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FINES DE SEMANA Jacetania

Valle de Canfranc, surcado por el río Aragón

El valle de Canfranc conforma la cabecera del Aragón. Este río dio nombre al condado, germen del reino y la corona homónimos. Nace el río en el ibón de Escalar y recorre el valle en dirección a Jaca, capital del antiguo reino. Un valle poblado desde la prehistoria, y transformado fundamentalmente durante el siglo XX con la llegada del ferrocarril. Pero también una vía de comunicación fundamental con Francia a través del paso pirenaico del Somport.
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El acceso al valle de Canfranc se realiza a través de la carretera nacional que une las ciudades de Zaragoza, Huesca y Jaca en dirección al paso fronterizo del Somport. Buena parte de su trazado puede recorrerse en la actualidad por la autovía mudéjar. Después de Jaca, la carretera se interna en el valle formado por el río Aragón. El primer punto de destino es la localidad de Villanúa. La travesía recorre la zona urbana más reciente. Al final de la misma un desvío conduce al antiguo casco urbano. Tras atravesar el río debe aparcarse el vehículo, ya que éste es el punto de inicio del paseo propuesto para la mañana del sábado.

El objetivo es recorrer un tramo del Camino de Santiago en Aragón, uno de los dos trazados que cruza los Pirineos procedentes de Francia. Por una parte está el camino navarro que pasa por Roncesvalles. Mientras que el ramal aragonés atraviesa el puerto del Somport, y forma parte de la Vía Tolosana.

TIEMPODESNIVELDIFICULTAD
1 h (ida)100 mfácil

En las inmediaciones del puente sobre el río Aragón, por la margen izquierda, pasa el camino. Se trata del tramo entre las poblaciones de Villanúa y el núcleo originario de Canfranc, con una distancia entre ellos de cuatro kilómetros. Es uno de los tramos mejor conservados del trazado original de la ruta jacobea en Aragón. En el arranque se pasa junto al acceso de la Cueva de las Güixas cuya visita se deja para la tarde. A escasa distancia está el Dolmen de las Güixas, un monumento megalítico que marca la incipiente ocupación humana de estas tierras pirenaicas. Conserva las tres piedras, dos laterales y una superior de mayores dimensiones que formaban parte del túmulo funerario. La ruta recorre un paisaje surcado por amplia vegetación, cerca de los campos que bordean el cauce.

En el tramo intermedio debe cruzarse dos veces por debajo de la actual carretera. Al final se cruza el río Aragón por un puente medieval, por el cual habrán pasado infinidad de peregrinos.

Poco resta para alcanzar el casco urbano de Canfranc-Pueblo. Su nombre deriva del término Campus Francus, lugar fronterizo de cobro de peajes. A lo largo de su desdichada historia sufrió dos incendios devastadores, uno en 1617 y otro en 1944. Tras éste último que destruyó todo el pueblo y la mayor parte la población se trasladó al barrio de los Arañones, junto a la estación internacional de ferrocarril, convirtiendo este enclave en el núcleo principal de Canfranc. A las afueras se pasa por los restos de la iglesia de la Santísima Trinidad, que junto con el hospital se levantaron gracias a un vecino del pueblo en el siglo XVI. Debido a su decadencia dos siglos después fueron abandonados los edificios. El incendio dejó sin cubiertas la iglesia que ya estaba en mal estado. Un paseo por la calle Albareda, el eje principal, ofrece un núcleo cuyas casas recuperadas se alternan con solares vacíos. En la zona central se abre una plaza. Allí está la iglesia de la Asunción, del siglo XVI, pero que fue reconstruida tras el incendio. Al frente se alza la torre de planta poligonal y un porche de acceso. Tras la visita a la localidad debe emprenderse la vuelta, ahora en ligero descenso hasta el punto inicial.

Por la tarde se propone la visita a Villanúa, población que llegó a alcanzar el millar de habitantes gracias al impulso del ferrocarril. El lugar de mayor interés turístico es la  Cueva de las Guixas. La visita se inicia en el Centro de Interpretación Subterránea. Un audiovisual ayuda a comprender la formación de las grutas, su historia y la vida natural que acoge su interior. A unos cinco minutos se encuentra el acceso a la cueva, que toma su nombre de los aquelarres de brujas que se celebraban en su interior. La gruta ha sido formada por la filtración de aguas subterráneas en medio de un terreno poroso. El tramo inicial y más amplio corresponde a un río subterráneo que lleva agua cuando llueve con abundancia. Después se suceden unas galerías de manera ascendente, donde se refugian la fauna más carácterística, las comunidades de murciélagos. En esta zona abundan las formaciones de estalactitas y estalagmitas, destacando una gran sala en la que las coladas dan lugar a un entorno de gran belleza.

