El valle de Canfranc conforma la cabecera del Aragón. Este río dio nombre al condado, germen del reino y la corona homónimos. Nace el río en el ibón de Escalar y recorre el valle en dirección a Jaca, capital del antiguo reino. Un valle poblado desde la prehistoria, y transformado fundamentalmente durante el siglo XX con la llegada del ferrocarril. Pero también una vía de comunicación fundamental con Francia a través del paso pirenaico del Somport.

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El acceso al valle de Canfranc se realiza a través de la carretera nacional que une las ciudades de Zaragoza, Huesca y Jaca en dirección al paso fronterizo del Somport. Buena parte de su trazado puede recorrerse en la actualidad por la autovía mudéjar. Después de Jaca, la carretera se interna en el valle formado por el río Aragón. El primer punto de destino es la localidad de Villanúa. La travesía recorre la zona urbana más reciente. Al final de la misma un desvío conduce al antiguo casco urbano. Tras atravesar el río debe aparcarse el vehículo, ya que éste es el punto de inicio del paseo propuesto para la mañana del sábado.

El objetivo es recorrer un tramo del Camino de Santiago en Aragón, uno de los dos trazados que cruza los Pirineos procedentes de Francia. Por una parte está el camino navarro que pasa por Roncesvalles. Mientras que el ramal aragonés atraviesa el puerto del Somport, y forma parte de la Vía Tolosana.

TIEMPO DESNIVEL DIFICULTAD
1 h (ida) 100 m fácil

En las inmediaciones del puente sobre el río Aragón, por la margen izquierda, pasa el camino. Se trata del tramo entre las poblaciones de Villanúa y el núcleo originario de Canfranc, con una distancia entre ellos de cuatro kilómetros. Es uno de los tramos mejor conservados del trazado original de la ruta jacobea en Aragón. En el arranque se pasa junto al acceso de la Cueva de las Güixas cuya visita se deja para la tarde. A escasa distancia está el Dolmen de las Güixas, un monumento megalítico que marca la incipiente ocupación humana de estas tierras pirenaicas. Conserva las tres piedras, dos laterales y una superior de mayores dimensiones que formaban parte del túmulo funerario. La ruta recorre un paisaje surcado por amplia vegetación, cerca de los campos que bordean el cauce.

En el tramo intermedio debe cruzarse dos veces por debajo de la actual carretera. Al final se cruza el río Aragón por un puente medieval, por el cual habrán pasado infinidad de peregrinos.

Poco resta para alcanzar el casco urbano de Canfranc-Pueblo. Su nombre deriva del término Campus Francus, lugar fronterizo de cobro de peajes. A lo largo de su desdichada historia sufrió dos incendios devastadores, uno en 1617 y otro en 1944. Tras éste último que destruyó todo el pueblo y la mayor parte la población se trasladó al barrio de los Arañones, junto a la estación internacional de ferrocarril, convirtiendo este enclave en el núcleo principal de Canfranc. A las afueras se pasa por los restos de la iglesia de la Santísima Trinidad, que junto con el hospital se levantaron gracias a un vecino del pueblo en el siglo XVI. Debido a su decadencia dos siglos después fueron abandonados los edificios. El incendio dejó sin cubiertas la iglesia que ya estaba en mal estado. Un paseo por la calle Albareda, el eje principal, ofrece un núcleo cuyas casas recuperadas se alternan con solares vacíos. En la zona central se abre una plaza. Allí está la iglesia de la Asunción, del siglo XVI, pero que fue reconstruida tras el incendio. Al frente se alza la torre de planta poligonal y un porche de acceso. Tras la visita a la localidad debe emprenderse la vuelta, ahora en ligero descenso hasta el punto inicial.

Por la tarde se propone la visita a Villanúa, población que llegó a alcanzar el millar de habitantes gracias al impulso del ferrocarril. El lugar de mayor interés turístico es la  Cueva de las Guixas. La visita se inicia en el Centro de Interpretación Subterránea. Un audiovisual ayuda a comprender la formación de las grutas, su historia y la vida natural que acoge su interior. A unos cinco minutos se encuentra el acceso a la cueva, que toma su nombre de los aquelarres de brujas que se celebraban en su interior. La gruta ha sido formada por la filtración de aguas subterráneas en medio de un terreno poroso. El tramo inicial y más amplio corresponde a un río subterráneo que lleva agua cuando llueve con abundancia. Después se suceden unas galerías de manera ascendente, donde se refugian la fauna más carácterística, las comunidades de murciélagos. En esta zona abundan las formaciones de estalactitas y estalagmitas, destacando una gran sala en la que las coladas dan lugar a un entorno de gran belleza.

A medio kilómetro se encuentra el casco urbano que alberga bellos ejemplos de arquitectura pirenaica. Cuenta con dos plazas, de la fuente y de la iglesia, entre las cuales se situa la iglesia de San Esteban. Aunque de origen románico, fue remodelada en el siglo XVII. Sobresale su torre del siglo XVIII de singular altura y estrechez. En en entorno se pueden contemplar varios ejemplos de arquitectura tradicional pirenaico, destacando un edificio situado en la plaza de la fuente.

Como avanzadilla a la visita del dia siguiente se recomienda la visita nocturna a la estación de Canfranc. Todos los fines de semana se puede contemplar un espectáculo de luz y sonido, que ofrece una visión sorprendente de este edificio. Además la locución permite descubrir la historia de este enorme edificio varado en pleno Pirineo.

Al día siguiente se remonta el valle. Entre los dos núcleos de Canfranc, elevada a los pies de la carretera, está la Torre de los Fusileros. Se construyó entre 1884 y 1889 como refuerzo defensivo del Valle de Canfranc. De pequeñas dimensiones presenta en su base planta de rectángulo con esquinas redondeadas y alzado troncocónico. Una puerta sobre foso sirve de acceso. En sus muros se abren saeteras, en la primera planta, en la parte superior entre las arquerías y bajo el tejado. En su interior presenta dos plantas de exposición alrededor de un patio interior cubierto.

Poco más adelante se alcanza la boca del túnel de Somport puesto en marcha en el año 2003. Se trata del túnel carretero más largo de España con 8,6 kilómetros de longitud, que une los valles de Canfranc y de Aspe. Continuando por la antigua carretera nacional, a escasa distancia se encuentra el núcleo de Canfranc-Estación. Su ubicación se debe a la construcción del túnel ferroviario. A principios de siglo XX se empezaron a asentar los trabajadores de la obra. Entonces se llevó a cabo una transformación del paisaje impresionante. Con los escombros del túnel se construyó la explanada donde se asienta la estación, desviándose el cauce del río. También se repoblaron las laderas para evitar aludes. Unos años después de la inauguración de la línea de ferrocarril, en 1928, se terminan de construir los edificios que configuran buena parte del actual núcleo. A todo este núcleo original se han ido añadiendo edificios de diferente época y estética a lo largo de la carretera, formando una vía urbana.

