Al norte de las Cinco Villas se localizan dos pintorescos pueblos que conservan en su casco urbano la esencia de su riqueza patrimonial de antaño. Su ubicación, a los pies de la Sierra de Santo Domingo, ofrece al visitante un añadido paisajístico a la visita. En sus faldas nacen los ríos Arba de Luesia y Arba de Biel. El enclave natural más conocido y valorado es el pozo de Pigalo.

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Para acceder a esta zona es necesario encaminarse a la capital de la comarca de las Cinco Villas, Ejea de los Caballeros. A esta villa se puede llegar provenientes de la carretera de Logroño, desde Alagón. También es posible la aproximación desde la autovía mudéjar, partiendo del entorno de Zuera.

Al norte de la capital cincovillesa parte una carretera de montaña. Aunque en su tramo inicial discurre cerca el río Arba de Luesia, después de atravesar la localidad de Rivas sigue el curso de uno de sus afluentes, el río Farasdués o Agonía. Tras recorrer unos veinte kilómetros aparece el desvío al pequeño enclave de Asín. Es recomendable dejar el vehículo a la entrada, junto a las antiguas escuelas. Un paseo por sus calles ofrece al visitante bellas muestras de arquitectura civil, con portadas y ventanas decoradas. Se concentran principalmente a lo largo de su calle mayor. En la parte alta del núcleo se alza la iglesia de Santa María. La construcción románica data del siglo XIII. Destaca por el gran volumen de su ábside semicircular. La puerta de acceso, de arco de medio punto, ofrece en el tímpano un crismón rodeado de estrellas y flores. Sobre el tejado se alzan dos espadañas donde se alojan las campanas. Abandonando la calle principal se alcanza en unos minutos la fuente vieja. Enclavada en un bello rincón con abundante sombra situado a los pies de un puente reconstruido hace un siglo. Entre sus sillares se conserva una inscripción romana.

Detalle de la portada de la Iglesia de Santa María de la población de Asín.

Retomando la carretera y surcando el frondoso valle se alcanza la población de Luesia en diez kilómetros más de ruta. El asentamiento actual es de origen musulmán, citado como Hisn Lawassa, en referencia a la fortaleza árabe. De manera temprana pasó a manos cristianas convirtiéndose en Lusia. En la travesía de la carretera se emplaza la oficina de turismo, punto de partida para la visita. Desde allí lo primero es acudir a la iglesia de San Esteban, emplazada en un montículo. El edificio alberga en su interior el museo de arte sacro de la localidad. La nave conserva su estructura románica, dividida por arcos fajones sobre columnas con capiteles de decoración floral. El presbiterio se cubre con bóveda de cuarto de esfera. En la capilla barroca del Santo Cristo se conserva la antigua portada románica. En cuanto al museo, cuenta con retablos, imágenes religiosas y orfebrería procedentes de las tres iglesias con que cuenta la localidad. Desde este punto se desciende hasta la calle del Burgo, como se conoce la arteria principal. En ella se abre la plaza mayor y más adelante la plaza de la Villa, donde está el edificio del ayuntamiento. Se trata de un palacio renacentista aragonés del siglo XVI. Su fachada cuenta con tres plantas separadas por molduras. La baja con el acceso de arco de medio punto, la noble con vanos adintelados y la superior con galería de arcos de medio punto bajo el alero de madera.

Fachada del ayuntamiento de Luesia.

Desde este lugar arranca la calle de San Pedro en dirección al castillo. En este sector se levantaron viviendas que denotan el esplendor arquitectónico de los siglos XVI y XVII. Palacios con bellas portadas y ventanas, escudos heráldicos y bonitos aleros. En la parte más alta del pueblo se emplaza la iglesia de San Salvador. De su fábrica románica se conservan al exterior dos ábsides semicirculares de gran altura y una portada en desuso junto al escalinata de acceso. Dentro del pórtico sorprende la portada principal. Cuatro arquivoltas de medio punto y capiteles historiados se completan con un tímpano donde aparece Cristo rodeado por los evangelistas. Bordeando la iglesia se puede avistar la imponente fortaleza del siglo XII, sin restos de la etapa musulmana. El elemento más importante es la torre pentagonal que se yergue sobre un promontorio rocoso. En el lado opuesto del montículo se levantaba otra torre de la que sólo quedan los cimientos.

Vista de la población de Luesia desde la ermita de la Virgen del Puyal.

Un poco más adelante, ligeramente separada del pueblo, está la ermita de la Virgen del Puyal. Mandada construir por Jaime I en el siglo XIII, sólo resta de esta etapa la cabecera. El resto fue levantado entre los siglos XIV y XVIII. Su nave se cubre con arcos apuntados y la portada se cubre con un gran arco de medio punto con una torre en un costado. Su virgen, una talla de alabastro del siglo XV, es de gran devoción entre los vecinos.

Tras la visita al casco urbano ahora toca descubrir el entorno natural que atesora en su término municipal. Al salir el pueblo se toma dirección a Uncastillo. Un poco más adelante parte una pista de tierra en buen estado. Poco a poco se aproxima al cauce del río Arba de Luesia. A los seis kilómetros y medio, junto a un antiguo molino, parte un desvío a mano izquierda. Otra pista que conduce en menos de tres kilómetros hasta la base de las Torres de Sibirana. Para acercarse se toma un poco más adelante un camino a mano derecha. Se trata de una fortaleza defensiva imponente. Disputada entre musulmanes y cristianos, la fábrica actual data de finales del siglo XI. Consta de dos torres de planta rectangular encaramadas sobre unos riscos de acceso muy complicado. Enfrente se alzan los restos de la ermita románica de Santa Quiteria. A pesar de su estado todavía conserva la portada coronada con un crismón trinitario y la nave rematada con ábside semicircular.  

Torres de Sibirana.

Es necesario volver al cruce anterior para alcanzar uno de los iconos por los que es conocida Luesia, el Pozo de Pigalo. Lugar muy frecuentado de baño durante el verano, el resto del año ofrece todo su potencial natural. Desde el punto anterior, hay un kilómetro de distancia hasta el aparcamiento de vehículos. Cerca se encuentra el paraje, una piscina natural de aguas cristalinas y de gran profundidad. El río Arba de Luesia vierte el agua mediante una pequeña cascada. A la salida un gran escarpe calcáreo se introduce en el fondo de la poza y sobresale por uno de los extremos a modo de muralla natural escalonada. Su entorno es de gran belleza, con el cauce surcando un frondoso valle. A su alrededor dispone de un área recreativa y un camping.

Vista del Pozo de Pigalo.

Para la tarde se propone ascender hasta uno de los mejores miradores del municipio. Volviendo a las inmediaciones de Luesia, parte un camino asfaltado que conduce al campo de fútbol. A partir de este punto se convierte en una pista que atraviesa una masa forestal formada por robles, carrascas y pinares. En las zonas de umbría también surgen rodales de hayedos que se alternan con pastizales. Finalmente la vegetación va disminuyendo y las vistas se van abriendo. Se alcanza la cumbre, Puig Moné, a 1.303 metros de altitud. Allí se ubica un refugio forestal. Al norte, en primer plano, se avista la Sierra de Santo Domingo y tras ella la cordillera pirenaica. Al sur se puede divisar la Sierra de Guara e incluso el Moncayo en días claros. Y al oeste, a los pies, el valle formado por el río Arba de Luesia.

Vista desde Puig Moné en dirección al norte, con la Sierra de Santo Domingo.

Para continuar con la excursión se toma la carretera que conduce a Biel, una vez recorridos quince kilómetros. Lo primero que se divisa es la figura de su castillo, uno de los atractivos de esta pintoresca localidad. En la entrada de la población, frente a una fuente, parte una calle ascendente y sinuosa que deja a los pies de la iglesia de San Martín, construcción adosada a la fortaleza defensiva. La actual construcción se debe a una reforma del siglo XVI. Al exterior sus muros se engalanan con una galería de arquillos en su parte alta. El acceso principal se encuentra en un lateral, entre dos contrafuertes. Su interior consta de una nave cubierta con bóveda de crucería que se culmina con cabecera poligonal. A los pies se levanta el coro, que se apoya sobre una preciosa bóveda nervada. Entre los elementos de interés está el retablo mayor y la cripta románica descubierta tras la restauración integral del edificio.

Vista de Biel, con la torre y la iglesia de San Martín en el centro.

En el lado opuesto se alza su castillo mandado construir por el rey Sancho III El Mayor. La actual fábrica data de la segunda mitad del siglo XI. Su estructura responde a un donjón, construcción de influencia europea que consta de una torre del homenaje destinada a vivienda, rodeada de un pequeño recinto defensivo ya desaparecido. La torre de grandes dimensiones se asienta sobre la roca y alcanza una altura de 30 metros. En la actualidad se cubre con un tejado a cuatro aguas. Cuenta con cinco plantas, con una superficie de más de cien metros cuadrados cada una de ellas. En sus muros se abren abundantes saeteras, ventanas estrechas adecuadas a su carácter defensivo. En el siglo XVI se produjo una reforma en la cual se abrieron grandes ventanales. En la parte superior se abren huecos que permitían el acceso a cadalsos individuales. Se trataba de estructuras de madera, salientes respecto a torre, destinadas a la defensa de la fortaleza.

La visita a la localidad se complementa con un paseo por sus calles. Desde la entrada parte una calle mayor. A mitad de la misma un pasarela de madera conecta dos casas, una de ellas Casa Pelaire. Un poco más adelante surge la plaza Baja, con uno de los edificios más singulares del pueblo. Casa Manolete destaca por el porche en su parte baja y la galería de madera sobre el mismo. Esta plaza era el lugar de encuentro entre cristianos y judíos. Contó con una de las juderías más importantes de Aragón, llegando a aglutinar a la mitad de la población del núcleo. Los judíos llegaron en el siglo XI, organizándose como aljama o concejo en la segunda mitad del siglo XIII. Con el edicto de expulsión de 1492 se vieron obligados a emigrar, aunque muchos se convirtieron al cristianismo. Un recorrido señalizado por las calles que acogían casi un centenar de viviendas permite evocar el pasado. En la margen contraria al castillo, en paralelo a la calle mayor, discurren otros viales entre los cuales destacan bellos ejemplos de su rica arquitectura civil. Entre ellos Casa Fuertes, que luce portada con dovelas cajeadas y decoradas con motivos geométricos. Y un poco más adelante aparece la casa de la Villa, uno de tantos edificios civiles relevantes de la población. Descendiendo por la calle San Juan se llega al comienzo del recorrido, en la entrada de la localidad.

