El valle de Canfranc conforma la cabecera del Aragón. Este río dio nombre al condado, germen del reino y la corona homónimos. Nace el río en el ibón de Escalar y recorre el valle en dirección a Jaca, capital del antiguo reino. Un valle poblado desde la prehistoria, y transformado fundamentalmente durante el siglo XX con la llegada del ferrocarril. Pero también una vía de comunicación fundamental con Francia a través del paso pirenaico del Somport.

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El acceso al valle de Canfranc se realiza a través de la carretera nacional que une las ciudades de Zaragoza, Huesca y Jaca en dirección al paso fronterizo del Somport. Buena parte de su trazado puede recorrerse en la actualidad por la autovía mudéjar. Después de Jaca, la carretera se interna en el valle formado por el río Aragón. El primer punto de destino es la localidad de Villanúa. La travesía recorre la zona urbana más reciente. Al final de la misma un desvío conduce al antiguo casco urbano. Tras atravesar el río debe aparcarse el vehículo, ya que éste es el punto de inicio del paseo propuesto para la mañana del sábado.

El objetivo es recorrer un tramo del Camino de Santiago en Aragón, uno de los dos trazados que cruza los Pirineos procedentes de Francia. Por una parte está el camino navarro que pasa por Roncesvalles. Mientras que el ramal aragonés atraviesa el puerto del Somport, y forma parte de la Vía Tolosana.

TIEMPO DESNIVEL DIFICULTAD
1 h (ida) 100 m fácil

En las inmediaciones del puente sobre el río Aragón, por la margen izquierda, pasa el camino. Se trata del tramo entre las poblaciones de Villanúa y el núcleo originario de Canfranc, con una distancia entre ellos de cuatro kilómetros. Es uno de los tramos mejor conservados del trazado original de la ruta jacobea en Aragón. En el arranque se pasa junto al acceso de la Cueva de las Güixas cuya visita se deja para la tarde. A escasa distancia está el Dolmen de las Güixas, un monumento megalítico que marca la incipiente ocupación humana de estas tierras pirenaicas. Conserva las tres piedras, dos laterales y una superior de mayores dimensiones que formaban parte del túmulo funerario. La ruta recorre un paisaje surcado por amplia vegetación, cerca de los campos que bordean el cauce.

En el tramo intermedio debe cruzarse dos veces por debajo de la actual carretera. Al final se cruza el río Aragón por un puente medieval, por el cual habrán pasado infinidad de peregrinos.

Poco resta para alcanzar el casco urbano de Canfranc-Pueblo. Su nombre deriva del término Campus Francus, lugar fronterizo de cobro de peajes. A lo largo de su desdichada historia sufrió dos incendios devastadores, uno en 1617 y otro en 1944. Tras éste último que destruyó todo el pueblo y la mayor parte la población se trasladó al barrio de los Arañones, junto a la estación internacional de ferrocarril, convirtiendo este enclave en el núcleo principal de Canfranc. A las afueras se pasa por los restos de la iglesia de la Santísima Trinidad, que junto con el hospital se levantaron gracias a un vecino del pueblo en el siglo XVI. Debido a su decadencia dos siglos después fueron abandonados los edificios. El incendio dejó sin cubiertas la iglesia que ya estaba en mal estado. Un paseo por la calle Albareda, el eje principal, ofrece un núcleo cuyas casas recuperadas se alternan con solares vacíos. En la zona central se abre una plaza. Allí está la iglesia de la Asunción, del siglo XVI, pero que fue reconstruida tras el incendio. Al frente se alza la torre de planta poligonal y un porche de acceso. Tras la visita a la localidad debe emprenderse la vuelta, ahora en ligero descenso hasta el punto inicial.

