La vía verde más larga de España discurre entre Teruel y Valencia. En su tramo intermedio por tierras aragonesas, entre Puerto Escandón y Cella, bordea la capital turolense. Un recorrido donde se atraviesan bosques de pinos y quejigos, cortados teñidos por el color rojizo de las arcillas, el desfiladero del barranco Seco, el valle del río Alfambra y que desemboca en los llanos de Jiloca.

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La vía verde de Ojos Negros utiliza el trazado del antiguo ferrocarril minero de Sierra Menera, el cual comenzó a funcionar el 27 de julio de 1907. Fue construido para transportar el hierro extraído en las minas de Ojos Negros hacia el puerto de Sagunto. Se da la paradoja de que esta línea de ferrocarril, de 205 kilómetros de longitud, se trazó casi en paralelo a la línea de la Compañía del Ferrocarril Central de Aragón debido a las altas tarifas que imponía dicha compañía. Su vida estuvo siempre condicionada por el nivel de actividad de su cuenca minera. Con la puesta en marcha de la planta siderúrgica de Sagunto, éste fue creciendo llegando a limitar su expansión. Se alcanzaron acuerdos con Renfe, propietaria entonces de la otra línea, para traspasar a esta empresa el transporte de hierro, y finalmente en el año 1972 se clausuró el ferrocarril minero.

En esta propuesta se plantea recorrer una parte de la vía verde, entre el Puerto Escandón y la localidad de Cella, ambos puntos con acceso para vehículo. Entre ellos la distancia es de unos 41 kilómetros. La mejor opción es acudir inicialmente a la localidad de Cella, desde donde a través de un vehículo de apoyo o de un taxi alcanzar el punto de inicio de la ruta ciclista, Puerto Escandón. Así se realiza la ruta aprovechando la pendiente descendente en la mitad del recorrido.

LONGITUD DESNIVEL PENDIENTE FIRME DIFICULTAD
41,5 km (ida) 300 m 1,5% bueno media

 

El punto de partida es el Puerto Escandón. Desde la autovía mudéjar, a unos 13 kilómetros de la ciudad de Teruel en dirección a Valencia, aparece la salida en dirección a Formiche Alto y Bajo. En la rotonda es necesario tomar la antigua carretera nacional en dirección a Valencia y en breve es visible a la derecha la solitaria estación de la actual línea férrea Teruel-Sagunto que lleva este nombre. Entre la actual vía del ferrocarril y la carretera discurre el itinerario ciclista. Este el punto más alto de todo el recorrido, a 1230 metros. Se toma la vía verde a la derecha, en forma de pista asfaltada. A corta distancia la construcción de la autovía obligó a modificar el antiguo trazado ferroviario, con un descenso pronunciado y un cruce inferior mediante un corto túnel. Al otro lado un pequeño repecho devuelve a la plataforma del tren minero. Comienza un trazado prácticamente rectilíneo, surcando el paisaje mediante pequeñas trincheras y taludes protegidos por vallas de madera. En las márgenes la vegetación a base de sabinas, quejigos y pinos resulta muy agradable.

A los cinco kilómetros y medio se alcanza un pequeño merendero protegido por rocas. A continuación se atraviesa uno de los viaductos que fueron necesarios para salvar esta zona tan agreste. Y poco más adelante se llega a la boca del túnel más largo de este tramo. Sus 127 metros de longitud en trazado ligeramente curvo permiten que sea atravesado sin problemas sin apoyo de luz, aunque está dotado de iluminación automática en el caso de que funcione.

El recorrido discurre de manera elevada sobre la rambla de Valdelobos. A escasa distancia un nuevo viaducto y un túnel de 92 metros que se atraviesa sin problemas. La vía verde acentúa en este tramo la pendiente, lo cual facilita la marcha. La vegetación boscosa da paso a un paisaje en el cual dominan los colores rojizos de las arcillas en los cortados que atraviesa la vía verde.

Después de haber recorrido unos diez kilómetros, un buen lugar para realizar un pequeño alto en el camino es el merendero situado junto a la estación de Valdecebro. El pequeño apeadero sin uso se mantiene en pie, aunque en estado de abandono.

El recorrido ahora se va acercando a la autovía mudéjar. También se aprecia a la derecha, a media distancia, la silueta de la población de Valdecebro. Llega un momento en que se hace necesario cruzar la autovía por un puente elevado que se comparte con el resto de vehículos, habiendo recorrido casi catorce kilómetros y medio de ruta. Al otro lado de nuevo se retoma el trazado de la vía verde exclusiva para bicicletas.