Calle Mayor de la localidad de Biel. En primer plano Casa Pelaire.

El río Mesa nace y discurre por tierras de Guadalajara a lo largo de su  primer tramo. En su recorrido por Aragón, entre Calmarza y Jaraba, ha modelado un bello y agreste cañón donde anidan buitres por doquier. Muy cerca de Jaraba afloran las afamadas aguas termales que alimentan varios balnearios. Ibdes despide al río ya de camino al pantano de la Tranquera, donde mezcla sus aguas con las del río Piedra.

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Mapa de la propuesta Valle del Mesa.

El valle del río Mesa se emplaza al sur de la Comarca Comunidad de Calatayud. El mejor acceso parte desde la ciudad bilbilitana, junto a la cual pasa la autovía del Nordeste. Tomando dirección a Nuévalos, en su casco urbano se toma una nueva carretera que bordea el pantano de la Tranquera. Cinco kilómetros después aparece el cartel indicador hacia Jaraba. El resto del recorrido discurre por el precioso valle formado por el río.

Es necesario remontar el río hasta aproximarse al límite con tierras castellanas. Tomando como referencia el Santuario de la Virgen Jaraba que se visitará más tarde, 2,7 kilómetros después de rebasarlo, se dispone de un lugar para dejar el vehículo antes de llegar a una curva pronunciada. Anteriormente, a mano derecha de la carretera, está el punto de partida para acceder al Mirador de los Buitres.

TIEMPODESNIVELDIFICULTAD
30 min (ida)150 mmedia
Mapa topográfico con el sendero que asciende hasta el mirador de los Buitres, desde el río Mesa.

En el inicio del sendero se atraviesa el río por un puente de madera. Poco después se toma el sendero de la izquierda. Tras avanzar por el fondo del valle al borde del pinar, enseguida comienza el ascenso entre roquedos y pinares. El desnivel es fuerte para salvar los farallones rocosos que encajonan el valle. En unos veinte minutos de sinuoso ascenso se corona la parte más alta. Sólo resta un pequeño tramo para alcanzar una caseta de madera para la observación de las aves, así como los dos miradores acondicionados al borde de las paredes rocosas. El emplazamiento no puede ser más espectacular. En el acusado meandro del río, con vistas al valle, los farallones y los buitres dominan este paisaje.

Vista desde el Mirador de los Buitres, con el cañón del río Mesa a los pies.

Al finalizar el desfiladero del río Mesa surge el pequeño y pintoresco enclave de Calmarza, sobre un pequeño espolón rocoso. Es recomendable dejar el vehículo junto a la carretera y dar un paseo por la población. Tras cruzar el puente, a la derecha se pasa cerca de  una plazoleta donde se encuentra su ayuntamiento. Conserva en su parte baja una lonja de dos vanos de medio punto. El resto de la renovada fachada sigue la estructura de un caserón aragonés, con balconada principal y galería de vanos en la parte alta. Atravesando la lonja se accede por una calle quebrada a la iglesia de San Blas. Se trata de una construcción neoclásica, levantada sobre la anterior fábrica del siglo XIII. A los pies se alza una espadaña de dos vanos reconvertida en modesta torre. Avanzando por la calle que recorre longitudinalmente la población, ésta toma dirección al río Mesa. Se pasa junto a un robusto peirón con una hornacina, que se corona con una cruz de forja. A partir de este punto el río se flanquea de pequeñas huertas. Ya en el cauce, un puente invita a cruzar a la otra orilla. A escasos metros, se puede disfrutar del rincón más bello de la localidad, la cascada de Pozo Redondo. A corta distancia se puede acceder hasta un pequeño mirador de la cascada que permite verla en primer plano. Un rincón rodeado de abundante vegetación.

Cascada del Pozo Redondo, donde se precipitan las aguas del río Mesa, a escasa distancia de las casas del pueblo de Calmarza.

Para la tarde se reserva la visita al cañón formado por el río  Mesa. Uno de los rincones más fotografiados es el Santuario de la Virgen de Jaraba. Está situado en un mirador natural situado a media altura, en una de las paredes del desfiladero. La aparición de la Virgen tuvo lugar ante unos pastores al otro lado del barranco, en el año 1135. Debido a la falta de espacio allí no se pudo construir el templo inicial. El actual santuario fue construido a principios del siglo XVIII. Al templo le acompañan la antigua residencia de capellanes. En época barroca fue reedificado por completo, siendo terminado en 1732.

Santuario de la Virgen de Jaraba enriscado a media altura en las paredes del barranco de la Hoz, tributario del río Mesa.

Si se dispone de tiempo se puede dar un agradable paseo por el barranco de la Hoz Seca. El recorrido no tiene pérdida ya que no hay posibilidad de abandonar el barranco y además apenas cuenta con desnivel. En su trazado se puede contemplar un paisaje rocoso espectacular con paredes de más de cien metros de altura que flanquean el desfiladero, donde abundan las rapaces y los córvidos. También se pasa junto a numerosos abrigos reconvertidos en parideras por el hombre, en su labor de pastoreo tradicional.

Volviendo a la carretera se toma dirección a la villa termal de Jaraba. El conjunto balneario por el cual es conocida se encuentra en las cercanías del casco urbano. Atravesando el casco urbano se encuentran los Baños de Serón. Junto a la carretera está en primer lugar el Balneario Sicilia y poco más adelante los Baños de la Virgen. En el entorno de todos ellos el cauce del río se acompaña de arboledas y se flanquea por rojizos murallones. Las aguas brotan a 34 grados, estando indicadas para dolencias renales y reumatismos crónicos.

Acceso principal a los Baños de la Virgen, el primer balneario de la villa termal de Jaraba.

En el centro de la localidad se alza el Monumento al Agua, en homenaje a las aguas cuya abundancia dio origen al nombre de la localidad. A escasa distancia se abre la plaza mayor, presidida por el Peirón de San Antón. Construido en ladrillo bajo estilo mudéjar, se compone de varios cuerpos de planta cuadrada y tiene la imagen de San Antonio Abad. En la misma plaza está el edificio del ayuntamiento. En su parte baja se abren tres arcos de medio punto con una balconada de hierro forjado sobre el arco central. En un extremo de la población, ligeramente elevada, se ubica la iglesia de la Transfiguración. Se trata de una fábrica del siglo XVI, ampliada en el siglo XIX. En la fachada principal se abre el acceso, de arco de medio punto coronado con sencillo frontón triangular. En un lateral se alza la torre de planta cuadrada, con un vano por costado y rematada con tejado a cuatro aguas. Desde este punto se puede acceder a la parte alta de la localidad donde se emplazan los antiguos pajares y las eras. En este punto se ha acondicionado el Mirador de las Eras del Castillo, con buenas vistas del valle formado por el río Mesa.

Peirón de San Antón en primer término, en la plaza mayor de Jaraba.

Para el día siguiente se reserva la visita a la localidad de Ibdesy su entorno. El río Mesa discurre ahora por un valle más amplio rodeado de amplias zonas de de cultivo. De visita obligada es la Ruta del Agua. En las inmediaciones del casco urbano, junto a la carretera el Peirón de San Juan marca el inicio del recorrido. Poco más adelante está el acceso a la Gruta de las Maravillas, acondicionada para su visita. Una cueva subterránea que oculta formaciones de estalactitas y estalagmitas. En su interior cuenta con dos galerías, una de 15 y otra de 45 metros. Frente al acceso se levanta un gran caserón, en cuya fachada de piedra de sillería y conserva el acceso de arco de medio punto y el trabajo de forja en sus rejas. Unos metros más adelante está el acceso a la Gruta de la Soledad. Fue construida por la Orden de San Juan en el siglo XII. La ermita-cueva está formada por un pequeño altar natural excavado en la roca. Abundan las formaciones cársticas debido a las filtraciones de agua. Una torre de ladrillo de cuatro ventanas y techo semiesférico ilumina el interior de la cueva a modo de tragaluz.

Y poco más adelante el rincón más bello de la localidad, el Salto de La Paradera. Su origen es una pequeña presa construida para alimentar una central hidroeléctrica construida en el siglo XIX. Estuvo en funcionamiento hasta la década de los sesenta. Una pasarela elevada permitía la regulación de la presa. Ahora sirve para contemplar desde lo alto el paraje natural. Se ha acondicionado el entorno para la visita y como área de recreo. Un pequeño sendero permite admirar el paraje natural. El agua del río se precipita en una amplia cascada que desemboca en la parte más profunda, a modo de pequeño desfiladero. La vegetación inunda las márgenes convirtiendo el espacio en un auténtico vergel salpicado por las gotas de agua que manan del salto.

Salto de La Paradera, perteneciente a la Ruta del Agua situada en las inmediaciones de Ibdes.

Desde la carretera, el acceso se introduce en Ibdes por su arteria principal, la calle Rúa. A lo largo de su recorrido abundan las casas solariegas. Tomando la calle Hospital se asciende sin pérdida hasta alcanzar el edificio más importante de la localidad. La iglesia de San Miguel fue levantada sobre los restos del castillo medieval destruido en el siglo XIV, durante la guerra de los Pedros. Las obras fueron llevadas a cabo a comienzos del siglo XVI, bajo el influjo gótico. Al interior se divide en tres naves, con nave central cubierta con bóveda de crucería que se cierra con cabecera poligonal. Allí se aloja un retablo obra de Pedro Moreto y fechado en el año 1555. El coro del siglo XVI, tallado en madera de nogal, procede del monasterio de Piedra. La torre de planta rectangular fue reaprovechada del antiguo castillo. La bella portada se compone de arco de medio punto flanqueada por pares de columnas. Al exterior destacan los acusados contrafuertes, entre los que se abren los vanos de iluminación interior, unos geminados y otros apuntados. En todo su perímetro el edificio se corona con galería de arcos de medio punto bajo el alero. Ahora resta descender hasta la calle principal. En su parte central se abre la plaza donde está el ayuntamiento. En su fachada de ladrillo se abren una lonja de arcos de medio punto y se corona con galería de arcos en su parte superior.

Imagen exterior de la iglesia de San Miguel, en la parte alta del casco urbano de Ibdes.