Por la tarde se propone la visita a Villanúa, población que llegó a alcanzar el millar de habitantes gracias al impulso del ferrocarril. El lugar de mayor interés turístico es la  Cueva de las Guixas. La visita se inicia en el Centro de Interpretación Subterránea. Un audiovisual ayuda a comprender la formación de las grutas, su historia y la vida natural que acoge su interior. A unos cinco minutos se encuentra el acceso a la cueva, que toma su nombre de los aquelarres de brujas que se celebraban en su interior. La gruta ha sido formada por la filtración de aguas subterráneas en medio de un terreno poroso. El tramo inicial y más amplio corresponde a un río subterráneo que lleva agua cuando llueve con abundancia. Después se suceden unas galerías de manera ascendente, donde se refugian la fauna más carácterística, las comunidades de murciélagos. En esta zona abundan las formaciones de estalactitas y estalagmitas, destacando una gran sala en la que las coladas dan lugar a un entorno de gran belleza.

A medio kilómetro se encuentra el casco urbano que alberga bellos ejemplos de arquitectura pirenaica. Cuenta con dos plazas, de la fuente y de la iglesia, entre las cuales se situa la iglesia de San Esteban. Aunque de origen románico, fue remodelada en el siglo XVII. Sobresale su torre del siglo XVIII de singular altura y estrechez. En en entorno se pueden contemplar varios ejemplos de arquitectura tradicional pirenaico, destacando un edificio situado en la plaza de la fuente.

Como avanzadilla a la visita del dia siguiente se recomienda la visita nocturna a la estación de Canfranc. Todos los fines de semana se puede contemplar un espectáculo de luz y sonido, que ofrece una visión sorprendente de este edificio. Además la locución permite descubrir la historia de este enorme edificio varado en pleno Pirineo.

Al día siguiente se remonta el valle. Entre los dos núcleos de Canfranc, elevada a los pies de la carretera, está la Torre de los Fusileros. Se construyó entre 1884 y 1889 como refuerzo defensivo del Valle de Canfranc. De pequeñas dimensiones presenta en su base planta de rectángulo con esquinas redondeadas y alzado troncocónico. Una puerta sobre foso sirve de acceso. En sus muros se abren saeteras, en la primera planta, en la parte superior entre las arquerías y bajo el tejado. En su interior presenta dos plantas de exposición alrededor de un patio interior cubierto.

Poco más adelante se alcanza la boca del túnel de Somport puesto en marcha en el año 2003. Se trata del túnel carretero más largo de España con 8,6 kilómetros de longitud, que une los valles de Canfranc y de Aspe. Continuando por la antigua carretera nacional, a escasa distancia se encuentra el núcleo de Canfranc-Estación. Su ubicación se debe a la construcción del túnel ferroviario. A principios de siglo XX se empezaron a asentar los trabajadores de la obra. Entonces se llevó a cabo una transformación del paisaje impresionante. Con los escombros del túnel se construyó la explanada donde se asienta la estación, desviándose el cauce del río. También se repoblaron las laderas para evitar aludes. Unos años después de la inauguración de la línea de ferrocarril, en 1928, se terminan de construir los edificios que configuran buena parte del actual núcleo. A todo este núcleo original se han ido añadiendo edificios de diferente época y estética a lo largo de la carretera, formando una vía urbana.

La estación internacional de ferrocarril de Canfranc es la joya arquitectónica del pueblo. Sorprenden las dimensiones y su gran longitud. Pero la historia de la línea del ferrocarril se remonta casi 75 años antes de la inauguración de la línea. La construcción de esta vía de comunicación se llega a convertir en una verdadera obsesión para la sociedad aragonesa y que hace poner en pie a toda la clase política, con la recogida de 100.000 firmas de las tres provincias aragonesas. En 1882 se subasta la concesión a una sociedad anónima aragonesa y se firma un convenio con la compañía ferroviaria del Norte. En 1888 los dos países empiezan las obras de la línea. Posteriomente del túnel de 7,7 kilómetros de longitud, con la unión de las galerías excavadas desde Francia y España en 1912. En 1918 se comienza la estación internacional. Finalmente el 18 de julio de 1928 Alfonso XIII y el presidente de la República Francesa inauguran la línea transpirenaica. En sus primeros años de funcionamiento no tuvo buenos resultados de número de viajeros ni de toneladas de mercancías trasportadas. El tráfico mejoró progresivamente hasta 1965 sin terminar de llegar a las cotas previstas. Finalmente en 1970 un accidente de tren de mercancías en la vertiente francesa destruyó el puente de L´Estanguet cortando la línea. Desde entonces nuevamente la sociedad aragonesa reivindica la reapertura de la línea internacional.