El ciclista se adentra en la rambla del río Seco, un pequeño valle que poco a poco se va encajonando. Tanto que la vía verde debe atravesar por debajo de los dos puentes que se apoyan en pilares de gran altura que sirven para el trazado de la autovía. Tras una ligera curva de nuevo se atraviesa la carretera por debajo. Tras rebasarla se hace necesaria una pequeña parada para observar una curiosa forma rocosa, conocida como Peña el Macho, situada a escasa distancia a mano izquierda. A sus pies nace el manantial del cual se tomaron las aguas para el abastecimiento de agua de Teruel, llevado a cabo por Pierres Vedel a mitad del siglo XVI. Una obra de ingeniería que trasladaba el agua hasta la capital turolense recorriendo cuatro kilómetros de distancia.

Se avanza por la vía verde, elevada sobre la rambla hasta que se atraviesa un túnel moderno bajo la carretera que une Teruel con Cantavieja, de una longitud de 104 metros. Se habrán alcanzado los 16,7 kilómetros de recorrido en este punto. A su salida sorprende un paisaje deforestado con colores variados de yesos, arcillas y calizas que forman diversos estratos con formas que se deben al efecto de la erosión.

El trazado comienza a girar a la derecha bordeando la Sierra Gorda. A pesar de la ligera pendiente descendente, se circula elevado sobre la vega surcada por el río Alfambra en su tramo final. De nuevo sorprende el paisaje erosionado con tonos anaranjados que acompaña al trazado ferroviario.

Llega un punto en que el ciclista comparte su espacio con los vehículos, poco antes de alcanzar el cruce con la carretera nacional que une Teruel con Alcañiz. En este punto desaparece la plataforma ferroviaria, y es necesario pasar por debajo de la carretera. Tras un fuerte ascenso se alcanza el antiguo puente que servía para que los trenes cruzasen el río Alfambra. Hasta este punto se han invertido veinte kilómetros de recorrido. A unos trescientos metros se alcanza la estación de Teruel. También es conocida como estación de Baños, haciendo referencia a un pequeño balneario cercano destruido durante la guerra civil. Este el punto más bajo de la ruta, con 930 sobre el nivel del mar. Los edificios que le daban servicio todavía se encuentran en aceptable estado.

A partir de este punto cambia completamente el paisaje, tornándose más aburrido. Es el momento de centrarse en el esfuerzo físico acompañado de un cambio de pendiente. De ahora en adelante y hasta el final de la ruta ciclista el recorrido avanza en ligero ascenso. Una recta interminable donde el arbolado está prácticamente ausente. Esta monotonía se rompe con unos campos donde el cultivo de lavanda, una planta aromática de la tierra, experimenta una alternativa económica al cereal como cultivo dominante.

La ruta avanza cruzando al mismo nivel la carretera local que conduce a Celadas. Más tarde se pasa bajo la autovía mudéjar, tras haber recorrido 26,2 kilómetros de ruta. Nuevamente un tramo rectilíneo donde se comparte la vía verde con el resto de vehículos, situación que se mantiene desde el cruce con el río Alfambra y que prolongará durante el resto de la ruta ciclista. En medio de los llanos de Caudé es necesario realizar un pequeño esfuerzo para tomar el paso elevado para cruzar una carretera. Tras avistar la torre de la iglesia sólo resta la aproximación a la localidad de Caudé, cuando se superado los 29 kilómetros de ruta. La plataforma ferroviaria rodea el casco urbano y junto a la pequeña estación se ha acondicionado un área de descanso.

Poco más adelante es necesario atravesar la actual línea férrea para lo cual se ha construido un puente metálico elevado, con pavimento de tablas. Después se pasa bajo la carretera nacional. Al otro lado se pasa junto a las vallas que delimitan el aeropuerto de Teruel. Construido sobre las antiguas instalaciones del aeródromo de Caudé, tras su reconversión y ampliación se ha convertido en el mayor centro de mantenimiento, almacenamiento de larga duración y reciclado de aeronaves de Europa.