La estación internacional de ferrocarril de Canfranc es la joya arquitectónica del pueblo. Sorprenden las dimensiones y su gran longitud. Pero la historia de la línea del ferrocarril se remonta casi 75 años antes de la inauguración de la línea. La construcción de esta vía de comunicación se llega a convertir en una verdadera obsesión para la sociedad aragonesa y que hace poner en pie a toda la clase política, con la recogida de 100.000 firmas de las tres provincias aragonesas. En 1882 se subasta la concesión a una sociedad anónima aragonesa y se firma un convenio con la compañía ferroviaria del Norte. En 1888 los dos países empiezan las obras de la línea. Posteriomente del túnel de 7,7 kilómetros de longitud, con la unión de las galerías excavadas desde Francia y España en 1912. En 1918 se comienza la estación internacional. Finalmente el 18 de julio de 1928 Alfonso XIII y el presidente de la República Francesa inauguran la línea transpirenaica. En sus primeros años de funcionamiento no tuvo buenos resultados de número de viajeros ni de toneladas de mercancías trasportadas. El tráfico mejoró progresivamente hasta 1965 sin terminar de llegar a las cotas previstas. Finalmente en 1970 un accidente de tren de mercancías en la vertiente francesa destruyó el puente de L´Estanguet cortando la línea. Desde entonces nuevamente la sociedad aragonesa reivindica la reapertura de la línea internacional.

Desde la oficina de turismo de la localidad, sita en los bajos del ayuntamiento, se ofrece una visita guiada a la estación. Aunque sólo se puede ver su vestíbulo, único espacio restaurado, es suficiente para imaginar la belleza de la estación en tiempos remotos. Además la explicación permite recorrer en el tiempo su historia, relacionados con el trajín de los viajeros y mercancías, pero también con interesantes historias relacionadas con el espionaje durante la segunda guerra mundial, o el paso del oro nazi por esta pequeña localidad pirenaica. 

 

La ruta ciclista recorre el valle surcado por el río Alfambra, entre las localidades de Villalba Baja y Alfambra. Éste nace en la Sierra de Gúdar y que tras un largo periplo desemboca cerca de Teruel, en el río Guadalaviar. En su primer tramo recorre el antiguo trazado del ferrocarril fallido entre Alcañiz y Teruel, de paisaje más seco. Mientras el segundo tramo utiliza el Sendero Fluvial del Alfambra, donde predomina el verde de la ribera.

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El antiguo ferrocarril diseñado para unir las localidades de Alcañiz y Teruel se comenzó a construir en 1927. Dos parones en las obras hicieron dilatar su construcción hasta el año 1935. Por aquel entonces ya estaban terminando prácticamente su trazado, incluyendo túneles y puentes, así como las estaciones. Sin embargo el inicio de la guerra civil, los problemas económicos y la falta de apoyo político impidieron que se terminase la obra no llegando a circular ningún tren.

La ruta ciclista está compuesta de dos partes diferenciadas. La primera de ellas discurre por el trazado de ferrocarril, a través de una pista de tierra en buen estado, pero sin acondicionar como vía verde. En la segunda parte se circula por el Sendero Fluvial del Alfambra a través de una pista de tierra que atraviesa el río en numerosas ocasiones, lo cual puede impedir la realización de la ruta en caso de que el río lleve mucho caudal. En el tramo final se discurre por el asfalto de una carretera abandonada y finalmente por la carretera nacional hasta alcanzar la localidad de Alfambra.

LONGITUD DESNIVEL PENDIENTE FIRME DIFICULTAD
36 km (ida y vuelta) 100 m 0,2% mixto media

El punto de partida es la localidad de Villalba Baja, situada a unos nueve kilómetros de Teruel capital. Desde la autovía mudéjar se puede acceder directamente a la carretera nacional con dirección a Alcañiz. Poco antes de llegar al enclave, a mano izquierda aparece la antigua estación del ferrocarril en la cual figura el nombre del pueblo al cual daría servicio. Junto a ella puede dejarse el vehículo aparcado.

A los pies del edificio se intuye el antiguo trazado ferroviario que nunca se empleó. Una pista ocupa su espacio, permitiendo la circulación de vehículos y por donde discurre la ruta ciclista. En menos de un kilómetro y en línea recta se atraviesan dos túneles de corta longitud para lo cual no es necesario iluminación suplementaria. En este tramo se circula por la parte trasera del casco urbano. Entre los túneles se pasa junto a una ladera en la cual fueron excavadas numerosas bodegas, ahora fuera de uso, que forman una curiosa estampa. En esta primera parte se avanza por la zona más seca del recorrido, en un plano ligeramente elevado sobre la carretera nacional y sobre la vega del río. Un paisaje estepario en el cual apenas hay vegetación. En el kilómetro 3,2 la pista salva sin dificultad un pequeño barranco de desagüe construido para proteger la carretera. Poco más adelante se atraviesa otro túnel no demasiado largo. De nuevo el trazado rectilíneo y elevado ofrece amplias vistas.

Un nuevo túnel marca el final de la primera parte de la ruta, en el kilómetro 4,3. Al salir, debe abandonarse el trazado ferroviario y tomar una pista a mano derecha que conduce a la carretera. Es necesario cruzar tomando las precauciones, y justo enfrente parte el acceso asfaltado en dirección a la localidad de Cuevas Labradas. En menos de medio kilómetro, justo antes de cruzar el río, parte a mano izquierda una pista por donde discurre el Sendero Fluvial del Alfambra. La segunda parte recorre la ribera del río, donde predominan las choperas que acompañan al suave discurrir de las aguas. A partir de este punto se suceden los cruces del río, que no suponen dificultades si el cauce es reducido, como suele ser lo habitual. El primero de ellos está dotado de un vado de hormigón lo cual facilita el cruce. En el kilómetro 5,5 aparece un pequeño merendero dotado de mesas para un pequeño descanso. Desde este punto se divisa el casco urbano de Cuevas Labradas.