Desde la oficina de turismo de la localidad, sita en los bajos del ayuntamiento, se ofrece una visita guiada a la estación. Aunque sólo se puede ver su vestíbulo, único espacio restaurado, es suficiente para imaginar la belleza de la estación en tiempos remotos. Además la explicación permite recorrer en el tiempo su historia, relacionados con el trajín de los viajeros y mercancías, pero también con interesantes historias relacionadas con el espionaje durante la segunda guerra mundial, o el paso del oro nazi por esta pequeña localidad pirenaica. 

 

El río Gállego nace en la cabecera del valle de Tena, cerca del collado de Portalet. En su tramo medio discurre de manera pausada por el valle de Caldearenas. Le acompaña en su trazado el canfranero, un ferrocarril que trajo el esplendor a esta zona, y que hoy en día todavía resiste. Entre las localidades salpicadas en sus márgenes Javierrelatre y Lasieso conservan buenos ejemplos del arte románico.

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La autovía mudéjar, eje que vertebra Aragón de norte a sur, sirve de acceso directo al valle de Caldearenas. Una vez superado el puerto de Monrepós se alcanza Hostal de Ipiés, una pequeña localidad que aglutina varios servicios. En este punto parte la carretera que conduce a Caldearenas. A lo largo de once kilómetros en compañía del Gállego se alcanza el puente que cruza el río a través del cual se accede al casco urbano. Esta localidad es de origen relativamente reciente ya que sus primeras noticias datan del año 1646, cuando sólo había una casa con el mismo nombre. Con la llegada del tren a finales del siglo XIX fue adquiriendo importancia. Su casco urbano está disperso siendo el grupo más compacto de viviendas el que se encuentra frente a la estación de ferrocarril ahora en estado de abandono. Junto a la carretera se alza la iglesia de San Antonio, terminada a finales de la década de los cincuenta bajo las pautas del estilo románico.

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icono exclamación amarillo_En la parte final del núcleo se encuentra la Harinera La Dolores. En el lugar donde antes hubo un pequeño molino, en 1925 comenzó a funcionar la nueva harinera, construida por Fermín Martínez. La elección del lugar fue determinante por el nuevo ferrocarril con conexión entre Zaragoza y Francia, así como por la cercanía al río Gállego, que aportaba el caudal necesario para aportar la fuerza motriz al molino. Dos audiovisuales y una muestra de numeroso material conservado a lo largo de su existencia sirven de introducción. El resto de la visita permite descubrir el excelente estado de la maquinaria, importada de Suiza. Además de poder observar esta joya se disfruta del añadido de poderla ver en funcionamiento. En la parte baja está la turbina y el eje central de distribución. En la planta calle y en la planta alta se pueden observar las diferentes máquinas que servían para convertir el trigo en harina de diferentes calidades. Un viaje al pasado para comprender cómo se realizaba el proceso de la producción de harina hace más de cincuenta años.

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Como complemento a la visita de la localidad se plantea un paseo por los alrededores. Junto a la harinera parte un camino que poco después discurre en paralelo al río Gállego. Tras media hora de camino arranca la Senda de Izarbe, en cuyo recorrido se pueden descubrir pinturas y mosaicos realizadas por Maribel Rey sobre las piedras, de tal manera que quedan integrados en el paisaje. El final lo marca una amplia pradera, después de una hora de camino. Allí una antigua paridera acoge el pequeño Centro de Interpretación de la Vida Pastoril. De vuelta se puede recorrer un pequeño ramal alternativo que en diez minutos de recorrido circular descubre otro grupo de pinturas.