Tras cambiar de nuevo el ritmo con un nuevo paso elevado, sólo restará recorrer una gran recta, donde la vía ciclista cuenta con un pavimento en regular estado. Al fondo unas instalaciones madereras afean un paisaje ya de por sí poco atractivo. La antigua estación de Cella, se emplaza a escasa distancia del centro productivo. El antiguo trazado ferroviario ha sido ocupado por la empresa, con lo que es necesario rodear el recinto por un amplio camino asfaltado. Tras alcanzar los 38 kilómetros de recorrido, se alcanza la carretera que da acceso a Cella desde la autovía mudéjar. A partir de este punto sólo restará tomar su trazado para alcanzar el casco urbano. Una amplia recta introduce en el pueblo. La travesía bordea la localidad, dejando a la derecha campos de cultivo. Después de su largo trazado se alcanza la afamada fuente de Cella, punto final del recorrido ciclista.

Tras realizar la ruta en bici por la mañana se propone por la tarde dar un paseo por la localidad de Albarracín, situada a 22 kilómetros de Cella. Remontando el río Guadalaviar se alcanza la localidad más bella y con más encanto de Aragón. Recorrer sus calles empedradas, respirar la esencia medieval de su arquitectura, disfrutar de sus rincones seguro que deja satisfecho al visitante. Pero quizás también insatisfecho ya que son necesarias varias jornadas para poder saborear pausadamente todos los encantos tanto arquitectónicos como paisajísticos que ofrece esta población. Una excusa para volver con más tiempo a visitarla.

El embalse de la Sotonera está situado al suroeste de la Hoya de Huesca. Recibe las aportaciones de manera natural de los pequeños ríos Sotón y Astón, que recogen las aguas de sierra de Aniés y la sierra de Loarre respectivamente. Sin embargo el mayor aporte hídrico proviene del canal de Monegros que deriva las aguas desde el río Gállego mediante la presa de Ardisa. Este conjunto de obras forma parte del ambicioso Plan de Riegos del Alto Aragón.

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Las obras de la presa de la Sotonera terminaron definitivamente en 1963. Debido a la orografía del terreno, escaso en accidentes geográficos destacados, fue necesario construir un dique de gran longitud, mediante material suelto y prensado. Su longitud de coronación es de 3.870 metros, con una altura sobre los cimientos de 32 metros. Alberga una capacidad máxima de 189 Hm3.

Dos son las carreteras que sirven de acceso principal a la Sotonera. Una de ellas desde Esquedas, entre Huesca y Ayerbe. La segunda y más frecuentada desde Almudévar, en la autovía mudéjar, entre Zaragoza y Huesca. Ambas confluyen a los pies de la presa, siendo necesario tomar dirección a Puendeluna. A unos tres kilómetros parte el desvío indicado que conduce a la presa y al club náutico, donde puede aparcarse el vehículo.

LONGITUD

DESNIVEL

PENDIENTE

FIRME

DIFICULTAD

28 km

50 m

variable

regular

baja

Junto al bar-restaurante del club náutico hay una barrera que impide el tránsito de vehículos rodados. Desde este punto parte una carretera con buen firme que recorre el dique de la presa con un trazado no rectilíneo. En todo momento se pueden observar amplias vistas de la lámina del agua donde es fácil la observación de aves.

  

Tras recorrer unos dos kilómetros se pasa junto al poblado de Tormos, a los pies de la presa. Se corresponde con una antigua aldea, sobre cuyos restos se edificó este poblamiento para alojar a los operarios e ingenieros que trabajaron en la obra. Consta de una plaza de la cual parte una calle flanqueada por viviendas y que desemboca a los pies de la iglesia. Sin detener el ritmo, en el tramo final, se pasa junto al singular edificio desde donde se toman las aguas del canal de Monegros. Y poco más adelante aparece el aliviadero que vierte las aguas al río Sotón, cuando se han invertido los primeros 3,9 km de ruta.