A medio kilómetro se encuentra el casco urbano que alberga bellos ejemplos de arquitectura pirenaica. Cuenta con dos plazas, de la fuente y de la iglesia, entre las cuales se situa la iglesia de San Esteban. Aunque de origen románico, fue remodelada en el siglo XVII. Sobresale su torre del siglo XVIII de singular altura y estrechez. En en entorno se pueden contemplar varios ejemplos de arquitectura tradicional pirenaico, destacando un edificio situado en la plaza de la fuente.

Como avanzadilla a la visita del dia siguiente se recomienda la visita nocturna a la estación de Canfranc. Todos los fines de semana se puede contemplar un espectáculo de luz y sonido, que ofrece una visión sorprendente de este edificio. Además la locución permite descubrir la historia de este enorme edificio varado en pleno Pirineo.

Al día siguiente se remonta el valle. Entre los dos núcleos de Canfranc, elevada a los pies de la carretera, está la Torre de los Fusileros. Se construyó entre 1884 y 1889 como refuerzo defensivo del Valle de Canfranc. De pequeñas dimensiones presenta en su base planta de rectángulo con esquinas redondeadas y alzado troncocónico. Una puerta sobre foso sirve de acceso. En sus muros se abren saeteras, en la primera planta, en la parte superior entre las arquerías y bajo el tejado. En su interior presenta dos plantas de exposición alrededor de un patio interior cubierto.

Poco más adelante se alcanza la boca del túnel de Somport puesto en marcha en el año 2003. Se trata del túnel carretero más largo de España con 8,6 kilómetros de longitud, que une los valles de Canfranc y de Aspe. Continuando por la antigua carretera nacional, a escasa distancia se encuentra el núcleo de Canfranc-Estación. Su ubicación se debe a la construcción del túnel ferroviario. A principios de siglo XX se empezaron a asentar los trabajadores de la obra. Entonces se llevó a cabo una transformación del paisaje impresionante. Con los escombros del túnel se construyó la explanada donde se asienta la estación, desviándose el cauce del río. También se repoblaron las laderas para evitar aludes. Unos años después de la inauguración de la línea de ferrocarril, en 1928, se terminan de construir los edificios que configuran buena parte del actual núcleo. A todo este núcleo original se han ido añadiendo edificios de diferente época y estética a lo largo de la carretera, formando una vía urbana.

La estación internacional de ferrocarril de Canfranc es la joya arquitectónica del pueblo. Sorprenden las dimensiones y su gran longitud. Pero la historia de la línea del ferrocarril se remonta casi 75 años antes de la inauguración de la línea. La construcción de esta vía de comunicación se llega a convertir en una verdadera obsesión para la sociedad aragonesa y que hace poner en pie a toda la clase política, con la recogida de 100.000 firmas de las tres provincias aragonesas. En 1882 se subasta la concesión a una sociedad anónima aragonesa y se firma un convenio con la compañía ferroviaria del Norte. En 1888 los dos países empiezan las obras de la línea. Posteriomente del túnel de 7,7 kilómetros de longitud, con la unión de las galerías excavadas desde Francia y España en 1912. En 1918 se comienza la estación internacional. Finalmente el 18 de julio de 1928 Alfonso XIII y el presidente de la República Francesa inauguran la línea transpirenaica. En sus primeros años de funcionamiento no tuvo buenos resultados de número de viajeros ni de toneladas de mercancías trasportadas. El tráfico mejoró progresivamente hasta 1965 sin terminar de llegar a las cotas previstas. Finalmente en 1970 un accidente de tren de mercancías en la vertiente francesa destruyó el puente de L´Estanguet cortando la línea. Desde entonces nuevamente la sociedad aragonesa reivindica la reapertura de la línea internacional.

Desde la oficina de turismo de la localidad, sita en los bajos del ayuntamiento, se ofrece una visita guiada a la estación. Aunque sólo se puede ver su vestíbulo, único espacio restaurado, es suficiente para imaginar la belleza de la estación en tiempos remotos. Además la explicación permite recorrer en el tiempo su historia, relacionados con el trajín de los viajeros y mercancías, pero también con interesantes historias relacionadas con el espionaje durante la segunda guerra mundial, o el paso del oro nazi por esta pequeña localidad pirenaica. 

 

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CICLOTURISMO Jacetania

Valle de la Garcipollera, en manos de la naturaleza

El Valle de la Garcipollera fue denominado Valles Cepolaria, o valle de las cebollas. El río Ijuez lo recorre hasta desembocar en el río Aragón. Quedó despoblado a partir del año 1956 en que Patrimonio Forestal del Estado adquirió las propiedades, a excepción del casco urbano de Villanovilla. El objetivo fue repoblarlo para evitar el arrastre de sedimentos. El valle ahora tiene un aspecto mucho más verde, pero está prácticamente carente de vida humana.
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Esta ruta tiene como punto de partida la localidad pirenaica de Castiello de Jaca. Para acceder a este bello rincón de la geografía aragonesa es necesario tomar dirección a Jaca, la capital de los Pirineos. Al norte parte la carretera que recorre el valle del río Aragón. En poco más de cinco kilómetros se alcanzan las primeras casas, situadas junto a la travesía. Allí mismo aparece el indicador de La Garcipollera, a mano derecha. En el arranque de la carretera, un aparcamiento permite dejar estacionado el vehículo.