Siguiendo por la pista principal, sobre el kilómetro 6, se cruza casi de manera consecutiva dos veces el río, volviendo a la margen izquierda. En quinientos metros de nuevo de vadea el cauce. A partir de este punto se circula por una pista en buen estado, como en el resto del sendero fluvial. El trazado es prácticamente horizontal. Se acompaña de la vegetación ribereña compuesta por altivos chopos, junto al paisaje formado por los campos de cultivo de la vega. Un cómodo y agradable recorrido por el valle del Alfambra.

En el kilómetro 8,3 se atraviesa por quinta vez el río, terminando así la aventura ciclista de cruzar el cauce. Otra vez en la margen izquierda la ruta avanza de camino a la siguiente localidad, la cual se avista entre las copas de los árboles. Un puente de hormigón permite cruzar por última vez el cauce, ésta vez sin dificultades.

Atravesando las huertas de la localidad de Peralejos, la ruta ciclista se introduce en pleno casco urbano cuando se alcanza el kilómetro 10 de ruta. En una intersección se toma una calle a la derecha la cual recorre la parte baja de la localidad. Al final del pueblo, debe tomarse una nueva calle a la derecha que desciende hacia la vega. La pista continua su trazado de manera cómoda a escasa distancia del río Alfambra. Llega un momento en que se aleja del cauce y toma dirección a la carretera nacional, sobre el kilómetro 12,5. Durante unos metros se circula por el arcén, y tras atravesar un pequeño barranco se abandona la carretera por la derecha. A partir de este momento se utiliza el antiguo trazado de la carretera, ahora en desuso. Su amplitud, el pavimento y la falta de circulación permiten rodar con tranquilidad, mientras se disfruta de las amplias vistas que proporciona el paisaje formado por los campos de cultivo.

Cuando se alcanzan los 15 kilómetros de recorrido el ramal de carretera desemboca en la actual carretera. Sin opción de continuar por la ribera con bicicleta no queda más remedio que circular por la carretera con precaución. Con este último tramo de poco más de dos kilómetros se alcanza la población de Alfambra. Para evitar la carretera se debe tomar el primer desvío al casco urbano que indica dirección a Santa Eulalia del Campo. En apenas unos metros se toma la primera calle a la derecha. En este punto están ubicadas las piscinas municipales y un área de descanso con unos merenderos, un buen lugar para hacer un alto y recobrar fuerzas. Por la amplia calle se recorre la parte baja del pueblo, hasta alcanzar una intersección donde se encuentra el monumento al labrador y el edificio del ayuntamiento. Hasta este punto se habrán recorrido unos 18 kilómetros, constituyendo la mitad del recorrido. Sólo restará emprender la vuelta por el mismo itinerario para completar la ruta ciclista.

Para la tarde se propone un paseo por la ciudad del Teruel. La ciudad de los Amantes tiene innumerables atractivos, imposibles de abarcar en una tarde. Recorrer la zona céntrica es lo más recomendable. La plaza del Torico, el entorno de la catedral, pasear por el Óvalo sin dejar de admirar sus torres mudéjares proporcionará al ciclista un complemento a la excursión matinal por el valle del río Alfambra.

La vía verde de la Val de Zafán recorre solitarios pueblos de la comarca del Matarraña surcando un paisaje de campos de olivos, viñedos y frondosos bosques de pinos. En su recorrido atraviesa varios túneles y dos viaductos para salvar el Matarraña y el Algás. Estos dos ríos típicamente mediterráneos son los más importantes de la comarca. 

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El antiguo ferrocarril del Val de Zafán tiene como punto de partida La Puebla de Híjar, por donde pasa la línea directa entre Zaragoza y Barcelona que discurre al sur del río Ebro. Surge como una aspiración aragonesa para contar con un acceso directo al mar pasando por Alcañiz y Tortosa. El nombre, una val llamada Zafán, procede de un paraje situado a las afueras de la población de donde partía la línea. Las obras se iniciaron en 1882 y en 1895 se inaugura el primer tramo hasta Alcañiz. El resto de las obras tuvo muchas dificultades económicas y hasta 1942 no alcanzó la localidad de Tortosa. La guerra civil forzó la finalización de las obras por el interés de desplazamiento de las tropas. Este ferrocarril fue conocido como el Sarmentero, debido al paisaje de viñedos que atravesaba. Su existencia fue corta ya que en septiembre de 1973 dejó de funcionar, siendo la excusa de su cierre el hundimiento de un túnel en tierras catalanas.
El recorrido propuesto realiza un tramo de la vía verde acondicionado entre las localidades de Valdealgorfa y Lledó. Su longitud lo convierte en recorrido largo, realizando ida y vuelta, con aproximadamente 55 kilómetros. En caso de disponer de dos vehículos se puede realizar el trazado en un sentido únicamente, reduciendo a la mitad el recorrido y el desnivel.

LONGITUD DESNIVEL PENDIENTE FIRME DIFICULTAD
55 km (ida y vuelta) 500 m (ida y vuelta) 0,8% bueno media

El punto de partida es la estación de Valjunquera/Valljunquera. Para acceder hasta allí es necesario alcanzar la población de Alcañiz. Desde ella tomar la nacional en dirección a Castellón. A catorce kilómetros de la capital del Bajo Aragón debe tomarse el desvío de la carretera en dirección a Tortosa. Y cinco kilómetros después tomar la indicación a Valjunquera/Valljunquera. Se pasa por encima de la antigua línea férrea, a cuya estación se accede a mano izquierda poco después por un camino asfaltado. En este punto los paneles informativos informan al ciclista de la ruta, ubicados junto a un área de descanso.

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Dejando atrás la primera estación se empiezan a ver pinares salpicados entre los cultivos. El trazado atraviesa una pequeña sierra para lo cual es necesario recorrer un pequeño túnel de 100 metros en cuyo interior no es necesaria iluminación. También se suceden algunos tramos de pronunciadas trincheras. Después de poco más de cinco kilómetros aparece la estación de Valdetormo/La Vall del Tormo.

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Una vez superada la sierra, el paisaje se abre y surgen campos de frutales aterrazados. En este tramo de unos cuatro kilómetros se atraviesa un túnel de 300 metros con trazado en curva. A pesar de que cuenta con iluminación, es recomendable llevar alguna linterna.

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En ligero descenso se alcanza uno de los lugares más interesantes de la ruta. Para salvar el río se construyó el viaducto del Matarraña/Matarranya. Una obra de grandes dimensiones, con una longitud de 275 metros. Desde la parte alta se aprecia la amplitud de este valle surcado por un río típicamente mediterráneo que acusa grandes avenidas en momentos puntuales. La ruta continúa ahora en dirección al siguiente punto, la estación de Torre del Compte/La Torre del Comte, situada a tan sólo medio kilómetro. El edificio fue reacondicionado como hotel de cuatro estrellas, poniendo en valor el patrimonio ferroviario. El ciclista debe abandonar el trazado de la vía férrea por un momento, rodeando las instalaciones. Justo después de pasar junto a su aparcamiento, una rampa a la izquierda deja de nuevo en la antigua plataforma ferroviaria.