Para terminar la visita al valle se recomienda hacer una parada en la ermita de la Virgen de San Daniel. El conjunto, levantado en el siglo XVII, está formado por la ermita y la vivienda utilizada antaño por los santeros. Desde este punto se puede apreciar el tramo final del río Mesa, poco antes de su desembocadura en el río Piedra. Dependiendo el nivel de las aguas del embalse de la Tranquera este tramo puede estar inundado o mostrar el curso del río surcando un paisaje desnudo.  

Acceso a la ermita de la Virgen de Daniel, de Ibdes. Desde este mirador se contempla el final del río Mesa desembocando en el embalse de la Tranquera.

El río Jiloca localiza su nacimiento en la fuente de Cella, el pozo artesiano más grande de Europa. Sin embargo los Ojos de Monreal se consideran el verdadero comienzo del río por su caudal más estable. En su recorrido hasta Calamocha el valle discurre sin apenas desnivel, cubierto por huertas, maizales, choperas y rodeado por amplias parameras cerealistas. Los pueblos se conectan con pistas y carreteras por donde discurre la ruta ciclista.

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La ruta cicloturista recorre el Alto Jiloca, las tierras situadas en la parte alta de la cuenca entre las localidades de Monreal del Campo y Calamocha. Un recorrido sencillo ya que la mayor parte discurre por caminos asfaltados y carreteras de poco tránsito, mientras que el resto son pistas. El paisaje de la vega en compañía del río será de agrado al ciclista.

Hasta Monreal del Campo se puede acceder de manera cómoda por la autovía mudéjar, bien provenientes de Zaragoza o Teruel. El punto de partida es el paraje conocido como los Ojos de Monreal, situado a unos dos kilómetros del pueblo. El frondoso lugar está rodeado de chopos y se compone de unas cincuenta surgencias de forma circular de diferentes tamaños que ocupan una superficie de agua de una hectárea. El carrizal protege este hábitat natural, cuyo caudal medio es de unos 500 litros/segundo.

LONGITUD DESNIVEL PENDIENTE FIRME DIFICULTAD

20,5 km

50 m variable bueno media

Se deja el vehículo al pie de la pista asfaltada de acceso, junto al área recreativa. A escasos metros están las compuertas que regulan el caudal del río y de la acequia de Rey. En este punto arranca la ruta, tomando un sendero que en apenas unos metros se convierte en camino. Éste acompaña a la acequia de cemento que distribuye el agua la cual alimenta las huertas de la vega. El tramo inicial constituye un agradable paseo donde las choperas se alteran con las tierras de cultivo.

Sin perder de vista las cristalinas aguas de la acequia se alcanzan las primeras viviendas de Monreal del Campo. Bordeando la población y cuando casi se han alcanzado los dos primeros kilómetros se pasa junto al Molino Alto. En su origen fue destinado a la producción de harina aunque fue reconvertido en fábrica de luz el siglo pasado. Tras su rehabilitación se conservan las tres cárcavas y su entorno se ha reconvertido en un bello rincón. Justo después aparece el primer cruce de carretera. Al frente y a la izquierda, se continúa por la pista que acompaña la acequia y que la cruza poco después. Tras recorrer trescientos metros por un tramo en regular estado se vuelve a cruzar otra carretera. De nuevo se avanza al frente por otra pista que discurre flanqueada por frondosas choperas. Cuanto se llevan 2,8 kilómetros otra vez es necesario cruzar, en este caso, la carretera principal de acceso a la localidad. Al otro lado se toma una calle que bordea las instalaciones deportivas y que discurre en paralelo a la acequia, por la margen opuesta. Medio kilómetro después surge el acceso al Molino Bajo, a la derecha, y el camino gira bruscamente a la izquierda, por donde  debe continuarse. Cuando se alcanzan 3,6 kilómetros de ruta se llega a una carretera. Tras incorporarse con precaución, se coge dirección a la derecha. El paisaje cambia, alejándose del río, y atravesando una llanura con campos de cultivo amplios.

Tras alcanzar los 5,6 kilómetros se deja la carretera tomando un amplio camino a la derecha. El trazado poco a poco va acercándose a la vega de nuevo, a la vez que toma dirección al siguiente enclave: Torrijo del Campo. A los 7,2 km vuelve el asfalto en las calles de la localidad. Su trazado rectilíneo abandona las huertas y se introduce en el casco urbano hasta toparse con el acceso a la localidad. Se gira a la izquierda y poco después arranca la calle San Pedro a mano derecha por la que se abandona el pueblo. Al alcanzar el punto kilométrico 7,9 se toma una pista asfaltada la cual surca de nuevo la vega del río Jiloca.

En el kilómetro 9,2 se pasa a los pies de la ermita de la Virgen de las Cuevas. El precioso edificio cuenta con un porche a los pies. En uno de sus costados cuenta con un área de descanso dotada de buena sombra. Además cuenta con un buen mirador del fértil valle del río Jiloca. Un buen lugar para descansar. Se continúa el trazado de la pista hasta otra carretera. Se avanza al frente, y poco después ésta gira a la izquierda. La ruta ciclista avanza nuevamente al frente por otra pista asfaltada. Sin abandonar el asfalto bordea unas instalaciones agropecuarias y a la vuelta de una curva surge en un costado la estación de ferrocarril de Caminreal. Tras su acondicionamiento ahora es la sede del Centro de Interpretación de la Cultura Romana de Caminreal (CICAR). Se llevan 10,3 kilómetros de ruta.

El recorrido avanza de manera rectilínea hasta introducirse en el barrio del Santo, en torno a la ermita de San Salvador, perteneciente a la localidad de Fuentes Claras. En este punto se cumpen 12,5 kilómetros. Frente a la ermita se coge la calle a la derecha que tras cruzar el cauce del Jiloca entra en el casco urbano. Es necesario tomar la primera calle a la izquierda, y seguir su trazado irregular hasta llegar a los pies de la ermita de San Ramón, situada en un cruce. En este punto se toma la calle de la izquierda que sirve para dejar atrás la localidad. Los campos ahora son más irregulares, cercanos al río. Llega un momento en que es necesario superar las vías del ferrocarril que conduce a Teruel. En su descenso se divisa el siguiente pueblo así como la ermita de la Virgen del Moral. En este punto se habrán alcanzado los 14,5 kilómetros de ruta.

A los pies de la ermita está el viejo moral, que da nombre a la ermita y a la virgen. Poco más adelante surge la carretera de acceso a El Poyo del Cid. Una pequeña elevación alberga el peirón de la Virgen del Pilar y un monumento en recuerdo a los muertos en la guerra civil. Cuenta con una bella vista de la localidad coronada por el cerro de San Esteban, donde el Cid Campeador estableció un campamento, hecho que dio nombre al lugar. Se coge la carretera en dirección a la derecha. A unos trescientos metros se abandona para tomar a la izquierda una pista asfaltada que arranca en una ligera curva. Su trazado sinuoso servirá de camino hasta alcanzar la localidad de Calamocha, surcando grandes campos de maíz.

La pista desemboca en una amplia calle que sirve de circunvalación, flanqueada por casas unifamiliares en uno de los costados. Sin dejar su trazado llega un momento en que gira a la izquierda con el fin de atravesar el cauce del río Jiloca. Justo antes se puede descender hasta los antiguos lavaderos, un edificio abierto al frente que cuenta con una fuente. A su derecha arranca el paseo fluvial que servirá como final a la ruta ciclista. Un agradable recorrido que acompaña al cauce del río rodeado de abundante vegetación. Al tropezarse con una calle, sólo resta girar a la izquierda para alcanzar de nuevo la ribera, en el punto en que se conserva un puente romano. Se trata de un robusto puente de un solo arco de origen romano, aunque reformado posteriormente. El entorno ajardinado y el paso del río configuran un espacio de gran belleza, y con el que se pone punto y final a la ruta ciclista.

Se recomienda un paseo por el centro de Calamocha, la capital de la comarca del Jiloca. Además de los buenos ejemplos de arquitectura civil, sobresale la iglesia de Santa María la Mayor, ubicada en una gran plaza donde también se localiza el ayuntamiento.

Para la tarde se propone acercarse hasta la Laguna de Gallocanta. Antes de alcanzar la población que la da nombre hay un centro de interpretación que relata la importancia natural de este enclave, la mayor laguna natural de la Península Ibérica. Además en el periodo invernal tiene como atractivo ser el lugar de reposo de miles de grullas en migración desde el norte de Europa hacia las tierras del sur.

El río Jalón nace en tierras sorianas y poco después comienza su andadura por Aragón, camino a la ribera del Ebro. En su zona intermedia debe atravesar el Sistema Ibérico. Un tramo agreste y sinuoso que obliga al río a retorcerse formando las Hoces del Jalón. Una parte montañosa que alterna las pequeñas huertas con los desfiladeros, pero que también alberga un buen número de pueblos con un patrimonio relevante.

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Para acceder a este tramo del río Jalón es necesario tomar la autovía entre Zaragoza y Madrid. Al igual que el río debe atravesar el Sistema Ibérico. Pero ésta mediante un trazado más cómodo, tras las obras llevadas en las últimas décadas.

Una de las salidas conduce directamente a Morata de Jalón, la primera parada en la ruta. Desde la reconquista por Alfonso I el Batallador la localidad formó parte de señoríos. En 1550 surgió el título de Conde de Morata. Uno de ellos, Francisco Sanz de Cortés, fue el impulsor del edificio más importante de la localidad. La carretera atraviesa la localidad, pasando junto a una preciosa plaza. Este espacio está delimitado por tres edificios de gran belleza; al frente el palacio de los Condes de Argillo, a la izquierda la iglesia parroquial y a la derecha la lonja del ayuntamiento. Las obras se llevaron a cabo entre 1672 y 1676 bajo la tutela del arquitecto Juan de Marca que dejó una clara impronta barroca. La fachada principal consta de dos plantas en altura, en cuya parte central se abre la portada. Se culmina bajo el alero con un tímpano que alberga un óculo rodeado de decoración. Tanto la fachada central como las laterales se rematan bajo el alero con una galería de pequeños óculos rodeados con abundante decoración. A la izquierda se alza la iglesia de Santa Ana, edificio anterior integrado en la construcción. Destaca la torre situada en la esquina de la plaza. Del edificio despuntan tres cuerpos octogonales que se rematan con un cupulín decorado con teja de color azul. En el lado opuesto se abre la lonja del antiguo ayuntamiento. Y en la esquina se eleva otra torre, de similares características a la anterior, aunque con menos decoración y con chapitel afilado.