LONGITUDDESNIVELPENDIENTEFIRMEDIFICULTAD
25 km 350 mvariableregularmedia

A partir de este punto se rueda con la bicicleta por la carretera local que recorre el valle de la Garcipollera. El primer tramo discurre por una zona con escaso desnivel y con el firme asfaltado por el que se rueda con facilidad. Los pinares cubren el paisaje del fondo del valle. En cuatro kilómetros se alcanza una granja experimental de la DGA, que fue instalada junto a los restos de las viviendas de Bescós de Garcipollera. Un alto en el camino nos permite contemplar lo poco que resta de las antiguas edificaciones entre cercados y que demuestran la belleza trastocada del antiguo pueblo. Un poco más arriba hay otro grupo de casas originarias y los escasos restos de la iglesia en el punto más alto. En las cercanías se sitúan varias viviendas nuevas construidas para albergar los trabajadores de las instalaciones agropecuarias.

De nuevo en la carretera se avanza por el valle y entre la vegetación de ribera se avista el amplio cauce del río Ijuez. En menos de dos kilómetros desde el anterior emplazamiento, el asfalto se desvía a la derecha en dirección a Villanovilla, en la otra margen del río. Para acceder al mismo se atraviesa el río por un puente y mediante una corta y pronunciada cuesta se llega al pueblo. Se trata del enclave en mejor estado de toda la Garcipollera. Fue el único en el que los vecinos no llegaron a vender sus viviendas. Tras la pérdida de la población ha vuelto la vida y las viviendas han sido restauradas según la tipología pirenaica. Su casco urbano tiene una traza irregular y una de sus calles conduce a la iglesia, situada en un extremo y elevada ligeramente sobre el resto. La iglesia tuvo su origen románico, aunque en la actualidad se encuentre en regular estado.

Para continuar recorriendo el valle es necesario volver al cruce anterior, donde se toma la pista principal. En dos kilómetros se atraviesan los restos de una antigua chopera. A escasos metros, a mano izquierda yacen las piedras de otro de los pueblos del valle, Acín. Su estado ruinoso impide descubrir el trazado de sus calles. Ello se debió en parte a que varios de estos pueblos fueron bombardeados para prácticas militares. El único edificio en pie es la iglesia, una construcción románica terminada en el siglo XIII, y posteriormente ampliada. Se conservan los muros de la nave, así como la cabecera semicircular y la torre del siglo XVII.

La pista poco después cruza el río por una vaguada sobre una presa de contención, una de las muchas que regulan el río Ijuez en su corto trazado. A partir de este punto el firme de la pista empeora notablemente. En menos de dos kilómetros desde la anterior población parte una pista a mano derecha. Por ella se asciende ligeramente. Tras una curva, a un kilómetro y medio de la pista principal, parte un ramal a la derecha que en descenso pronunciado deja en el pueblo de Larrosa. Los muros de las casas se mantienen en pie a duras penas, pero los abancalamientos permiten recorrer el pueblo por sus antiguas calles llenas de abandono. En la parte alta permanece en pie la iglesia de San Bartolomé. Cuenta con una gran nave de planta rectangular que carece de cubierta, con capillas laterales de factura barroca. Se culmina con un ábside semicircular románico en el que se abre una ventana, bajo banda de arquillos ciegos y friso de baquetones al estilo lombardo. La esbelta torre tiene planta cuadrada, y en la parte alta se abren vanos de medio punto.

Sólo resta volver a la pista principal y enfilar el tramo final que en un kilómetro conducirá al lugar con más encanto de todo el valle, la Ermita de la Virgen de Iguácel. Se trata del único resto de un antiguo monasterio. Su primera fase constructiva se debe al conde Galindo, a mediados de siglo XI. Unas décadas después su hijo Sancho Galíndez decidió reformarla. Con ello la construcción de una nave y cabecera semicircular fue embellecida. A las ventanas se añadieron pares de columnas con capiteles decorados. Y la cabecera se decoró con un arquería ciega de cinco arcos de medio punto.

Finalmente se reformó completamente la portada situada a los pies, convirtiéndose en la principal. Forma un cuerpo adelantado a la fachada que se cubre con un tejaroz sobre modillones. Bajo el mismo aparece una inscripción con caracteres mozárabes. Al interior, tras la restauración, se ha recuperado la cubierta con techumbre de madera. El pavimento se conserva intacto, formado por pequeños cantos rodados que describen sencillos dibujos geométricos. En el ábside aparecen unas pinturas murales realizadas en el siglo XV, que constituyen en sí un retablo aprovechando los huecos entre la arquería ciega de la cabecera.