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La ruta avanza en constante ascenso mientras atraviesa la rambla de Canaletas. El paisaje se compone de amplios pinares. Casi nueve kilómetros separan el apeadero anterior del punto más alto de todo el recorrido, que coincide con la estación de Valderrobres/Vall de Roures. Como casi todas las demás se encuentra abandonada, y está dotada de una zona de recreo para el descanso del ciclista.

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Una vez superado este punto las vistas permiten divisar el cercano pueblo de Cretas/Queretes. Un corto tramo de poco más de dos kilómetros hasta pasar junto a la estación de Cretas/Queretes. En esta ocasión las instalaciones están rehabilitadas completamente como albergue aprovechando todos los edificios para los diferentes servicios que ofrece este alojamiento. La vía verde avanza en ligero descenso. Poco a poco las vistas permiten apreciar más de cerca las peculiares formaciones rocosas de los Puertos de Beceite/Ports de Beseit. Mientras el paisaje más cercano se cubre de viñedos, almendros y olivos.

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El final del recorrido lo marca la frontera entre tierras aragonesas y catalanas, siete kilómetros después. El límite coincide con el río Algars/Algars el cual se atraviesa mediante el viaducto del Algás/Algars con 170 metros de longitud. Unos metros más adelante se encuentra la estación de Arnes-Lledó. Daba servicio a las dos poblaciones más cercanas, la aragonesa Lledó y la catalana Arnes. Se trata del punto final del recorrido. Hasta este lugar se habrán recorrido poco más de veintisiete kilómetros. Desde aquí, si no se cuenta con vehículo de apoyo, resta realizar el recorrido de vuelta.

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Tras la realización del recorrido ciclista por la mañana, no debe perderse la oportunidad de dar un paseo por las poblaciones del entorno de la vía verde. Se puede elegir entre La Fresneda/La Freixneda, Valderrobres/Vall de Roures y Cretas/Queretes. Cualquiera de ellas sorprenderá al viajero por la conservación de su arquitectura civil y el valor monumental de su patrimonio religioso. Un paseo por La Fresneda/la Freixneda permitirá disfrutar de la plaza del ayuntamiento y las calles de su alrededor con sus característicos soportales. Mientras en su parte alta se encuentra la iglesia de Santa María la Mayor y el calvario, con excelentes vistas del casco urbano y sus alrededores. Valderrobres/Vall de Roures es la capital de la comarca y uno de los pueblos bellos de Aragón. El puente sobre el río Matarraña/Matarranya es una de sus estampas más conocidas. Al atravesar el portal se accede a una recoleta plaza desde la cual se recomienda callejear para saborear el ambiente rústico de sus calles. En la parte alta no debe dejarse de visitar la iglesia de Santa María la Mayor y el castillo-palacio, perfectamente conservados, y unas de las joyas artísticas de la comarca. Y finalmente otra opción es Cretas/Queretes. El pueblo más pequeño de los tres, pero que cuenta igualmente con encantos suficientes para satisfacer al viajero. En su traza urbana destaca la iglesia de la Asunción, así como las monumentales capillas, una de las cuales sirve de portal.

El río Gállego nace en la cabecera del valle de Tena, cerca del collado de Portalet. En su tramo medio discurre de manera pausada por el valle de Caldearenas. Le acompaña en su trazado el canfranero, un ferrocarril que trajo el esplendor a esta zona, y que hoy en día todavía resiste. Entre las localidades salpicadas en sus márgenes Javierrelatre y Lasieso conservan buenos ejemplos del arte románico.

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La autovía mudéjar, eje que vertebra Aragón de norte a sur, sirve de acceso directo al valle de Caldearenas. Una vez superado el puerto de Monrepós se alcanza Hostal de Ipiés, una pequeña localidad que aglutina varios servicios. En este punto parte la carretera que conduce a Caldearenas. A lo largo de once kilómetros en compañía del Gállego se alcanza el puente que cruza el río a través del cual se accede al casco urbano. Esta localidad es de origen relativamente reciente ya que sus primeras noticias datan del año 1646, cuando sólo había una casa con el mismo nombre. Con la llegada del tren a finales del siglo XIX fue adquiriendo importancia. Su casco urbano está disperso siendo el grupo más compacto de viviendas el que se encuentra frente a la estación de ferrocarril ahora en estado de abandono. Junto a la carretera se alza la iglesia de San Antonio, terminada a finales de la década de los cincuenta bajo las pautas del estilo románico.

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icono exclamación amarillo_En la parte final del núcleo se encuentra la Harinera La Dolores. En el lugar donde antes hubo un pequeño molino, en 1925 comenzó a funcionar la nueva harinera, construida por Fermín Martínez. La elección del lugar fue determinante por el nuevo ferrocarril con conexión entre Zaragoza y Francia, así como por la cercanía al río Gállego, que aportaba el caudal necesario para aportar la fuerza motriz al molino. Dos audiovisuales y una muestra de numeroso material conservado a lo largo de su existencia sirven de introducción. El resto de la visita permite descubrir el excelente estado de la maquinaria, importada de Suiza. Además de poder observar esta joya se disfruta del añadido de poderla ver en funcionamiento. En la parte baja está la turbina y el eje central de distribución. En la planta calle y en la planta alta se pueden observar las diferentes máquinas que servían para convertir el trigo en harina de diferentes calidades. Un viaje al pasado para comprender cómo se realizaba el proceso de la producción de harina hace más de cincuenta años.

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Como complemento a la visita de la localidad se plantea un paseo por los alrededores. Junto a la harinera parte un camino que poco después discurre en paralelo al río Gállego. Tras media hora de camino arranca la Senda de Izarbe, en cuyo recorrido se pueden descubrir pinturas y mosaicos realizadas por Maribel Rey sobre las piedras, de tal manera que quedan integrados en el paisaje. El final lo marca una amplia pradera, después de una hora de camino. Allí una antigua paridera acoge el pequeño Centro de Interpretación de la Vida Pastoril. De vuelta se puede recorrer un pequeño ramal alternativo que en diez minutos de recorrido circular descubre otro grupo de pinturas.