Tras atravesar la barrera se accede directamente a la carretera. A la izquierda se toma dirección a Esquedas. Bordeando el pantano, a los 6,4 km se pasa a la altura de la paridera de La Atalaya, compuesta por varios edificios. Desde este punto parte la pista que asciende a la construcción defensiva cuya visita se deja para la tarde. Continuando por la carretera llega un momento en que se atraviesa el cauce del río Sotón, marcado en el paisaje por los tamarices que le acompañan. Tras la advertencia de zona inundable en la carretera, a los 11 km de recorrido, se toma una pista a la izquierda. Su trazado bordea pinares de repoblación que acompañaron la obra hidráulica, atravesando la acequia de la Sarda. La pista asciende ligeramente hasta unas naves agrícolas y justo al rebasarlas gira bruscamente a la derecha hasta dejar en la carretera de acceso a Montmesa. A la izquierda se toma dirección al núcleo. Se alcanza un cruce al llegar a los 12,7 km, que cuenta con varios paneles informativos. A la derecha y sin entrar en la localidad se bordea el casco urbano por la derecha. El firme asfaltado acompaña este trazado mientras se siguen las indicaciones de la alberca de Alboré. A la salida se convierte en una pista en buen estado. En el próximo cruce a tres se toma la pista central. Las vistas ahora son mucho más amplias, con grandes campos de cultivo a ambos lados del trazado rectilíneo de la pista.

Poco a poco asciende, gira a la izquierda y se interna en un carrascal. Cuando se han recorrido 17,2 km parte un ramal a mano izquierda. Medio kilómetro después surge un grupo aislado de carrascas. Antes de rebasar el tendido eléctrico de gran tensión debe tomarse un sendero y cien metros después se alcanza un magnífico mirador. Desde este puesto privilegiado se divisa toda la cuenca hidrográfica de la Sotonera, con el embalse y las zonas limítrofes. En primer plano está la paridera de Antonié y más adelante la alberca de Alboré. Este humedal de gran importancia sólo está inundado cuando el nivel del pantano es alto.

Volviendo a la pista principal se avanza de nuevo escoltado por las carrascas, alternando con tramos que permiten divisar amplios campos de cultivo. De repente comienza el descenso que desemboca en el puente sobre el canal que alimenta el embalse con aguas provenientes del río Gállego. Hasta este punto se habrán recorrido 22 km.

Avanzando al frente entre pinares, a unos cien metros parte una pista a mano izquierda. Ahora pasa junto a una zona inundable sólo con la máxima cota, con arbustos de poco porte y con buenas vistas de las sierras prepirenaicas. Se alcanza el punto kilométrico 23 y con la bicicleta debe atravesarse una trinchera rectilínea, resto de un antiguo trazado ferroviario. Una senda sirve para marcar el recorrido, siendo necesario atravesar una zona de desprendimientos en la zona central sin apenas dificultad. Al final de este tramo se alcanza un cruce múltiple. Debe tomarse el ramal derecho en un tramo de pista en mal estado y unos metros después otra a mano izquierda. Avanzando se bordea el pinar que cubre los alrededores del embalse mediante un trazado sinuoso y en regular estado. Entre la vegetación es visible en todo momento la lámina de agua. Después de rebasar los 25 km de ruta se alcanza una terraza ligeramente elevada desprovista de vegetación. Un buen mirador desde donde contemplar la gran superficie inundada por el embalse.


Sólo resta retomar la pista con un tramo pedregoso en ligero descenso. Se alcanza una urbanización y tras tomar el ramal derecho se llega en breve la carretera. A la derecha conduce a Puendeluna, pero debe tomarse la izquierda en dirección a la presa. Dos kilómetros y medio después de retomar el asfalto surge el desvío que conduce al club náutico y se alcanza el punto de inicio donde termina la ruta circular.

Para la tarde se propone completar con el vehículo la visita a los puntos de mayor interés del entorno del embalse de la Sotonera. En primer lugar debe rodearse de nuevo el embalse por la carretera hasta alcanzar la población de Montmesa. Su reducido casco urbano se asienta en una pequeña colina coronada por la iglesia de San Miguel. A pesar de su origen románico del cuál resta el ábside semicircular, su elemento más significativo es la torre estilo mudéjar del siglo XVII. Su decoración en ladrillo embellece el tramo más elevado de la torre, de planta octogonal. En la parte más alta se abre una plaza donde se ubica el Centro de Interpretación de las Aves Alberca de Alboré. A pesar de que el gran humedal cuenta con aves durante todo el año, los meses de enero y febrero son la época más interesante para acercarse a ver las abundantes grullas que utilizan la alberca de Alboré como dormitorio.