Tras la ruta ciclista matinal, y el reposo después de la comida, una opción para la tarde es dar un paseo por Jaca. Su oferta turística es muy variada, siendo uno de los lugares más visitados de los Pirineos. No debe faltar un paseo por el casco antiguo, pasando por la porticada plaza de la Catedral. Es obligada la visita al edificio de mayor importancia artística, que hunde sus orígenes en el siglo XI. También se puede visitar el Museo Diocesano, que guarda una de las mejores colecciones de pinturas murales románicas. Después pasear por la calle Mayor, ver la Torre del Reloj y la fachada plateresca de la Casa Consistorial.

Y finalmente la Ciudadela, con una vasta extensión verde que la enmarca. Esta fortaleza del siglo XVI, es la única en España que se conserva íntegra y libre de edificaciones añadidas. Su planta poligonal está rematada con baluartes en sus esquinas en forma punta de flecha. Un foso rodea todo el perímetro, y un puente permite entrar por el único acceso. En su interior cuenta con un Museo de Miniaturas Militares, una magnífica muestra con más de 32.000 figuras de soldados de plomo repartidos en numerosas escenas de diferentes épocas.

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EXCURSIONES Jacetania

Valle de Aísa, un pequeño valle pirenaico por descubrir

El valle de Aísa/bal de Aísa pertenece a la comarca de la Jacetania. Está encajado y casi oculto entre los valles de Hecho/val d´Echo y valle de Canfranc/bal de Canfrán. A los pies del Pico Aspe nace el río Estarrún, el cual lo recorre de norte a sur. En su suave discurrir alcanza la Canal de Berdún y desemboca en el río Aragón. Desde tiempos remotos ha estado formado por tres ayuntamientos, Esposa, Sinués y Aísa, ahora unificados en el de Aísa.
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La vía de aproximación a este pequeño valle pirenaico parte de Jaca. En el centro de la localidad y tras recorrer el paseo de la Constitución, parte la carretera de acceso. En primer lugar se cruza el río Aragón, y más tarde el río Lubierre hasta que se alcanza la ribera del río Estarrún. La ruta recorre el amplio valle de Aísa en paralelo al río. En su parte central están los núcleos de Sinués y Esposa, ligeramente alejados de la carretera. Y finalmente se alcanza el pueblo de Aísa, cabecera del valle y población más importante con un censo de unos 160 habitantes.

Se deja para la tarde la visita a este pintoresco pueblo. La carretera bordea el casco urbano por su parte alta. Un kilómetro y medio después parte el ramal que se adentra en la cabecera del valle. La pista asfaltada surca una depresión de suaves desniveles a lo largo de seis kilómetros. En la parte final la vegetación se vuelve más exuberante y la pendiente del trazado se acentúa. Se alcanza el aparcamiento de la Cleta, donde los vehículos deben aparcarse en ambas márgenes. Una valla impide la circulación rodada y marca el arranque de la ruta del Puerto de Aísa.

TIEMPO

DESNIVEL

DIFICULTAD

2 h 45 min (ida y vuelta)

350 m

media

En el primer tramo la pista asciende de manera empinada. A los diez minutos de caminata se abre el paisaje en el lugar donde confluyen los barrancos de Igüer y Rigüelo.

Sin dejar el trazado principal se discurre por una pista en mal estado que recorre el primero de los barrancos. El cauce va formando pequeñas cascadas de gran belleza, y las praderas se llenan de flores en el verano. Tras una hora de recorrido se alcanza el Circo de Igüer, el cual cierra con paredes verticales el barranco.

Un sendero a mano derecha asciende por una ladera herbosa hasta alcanzar el cruce con la GR-11. Siguiendo su trazado a la izquierda continua el ascenso junto a un pequeño barranco, que se cruza más arriba. Al otro lado bordea la ladera ofreciendo unas vistas magníficas del barranco recorrido. A la hora y media de caminata se alcanza una gran planicie la cual estuvo cubierta de una lámina de agua hace mucho tiempo, el Ibón de Izagra, ahora colmatado. Los orificios en el suelo marcan la salida del agua tras el deshielo, producto de la acción erosiva. Y a escasa distancia, en un cruce anterior, parte un ramal que lleva hasta el Dolmen de Izagra. Está compuesto por cuatro grandes bloques de arenisca, que data del siglo III a.C. siendo un lugar de enterramiento en la época neolítica. A pesar de su expolio fueron recuperados restos óseos humanos.