Una de las excursiones más interesantes de la zona acerca al Paraje de las Torcas, muy conocido por la práctica de la escalada. Un lugar que ofrece uno de los entornos paisajísticos más interesantes del río Jalón a su paso por el Sistema Ibérico. Al final de la calle del barranco, junto al centro de salud, parte una pista que toma dirección a las ricas huertas de la vega del Jalón. En unos metros se ha acondicionado un mirador desde el cual se contempla en su totalidad el recorrido de la excursión. El nombre del paraje procede de la Loma de las Torcas, de la cual se descuelgan las paredes verticales más elevadas de todo el conjunto, en la margen derecha del río. Se discurre por la pista principal, sin cruzar las vías del ferrocarril, ascendiendo poco a poco. Se pasa junto a la Aguja Solitaria, situada a los pies de la pista. Poco más adelante aparece la Peña del Reloj, que se precipita a la vega mediante paredes verticales por donde hay trazadas numerosas vías de escalada. Entonces el recorrido comienza un descenso zigzagueante en dirección al río. La pista termina en un amplio aparcamiento, a poco menos de tres kilómetros del casco urbano.  En este punto, bajo el Almendro, una gran pared vertical a escasos metros del río, parte un sendero que conduce en diez minutos a la Peña Agujereada, un espectacular arco de piedra. Tras rebasarla se puede acceder al gran arco elevado por su parte trasera sin ninguna dificultad. Lo espectacular de su formación rocosa se complementa con las excelentes vistas que desde este mirador se pueden disfrutar.

Ya de nuevo en la población, se retoma la carretera que tras atravesar las vías del ferrocarril y el río Jalón toma dirección al cercano pueblo de Chodes. Tras la construcción del actual pueblo se abandonó el viejo situado a un kilómetro, a los pies de la fortaleza que vigilaba el estrecho del río Jalón. La construcción se llevó a cabo en la segunda mitad del siglo XVII por Francisco Sanz Cortés, conde de Morata. En 1676 encargó el proyecto al arquitecto Juan de Marca. El casco urbano se compone casi exclusivamente de una plaza poligonal de doce lados. Cuenta con 23 viviendas formadas por edificios iguales de dos alturas separadas por pilastras de ladrillo. El recinto alberga además la casa consistorial y la iglesia parroquial. Se accede al interior a través de tres pasadizos, dos de ellos enfrentados y que sirven de paso a la carretera. La iglesia de San Miguel cuenta con fachada de ladrillo. Se abre el acceso de medio punto que se antecede de escaleras. Sobre él un óculo y una espadaña con cuatro vanos de medio punto en dos alturas, convertida después en torre.

Para la tarde se propone ascender por el valle del río Isuela. Entonces se avista la hermosa estampa de la localidad de Mesones de Isuela a los pies de su magnífico castillo. Desde la travesía es necesario alcanzar la plaza mayor. Allí se alza la iglesia de la Asunción, obra del siglo XVI reformada dos siglos después. Destaca la torre de ladrillo con decoración mudéjar. También el ayuntamiento con lonja de tres arcos de medio punto de ladrillo en su parte baja. Bajo uno de ellos parte un pasadizo a través del cual se inicia el ascenso hasta el castillo. Esta fortaleza de estilo gótico fue construida entre 1370 y 1379 gracias al mecenazgo del arzobispo de Zaragoza Don Lope Fernández de Luna. Las obras no se llegaron a terminar y el castillo no participó en ninguna contienda. Consta de planta rectangular con seis grandes torreones, cuatro situados en los vértices y dos en el centro de los lados mayores; todos ellos presentan planta circular. La rampa de acceso conduce hasta el acceso.

Una vez al interior se abre un gran patio. En el recorrido interior se pueden visitar las torres, una de ellas terminada y con una altura de quince metros. También las estancias palaciegas que se alojan en el interior del castillo. Uno de los elementos más importantes es la capilla barroca, que ocupa una de los torreones. De planta circular al exterior, y hexagonal al interior. Cuenta con dos plantas, una subterránea que constituye la cripta, y encima de ella la capilla original del castillo, la cual se cubrió con una techumbre mudéjar con pintura gótica. Está formada por una armadura de madera que se adapta a la planta, con seis paños inclinados que convergen en una pieza hexagonal situada en el centro. Se trata de un ejemplar único dentro de la arquitectura aragonesa del siglo XIV.

Al día siguiente se remonta el valle del Jalón. A unos cuatro kilómetros de Morata de Jalón se divisa la silueta de Villanueva de Jalón. No cuenta con acceso rodado, con lo cual es necesario dejar el vehículo en un apartadero de la carretera junto a una curva pronunciada. Un poco más adelante arranca un acceso peatonal. Perdió su población en la década de los cincuenta, aunque llegó a contar con doscientos habitantes. Enseguida aparecen los primeros edificios, y poco más arriba una plaza delimitada por casas en ruinas. De ella parte una calle que deja a los pies de la iglesia de la Virgen de la Huerta. Del tejado tan sólo restan los arcos que sostenían la cubierta de madera. En el siglo XVII fueron añadidas las capillas laterales de factura barroca con influencia mudéjar, que se cubren con interesantes bóvedas decoradas con yeserías. El elemento más destacado es la torre, a pesar de su escasa altura. Su primer cuerpo, del  siglo XV, cuenta con decoración mudéjar en ladrillo. Se añadió posteriormente otro cuerpo que hace de campanario.

Desde la parte trasera de la iglesia se puede ascender hasta la parte alta de la cresta rocosa donde se asientan los restos de un castillo. Antes de alcanzar la fortaleza hay un mirador con magníficas vistas del meandro formado por el río, así como de todo el valle. El tramo final es más complicado y está dotado de unas clavijas. En lo más alto se conservan los muros de un torreón rectangular del siglo XIV bordeado por paredes que se descuelgan vertiginosamente sobre el valle del río Jalón.

Se avanza hasta alcanzar la localidad de Morés. Desde ella se toma la carretera que se encamina al valle del río Aranda. En apenas un kilómetro surge el desvío hacia Sestrica. Nada más acceder al casco urbano aparece una plaza irregular. De allí parte a la derecha una calle que conduce hasta la plaza donde está la casa consistorial. Para ello es necesario atravesar un pasadizo que pasa bajo el edificio. La calle continúa hasta desembocar en otra plazoleta, con un buen mirador del pueblo y sus alrededores. Allí se alza la iglesia de San Miguel. Una construcción ruda de mampostería y cuya torre luce cuerpo superior de ladrillo rematado con chapitel. Es recomendable un paseo por la calle del castillo, que rodea el montículo donde se asienta la población, evocando tiempos pasados y que ofrece bellos rincones.

Atravesando la población, junto a un peirón, parte un camino asfaltado que en su inicio conduce a la ermita de San Bartolomé. Siguiendo las indicaciones, en este cruce se toma el ramal derecho. Más adelante se pasa cerca del Alcornoque del Prado, a unos dos kilómetros del pueblo. El ejemplar de alcornoque monumental se emplaza a trescientos metros de la pista. Lo componen una decena de troncos que parten desde la tierra para dar lugar una copa que se eleva a 10 metros de altura. Volviendo al camino principal, y tras un desvío a la izquierda se aproxima a un refugio forestal. Desde este punto parte una pista que asciende hasta el Alcornocal de Sestrica. Al finalizar la pista se convierte en senda, y toma dirección a la derecha. La ladera se salpica de pequeños ejemplares de alcornoque que se alternan con carrasca y coscoja, de la misma familia. Poco a poco tienen mayor porte. La senda asciende hasta un collado con vistas a Illueca. En sus troncos quedan las marcas de la extracción del corcho, actividad que se inició a mitad del siglo pasado. Anteriormente su madera era utilizada al igual que la carrasca para leña, y de manera puntual se aprovechaba la corteza para la fabricación de colmenas. El bosque de alcornoques ocupa una superficie de 320 ha, y en Aragón sólo se encuentran otros ejemplares en Aniñón, Villarroya de la Sierra y Olba. En España los alcornocales se concentran en Extremadura, Andalucía y Cataluña, donde se produce el 30% del corcho mundial. La vuelta se realiza por otra pista que parte directamente desde el refugio en dirección contraria al acceso al alcornocal, y que conduce a la ermita de San Bartolomé, completando el recorrido circular.

El Huecha, también conocido como la Huecha, es un modesto afluente del río Ebro que nace en el Moncayo y desemboca en el Ebro junto a Novillas. Sus aguas proceden de los barrancos de Valdealonso, Morana y Horcajuelo. En su tramo medio se adentra en la comarca de Campo de Borja, pasando junto a Bulbuente, Maleján y Borja. Tierra de frondosas riberas rodeadas de campos de almendros y olivos, pero también de los viñedos de la ruta de la Garnacha.

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La ruta cicloturista recorre tierras del Moncayo, dentro de la comarca del Campo de Borja. Hasta la capital comarcal es necesario trasladarse para comenzar el recorrido en bici. El único acceso desde tierras aragonesas parte desde el valle del Ebro, a través de la carretera nacional N-122 en dirección a Soria.

El recorrido surca el territorio mediante pistas en buen estado, con algo de piedra suelta en algunos tramos. Debido a los numerosos cruces es necesario prestar atención a las indicaciones y a los puntos kilométricos. En todo caso la señalización del sendero de pequeño recorrido entre las localidades, con carteles indicadores y señalización amarilla y blanca solventará todas las dudas.

LONGITUD DESNIVEL PENDIENTE FIRME DIFICULTAD
22 km 300 m variable regular media

Tras atravesar el casco urbano de Borja, el punto de partida es el cruce de la travesía con el arranque de la carretera que sube al santuario de Misericordia. Justo enfrente parte la calle Vajillería, kilómetro cero de la ruta. En primer lugar cementado y después de tierra, parte una pista que se adentra en la ribera del Huecha, salpicada de huertos y abundante vegetación. Se alcanza el primer cruce del río a través de un robusto puente de sillería de dos arcos, a 1,2 km.

Dejando dos pistas a la izquierda, se toma a la derecha un camino que discurre en paralelo al cauce junto a los límites de una gran finca. Cuando se alcanza los dos kilómetros de recorrido se desciende hasta un camino procedente de Maleján, por donde se volverá tras realizar el recorrido circular. De momento se toma dirección a la izquierda en ligero ascenso. El paisaje cambia por completo abandonando la vega. Los viñedos comienzan a dominar el horizonte. En el punto kilométrico 3,2 se alcanza un cruce ortogonal, continuando al frente. Se mantiene el ascenso hacia las suaves lomas que delimitan el valle. Los campos de olivos y almendros van dominando poco a poco el paisaje, otra de las señas de identidad de la comarca. Tras alcanzar el kilómetro 5,3, se toma el ramal derecho. Un recorrido más sinuoso alcanza la parte más de toda la ruta ofreciendo magníficas vistas del Moncayo. En todo momento hay que estar atentos a los carteles y las marcas amarillas y blancas.