Y como colofón a la ruta se recomienda volver sobre los pasos y subir a La Atalaya, como es conocido el castillo de Tormos. Desde la carretera es fácil identificar la pista de acceso que parte junto unas parideras. Debe tomarse el ramal principal que avanza en paralelo al promontorio rocoso en cuyo extremo se alza la antigua fortaleza. Un kilómetro y medio, con un repecho en la parte final, deja en la parte más elevada. Sólo resta tomar el camino a la derecha para avanzar entre campos de cereal y vegetación arbustiva. En el último tramo la pista está en regular estado. Tras poco más de tres kilómetros de recorrido total se llega a los pies de la torre. Fue un punto de defensa utilizado durante la Reconquista. El paso del tiempo ha hecho perder uno de los muros laterales de su planta cuadrangular, dejando al descubierto el interior. Las vistas del embalse desde este punto elevado bien merecen la visita. Si además se acompaña de las luces rojizas del atardecer el momento entonces puede ser inolvidable.

Al sur de los Monegros se ubica la Retuerta de Pina. Una partida que gracias a su protección real ha conservado un sabinar de gran valor ecológico, pequeña muestra de lo que fueron hace siglos los Montes Negros, los Monegros. Un paisaje marcado por las duras condiciones climáticas, con un clima continental caracterizado por temperaturas extremas, lluvias escasas y fuertes vientos. 

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La Retuerta de Pina es un sabinar que fue protegido en 1235 por el rey Jaime I el Conquistador. En aquel momento dio libertad a los ganaderos de Zaragoza para pastar sus rebaños en todas las tierras del reino, a excepción de las Dehesas de Sena y la Retuerta de Pina, salvaguardadas para su aprovechamiento particular. Dicha protección se prolongó hasta el año 1906. Siendo Sabinar Patrimonio Forestal del Estado se divide en lotes de 700 hectáreas y se procede a su venta. En aquel momento se conservaba un sabinar intacto de 6.000 hectáreas. La dificultad de arrancado de los árboles impidió que la devastación fuera total. Uno de los propietarios llegó a regalar los árboles a todos aquellos que se encargasen de arrancarlos y la afluencia de los vecinos de la zona fue masiva. Tras este episodio de deforestación en la actualidad se conservan 1.500 hectáreas de sabinar.

Esta propuesta cicloturista es bastante sencilla, debido a su escasa longitud. Incluso podría realizarse sin dificultad andando. Ello permite poder disfrutar del paisaje, muestra de lo que fue antaño los Monegros. Pero se desaconseja realizar este itinerario en época de caza, los festivos desde mediados de octubre hasta finales de enero.

LONGITUD DESNIVEL PENDIENTE FIRME DIFICULTAD
 8,8 km 80 m variable regular baja

Se toma desde la capital aragonesa la carretera nacional N-II en dirección a Barcelona. Tras dejar atrás el fértil valle del Ebro, se pasa junto al desvío que conduce a Pina de Ebro. Veinte kilómetros después desde este cruce se alcanza el punto de partida de la ruta ciclista, el Hostal del Ciervo. Junto a las antiguas instalaciones ahora en desuso hay una gasolinera y un espacio para dejar el vehículo y tomar la bicicleta. Siguiendo unos cien metros más por el arcén de la carretera parte una pista que se introduce en la Retuerta de Pina.

Se pone el cuentakilómetros a cero junto a la carretera. El tramo inicial de la pista está en regular estado, con acusadas rodadas de vehículos y además hay varios cruces: a 150 metros se toma el camino que continúa al frente, a 350 metros el ramal de la izquierda y a 425 metros se sigue a la derecha por la pista principal.

A partir de este punto la pista avanza sin pérdida en ligero ascenso bordeando una val con campos de cereal de secano. Mientras los pinos perviven en las zonas más elevadas, la sabina predomina en el resto. Ello se debe a la inversión térmica provocada en invierno por las nieblas, que impiden la irradiación solar haciendo que en las vaguadas las temperaturas sean más severas. La sabina soporta las heladas sin problemas, no así el pino carrasco. Cuando se han recorrido unos 1,9 km metros se pasa junto a un almacén agrícola.

Las sabinas tienen un complejo proceso de reproducción, con árboles macho y hembra. Los primeros se llenan de conos masculinos que producen el polen que se lleva el viento. Las sabinas hembra tiene los órganos reproductores femeninos, en forma de cono también, que tras ser polinizados producen las frutos. Una vez maduros deben ser comidos por animales herbívoros. Ello permitirá reblandecer la cubierta exterior al paso de los jugos gástricos, mientras que la materia orgánica de las heces favorecerá su posterior germinación.