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Para la tarde se propone la visita a dos localidades cercanas. La primera de ellas está situada a unos tres kilómetros, tomando la carretera que conduce a Anzánigo. Javierrelatre consta de dos barrios separados por la travesía. A la entrada de la población parte una calle que asciende hasta la parte alta. La iglesia de los Santos Reyes corona la ladera donde se asienta el pueblo. Se trata de una bella fábrica románica del siglo XII, de la cual se conserva sólo la cabecera. El ábside románico cuenta con tres vanos decorados sobre capiteles decorados con motivos vegetales y geométricos; una imposta ajedrezada bordea las arquivoltas. Se accede al interior mediante atrio en el que se abren dos accesos y un vano de doble arco de medio punto de estilo románico. Junto a la cabecera se alza la robusta torre prismática que se eleva ligeramente sobre el conjunto de la iglesia.

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El barrio bajo aglutina los mejores ejemplos de arquitectura civil con los que cuenta el núcleo. En una plazoleta que atraviesa la carretera sobresale la Casa Lanaspa, levantada en el siglo XIX. Se trata de una gran vivienda de cuyos tejados despuntan dos chimeneas troncocónicas. En un rincón se abre un arco de medio punto, en cuyas dovelas aparecen esculpidas variadas figuras. Da acceso a un patio empedrado, donde se encuentra el acceso principal.

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Para acceder a la segunda población es necesario volver a Hostal de Ipiés. Tomando dirección a Huesca, a escasa distancia y sin abandonar el núcleo, parte una carretera que en cinco kilómetros alcanza Lasieso. Su origen se debe a la fundación del monasterio de San Pedro de Lasieso en el año 1080. Sin embargo su vida fue corta y en 1247 fue extinguido convirtiéndose en iglesia parroquial. El edificio data del siglo XI, y tiene la peculiaridad de estar formado por dos iglesias adosadas, una mayor que otra. Ambas se culminan con ábsides semicirculares. El elemento más sobresaliente es la torre en cuya parte alta se abren vanos compuestos por tres arcos de medio punto. Bajo ellas aparecen otros vanos menores de dos arcos.

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El conjunto de viviendas se organiza en torno a una calle. Una vez superada la iglesia, entre la última de las casas y unos edificios secundarios se encuentra una necrópolis formada por tumbas antropomorfas. Datan del siglo X, y evidencian la importancia de este poblamiento durante los siglos altomedievales. Se compone de un conjunto numeroso, y entre ellas destacan muchas que por su tamaño pertenecieron a niños.

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La vía verde más larga de España discurre entre Teruel y Valencia. En su parte más elevada atraviesa un paisaje salpicado de sabinas y masías, entre las sierras de Gúdar y Javalambre. La orografía obligó a construir túneles y viaductos, que junto con su trazado suave y descendente, dan lugar a una atractiva propuesta cicloturista.

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La vía verde de Ojos Negros utiliza el trazado del antiguo ferrocarril minero de Sierra Menera, el cual comenzó a funcionar el 27 de julio de 1907. Fue construido para transportar el hierro extraído en las minas de Ojos Negros hacia el puerto de Sagunto. Se da la paradoja de que esta línea de ferrocarril, de 205 kilómetros de longitud, se trazó casi en paralelo a la línea de la Compañía del Ferrocarril Central de Aragón debido a las altas tarifas que imponía dicha compañía. Su vida estuvo siempre condicionada por el nivel de actividad de su cuenca minera. Con la puesta en marcha de la planta siderúrgica de Sagunto, éste fue creciendo llegando a limitar su expansión. Se alcanzaron acuerdos con Renfe, propietaria entonces de la otra línea, para traspasar a esta empresa el transporte de hierro, y finalmente en el año 1972 se clausuró el ferrocarril minero.

En esta propuesta se plantea recorrer una parte de la vía verde, entre el Puerto de Escandón y Venta del Aire, ambos puntos con apeaderos de la línea actual de Renfe y con acceso para vehículo. Entre ellos la distancia es de unos 34 kilómetros y su trazado es ligeramente descendente. Para esta opción es necesario disponer de vehículos de apoyo ya que contempla realizar sólo el trazado de ida. En caso de no contar con ello otras opciones son realizar recorridos de ida y vuelta entre Venta del Aire y La Puebla de Valverde (51 km), o entre Venta del Aire y Sarrión (22 km). Se recomienda en estas variantes tomar como punto de partida Venta del Aire para realizar de trazado de vuelta en descenso.

LONGITUD DESNIVEL PENDIENTE FIRME DIFICULTAD
34 km
220 m 0,8% bueno media

El punto de partida es el Puerto de Escandón. Desde la autovía mudéjar, a unos 13 kilómetros de la ciudad de Teruel en dirección a Valencia, aparece la salida en dirección a Formiche Alto y Bajo. En este punto y visible a la derecha se encuentra la solitaria estación de la actual línea férrea Teruel-Sagunto que lleva este nombre. En paralelo a la antigua carretera nacional arranca la vía verde. El paisaje es suave y alomado, en el cual se alternan campos de cultivo, sabinas y carrascas. Las únicas edificaciones son algunas masías, casas de campo que denotan el único asentamiento humano de la zona. El pavimento que acompañará en todo el recorrido está asfaltado y junto a la pendiente ligeramente descendente facilita el rodaje de las bicicletas. En este tramo se suceden varias trincheras, zonas en las que la vía férrea atraviesa elevaciones en el terreno que se salvaron creando pequeños desfiladeros por los cuales discurre el recorrido.

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Tras recorrer 9,3 kilómetros se alcanza la estación de La Puebla de Valverde. Poco antes es necesario desviarse unos metros del antiguo trazado ferroviario y cruzar la carretera que sirve de acceso a la población, sólo distante un kilómetro y medio. Junto a la vieja estación hay un área de descanso que dispone de varias mesas. También a escasa distancia hay una fonda que cuenta con bar y restaurante. Una vez superado este punto la vía verde se ve condicionada por la ubicación de una extracción de áridos, que junto con la construcción de la autovía obliga a abandonar el trazado original en un tramo. Al igual que todo el recorrido, está bien señalizado. En el kilómetro 11,3 se atraviesa el barranco de Peñaflor. Para salvarlo se construyó un viaducto de 89 metros de longitud, y que se alza a 22 metros de altura. En paralelo discurre un viaducto de similares características utilizado por la línea férrea actual.