Sólo resta volver por la senda de gran recorrido, marcada con señales de color rojo y blanco. En su trazado recorre el barranco de Igüer a media altura ofreciendo preciosas vistas. Al alcanzar un cruce múltiple se opta por el descenso hasta el fondo del valle, para culminar la caminata. A mitad de camino un desvío señalizado permite acercarse hasta la Surgencia del Chorrotal, a diez minutos de distancia. El agua que mana de la ladera se precipita por un escurridero creando otro lugar de gran belleza en el paisaje. Tras casi tres horas de recorrido total se alcanza de nuevo el aparcamiento.

Se vuelve por la misma carretera reservando para la tarde visitar la población que otorga el nombre al valle, Aísa. Se alza a 1045 metros. Constituye ayuntamiento propio al que se agregan los núcleos de Esposa, Sinués y Candanchú. Aparece en la segunda mitad del siglo XI. Desde sus orígenes dependía del monasterio de Santa Cruz de la Serós. En 1212 Pedro II hace una importante donación a la villa: Candanchú, Tortiellas y Rioseta. A escasa distancia de la travesía se encuentra la iglesia de la Asunción. Un espacio verde, cercado por un muro, sirve de antesala al edificio. Éste fue erigido en el siglo XVIII. Al exterior su sencilla portada se cubre con un pórtico. La torre de planta cuadrada cuenta con dos arcos de medio punto de ladrillo por costado. Se culmina con chapitel piramidal.

Desde este lugar parte la calle principal, que articula el núcleo que se muestra compacto. Conserva en buen estado su arquitectura tradicional, en conjunción con las nuevas construcciones, las cuales respetan los cánones arquitectónicos. En la plaza más amplia, donde se encuentra el frontón, se alza el edificio del ayuntamiento. Se trata de una construcción reciente, con amplios balcones en su fachada, y que se corona con el escudo de la población. Un paseo por las calles y rincones ofrece bellas instantáneas de esta preciosa localidad pirenaica.

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FINES DE SEMANA Jacetania

Valle de Hecho, en los orígenes de Aragón

El valle de Hecho/val d´Echo constituye uno de los valles que formaron el condado de Aragón, germen de lo que después se convertiría en reino y corona. Surcado por el río Aragón Subordán, en su cabecera destacan la Selva de Oza y Aguas Tuertas, entornos naturales de gran belleza. Sobresalen las poblaciones de Hecho/Echo, con su bien conservado conjunto urbano, y Siresa, que cuenta con uno de los monasterios más antiguos de Aragón.
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El acceso a uno de los valles más occidentales del Pirineo Aragonés parte del enclave de Puente la Reina, cruce carretero en cuyas cercanías se unen las aguas del río Aragón Subordán y del río Aragón. A este punto se puede acceder desde Jaca y Pamplona por la nacional que une ambas poblaciones y que pasa por este punto. La carretera asciende en dirección al norte adentrándose en el valle de Hecho/val d´Echo. Tras recorrer 25 kilómetros se alcanza la capital del valle. Hecho/Echo es  una población con gran raigambre cultural y que conserva un conjunto arquitectónico pirenaico de gran valor. La visita a la localidad arranca en la oficina de turismo, situada junto a la carretera que atraviesa la población. Aparte de la información práctica para la visita cuenta con un pequeño museo de arte contemporáneo que se complementa al exterior con un museo al aire libre. Emplazado en una ladera, las obras de arte son el resultado de un symposium internacional de arte que se celebró entre 1975 y 1984. A escasa distancia, al otro lado de la carretera, recibe al visitante una estatua esculpida de una pareja de chesos con su indumentaria tradicional.

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Al fondo del irregular espacio donde se ubica parte una calle a mano derecha la cual atraviesa una plaza y que desemboca en la calle mayor. Por ella se asciende hasta casa l´Aduana, que sobresale por su portada de un arco de medio punto coronada por un frontón triangular con un escudo en el tímpano. En el paseo se saborea la arquitectura tradicional donde destacan fachadas de piedra, puertas doveladas, ventanas geminadas y aleros de madera.

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Antes de alcanzar la travesía es necesario volver y seguir callejeando a mano derecha hasta llegar a la plaza donde se encuentra el ayuntamiento y la iglesia de San Martín. El edificio de origen románico fue reconstruido tras un incendio en el año 1808, durante la guerra de la Independencia. Uno de sus accesos cuenta con un pórtico y junto al mismo hay un espacio empedrado con cantos rodados. Constituye un magnífico mirador de la villa pirenaica desde donde poder admirar las cubiertas de teja tradicional salpicadas de chimeneas típicas. En el entorno de la plaza todavía quedan rincones pintorescos de gran belleza.

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Para finalizar la visita se recomienda adentrarse en Casa Mazo, situada en una calle descendente. Se trata de una típica casa chesa, en cuya fachada destaca dos vanos geminados y puerta adintelada. En su interior, conservando la distribución original de la casa, se exponen instrumentos y aparejos del trabajo del campo, el traje tradicional cheso y un buen número de fotografías de época.