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Para la tarde se propone la visita a dos localidades cercanas. La primera de ellas está situada a unos tres kilómetros, tomando la carretera que conduce a Anzánigo. Javierrelatre consta de dos barrios separados por la travesía. A la entrada de la población parte una calle que asciende hasta la parte alta. La iglesia de los Santos Reyes corona la ladera donde se asienta el pueblo. Se trata de una bella fábrica románica del siglo XII, de la cual se conserva sólo la cabecera. El ábside románico cuenta con tres vanos decorados sobre capiteles decorados con motivos vegetales y geométricos; una imposta ajedrezada bordea las arquivoltas. Se accede al interior mediante atrio en el que se abren dos accesos y un vano de doble arco de medio punto de estilo románico. Junto a la cabecera se alza la robusta torre prismática que se eleva ligeramente sobre el conjunto de la iglesia.

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El barrio bajo aglutina los mejores ejemplos de arquitectura civil con los que cuenta el núcleo. En una plazoleta que atraviesa la carretera sobresale la Casa Lanaspa, levantada en el siglo XIX. Se trata de una gran vivienda de cuyos tejados despuntan dos chimeneas troncocónicas. En un rincón se abre un arco de medio punto, en cuyas dovelas aparecen esculpidas variadas figuras. Da acceso a un patio empedrado, donde se encuentra el acceso principal.

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Para acceder a la segunda población es necesario volver a Hostal de Ipiés. Tomando dirección a Huesca, a escasa distancia y sin abandonar el núcleo, parte una carretera que en cinco kilómetros alcanza Lasieso. Su origen se debe a la fundación del monasterio de San Pedro de Lasieso en el año 1080. Sin embargo su vida fue corta y en 1247 fue extinguido convirtiéndose en iglesia parroquial. El edificio data del siglo XI, y tiene la peculiaridad de estar formado por dos iglesias adosadas, una mayor que otra. Ambas se culminan con ábsides semicirculares. El elemento más sobresaliente es la torre en cuya parte alta se abren vanos compuestos por tres arcos de medio punto. Bajo ellas aparecen otros vanos menores de dos arcos.

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El conjunto de viviendas se organiza en torno a una calle. Una vez superada la iglesia, entre la última de las casas y unos edificios secundarios se encuentra una necrópolis formada por tumbas antropomorfas. Datan del siglo X, y evidencian la importancia de este poblamiento durante los siglos altomedievales. Se compone de un conjunto numeroso, y entre ellas destacan muchas que por su tamaño pertenecieron a niños.

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En las cercanías de la ciudad de Huesca se encuentra el santuario de Loreto, al cual se accede desde el casco urbano por el camino del mismo nombre. En su entorno hay varios humedales de interés que se pueden visitar a través de la red de caminos y carreteras locales. La propuesta cicloturista ofrece varias alternativas mediante las cuales poder adaptar el recorrido a la capacidad del ciclista.

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El Camino Natural de Loreto y el Canfranero aprovecha en parte la antigua vía férrea de la línea Zaragoza-Canfranc a su paso por la capital oscense. Tras la construcción de la variante ferroviaria en el año 2007 fue desechado el trazado que atravesaba la ciudad. El acondicionamiento de su plataforma ha creado un camino natural apto para el tránsito peatonal y de bicicletas. La propuesta principal se apoya en este trazado y se complementa con el camino de Loreto que sirve de acceso al santuario y a la alberca de mismo nombre. La longitud total es de 12,5 kilómetros. Debido a su sencillez se puede optar por disfrutar de este recorrido o ampliarlo con dos ramales. El primero de ellos hasta la alberca de Cortés, añadiendo 8,5 kilómetros entre ida y vuelta; el segundo hasta el embalse de Valdabra, con 15 kilómetros más incluyendo la vuelta. De esta manera se ofrecen tres posibilidades, con recorridos de 12,5, 21 o 36 kilómetros respectivamente, a elegir según la capacidad física de los ciclistas.

