja. Desde este punto se disfrutan amplias panorámicas, con el valle formado por el río Queiles a los pies.

Volviendo por el mismo itinerario, poco antes de alcanzar la iglesia, en un callejón se encuentra el acceso a la Cueva del Caco. Para su visita es necesario solicitar las llaves en el bar de la localidad. Gracias a la instalación de unas pasarelas metálicas es posible ascender con facilidad a la cueva más conocida del lugar. Desde la oquedad más grande se puede acceder a una pequeña galería abierta, más elevada y con buenas vistas de la localidad y de la cueva. Cuenta la leyenda que el gigante Caco escondía aquí el ganado que iba robando. La encontró el gigante Hércules por los mugidos de un novillo. Entre ellos tuvo lugar una fuerte pelea, mientras surgían ríos y montañas, entre ellas el Moncayo.

Siguiendo el curso de una pequeña acequia que discurre por el casco urbano se pasa junto a otra de las oquedades del pueblo. Una gran pared de adobe cierra el habitáculo, a cuyo interior también se puede entrar. Un poco más adelante se puede visitar la ermita de San Benito. Una verja sobre la acequia cierra su acceso. Las llaves que poseen vecinos de la localidad permiten el acceso a la ermita, por un corto tramo empedrado y ascendente rodeado de vegetación. Se llega a una plazoleta donde se levanta la fachada en ladrillo y un arco de medio punto, que cierra la abertura en la roca. En su reducido interior luce la roca viva en la cabecera y parte de sus muros. El coro se encuentra en alto, en un lateral de la capilla y aprovechando una oquedad. Su historia se remonta a un monasterio fechado entre los siglos VI y XI. Habitado por eremitas, tras la construcción del monasterio de Veruela se convierte en ermita.

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