Para la tarde se propone la visita al antiguo monasterio de San Pedro. A dos kilómetros de distancia de Hecho/Echo se encuentra la pequeña población de Siresa. Su edificio más importante es uno de los monasterios más antiguos de Aragón, bien visible desde la carretera. Fue fundado por el conde Galindo Aznárez I alrededor del año 833. Contaba con más de un centenar de religiosos y una nutrida biblioteca. Durante los siglos IX y X recibió numerosas posesiones de los condes y monarcas tanto aragoneses como navarros. Con la expansión cristiana poco a poco fue perdiendo su importancia a favor de enclaves situados más al sur. Hasta nuestros días ha llegado únicamente la iglesia levantada en bajo influencia carolingia. Fue reformada en diferentes fases entre los siglos XI y XIII bajo estilo románico. Posteriormente sufrió diversas reformas durante los siglos XVII y XVIII.

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En su interior cuenta con planta de cruz latina compuesta por una sola nave sobre arcos fajones que sostienen la bóveda de medio cañón. La cabecera semicircular, en la que se abren cinco arcos de medio punto, se cubre con bóveda de cascarón. Debajo de ella se aloja la cripta aprovechando el desnivel del terreno. La fachada más visible del monasterio, cuenta con tres vanos, y en la parte inferior cuatro arcadas de diferentes tamaños, una de ellas incluye la portada abocinada reformada en el siglo XVII. A los pies de la nave aparece una portada abocinada que se antecede de un pórtico compuesto por tres arquivoltas, con un crismón en su tímpano. Lo más antiguo del edificio lo constituye este nártex, sobre el que se dispone la tribuna en su interior, característico de las construcciones carolingias. Un paseo por el casco urbano permite disfrutar de una cuidada arquitectura popular, donde se entremezclan construcciones recientes y otras con siglos de antigüedad en perfecta armonía. Destacan algunas muestras de chimeneas tronconónicas.

De nuevo en la carretera principal, un kilómetro más adelante se encuentra el Centro de Interpretación del Megalitismo Pirenaico. El edificio corresponde a una antigua casa forestal. En la planta baja dispone de un bar con terraza, mientras que el espacio expositivo se encuentra en la planta alta. Allí se introduce en la llegada del hombre a la coordillera montañosa mediante un audiovisual y paneles informativos. Y en una segunda parte describe la importancia de los restos megalíticos encontrados en el valle de Hecho/val d´Echo, así como la descripción de los diferentes tipos.

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Para el día siguiente se propone descubrir los encantos naturales del valle situados en la cabecera del río Aragón Subordán. Tras dejar atrás las poblaciones habitadas la carretera se adentra en el estrecho conocido como la Boca del Infierno. Tras cinco kilómetros de angosto y espectacular recorrido, el valle se ensancha. La espesa vegetación con bosques de pino y hayas cubren el paisaje dando lugar a la Selva de Oza. Está flanqueada por el Castillo de Acher y la Peña Forca, emblemáticas moles rocosas que superan los 2.300 metros de altitud. Este paraje aglutina una serie de servicios aprovechando la belleza de este paisaje. A escasos metros de la carretera destaca el haya de la Caseta Pascual, un monumental árbol de más de 23 metros de altura, bajo el cual se aloja la terraza de un bar.

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La pista forestal avanza por el fondo del valle y surge el valle de Guarrinza a la vez que toma dirección a este. El arbolado se sustituye por laderas cubiertas de pastizales salpicados de abundantes flores. Ello permite ampliar la visión de las montañas pirenaicas. El recorrido alcanza el aparcamiento situado junto al barranco lo Barcal. Aquí es necesario dejar el vehículo y continuar a pie.

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1h (ida) 250 mfácil
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En la parte final de Guarrinza se encuentra el Mallo Blanco, una curiosa formación rocosa de gran volumen elevada junto al cauce. Se avanza por la pista hasta que se alcanza en poco más de media hora una senda. Su trazado acorta el recorrido de la pista y asciende directamente hasta un pequeño estrecho natural, donde se ubica un refugio. Una vez atravesado el Achar d´Aguas Tuertas se abre el precioso valle de Aguas Tuertas. Su fondo es plano, y el perfil en forma de “U” indica su origen glaciar. El río describe numerosos meandros, origen del nombre que se otorga a este valle. El escaso desnivel hace que las aguas discurran pausadas, y los encharcamientos sean abundantes dando lugar a turberas donde abundan las flores en primavera. A la izquierda, el valle se cierra, y el cauce se precipita por un escurridero que termina en una cascada. Junto a la parte alta de este sumidero está el dolmen del Achar de Aguas Tuertas. Data de finales del Neolítico, del III siglos A.C. Este ejemplo muestra la forma característica, con dos ortostatos y una losa de cubierta, y proporciona una de las más bellas estampas de este precioso valle pirenaico.