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Un bosque de carrascas, coníferas y árboles de hoja caduca envuelve al ciclista pasando junto a las ruinas de los apeaderos de la Parra. Durante varios kilómetros las dos vías de férreas discurren en paralelo y en línea recta. En el kilómetro 17,2 el ferrocarril minero atravesaba el trazado de vía ancha por encima. La vía verde no lo utiliza debido a su mal estado, como queda de manifiesto por sus oxidados hierros. Cien metros antes se utiliza un puente más sólido para pasar a la otra margen. Más adelante surge el paraje de la Dehesa, un precioso bosque mediterráneo formado por un denso carrascal que impide ver el paisaje circundante. En medio de este tramo un área de descanso dotada de mesas y una pequeña caseta invita a detenerse.

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El bosque se va abriendo dejando ver de nuevo el horizonte. Tras pasar junto a una estación abandonada se alcanza un área de descanso con excelentes vistas de Sarrión, población turolense bien conocida por el cultivo de la trufa. En este punto se habrán invertido 24 kilómetros de recorrido, y a partir de ahora se suceden las obras de ingeniería más importantes en la construcción de la vía férrea. Nada más abandonar la población, el trazado atraviesa el barranco de los Judíos, y para ello fue necesario construir un viaducto en forma de curva que salva el cauce a 17 metros de altura. A su término se abre el túnel de Sarrión. Su trazado rectilíneo tiene una longitud de 352 metros. En su interior dispone de iluminación que se activa con el paso de los ciclistas. Como curiosidad, este espacio lúgubre y húmedo fue utilizado durante mucho tiempo para el cultivo de champiñones.ciclo4_tunelsarrion

La vía verde avanza y poco más de cuatro kilómetros después aparece el segundo de los túneles del recorrido. Un pequeño descenso introduce en un túnel de diferente configuración. El túnel de Albentosa tiene una longitud de 400 metros, y su trazado en curva lo hace más tenebroso. Nuevamente la iluminación en su interior permite sin dificultad atravesarlo. Se trata de una sensación diferente, en la que se combina el frescor, la humedad y la oscuridad. A su salida un área de descanso obliga a detenerse para disfrutar de una preciosa panorámica de Albentosa y su esbelto viaducto. Avanzando por la vía verde se descubre la amplitud del barranco de Albentosa, un profundo tajo que el río del mismo nombre ha tallado en las calizas de la zona. Tanto el ferrocarril de vía ancha como el ferrocarril minero se vieron obligados a construir un espectacular viaducto. En el caso del que se atraviesa en bicicleta, consta de siete arcos, y la plataforma vuela a 50 m con un recorrido de 104 metros. Una nueva parada es imprescindible para ver desde arriba los altos chopos que escoltan al río, y la vega que cubre el fondo del barranco. Mientras en la parte alta se alza el pueblo de Albentosa, con los restos de su castillo vigilantes desde lo más alto.

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Poco más de tres kilómetros restan para alcanzar Venta del Aire, y finalizar así el recorrido. Sin alcanzar la vieja estación homónima se debe abandonar la vía verde, justo antes de atravesar un arco de piedra rodeado de arbolado que pasa sobre el trazado ferroviario. Desde este punto se conecta con la carretera que comunica Venta del Aire con Albentosa. A la derecha y en menos de un kilómetro se llega a Venta del Aire, un pequeño núcleo que aglutina unas cuantas viviendas y que se asemeja más a un área de servicio de la antigua carretera nacional, muy cerca de la autovía mudéjar.

Tras realizar la ruta ciclista por la mañana, por la tarde se propone la visita a las tres poblaciones que acompañan el tramo recorrido por la vía verde de Ojos Negros. Albentosa se emplaza sobre un cerro que domina el barranco del mismo nombre. Tras introducirse en el casco urbano se alcanza la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, obra del siglo XVI. Tomando la calle ascendente, ésta se convierte en el Vía Crucis del Calvario una vez abandonadas las últimas casas. A mitad de camino hay un acceso a un mirador desde el cual se disfrutan de excelentes vistas del barranco de Albentosa y de sus viaductos. Y en la parte más alta se emplaza los restos de su castillo templario.

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Sarrión se emplaza a nueve kilómetros del anterior enclave. Se trata de la población más importante, cuyo censo ronda el millar de habitantes. Se accede a través del Portal de Teruel, único testigo de su pasado amurallado. Varias casas nobiliarias acompañan el recorrido hasta la plaza mayor, epicentro de la localidad. Allí se alza el ayuntamiento y la iglesia de San Pedro. Esta construcción tuvo que ser restaurada tras la guerra civil y destaca por sus dimensiones. Su altiva torre se alza en sillería y ladrillo, en planta cuadrada. Desde este punto se puede acceder al barrio viejo, en la parte alta de la localidad. Allí se emplaza la ermita de la Sangre de Cristo. Sobresale su portada gótica formada por tres arquivoltas.

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Y de camino a Teruel, junto al arranque de la carretera que conduce a Mora de Rubielos, se encuentra La Puebla de Valverde. Recibe al visitante el Portal de Teruel, uno de los dos que conserva esta población. La calle principal desemboca ante una bella plaza donde se alza la iglesia de Santa Emerenciana. De la construcción gótico-renacentista sobresale su portada de estilo manierista, la cual fue terminada en 1591, y que se guarece con un arco de medio punto. Tanto en la calle mayor como en las calles adyacentes sobresalen buenos ejemplos de arquitectura civil de diferentes épocas. La visita termina en el portal de Valencia, en la parte baja, perteneciente a la muralla defensiva y que data del siglo XV.

La Sierra Menera forma parte del Sistema Ibérico y constituye una frontera natural entre Castilla y Aragón, lo cual hizo necesario la construcción del castillo de Peracense. Su nombre procede de la abundancia de menas. El momento de máximo desarrollo fue en el siglo XX gracias a la constitución de la compañía minera de Sierra Menera que mediante el ferrocarril daba salida al abundante mineral extraído hacia la costa mediterránea.

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plano_fsemana10 Para adentrarse en Sierra Menera es necesario alcanzar Villafranca del Campo, población situada en las inmediaciones de la autovía mudéjar, a mitad de camino entre Calamocha y Teruel. Una carretera secundaria asciende en dirección a la sierra hasta alcanzar la primera población de interés. En el llano, al pie de las escarpadas paredes rocosas de donde emerge su castillo se localiza Peracense. El pueblo se articula en torno a un barranco acondicionado como un parque lineal. Las casas destacan por su característico color rojizo de la piedra de rodeno. En la parte baja está la iglesia de San Pedro Apóstol. Su portada está cubierta con un atrio de carácter popular. El elemento más visible es su torre de igual color que el resto de las construcciones del pueblo. Está rematada con chapitel de perfil mixtilíneo. En la parte alta se alza el ayuntamiento que se corona con un reloj. Y muy cerca, junto al barranco, está la ermita de la Virgen de la Villeta. A pesar de su reciente construcción evoca el gusto de las ermitas tradicionales con un porche soportado por columnas.