En descenso, atravesando una zona de monte donde se alternan campos con la vegetación propia a base de carrascas se alcanza la carretera que conduce a Talamantes. Se alcanza el punto kilómetro 8,3. Enfrente parte un camino que bordea por la parte trasera una granja. En el siguiente cruce se sigue al frente, por camino escoltado por chopos y pasando junto a algunas bodegas que anuncian la cercanía del casco urbano de Ambel. Se abandona la rambla por la derecha para alcanzar una calle que se introduce en la localidad. Justo después de desembocar en una calle mayor, se pasa junto al frontón. Frente a él parte una de las arterias principales. En su recorrido se pasa a los pies del ayuntamiento. Poco después atraviesan dos plazas donde se concentra el patrimonio artístico, con la iglesia de San Miguel, el Palacio de la Orden de Jerusalén y la Casa Galván como mejores ejemplos. En descenso se alcanza la parte baja, donde es necesario tomar una calle a mano izquierda, entre fachadas traseras y muros de campos. Al final parte un camino asfaltado que conduce al barranco de los Moros, donde se concentran las pequeñas huertas de sus habitantes. Al franquearlo se pasa junto al peirón o pilar de la Virgen del Río, al cumplir los 10 kilómetros de ruta.

Se toma el ramal derecho, asfaltado, que se abandona medio kilómetro después por una pista de tierra que parte a la derecha. Importante cruce es el siguiente, cuatrocientos metros después, en el kilómetro 10,9. En este punto hay que tomar el ramal que gira bruscamente a la izquierda. El recorrido se adentra en una zona boscosa flanqueada por pinares y carrascas. En descenso se bordea una val que desemboca en el valle del Huecha, a donde se encamina el trazado. Tras alcanzar el lecho del cauce y bordear una pequeña balsa se alcanza el cruce del río, sin acondicionar, pero que no presenta dificultades. Se cumplen los 11,8 kilómetros de recorrido en este punto.

Al otro lado comienza el ascenso que se aproxima a la carretera que conduce a Tarazona. A escasa distancia de ella, en el kilómetro 13,2, se toma una pista a la derecha que toma dirección a Bulbuente. Al alcanzar las primeras viviendas, al borde de la carretera nuevamente, parte la calle de los Moros a la derecha, la cual en trazado sinuoso y estrecho desemboca en el centro de la localidad. Allí se levanta un gran torreón perteneciente al antiguo castillo y el Palacio de los Abades de Veruela, además la sede del ayuntamiento. Junto al teleclub parte una calle que toma dirección al parque y al río Huecha, cuyo cauce sin acondicionar se atraviesa tras haber recorrido 14,5 kilómetros. Tras dejar atrás la vegetación de ribera, en el kilómetro 15 gira a la derecha. Ahora la ruta surca las terrazas fluviales dominadas por los campos de olivos y vides.

Un trazado rectilíneo en paralelo al río sin dejar las marcas amarillas y blancas del sendero de pequeño recorrido. Tomando una rampa cementada se desciende al cauce del Huecha, el cual se atraviesa por una plataforma a ras del río, en el kilómetro 18. Después atraviesa una zona de huertas hasta llegar cerca de la carretera, en el kilómetro 18,7. En este punto se toma un camino a mano derecha que toma dirección a la localidad de Maleján, que deja en el epicentro de la localidad, junto al colegio. Una pequeña parada nos permite acercarnos al casco antiguo, formado por calles estrechas herencia de su legado musulmán. Una plazoleta alberga la modesta iglesia de la Visitación, y un poco más adelante se abre un mirador del valle del Huecha de visita obligada. Este pequeño paseo añade doscientos metros más al cuentakilómetros.

Volviendo a la calle principal, se avanza en la misma dirección hasta alcanzar la calle Huecha. Por ella se abandona el casco urbano hasta toparse con un camino. Girando bruscamente a la derecha se encamina a la vega. Un puente atraviesa el cauce tras haber alcanzado los 20 kilómetros de recorrido. A escasa distancia surge a mano derecha el camino por el que se ha pasado antes, y que sirve para volver a Borja después de recorrer los dos kilómetros finales.

Por la tarde se propone la visita a la localidad de Borja. Junto a la Puerta de Zaragoza, está ubicada la oficina de turismo. Un recorrido por sus calles ofrece rincones tan acogedores como la plaza de Santa María. Allí se alza la ex-colegiata de Santa María, en cuyo exterior sobresalen dos esbeltas torres, una de ellas mudéjar conocida como Torre del Reloj, y la otra de estilo clasicista. Junto a ella se encuentra el Museo de la Colegiata ubicado en un palacio renacentista que alberga tres plantas con diferentes salas expositivas que muestran fondos religiosos, en torno a un pequeño patio de bella factura. Volviendo a la arteria principal, en ella se abre la plaza del Mercado. Uno de sus costados alberga la zona porticada. Y en las cercanías está uno de los espacios más bellos de la localidad, la plaza de España. Presidida por el ayuntamiento, la sede se emplaza en un palacio aragonés del siglo XVI.

La Sierra de Carrodilla constituye el extremo más occidental de las sierras prepirenaicas oscenses.  Su punto más elevado es el Buñero, que se alza a 1109 metros de altitud. En su corazón se ubica el santuario de la Carrodilla. A piedemonte se asientan poblaciones como Estadilla y Fonz que atesoran un patrimonio arquitectónico de gran valor. La Fuente de los doce caños de Estadilla y el conjunto de palacios de Fonz son buen ejemplo de ello.

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La autovía entre Huesca y Lérida conduce a la zona más oriental de Aragón donde se localiza la zona a visitar. La salida para entrar en el casco urbano de Monzón sirve también de acceso a Fonz, pero en sentido contrario. Aunque de origen árabe, la reconquista fue forjando un emplazamiento que dependió del obispado de Lérida. Las vacaciones estivales de los obispos influyeron notablemente en la construcción de monumentales palacios que posee la población.

La visita arranca en la travesía, junto a la Fuente de Abaix. Destaca la decoración gótica mediante un arco conopial de sillería. Bajo tierra es posible la visita del caño o pasadizo que se adentra bajo el casco urbano y de donde proceden las aguas del manantial. Desde este punto parte una calle que asciende de manera directa al centro de localidad. En su recorrido se pasa a los pies de la Casa Moner. En ella nació Pedro Cerbuna, fundador de la Universidad de Zaragoza. Se trata de un palacio renacentista aragonés construido en el siglo XVI. Su fachada de traza curva cuenta con dos plantas construidas en piedra sillar y ladrillo que se remata con galería de 37 arcos de medio punto bajo el alero. Este fue el palacio más importante de la población, siendo de la familia Bardaxí y posteriormente Moner, las familias más poderosas. Un poco más arriba, esta vez a mano derecha, se alza la Casa Fiscal. A pesar de su modesta fachada, se trata de una de las pocas que conserva todavía la estructura interior de las estancias.

Se alcanza la plaza Mayor, catalogada como monumento histórico-artístico hace unas décadas. En un rincón aparece la fuente monumental, obra del año 1567 de piedra sillar. Un arco de medio punto cobija los seis caños adornados con máscaras diferentes. Se cubre el conjunto con un frontón triangular. Junto a la fuente se alza uno de los inmuebles más monumentales de la plaza, el palacio de los Gómez de Alba. La fachada se eleva a gran altura con una acusada esquina que da a la plaza. En su parte superior sorprende un curioso garitón. El acceso se abre en la parte alta de la plaza, junto a un pintoresco rincón formado por el Arco Codera. La fachada luce vanos con rejas en planta baja, vanos adintelados en la primera y galería de arco de medio punto doblado en ladrillo.

En el otro extremo de la plaza se alzan el resto de edificios de interés. La Casa Gilleuma-Moltó con su colorida fachada y poco después el antiguo palacio de los obispos de Lérida, ahora ayuntamiento. En su interior se ubica la oficina de turismo desde donde comenzar la visita guiada a la localidad. Obra del siglo XVI presenta típica fachada de palacio renacentista aragonés. Luce portada clásica y sobria fachada de ladrillo en su parte alta culminada con galería de arquillos. En su interior alberga el Centro de Interpretación del Renacimiento. El resto de la plaza se complementa con una zona porticada y otros palacios de interesante factura. Frente a ellos una elegante escalinata conduce a la iglesia de la Asunción. Es una construcción de estilo gótico aragonés, del año 1617. Al exterior sobresalen la portada cubierta por un elegante pórtico y la torre de planta octogonal en los cuerpos superiores.

Recorriendo la plaza en sentido contrario, parte una calle que sirve de aproximación a la Casa de los Barones de Valdeolivos o Casa Ric. Visita obligada en la población es poder adentrarse en su interior para sumergirse en la historia de esta familia. El edificio data del siglo XVII. La familia Ric recibió la Baronía de Valdeolivos en 1765. El tercero barón, Pedro María Ric, fue regente de la Real Audiencia de Aragón y diputado en las Cortes de Cádiz. Se casó con la condesa de Bureta, heroína de los Sitios de Zaragoza. El recorrido por su interior se inicia en la capilla y continua por las diferentes estancias nobles que se conservan sin apenas modificaciones. Se completa con una colección pictórica de gran valor. Además la familia acumuló documentos familiares desde el año 1242 y unos 4000 volúmenes que forman una biblioteca pública ya que junto con el resto de instalaciones ahora son propiedad de la Diputación General de Aragón al ser donados por la familia.

La visita al casco urbano pone su broche final en la ermita de San José. Tras atravesar la plaza Mayor y el arco Codera, se abandona el casco urbano por una pista de apenas un kilómetro tomando en todos los cruces el ramal izquierdo. La sencilla construcción cuenta con un pórtico a los pies. Desde este punto hay magníficas vistas del valle del Cinca así como de localidad.