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Para finalizar la visita al valle por la tarde se propone tomar el vehículo y volver en dirección a Hecho/Echo. Una vez superado la Boca del Infierno, parte a mano izquierda una carretera que atraviesa el puente de Santa Ana y se dirige al Refugio de Gabardito. En su trazado sinuoso y ascendente atraviesa un frondoso bosque. Al final aparece una gran pradera que permite las vistas de las cumbres del entorno, entre las que destaca la Peña Agüerri que se eleva a 2.283 metros de altitud. El refugio cuenta con servicio un bar y alojamiento, y en invierno es el punto de partida de recorridos de esquí de fondo.

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FINES DE SEMANA Jacetania

Alta Zaragoza, una tierra mutilada por el embalse de Yesa

El norte de la provincia de Zaragoza fue tierra de disputa entre navarros y aragoneses, incorporándose al reino de Aragón en el año 1054. Entonces se fortificó Ruesta, y se fundó Salvatierra de Esca y Tiermas. Mientras los peregrinos seguían atravesando este territorio camino a Santiago. Hace medio siglo la construcción del embalse de Yesa mutiló esta zona, obligando a dejar abandonados tres preciosos pueblos ahora sumidos en el olvido.
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Se accede a la Alta Zaragoza desde Jaca por la Canal de Berdún. Este amplio valle surcado por el río Aragón toma el nombre de una población encaramada en un altozano. Tras entrar en la provincia zaragozana es necesario cruzar el río y ascender al promontorio donde se asienta Artieda. A la entrada se levanta el albergue, lugar de descanso para los peregrinos del Camino de Santiago que discurre a los pies de la localidad. Junto a él se levanta la iglesia de San Martín, obra originaria del siglo XII. Un pórtico abierto a la calle principal guarece la portada con decoración de casetones. La torre de planta cuadrada destaca por una construcción cilíndrica adosada en cuyo interior discurre una escalera de caracol. Tres calles conforman un conjunto armónico de gran belleza donde domina la piedra como elemento constructivo y decorativo. Entre los inmuebles destaca la casa de los Diezmos. Su magnífica portada cuenta con acceso de arco de medio punto, sobre el que se levanta un escudo flanqueado por pináculos. La visita se completa con una panorámica del valle del río Aragón desde un mirador situado en el extremo opuesto a la iglesia.

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Se vuelve a la carretera anterior y se avanza ocho kilómetros hasta descubrir la sugerente figura del castillo de Ruesta. Fue edificado por el rey navarro Sancho Garcés I entre los años 1016 y 1018, pasando a manos aragonesas en 1054. Junto a la fortaleza se fueron levantando viviendas, primero en la parte baja y más tarde cerca del castillo, configurando el núcleo actual en el siglo XVI. A pesar de su larga trayectoria como enclave militar y paso del Camino de Santiago, llegando incluso a los 750 vecinos en el año 1857, a mitad de la década de los sesenta quedó despoblado por la influencia devastadora de la construcción del embalse de Yesa. Fue cedido al sindicato CGT en el año 1988, habilitándose dos edificios para albergue mientras que el resto del núcleo sigue su avance imparable hacia la ruina.

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El casco urbano conserva el trazado medieval, con la iglesia y el castillo en los extremos. La iglesia de la Asunción es obra de tipología jesuítica construida en el siglo XVI. La torre de planta cuadrada se remata con un pequeño cuerpo octogonal de ladrillo. Junto a ella se levanta un gran caserón, palacio de los marqueses de Lacadena. Ante la iglesia parte la calle mayor, a cuyos lados se levantan las fachadas de los arruinados edificios, ahora cubierta por la maleza. Para acceder al castillo es necesario tomar una senda la cual arranca en las cercanías del bar, bordeando el núcleo, y que se incorpora a dicha calle. Su estado ruinoso hace necesario extremar las precauciones y asumir el riesgo de acceder a un conjunto en ruinas, pero merece la pena. Junto a las últimas viviendas se alza el imponente castillo. Resta la torre del Homenaje, que se eleva a 25 metros de altura y un torreón lateral unido por un lienzo de muralla bajo el cual ahora se puede acceder al antiguo recinto defensivo. Al otro lado apenas queda nada, pero se disfruta de amplias vistas del embalse de Yesa y la Sierra de Leyre.