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Saliendo por la carretera de Almohaja, un peirón marca el punto de partida para la visita del siguiente elemento de interés. Una pista asciende hasta un alto y después desciende entre monte de carrasca hasta llegar en dos kilómetros y medio a la Carrasca de Peracense. Es también conocida como carrasca de los Tocones. Se trata de un ejemplar de más de mil años de antigüedad y de gran tamaño, con dieciséis metros de altura y un tronco cuyo perímetro supera los seis metros. Su estado no es bueno con numerosas ramas mutiladas, pero su estampa es bien pintoresca.

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icono exclamación amarillo_La ruta vuelve a Peracense y tras cruzar el pueblo se toma la carretera que se encamina al Castillo de Peracense. En la parte alta aparece el sorprendente paraje donde está situado el castillo, sobre unos grandes peñascos rojizos que lo hacen prácticamente inexpugnable. Fue una pieza clave en el mantenimiento de las fronteras entre Aragón y Castilla a mediados del siglo XIV, momento en que fue levantada la actual construcción. El castillo está formado por dos recintos defensivos sucesivos rodeados de murallas que protegen el núcleo principal, situado en un extremo sobre un peñasco inaccesible por medios naturales de cuarenta metros de altura donde se erige la torre del Homenaje. El primer recinto tenía la función de plaza de armas, donde estaban las caballerizas. Se puede pasear por los caminos de ronda de la muralla de tres metros de espesor. El segundo recinto está reforzado por torreones. En uno de ellos estaba el cuerpo de guardia pudiéndose acceder a la parte alta. El recinto final es la torre del Homenaje. En la actualidad tiene una escalera de madera que en aquella época fue levadiza. Una gran pared simula una torre que en realidad servía de pantalla defensiva. Tras atravesar el muro aparecen varias dependencias y la cocina. Desde aquí se accede a la torre del Homenaje propiamente dicha. En su parte baja hay una sala bajo bóveda de medio cañón y el dormitorio del alcaide. Desde la sala grande se accede a un patio trasero donde se puede apreciar el mayor aljibe del castillo con una profundidad de más de cinco metros. La visita concluye en la parte alta de la torre desde donde se disfruta de las mejores vistas de todo el recinto defensivo.

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Tras la comida se propone por la tarde la visita a la cercana población de Ródenas. Su nombre deriva de la piedra de arenisca rojiza del rodeno. Todo el pueblo está construido con este material. En la carretera se abre una gran plaza donde está la iglesia de Santa Catalina. De este gran edificio destaca la portada y la torre cuadrada que se remata con un cuerpo hexagonal y chapitel. Un paseo por las calles del pueblo descubre varios ejemplos de viviendas construidas a base de piedra de rodeno, y que lucen portadas de arco de medio punto de gran dovelaje. La iglesia primitiva está en ruinas dentro del antiguo cementerio y conserva dos capillas bajo bóveda de crucería. En la parte alta de la villa queda una cisterna de procedencia árabe, datada en el siglo X. Se trata de una construcción de sillería sobre una formación rocosa. Se encargaba de recoger el agua de la montaña y de los deshielos a través de unos canales excavados en la roca en dirección al depósito. Se corona con una torrecilla circular de ventilación de cantería.

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Se abandona la localidad en dirección a Pozondón. Una vez recorridos unos cinco kilómetros parte una pista señalizada que lleva al Cerro de San Ginés. Atraviesa campos de cereal en su primer tramo, y después un bosque de pinares y carrascas. Tras una empinada rampa se llega a la parte alta del cerro desprovista de vegetación. La ermita de San Ginés aparece en medio de una gran planicie. Se trata de un edificio rectangular con gran porche sustentado por columnas. Haciendo competencia a la tradicional construcción un conjunto de antenas de televisión, radio y telefonía culminan la cumbre del cerro de San Ginés que supera los 1.600 metros. Se trata de una elevada cumbre aislada del resto de la cordillera con lo que las vistas en todas las direcciones son espectaculares. La panorámica hacia la vega del Jiloca, con sus campos de cereal y la línea verde del valle, y la vista del castillo de Peracense rodeado de su peculiar paisaje, constituyen los puntos más interesantes.

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Al día siguiente se propone llegar al corazón de la Sierra Menera. Para ello es necesario tomar dirección a Villar del Salz. Desde este lugar parte la carretera que une esta población con Ojos Negros. Poco a poco se irán viendo los restos de las antiguas construcciones que acompañaron al ferrocarril de Ojos Negros, casi todas ellas abandonadas. El barrio de la Estación está compuesto por la casa-gerencia, con dos grandes viviendas a ambos lados de un estilo mucho más señorial. Junto a ellas aparece otra gran vivienda de mayor esbeltez que perteneció a los directivos, todas ellas rodeadas de zona ajardinada, ahora abandonada. Más adelante surge el barrio del Centro, donde se concentra el mayor número de viviendas, parcelas alineadas de una sola planta formando amplias calles. La carretera lo cruza por uno de sus costados donde se concentran los servicios. Al fondo de una plaza se alza una antigua locomotora que rememora el paso del ferrocarril por estas tierras.

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Cerca se encuentra la zona de explotación donde quedan los restos de las minas que no han sido restauradas después del cese de la actividad. Las minas de Ojos Negros, pertenecientes a la compañía minera de Sierra Menera están formadas por un conjunto de profundas simas escalonadas, desmontes, escombreras, pistas y destartaladas naves vacías, que configuran un sobrecogedor escenario que contrasta con el entorno, cubierto de grandes campos de cereal, cuyas parcelas se alteran ordenadamente con masas de carrascas y matorrales. Por todo ello el conjunto minero puede describirse como un paisaje lunar. En 1900 son arrendadas las minas para su explotación con la condición de la construcción de la línea férrea hasta el mar y el puerto de embarque para la exportación. Se eligió el trazado más adecuado optándose por el puerto de Sagunto. Finalmente en 1907 se terminó el ferrocarril minero de Sierra Menera, aunque la actividad en la mina comenzara en 1903. A partir de 1921 la explotación comienza a mecanizarse. A partir de 1974 hubo una crisis de sector siderúrgico a nivel mundial que fue afectando a los Altos Hornos del Mediterráneo, destino del mineral extraído. Así el cierre de éstos, provocó que en 1987 se cerraran las minas.