LONGITUD DESNIVEL PENDIENTE FIRME DIFICULTAD
12,5 km (ida y vuelta) 40 m 0,6 % bueno baja
21 km (ida y vuelta) 60 m 0,6 % bueno baja
36 km (ida y vuelta) 120 m 0,6 % regular media

El punto de partida es la ciudad de Huesca, en concreto la calle Ricardo del Arco. Ante el camping San Jorge de Huesca existe un aparcamiento acondicionado para vehículos. A escasos metros discurre el trazado ferroviario. Su firme de tierra compactada es ideal para la circulación de bicicletas. El trazado rectilíneo y ligeramente ascendente abandona la urbe rodeado de campos de labor. Atraviesa la autovía por debajo de ella y después gira ligeramente manteniendo el trazado recto. Tras recorrer cuatro kilómetros se alcanza el primer cruce. Un poco más adelante hay una pequeña área de descanso.

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En este punto hay dos opciones. Para continuar con la propuesta principal debe tomarse el camino que conduce al santuario de Loreto. Si por el contrario se quiere optar por ampliar la ruta se puede tomar el primer ramal que conduce a la alberca de Cortés. Para ello es necesario coger el camino que conduce a Alerre. En esta localidad se pasa junto a las antiguas escuelas y cerca de la plaza donde se encuentra el moderno ayuntamiento y la iglesia que destaca por la torre de aspecto defensivo situada junto a ella.
Atravesando la población por la calle principal, ésta gira hacia la derecha y se encamina a la carretera regional que conecta Huesca y Ayerbe. Para cruzarla es necesario extremar la precaución. Justo enfrente parte una pista asfaltada que de manera directa conduce a Chimillas. Tras atravesar una zona de unifamiliares se alcanza una rotonda. Al frente parte la calle que conduce a la iglesia, junto al edificio del ayuntamiento. Desde esta plazoleta se abandona la población por la calle de la alberca, que se convierte en camino poco después. Tras el cruce de varias acequias se avista la zona de carrizal a mano derecha que se inunda cuando la alberca de Cortés está llena. A la derecha continúa el trazado del camino que la bordea llegando a la zona de mayor profundidad junto a la presa, tras recorrer poco más de cuatro kilómetros desde el arranque de este ramal. Desde este punto se divisa la lámina de agua por completo, y es fácil observar anátidas que permanecen durante todo el año. La vegetación a base de chopos y carrizos que bordean la alberca forma un entorno de gran belleza. La historia de esta alberca se remonta al año 1501, tras ser ordenada su construcción por el Castellán de Amposta, máxima autoridad de la Orden de San Juan de Jerusalén en la Corona de Aragón. En 1879 fue reformada para integrarla en la red de regadíos dependientes de la presa de Arguis. Forma parte de la red de riegos de la ciudad de Huesca, y de ella parten dos acequias.

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Tras volver por el mismo recorrido se alcanza el cruce anterior. Desde este punto una pista en buen estado lleva a Huerrios, una pequeña localidad que se atraviesa por la calle de la iglesia. Al final es necesario tomar la derecha y parte un nuevo camino que llevará a un cruce carretero donde extremar la precaución. Al frente un camino conduce sin pérdida hasta el santuario de Loreto. La tradición dice que en el siglo III nació y vivió San Lorenzo en este lugar. Sus padres, San Orencio y Santa Paciencia, lo educaron en la fe y éste llegó a ser diácono del papa Sixto II. En este punto se construyó sobre la antigua capilla donde fueron enterrados sus padres un santuario ya documentado en el siglo XII, siendo el actual edificio obra del siglo XVIII. Destaca por su gran volumen en medio de la llanura cubierta por campos.