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Se puede completar la visión de la localidad realizando un pequeño paseo de un cuarto de hora. Junto al albergue de peregrinos, parte el sendero que desciende en dirección al río Regal siguiendo el trazado del Camino de Santiago. Para superar el barranco se conserva un puente románico, con plataforma de madera. Poco después se atraviesan las instalaciones abandonadas de un camping. Un poco más arriba se encuentra la ermita de Santiago, con portada románica de tres arquivoltas. Entre los años 1030 y 1040 se construyó la capilla, cuya cabecera cuenta con arco triunfal que se apoya en capiteles decorados. El resto corresponde al año 1087, y tenía la función de albergue.
Para la tarde se propone la visita a dos pueblos deshabitados expropiados por la construcción del embalse del Yesa. Es necesario volver a la margen derecha del río Aragón, y tomar la carretera nacional en dirección a Pamplona. En cinco kilómetros se avista el pueblo de Escó a la derecha. Junto a la carretera hay una pequeña construcción donde se puede dejar el vehículo. Se debe ascender andando hasta las ruinas. En el año 1957 contaba con trescientos habitantes que se vieron obligados a marchar pocos años después. Una amplia calle recorre la parte baja, flanqueada por las fachadas de sus casas, único resto de lo que fueron. En la parte alta las calles se vuelven más estrechas y conducen a la iglesia de San Andrés, que cuenta con un excelente mirador de la cuenca del río Aragón. La portada se compone de arquivoltas de medio punto, y su torre es de planta cuadrada la cual se remata con techumbre plana.

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La carretera continúa su trazado encajado entre las aguas del embalse de Yesa y las laderas que se descuelgan de la Sierra de Leyre. Desde una rotonda de acceso a la autovía parte el nuevo acceso a la localidad de Tiermas, la más importante de la zona hasta hace unas décadas. El pueblo está emplazado sobre un gran promontorio elevado respecto a la carretera y al embalse de Yesa. Fue fundado en el año 1201 el actual asentamiento por Pedro II para facilitar la defensa en esta zona entre Navarra y Aragón. Con la construcción del embalse de Yesa en la década de los cincuenta llegó el abandono total de su enclave, y se truncó de esta manera tan triste la gloriosa historia de esta localidad.

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La vegetación invade ya buena parte de las calles en las cuales todavía se conservan las fachadas de sus casas. En la zona central se alza la iglesia de San Miguel, obra barroca de grandes dimensiones que data del siglo XVI. Se accede al templo a través de una portada gótica compuesta por cinco arquivoltas bajo un pórtico ya carente de cubierta. Junto a la puerta se levanta la torre de planta cuadrada que se remata con un curioso campanil de pequeñas dimensiones. Desde una pradera cercana, antaño la plaza del centro, se puede acceder al portal de las Brujas. Se trata de un torreón-puerta perteneciente al recinto amurallado, del cual todavía se conserva la cornisa de matacanes.

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Al día siguiente se propone conocer el tramo final del valle surcado por el río Esca. La primera localidad, Sigüés todavía conserva el edificio del antiguo hospital de Santa Ana, que acogía peregrinos provenientes de los valles del Roncal y del Aragón. En el centro de la localidad se levanta la iglesia de San Esteban. Una reja separa un espacio ajardinado, ante el cual se abre el atrio que cobija la preciosa portada románica. El casco urbano se organiza en torno a calles quebradas con espacios abiertos, en los cuales se muestra una arquitectura civil bien conservada. Al final de la travesía, aparece una bella casa que antaño fue torre del señorío. Su acceso cuenta con arco ligeramente apuntado, con el escudo de los Pomar, flanqueado por unas aspilleras de las que cuelgan unas cadenas.

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Una vez abandonada la población de Sigüés la carretera se introduce en la Foz de Sigüés, un desfiladero labrado por el río Esca entre las sierras de Leyre y Orba. A su término surge Salvatierra de Esca. En su parte alta varias calles aglutinan un buen número de edificios con portadas doveladas, escudos nobiliarios en sus claves y ventanas geminadas ofreciendo al visitante un conjunto muy pintoresco. En este entorno se abre una plaza con frontón que aloja a varios edificios, entre ellos el ayuntamiento. Junto a ella otra plaza, excelente mirador del valle, sirve de antesala a la iglesia de San Salvador. Fue construida a base de sillería, siendo una obra gótica del siglo XVI. La torre de planta cuadrada está reforzada con contrafuertes en las esquinas y tiene remate de almenas de ladrillo. El aspecto exterior le confiere un aire defensivo, como muestra de la difícil etapa inicial de su historia, frontera entre tierras aragonesas y navarras.

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Por la tarde se puede completar la visita a esta zona recorriendo el valle del río Gabarri para alcanzar la pequeña población de Lorbés, a cuyos pies termina la carretera. Se trata de la población situada más al norte de la provincia de Zaragoza. Un paseo por sus calles de trazado quebrado y ascendente, atravesando pasadizos y rincones con cierto encanto, trasladan a otros tiempos. Buena parte de las casas muestran una arquitectura civil rica. En la parte alta, se abre una plaza en la que se levanta la iglesia San Miguel.

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