Poco a poco se abandona la val y se alcanza una zona ligeramente más elevada donde se emplaza el Mas del Guarda. Hasta aquí se llevan recorridos 3,7 kilómetros. Se trata de una edificación típica de la zona, que servía de refugio a pastores y donde se alimentaba al ganado. Antes de llegar en un cruce se continúa al frente. Junto a la edificación surge otro cruce múltiple con cuatro opciones. Se toma la segunda comenzando por la derecha.

El camino toma un ligero descenso con un paisaje salpicado de alguna sabina y matorral bajo. Tras haber recorrido 4,2 kilómetros se alcanza la Paridera de las Lanas, un edificio de mayores dimensiones. Se trata de otro de los edificios típicos de la zona rural, que se utilizaba para guardar al ganado por la noche. Su nombre proviene del uso puntual para aquellas, que por estar a punto de parir, se separaban del rebaño para resguardarse. Desde este punto se divisan Las Planas, una gran llanura cerealista creada en los años 40. Hasta entonces según los vecinos se trataba de un denso bosque de sabina que fue talado.

A menos de cien metros de la pista, antes de llegar a la paridera, es visible el Aljibe de las Lanas. En las zonas áridas estos puntos de recogida del agua para el ganado son vitales. Está ubicado en una vaguada que permite la recogida de las escasas precipitaciones. Se regresa por el mismo itinerario hasta el Mas del Guarda. De nuevo surge el mismo cruce y con cuatro caminos para continuar. Se toma el segundo camino comenzando por la derecha. Cien metros después se abandona la pista principal y se toma al frente otra que obliga a circular por las rodadas debido a su escaso tráfico. A pesar de ello el trazado no se pierde y se discurre por ella con relativa facilidad, con algún tramo algo denso de vegetación.

Sin pérdida poco a poco se va descendiendo y atravesando una zona con mayor densidad de sabinas y pinos, y con un sotobosque más rico. A la derecha se avista la zona por donde discurre la carretera nacional, así como la población de La Almolda, cuya característica silueta se recorta con la Sierra de Santa Quiteria.

Más abajo se pasa junto a algunos campos de cultivo. Tras una curva a la izquierda y cuando se llevan 8,3 kilómetros de recorrido se alcanza la pista inicial por la que se ha entrado en la Retuerta de Pina. Ahora sólo resta tomar dirección a la derecha y alcanzar la carretera.

Para la tarde se propone una visita a las poblaciones de Bujaraloz y La Almolda. La primera de ellas es considerada la capital del sur de los Monegros. Junto a la antigua travesía se abre una recoleta plaza con un pequeño monolito en recuerdo a Martín Cortés de Albacar, autor del manual de navegación más notable de Carlos V. Bajo un arco parte la calle que conduce a la iglesia de Santiago el Mayor. Data del siglo XVI y la fábrica se remata con galería de arcos de medio punto. La torre barroca se alza junto a la portada. Bordeando la iglesia por la derecha se alcanza una replaceta donde se alza el edificio civil más importante del pueblo, la casa de Torres-Solanot. El palacio data del siglo XVII y su alargada fachada tiene portada flanqueada por columnas con escudo nobiliario. En la planta noble cuenta con ventanas enrejadas y la fachada se remata con galería de arcos semicirculares bajo el alero.

A unos ocho kilómetros está La Almolda. Su casco urbano se asienta a los pies de la Sierra de Santa Quiteria. Desde la parte baja, junto al centro de convivencia de la tercera edad, arranca la calle Mayor. En el centro se abre la plaza del ayuntamiento. A escasa distancia está la plaza del Mercado, que conserva un viejo edificio renacentista porticado. En las calles adyacentes surgen buenas muestras de arquitectura civil. En la parte más alta del núcleo urbano está situada la iglesia de Nuestra Señora de la Purificación. A sus pies se abre una plaza con un mirador de la villa. La visita a la población se completa tomando el coche y ascendiendo a la ermita de Santa Quiteria por una pista asfaltada que arranca de la parte baja del casco urbano. Está situada al borde de la sierra homónima y desde este punto las vistas de las tierras monegrinas del sur son magníficas. Un buen remate para la ruta ciclista propuesta.