Ocho kilómetros separan Fonz de Estadilla. El punto de partida de la visita es la Puerta del Sol, que se precede de una plaza ajardinada, uno de los puntos con mayor actividad del pueblo. En uno de los rincones se levanta el acceso medieval al núcleo más importante. Un arco de sillería del siglo XVI se flanquea por dos edificios a modo de torreones adelantados. Desde este punto parte la calle mayor, flanqueada por buenos ejemplos de arquitectura civil. Se alcanza la plaza Mayor, a la cual se accede directamente bajo uno de los porticados laterales. Este espacio es uno de los rincones más bellos de la localidad. Otro de los costados está formado por el edificio del ayuntamiento, de factura renacentista aragonés del siglo XVI. En la parte alta discurre una galería de vanos de doble arcada de medio punto. La plaza cuenta con un conjunto de fachadas de gran colorido en perfecta armonía con los palacios que completan el conjunto.

Desde este punto una calle conduce a la iglesia de San Esteban, cuyo edificio actual es producto de la reconstrucción tras el paso de la guerra civil. Desde la plaza, una calle en fuerte descenso va camino de la fuente. Junto a las últimas casas estaba el Portal de la Fuente. En este punto se ha acondicionado una pequeña plaza que cuenta con un magnífico mirador. A unos cinco minutos, fuera del casco urbano, se encuentra la Fuente de los doce caños. Sus alrededores han sido ajardinados dando lugar a un acogedor lugar de recreo. La construcción data del año 1735 bajo influencia neoclásica. Cuenta con una fachada con tres arcos de medio punto, los cuales albergan doce cabezas de león, a través de las cuales mana el agua. Junto a ella se acondicionó un lavadero público.

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La jornada puede terminarse con la visita al Santuario de Carrodilla. Desde la Puerta del Sol parte una calle que bordea el casco urbano. Una pista en estado aceptable se adentra en la sierra a lo largo de seis kilómetros, con algunos tramos de mayor desnivel que se presentan cementados. El santuario se emplaza a 814 metros de altitud. El topónimo tiene relación con el carro de unos carboneros donde según la leyenda se apareció la virgen. La iglesia actual hunde sus orígenes en el siglo XIII, siendo reformada en el siglo XVI. En este siglo y el siguiente se construyó la casa y la hospedería. El conjunto se abre a una gran explanada y presenta cinco arcos de medio punto que cobijan un porche. Bajo ellos una bella portada que sirve de acceso a un pasadizo interior. La iglesia se culmina con el presbiterio delimitado del resto de la nave por un gran arco rebajado. Este espacio se cubre con bóveda de lunetos de la cual se descuelga un pináculo de gran belleza y singularidad.

El carrascal de Castejón, o de Nisano, toma el nombre de dos antiguos despoblados medievales reconvertidos en explotaciones agropecuarias, conocidos históricamente como castillos. Es una importante extensión de encinas, de unas 800 ha, el mayor y mejor conservado carrascal de llanura de la Hoya de Huesca. Entre todos los ejemplares sobresale la Carrasca de Becha, un longevo árbol cuya figura sobresale en medio de un campo de almendros.

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Esta ruta ciclista parte de la localidad de Chimillas, situada a escasa distancia de Huesca capital. Para llegar es necesario tomar la carretera que conduce a Ayerbe. Poco después un desvío conduce directamente al casco urbano. La travesía se rodea de nuevos edificios. Desde la segunda rotonda se accede al origen del núcleo, pasando junto a un bello ejemplo de casa solariega, hasta llegar a la plaza donde se alza la iglesia parroquial.

El recorrido propuesto combina pistas en bueno y regular estado, con algún trecho de veredas más estrechas que ofrecen un aliciente a la ruta, y dos pequeños tramos de carretera. El desnivel en el recorrido es escaso lo que la convierte un recorrido fácil.

LONGITUD DESNIVEL PENDIENTE FIRME DIFICULTAD
19 km 100 m variable regular baja

Desde la plaza de la iglesia se vuelve por la misma calle hasta la rotonda. Se toma la segunda salida por la derecha, abandonando rápidamente el pueblo. En los dos primeros cruces se toma el ramal derecho. Cuando se llevan 1,6 km se toma de nuevo la bifurcación a la derecha, dejando el trazado principal de la pista. Los campos se van alternando con los primeros bosques de carrascas. En el kilómetro 3,7 aparece un importante cruce. La pista hace un giro muy pronunciado a la derecha para tomar dirección contraria. Siguiendo esta dirección el firme empeora. Medio kilómetro después se deja la pista y se toma un sendero que se interna en el carrascal. Comienza el tramo más divertido de la ruta en el cual se siente la frondosidad del bosque.

Sin dejar la senda y siguiendo siempre al frente, en el tramo final ésta se convierte en pista. Trascurridos 5,5 kilómetros aparece un cruce ortogonal de amplios caminos, donde se debe tomar el desvío a la derecha en ligero ascenso. De nuevo se atraviesa una zona de abundante arbolado, en la que deben dejarse todos los pequeños ramales que surgen continuando por el trazado al frente. En un claro del bosque aparece un campo de almendros, que debe bordearse por la izquierda. Poco después surge la majestuosa imagen de la Carrasca de Becha. Rodeada por la plantación de árboles alineados destaca por su gran porte, con 19 metros de altura. Es necesario atravesar el campo para poder admirar la carrasca bajo su copa.

Ya de nuevo en la pista, un poco más adelante, quedan los restos de algunos muros como único testimonio del antiguo castillo de Becha. El camino desciende de manera brusca desembocando en una pista de buen firme, tomando el desvío a la derecha. En sentido contrario se alcanzaría el castillo de Castejón. En trazado rectilíneo y atravesando el campo de almendros se alcanza la carretera proveniente de Chimillas en dirección a Lierta, tras superar ligeramente los ocho kilómetros de recorrido.

Girando a la izquierda se discurre por la carretera, bordeada por el carrascal sólo en su margen derecha. En poco menos de un kilómetro se abandona para tomar un amplio camino a mano derecha que sirve de acceso al castillo de Nisano. Se trata de un conjunto fortificado documentado ya en el siglo XI. Sin llegar a él, se toma a doscientos metros de la carretera un desvío a mano derecha que bordea la masa boscosa de encinas.

Tras dejar el carrascal, cuando se llevan 10,4 km de ruta se atraviesa un pequeño cauce, y poco después el recorrido se adentra de nuevo en la arboleda. Se trata de la última incursión en este reducto de bosque autóctono. Al salir se aproxima a una granja y poco después se gira a la derecha bordeando sus instalaciones. A los 13,5 kilómetros se toma una pista a la izquierda que toma dirección al campamento militar de Igriés.

En los sucesivos cruces, primero a la izquierda y luego a la derecha, se discurre junto a las instalaciones militares en desuso, en dirección al sur. Solo resta tomar el camino principal que se encamina a la localidad de Banastás. A los 17,2 kilómetros se pasa junto a los primeros edificios. Por la calle se llega a la intersección con la carretera. Para terminar la ruta sólo resta recorrer un tramo de carretera hasta alcanzar la población de Chimillas, habiendo recorrido algo menos de 19 kilómetros en total.

Para la tarde se propone un paseo por la ciudad de Huesca. Muchos son los atractivos de la capital oscense. El punto de partida ideal es la plaza de Navarra, con su bella fuente en la parte central, escoltada por el edificio del Casino. Desde allí recorrer los  Porches de Galicia y el Coso, las arterias más animadas del centro de la ciudad. Pero también adentrarse en el casco antiguo, haciendo un alto en las plazas de Allué, rodeada de porches, la plaza de San Pedro, con la iglesia de San Pedro el Viejo, panteón real, y la plaza de la Catedral, que alberga el edificio del ayuntamiento y la Catedral con su magnífica portada, son puntos imprescindibles en una visita rápida a la ciudad.    

El valle de Tena estuvo dividido administrativamente en tres quiñones o demarcaciones durante los siglos XVI y XVII. Uno de ellos, el Quiñón de la Partacua, incluye las poblaciones situadas en la margen derecha del río Gállego: Tramacastilla de Tena, Piedrafita de Jaca, Búbal, Saqués y Escarrilla. Toma el nombre de la Sierra de la Partacua coronada por las cumbres de Peña Telera y Punta Escarra. 

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La autovía mudéjar proveniente de Huesca permite un acceso cómodo al valle de Tena. Se deja en Sabiñánigo para tomar un tramo de nacional hasta Biescas. Y finalmente es necesario coger la carretera regional A-136 la cual vertebra a uno los valles más amplios y bonitos de la cordillera pirenaica.

Poco después de avistar el pantano de Búbal se toma el desvío a la izquierda que conduce a la población de Piedrafita de Jaca. Rodeando el pueblo, junto a las últimas viviendas, parte la pista forestal que conduce de manera cómoda al aparcamiento del Parque Faunístico de Lacuniacha. Se trata de un bioparque de unas 30 hectáreas de superficie que ocupa el bosque natural de La Pinosa. Ofrece al visitante a través de un recorrido de cuatro kilómetros y medio la posibilidad de conocer tanto la flora como la fauna que vive o vivió en los Pirineos. En la parte baja se atraviesa un bosque mixto en el que destacan pinos silvestres, hayas, robles, abedules y acebos. Mientras que la parte alta cuenta con una pradera subalpina con prados poblados de arbustos y flores de alta montaña. En cuanto a la fauna, todos los animales han nacido en cautividad y residen en recintos amplios, que son atravesados en su recorrido lo que permite caminar cerca de ellos. Cuenta con 15 especies diferentes con unos 120 individuos en total. Se trata de ciervos, renos, corzos y gamos, pertenecientes a la familia de los cérvidos; sarrios y cabra montés, de los caprinos; jabalí, muflón, lince boreal, oso, caballo de Przewalski, lobo ibérico y zorro común. A ellos se añaden los animales autóctonos que viven en el parque como son ardillas, marmotas, topos y diferentes aves. Todo se complementa con miradores dotados de buenas vistas de la Sierra de Partacua, así como del valle.

Foto cedida por el Parque Faunístico de Lacuniacha

Para la tarde se deja la visita de los dos pueblos más cercanos al parque faunístico y que formaron parte del Quiñón de la Partacua. Tras volver por la pista se hace un alto en Piedrafita de Jaca. Se trata de un pequeño pueblo de tradición pastoril. Desde el aparcamiento situado junto al ayuntamiento de la localidad, parte la calle principal que articula el casco urbano. En su trazado quebrado atravesando varias plazoletas parten cortos viales, configurando un conjunto arquitectónico típico de montaña. Sobresalen algunas viviendas, la más antigua de ellas Casa Silvestre fechada en el año 1640. El resto son posteriores pero ofrecen bellas portadas y conforman rincones pintorescos que bien merecen un tranquilo paseo. Al final del pueblo, junto a la carretera, se alza la iglesia de San Andrés. Su imagen actual se debe a una reforma de hace unas décadas. La piedra de sus muros y la pizarra del tejado mantienen el aspecto pirenaico de la construcción renovada.