Avanzando por la carretera se alcanza el barrio del Hospital. Al final del mismo parte una pista al frente que sirve de acceso a varios miradores. Medio kilómetro más adelante se toma un ramal que bordea las instalaciones mineras. En primer término se pasa junto a los restos de las instalaciones mineras, con dos edificios de grandes dimensiones abandonados, el silo y el cargador. La pista avanza en ascenso a la sierra. Tras poco más de tres kilómetros de recorrido gira de manera brusca a la derecha dejando dos ramales en dirección contraria. Con mejores vistas va ascendiendo el camino hasta alcanzar una gran explanada bajo un aerogenador eólico donde está el Mirador de la Marajosa, una vez recorridos cinco kilómetros. Desde este punto las vistas son amplias, con las minas en un costado.

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La visita a la zona se completa con el molino de Ojos Negros, situado poco antes de alcanzar la población del mismo nombre. Se trata de uno de los dos únicos ejemplos de este tipo existentes en Aragón restaurados. Finalmente se puede dar un paseo por Ojos Negros. En su casco urbano sobresale la torre del Homenaje, de camino a la plaza donde se alza la iglesia de la Virgen del Pilar. Se trata de un edificio renacentista que destaca por su fachada datada en el siglo XVIII de perfil mixtilíneo. Está situada junto al acceso principal del recinto del antiguo castillo, del cual sólo queda un lienzo de muralla y los torreones.

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Un modesto tren unía las cabeceras comarcales de Tudela, en Navarra, y Tarazona, en Aragón, hace décadas. Ahora este recorrido puede hacerse en bicicleta de manera cómoda disfrutando a su paso de la vega del río Queiles.

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En el año 1885 fue inaugurada esta línea de vía estrecha impulsada por la Compañía del Norte. Debido a su lentitud pronto fue conocida como “El Tarazonica” y también como “El Escachamatas”. En el año 1953 Renfe se hizo cargo de la línea convirtiéndola al ancho ibérico. Sin embargo la competencia con el transporte por carretera fue aumentando su decadencia hasta ser clausurada definitivamente en el año 1972.

La realización de esta vía verde puede plantearse de varias maneras según la capacidad del ciclista. El recorrido completo con principio y final en un mismo punto son 44 kilómetros. Para ello no es necesario coche de apoyo y se recomienda Tudela como lugar de partida, ya que el trayecto de vuelta se hace con desnivel favorable. Teniendo coche de apoyo se puede hacer sólo un trayecto reduciendo a 22 kilómetros el recorrido, teniendo como punto de partida Tudela (recorrido ascendente) o Tarazona (recorrido en descenso), siendo ésta última la opción más fácil. También se puede acortar el recorrido sin llegar a Tarazona, si no se dispone de coche de apoyo, partiendo de Tudela. En nuestro caso la propuesta elegida es la primera siendo la más completa y más recomendable.

LONGITUD DESNIVEL PENDIENTE FIRME DIFICULTAD
44 km (ida y vuelta)
220 m 1% bueno media

El punto de partida es la estación de ferrocarril de Tudela, la cual todavía sigue en funcionamiento para dar servicio a la línea Zaragoza-Pamplona. Se accede a este punto desde la avenida de Zaragoza. En la plaza situada ante el edificio el aparcamiento libre es limitado; también puede aparcarse cerca del camino de Caritat por donde pasa después la vía verde. Tomando una rampa en el costado derecho de la estación nace un carril bici. Más adelante se pasa junto a una antigua locomotora que realizó este recorrido adornada con una fuente. Enseguida se deja atrás la población y arranca la pista de tierra de buen firme que sustituye a las antiguas vías. Una pronunciada curva tras pasar bajo un puente enfila el recorrido hacia el Moncayo, el cual será visible en todo el recorrido.

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A los cuatro kilómetros de trayecto aparece un pequeño merendero llevado a cabo con material ferroviario, así como un monumento en mitad de la vía. A escasos metros una pasarela elevada sirve para salvar la carretera de Ablitas. Avanzando en trazado rectilíneo se pasa por la estación de Murchante, la primera de ellas. Los edificios en ruina junto al andén dan muestra de la falta de uso.ciclo1_estaciondemurchante

Cuando se llevan 10 kilómetros recorridos se alcanza la estación de Cascante. Aunque en buen estado, se encuentra abandonada. Junto al edificio se ha acondicionado un pequeño merendero, lugar ideal para realizar una primera parada.ciclo1_estaciondecascante

Tras pasar a tierras aragonesas, en el kilómetro 15 se pasa junto a la estación de Malón, compuesta por dos edificios uno correspondiente al ferrocarril de vía estrecha y otro al de vía ancha. Un nuevo merendero con abundante sombra sirve para detener la marcha en caso necesario.ciclo1_estaciondemalon

A medida que se avanza la figura del Moncayo se hace más presente en el horizonte. El trazado de la vía verde se interna en una gran trinchera rodeada de taludes que se prolonga durante dos kilómetros. Finalmente y con un trazado algo más sinuoso se atraviesan las últimas huertas ya cercanas a la ciudad de Tarazona. El punto final lo pone la antigua estación, ahora reutilizada con usos culturales. Junto a ella hay un parque que sirve para el descanso tras realizar la mitad del recorrido. Hasta este punto se habrán recorrido poco más de 22 kilómetros.ciclo1_cercadetarazona

Para completar el itinerario sólo es preciso volver por el mismo recorrido. El trayecto de vuelta es mucho más llevadero, debido a la ligera pendiente descendente. Tras realizar el itinerario ciclista por la mañana, se toma dirección a la población de Malón, en tierras aragonesas. Saliendo desde Tudela por la carretera que conduce a Tarazona, justo antes de alcanzar la población de Novallas parte la carretera que conduce a esta población.

icono exclamación amarillo_Después de comer se propone la visita al Museo del Agua de Malón. Se trata de un edificio de nueva construcción situado en la parte alta de la localidad, donde estuvo antaño ubicado el castillo. En su interior da la bienvenida el personaje virtual de Silbis, que simboliza el nacimiento del río Queiles en Vozmediano. Su contenido gira en torno al río mostrando mediante audiovisuales la formación de la cuenca, vistas del río en diferentes estaciones, el río a vista de pájaro y una retrospectiva de Malón a través de fotos antiguas. Uno de los lugares más espectaculares del museo es la parte superior, desde donde se puede disfrutar de una magnífica panorámica de la cuenca del río Queiles desde Tudela hasta el Moncayo.