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Desde la plaza que antecede al santuario parten varios caminos. Uno de ellos se encamina a la alberca de Loreto, tras seguir la señalización. En ligero descenso se alcanza el humedal en apenas unos minutos. Junto a la chopera situada en el extremo occidental de la alberca parte un sendero apto para bicicletas que bordea su perímetro, cerca de la lámina del agua. En su recorrido hay varios paneles de interpretación y dos observatorios. Fue construida entre los siglos XV y XVI para dotar de riego a las tierras cercanas a la capital. Para ello se toman las aguas del río Isuela. Posteriormente fue también incorporada al sistema de riegos del embalse de Arguis. Sus carrizales sirven de refugio a un buen número de especies, y la facilidad de observación de aves convierte a esta balsa en un lugar ideal para los ornitólogos.

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Junto al desagüe de la laguna hay un observatorio. A escasos metros hay un cruce de pistas. Una de ellas sirve para continuar con el recorrido que rodea la laguna. Y para tomar el segundo ramal es necesario optar por la pista al frente que toma dirección al este. Después se alcanza una carretera y a la derecha hay una rotonda con circulación de vehículos. Un puente sobre la autovía entre Zaragoza y Huesca permite pasar a la otra margen. Tomando dirección al Parque Tecnológico Walqa, entre los restos del antiguo carrascal surgen los edificios que lo forman. Recorriendo la vía principal continúa la ruta por una pista pasando junto al castillo de Pebredo y restos de una balsa. Más adelante se alcanza el castillo de Colchoné. A la derecha parte una pista que conduce de manera directa a la cuenca donde se ubica el embalse de Valdabra. Se atraviesa un bonito carrascal y después se abre una amplia llanura rota por escasos carrizales que marcan el límite del embalse. La pista avanza entre campos de cereal y algunas carrascas hasta toparse con la presa. En este punto se avista de manera completa el humedal y el paisaje que lo rodea. De la alberca al embalse hay una distancia de siete kilómetros y medio.

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Desde la presa debe volverse por el mismo recorrido hasta la alberca de Loreto. Siguiendo las indicaciones se termina el recorrido que la bordea hasta alcanzar la zona más frondosa y bonita del humedal. Una vez en la pista se vuelve por el mismo camino al santuario de Loreto. Tras pasar por delante del edificio, un poco más adelante hay un crucero donde arranca la pista que conduce a la ciudad de Huesca. A mitad de camino aparece el monumento a Santa Paciencia. Según se dice en este lugar la madre de San Lorenzo y San Orencio les esperaba a la vuelta de la escuela. Precisamente desde este lugar es visible la ciudad y todo su entorno. Ya sólo resta en ligero descenso atravesar la autovía mudéjar y alcanzar de nuevo el antiguo trazado del ferrocarril. El último tramo discurre por el mismo itinerario hasta alcanzar el punto inicial del recorrido.

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icono exclamación amarillo_Para la tarde se recomienda la visita al CDAN, Centro de Arte y Naturaleza. Se ubica a los pies de la carretera que une Huesca con Ayerbe, poco después de abandonar la capital. Rodea al moderno edificio un precioso viñedo. El edificio alberga también la Fundación Beulas. En su interior además de la colección de arte contemporáneo de diferentes artistas aragoneses y españoles suele haber exposiciones temporales. Es un buen complemento para la ruta cicloturista de la mañana. Y en caso de disponer de más tiempo también se puede dar un paseo por la ciudad de Huesca, disfrutando del vergel urbano del Parque Miguel Servet, uno de los sus atractivos. Y también de su patrimonio artístico de gran importancia con la catedral o la iglesia de San Pedro el Viejo entre muchos otros edificios de interés.

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