Volviendo a la carretera regional, es necesario retroceder un poco para visitar la población de Búbal. Dio nombre al pantano ubicado a escasa distancia, pero ello provocó su total despoblación. El barrio bajo sucumbió con la construcción de la nueva carretera, y el resto se conservó siendo restaurado por el Estado para albergar un centro vacacional de estudiantes. Desde el aparcamiento parte una calle que pasa a los pies de la iglesia de San Martín, levantada en el siglo XVII. Destaca su maciza torre junto a la portada barroca de acceso. Un poco más adelante se abre una plaza, epicentro de la actividad estudiantil. Una calle al frente asciende entre edificios y muros que delimitan pequeños huertos. Toma dirección a un barranco que atraviesa un pequeño puente de piedra, un bello rincón que no debe dejar de visitarse. Al otro lado están los restos del antiguo molino.

El domingo se propone la visita a otras dos localidades cercanas. Desde la carretera regional que recorre el fondo del valle, parte un desvío hacia Tramacastilla de Tena. Debido a su importancia constituyó la capital del Quiñón de la Partacua. En las últimas décadas su casco urbano se ha ampliado con nuevas construcciones que mantienen la tipología pirenaica. El ayuntamiento marca el epicentro del casco urbano. Desde este punto una ruta circular por la zona más céntrica permite descubrir las casas más antiguas, las cuales conservan bellas portadas tensinas de influencia bearnesa. En uno de los extremos se alza la iglesia de San Martín, de origen románico. Cuenta con una gran torre cuadrangular de escasa altura como campanario.

Como perfecto complemento al paseo se recomienda la subida al Mirador de Santa Marina. El recorrido señalizado parte junto al ayuntamiento. Se deja el casco urbano mediante una escalera tras un edificio. Le sucede un sendero escalonado atravesando una ladera boscosa, y en menos de un cuarto de hora se alcanza la parte alta de la colina. Un espacio perfectamente acondicionado con vistas a la Sierra de la Partacua y al valle de Tena.

Después de atravesar el casco urbano, desde su parte más alta parte la carretera que conduce a Sandiniés. Se trata de una pequeña aldea que conserva perfectamente el sabor de antaño en sus calles. La carretera pasa junto al lavadero y la fuente, un buen lugar para dejar el vehículo. A escasos metros están las antiguas escuelas y la iglesia de San Ginés. Data de los siglos XVII-XVIII pero fue reformada hace unas décadas. Se inicia un recorrido que obliga a recorrer todos los rincones del pequeño núcleo. Durante el paseo por las empinadas y quebradas calles surgen pasadizos y callizos. Un paseo jalonado de portadas de gran belleza.

Es necesario alcanzar la parte más elevada del núcleo, de donde parte un sendero que conduce al Mirador Punta de las Eras. Atravesando una pequeña zona de pastizales ahora convertidos en lugar de recreo, se alcanza la parte más alta. Desde este punto se disfruta de una bella panorámica del casco urbano, con sus viviendas apiñadas, con el telón de fondo de la Sierra de Partacua. Pero también una amplia vista del valle de Tena.

Ya por la tarde se puede completar el fin de semana haciendo un alto en Escarrilla. La carretera es el elemento de conexión entre los dos barrios que formaban antiguamente este núcleo. Su casco urbano se ha ampliado con nuevos edificios y una amplia oferta de servicios para el visitante. Pero todavía se pueden observar algunos ejemplos de su arquitectura tradicional. Quizás el rincón más pintoresco se ubica en la parte baja, en el barrio del Plano. En la entrada de la población una estrecha calle conduce hasta Casa Maribuena. Su bonita portada forma parte de un conjunto de gran belleza. De camino al otro barrio se pasa junto al ayuntamiento, y en su parte alta la iglesia de San Pedro Apóstol. En el barrio del Vico, destacan algunas viviendas cuyo acceso tiene lugar por una calle paralela a la travesía.

La comarca del Maestrazgo se encuentra a caballo entre las provincias de Teruel y Castellón. Los pueblos que lo componen atesoran un patrimonio arquitectónico que los sitúa entre los pueblos más bonitos de España. El Portal de las Monjas de Mirambel o la plaza mayor de Cantavieja son claros ejemplos de su belleza. A ellos se suman innumerables rincones y edificios que dejan maravillado al visitante.

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Alejada de los grandes ejes viarios, a esta comarca turolense se puede acceder por la carretera comarcal A-226, bien provenientes de Teruel o de Alcañiz. Esta ruta atraviesa el Maestrazgo pasando por su capital, Cantavieja. La visita se inicia en Villarluengo, población a la que también se puede llegar por la carretera que proviene de Ejulve. Su casco urbano se agrupa en torno a la iglesia parroquial delimitado por un cortado vertical de roca que se asoma al río Cañada.

Un paseo por las calles de la localidad conduce sin pérdida hasta la plaza de las Tablas, denominada así por el antiguo pavimento que tuvo. En la parte baja se encuentra el ayuntamiento, robusto edificio renacentista del siglo XVI. A escasos metros se alza una lonja abierta a la plaza mediante arcos apuntados. El firme inclinado de la plaza deja a los pies de la iglesia de la Asunción. De estilo renacentista, fue inaugurada en 1861. Su fachada con perfil mixtilíneo está escoltada por dos torres gemelas de mampostería y ladrillo. Sus cuerpos superiores son octogonales y se rematan con tejado piramidal. Desde la parte trasera se accede al balcón de los Forasteros. Un bello rincón con sobrecogedoras vistas del barranco de la Cañada, que discurre a los pies de la localidad.

Como complemento al paseo urbano se propone una sencilla excursión, la Ruta de los Pozos. Recorre mediante un itinerario circular rincones de gran belleza formados por el cauce del río Cañada.

TIEMPO

DESNIVEL

DIFICULTAD

2 h (ida y vuelta)

 400 m

fácil

Desde la parte baja de la localidad parte el camino que toma dirección al gran barranco. Una vez dejados atrás los huertos cercanos a las viviendas el camino empedrado pasa junto a un peirón monumental. Tras un cuarto de hora se alcanza el primer cruce. Se deja el camino y se toma a mano izquierda la senda señalizada que conduce a los pozos. Un sendero rodeado de abundante vegetación que en ligero descenso alcanza el cauce del río media hora después de comienzo. Unos metros antes, junto a una caseta pastoril se puede hacer la primera aproximación, viendo el tajo abierto en el paisaje por la erosión fluvial. La senda desciende hasta el Pozo del Invierno, el primero de ellos. Al fondo se avista el estrecho desfiladero de donde proviene el agua. Volviendo a la senda, ésta toma dirección al siguiente pozo, en paralelo al río. En diez minutos más se alcanza el Pozo La Sulsida. La senda avanza ascendiendo ligeramente y proporcionando buenas vistas del angosto valle. De nuevo en descenso se acerca al Pozo La Zarzina. Es necesario tomar un ramal de la senda que permite alcanzar el más espectacular de los tres saltos. El agua se precipita entre las rocas para alcanzar un pozo de grandes dimensiones. Desde este punto es necesario volver por el mismo itinerario hasta el primer pozo. A sus pies se cruza el cauce con alguna dificultad. Ya en la otra orilla una senda asciende mediante varias lazadas entre campos abandonados. Avanza en dirección contraria con vistas de las viviendas de Villarluengo. Al final alcanza de nuevo el camino empedrado, que conduce al Puente de la Hoya. Se trata de una robusta fábrica de sillería, con dos arcos sobre el cauce. Al otro lado comienza el ascenso, ya sin pérdida en dirección al pueblo.

Para la tarde del sábado se propone la visita a La Iglesuela del Cid . Esta localidad tomó su apellido del personaje histórico de Rodrigo Díaz de Vivar, quién mandó fortificar el pueblo. La visita se inicia caminando desde la travesía y pasando un pequeño puente. Enseguida se aprecian dos magníficas torres: la de la iglesia y la del Homenaje o de los Nublos, del castillo de los Templarios. Un arco a mano derecha introduce en la plaza de la Iglesia. Se trata de uno de los rincones más bellos de la localidad. Allí se abren la magnífica portada plateresca de la iglesia parroquial, las fachadas de la Casa del Blinque, la Casa de los Daudén y el edificio de la Casa Consistorial. Éste último es un edificio gótico del siglo XVI, con lonja de tres arcos apuntados abiertos a la plaza y ventanales ajimezados en la fachada rematada con alero de madera. Forma parte del antiguo castillo templario. Del mismo queda todavía la sala capitular, donde celebraban las sesiones los templarios y sanjuanistas bajo el rico artesonado del techo. Se utiliza actualmente como salón de sesiones. En cuanto a la Casa Blinque, frente a la iglesia, cuenta con un gran porche que cobija la puerta, apoyado en una columna. En un rincón está la Casa de los Daudén que luce portada con fecha de 1773. En el interior destaca su escalera imperial de estilo rococó. Junto a ella, en recodo, parte la calle Ondevilla, origen del núcleo y que todavía conserva un profundo sabor medieval, con buenos ejemplos de casas nobles.

Se puede volver por la rambla salpicada de huertos, para entrar de nuevo por el portal de San Pablo, único vestigio del perímetro defensivo de la época medieval. En una replazoleta se alzan dos de los mejores ejemplos de arquitectura civil de la población. La casa Guijarro, del siglo XVI y la Casa grande de los Aliaga, monumental casona coronada por un magnífico alero de madera. Un paseo por el resto de calles permite apreciar por completo la riqueza monumental del núcleo.

Atravesando el portal de San Pablo, y el barrio situado al otro lado de la rambla, parte un camino que conduce al Santuario de la Virgen del Cid. A lo largo de tres kilómetros se atraviesa un paisaje escaso en vegetación, pero rico en muros de piedra seca que delimitan los campos. Una peculiar técnica constructiva carente de argamasa. El santuario, ubicado en una llanura, está formado por varios edificios en torno a una plaza. Cabe destacar el pavimento de la plaza, realizado con pequeños cantos rodados que forman dibujos. La ermita es una obra gótico-barroca, en la que destacan como elementos curiosos lápidas romanas, así como restos de columnas y capiteles incrustados en las aristas exteriores. Pertenecen a una construcción romana del siglo II, sobre la que se construyó la actual ermita.

El domingo se inicia con la visita a Cantavieja, situada en lo alto de un peñón rocoso y triangular. Desde la toma cristiana por Alfonso II su historia ha estado íntimamente ligada a las órdenes militares. Una calle sirve de acceso al recinto medieval. En ella se alza la oficina de turismo, en cuyas dependencias está el Museo de las Guerras Carlistas. A la largo de tres plantas ofrece paneles y material referente a las contiendas que sacudieron tanto esta comarca como buena parte de España, y se explican los acontecimientos políticos y militares acaecidos durante el siglo XIX. Avanzando por la calle, una bocacalle nos evoca los lugares más pintorescos y mejor conservados del casco urbano, con varios palacios. Se llega sin pérdida hasta la plaza del Cristo Rey.

Se trata de una singular y monumental plaza circundada por porches de arcos ojivales en tres de sus lados. Pertenecen a la iglesia, el ayuntamiento y la Casa de Román de Diego. El ayuntamiento luce en su fachada tres ventanales góticos con balcones de forja. En su interior se dispone un salón con un bello artesonado. Por debajo del mismo se accede a la plazuela del Portillo que ofrece un mirador con magnífica panorámica. La iglesia de la Asunción, obra barroca terminada en 1745, es la más grande de la diócesis de Teruel. La torre se alza sobre un arco atravesado por la calle principal. De planta octogonal en su parte alta, se remata con chapitel afilado rodeado de almenas. La calle avanza en dirección al antiguo castillo situado en el extremo del espolón rocoso, del cual no quedan restos. El solar es el actual calvario, y se puede observar a través de la puerta. Volviendo por la calle de San Miguel se pasa junto a la iglesia homónima, la más antigua de la localidad. Es una obra gótica levantada por los templarios en el siglo XIV. La portada con arquivoltas ojivales se cubre por un atrio de tres arcos apuntados sobre columnas. El recorrido se completa hasta alcanzar la entrada del pueblo.

A catorce kilómetros se encuentra Mirambel, cuyo topónimo significa algo así como belleza admirable, y no es para menos. Conserva buena parte de su perímetro defensivo así como los portales. Dejando el vehículo en el aparcamiento de la carretera, se accede al interior por uno de ellos. Junto a un torreón circular se entra por el Portal de las Monjas. En su interior presenta una galería formada por tres niveles, la primera con balaustrada de madera y las dos superiores con ventanucos y celosías de diferentes formas. Pertenece a un convento cuya fundación data del siglo XVI. La calle mayor es amplia, jalonada de vistosas casas, portales dovelados, rejas de hierro forjado y no pocos aleros con labores artísticas. Dos ejemplos son la Casa de los Julianes y la Casa de Lasota. Al final de la calle se abre el portal del Estudio, que servía de acceso a las escuelas situadas a extramuros. Desde este portal una calle nos conduce a la plaza de la iglesia. Se trata de una plaza abierta con un mirador sobre la muralla. En ella se alojan la iglesia y el ayuntamiento. La iglesia de Santa Margarita, data de 1679, aunque tuvo que reconstruirse casi por completo tras el incendio provocado durante las guerras carlistas, en 1837, en el que sólo quedaron en pie los muros y la torre. Bajo el influjo barroco se levantó de nuevo. En cuanto a la torre de sillería, destaca la parte superior decorada una balaustrada y culminada por un cupulín. El ayuntamiento es un edificio de 1615 en cuya fachada luce escudo y bellos ventanales. En su parte se abre una lonja de arcos de medio punto.

Desde la plaza mediante unas escaleras se accede a la vega a través del portal de la Fuente. Junto a las huertas se puede acceder a la cercana ermita del Pilar. A sus pies se abre un gran pórtico sobre columnas octogonales que forma parte del acceso. Desde este punto la vista del pueblo amurallado con la vega a los pies es muy pintoresca. Volviendo de nuevo a la plaza, junto al ayuntamiento parte una calle que conduce a la plaza de Aliaga. En este lugar se alzan las dos mejores casas del pueblo, la Casa de Aliaga y la Casa de los Castellot. Ambos edificios tienen una tipología parecida, con fachadas de sillería, grandes ventanas, galería de arcos y remate con alero de madera. Desde la plaza se vuelve a la calle Mayor, completando un recorrido monumental básico. Sin embargo hay muchos más inmuebles que tienen muchas riquezas ocultas en su interior, los cuales muestran al exterior soberbias fachadas.

El valle de Onsella, conocido históricamente como Valdonsella, está ubicado en el límite norte de la provincia de Zaragoza. Su nombre hace referencia a la existencia de osos en el pasado.  El valle se descuelga de la Sierra de Santo Domingo discurriendo en dirección este-oeste. Sus pequeños pueblos conservan una arquitectura tradicional bien conservada, con elementos sobresalientes como el torreón de Navardún y las casas nobiliarias de Longás.

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El acceso natural a este pequeño valle es la localidad de Sos del Rey Católico, una de la Cinco Villas, que tomó el apellido de su hijo más ilustre. Hasta este enclave se accede por la carretera que vertebra la comarca de sur a norte partiendo del valle del Ebro desde Gallur o Alagón. Una vez rodeado el promontorio donde se alza Sos, en ocho kilómetros se alcanza la puerta de la Valdonsella.

El casco urbano de Navardún se asienta en una vaguada, salvaguardada por la torre del antiguo castillo. El acceso conduce directamente a la plaza principal, donde alza el ayuntamiento. El histórico edificio luce un magnífico escudo fechado en 1690. Se trata de un palacio aragonés con arco de medio punto y en la última planta alberga una galería de huecos rectangulares. Un paseo por sus calles descubre una cuidada arquitectura con fachadas de piedra, a la vez que se observan los restos de fustes y capiteles del patio de armas del castillo. En la parte alta está la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, una construcción de principios del siglo XII. Ante una bella plaza se alza su portada escoltada por columnas lisas y capiteles con decoración de hojas, con una banda de ajedrezado alrededor. Completan el conjunto el ábside románico y la espadaña a los pies.

El punto de mayor interés de la población es el castillo. Se accede una vez rebasado el casco urbano, mediante un pequeño ramal. Estuvo compuesto por distintas dependencias en torno a un patio de armas, del cual sólo se conserva la planta. En uno de los costados se alza la torre del Homenaje. Se trata de una de las más voluminosas de este tipo en Aragón, con una altura de 26 metros. Se accede a través de una puerta elevada que deja en la parte señorial. De sus cuatro plantas, la más baja sirvió como almacén. El resto de las plantas se cubrían con techumbres planas de madera. En la planta noble se abren ventanas ajimezadas de arco apuntado, además de una letrina. Se puede acceder a la terraza almenada, con excelentes vistas de la localidad y de todos los alrededores.

Poco más adelante es necesario tomar la carretera que acompaña al río Onsella. Encaramadas al valle se alzan las casas y la iglesia de Isuerre. Esta pequeña población cuenta con un magnífico mirador desde la plaza mayor y la iglesia de San Esteban, obra románica reformada posteriormente. Un paseo desde la parte trasera de la iglesia alcanza una recoleta plaza que conserva la esencia de la arquitectura típica de la zona, que cuidan con mimo sus habitantes. Otras dos portadas en el resto del pueblo atestiguan la nobleza de sus antiguos dueños.

A poco más de tres kilómetros se asienta otra pequeña población de la Valdonsella. Un desvío conduce a Lobera de Onsella. Su topónimo hace referencia a los lobos que poblaron antaño esta zona. En el centro se abre la plaza principal, un espacio amplio del cual parten buena parte de las calles del pueblo. Una calle con escalinata ofrece la visión del ayuntamiento y la torre de la iglesia ubicados en la parte alta. Cerca de la plaza destaca la casa Plano, que luce una excelente portada rematada con frontón y pináculos. La puerta cuenta con columnas achaflanadas a ambos lados. Un pequeño paseo servirá para saborear la cuidada arquitectura popular de su casco urbano.

La carretera que discurre por el valle llega a su fin en Longás. Se trata de uno de los pueblos más pintorescos de la ruta. Recibe al visitante la calle principal flanqueada por un conjunto de casas señoriales de piedra con grandes portalones y bellas ventanas geminadas. Un poco más arriba está la iglesia de Santa María, obra del siglo XVI. Sobresale su torre de planta cuadrada, singular por la torreta adosada que contiene la escalera de caracol de acceso. Merece la pena un paseo pausado por sus calles donde sorprende una arquitectura civil sobresaliente para una población tan pequeña.

Para culminar la excursión se propone coronar la Sierra de Santo Domingo mediante una pista que parte a la entrada del pueblo. Se encarama por la ladera salpicada de bojes y aliagas, ascendiendo fuerte mediante continuas lazadas. Tras este primer repecho se alcanza una gran llanura surcada por campos de cultivo. Más adelante el trayecto se adentra en una zona con más arbolado, donde predomina el pinar acompañado de abundantes hayas y serbales blancos. Se alcanza el Portillón de Longás, situado a 1.235 metros, tras despejarse la vegetación. La conforma una abertura en la cresta rocosa, la cual permite la conexión con Biel y Fuencalderas. Antiguamente este paso servía para controlar el número de cabezas de ganado que lo atravesaban.

TIEMPO DESNIVEL DIFICULTAD
50´ (ida) 300 metros fácil

La pista continúa hacia el punto más alto de la sierra. Este trayecto puede realizarse por un sendero que parte de la pista a escasa distancia del portilllón. Hayas, bojes, acebos y otras especies cubren por completo la umbría a lo largo de casi media hora de ascensión. Arriba se alternan progresivamente algunos pastizales hasta desembocar de nuevo en la pista para emprender el tramo final. Un amplio pastizal en forma de vaguada sirve de cobijo a la ermita de Santo Domingo. Una sencilla fábrica rectangular de piedra, con tejado formado por amplias losetas. A mano derecha, rodeada de masas de boj está el Pico de Santo Domingo, coronado por el punto geodésico, a 1.524 metros de altitud. Desde este punto se divisa perfectamente la vertiente sur, con las crestas rocosas de la sierra, el Puig Moné y al fondo el Moncayo. En el lado opuesto a la ermita se alza otra elevación donde un panel de interpretación permite identificar todas las cumbres pirenaicas visibles desde este magnífico mirador. El descenso puede realizarse directamente por la pista hasta alcanzar de nuevo el portillón.