La ruta ciclista recorre el valle surcado por el río Alfambra, entre las localidades de Villalba Baja y Alfambra. Éste nace en la Sierra de Gúdar y que tras un largo periplo desemboca cerca de Teruel, en el río Guadalaviar. En su primer tramo recorre el antiguo trazado del ferrocarril fallido entre Alcañiz y Teruel, de paisaje más seco. Mientras el segundo tramo utiliza el Sendero Fluvial del Alfambra, donde predomina el verde de la ribera.

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El antiguo ferrocarril diseñado para unir las localidades de Alcañiz y Teruel se comenzó a construir en 1927. Dos parones en las obras hicieron dilatar su construcción hasta el año 1935. Por aquel entonces ya estaban terminando prácticamente su trazado, incluyendo túneles y puentes, así como las estaciones. Sin embargo el inicio de la guerra civil, los problemas económicos y la falta de apoyo político impidieron que se terminase la obra no llegando a circular ningún tren.

La ruta ciclista está compuesta de dos partes diferenciadas. La primera de ellas discurre por el trazado de ferrocarril, a través de una pista de tierra en buen estado, pero sin acondicionar como vía verde. En la segunda parte se circula por el Sendero Fluvial del Alfambra a través de una pista de tierra que atraviesa el río en numerosas ocasiones, lo cual puede impedir la realización de la ruta en caso de que el río lleve mucho caudal. En el tramo final se discurre por el asfalto de una carretera abandonada y finalmente por la carretera nacional hasta alcanzar la localidad de Alfambra.

LONGITUD DESNIVEL PENDIENTE FIRME DIFICULTAD
36 km (ida y vuelta) 100 m 0,2% mixto media

El punto de partida es la localidad de Villalba Baja, situada a unos nueve kilómetros de Teruel capital. Desde la autovía mudéjar se puede acceder directamente a la carretera nacional con dirección a Alcañiz. Poco antes de llegar al enclave, a mano izquierda aparece la antigua estación del ferrocarril en la cual figura el nombre del pueblo al cual daría servicio. Junto a ella puede dejarse el vehículo aparcado.

A los pies del edificio se intuye el antiguo trazado ferroviario que nunca se empleó. Una pista ocupa su espacio, permitiendo la circulación de vehículos y por donde discurre la ruta ciclista. En menos de un kilómetro y en línea recta se atraviesan dos túneles de corta longitud para lo cual no es necesario iluminación suplementaria. En este tramo se circula por la parte trasera del casco urbano. Entre los túneles se pasa junto a una ladera en la cual fueron excavadas numerosas bodegas, ahora fuera de uso, que forman una curiosa estampa. En esta primera parte se avanza por la zona más seca del recorrido, en un plano ligeramente elevado sobre la carretera nacional y sobre la vega del río. Un paisaje estepario en el cual apenas hay vegetación. En el kilómetro 3,2 la pista salva sin dificultad un pequeño barranco de desagüe construido para proteger la carretera. Poco más adelante se atraviesa otro túnel no demasiado largo. De nuevo el trazado rectilíneo y elevado ofrece amplias vistas.

Un nuevo túnel marca el final de la primera parte de la ruta, en el kilómetro 4,3. Al salir, debe abandonarse el trazado ferroviario y tomar una pista a mano derecha que conduce a la carretera. Es necesario cruzar tomando las precauciones, y justo enfrente parte el acceso asfaltado en dirección a la localidad de Cuevas Labradas. En menos de medio kilómetro, justo antes de cruzar el río, parte a mano izquierda una pista por donde discurre el Sendero Fluvial del Alfambra. La segunda parte recorre la ribera del río, donde predominan las choperas que acompañan al suave discurrir de las aguas. A partir de este punto se suceden los cruces del río, que no suponen dificultades si el cauce es reducido, como suele ser lo habitual. El primero de ellos está dotado de un vado de hormigón lo cual facilita el cruce. En el kilómetro 5,5 aparece un pequeño merendero dotado de mesas para un pequeño descanso. Desde este punto se divisa el casco urbano de Cuevas Labradas.

Siguiendo por la pista principal, sobre el kilómetro 6, se cruza casi de manera consecutiva dos veces el río, volviendo a la margen izquierda. En quinientos metros de nuevo de vadea el cauce. A partir de este punto se circula por una pista en buen estado, como en el resto del sendero fluvial. El trazado es prácticamente horizontal. Se acompaña de la vegetación ribereña compuesta por altivos chopos, junto al paisaje formado por los campos de cultivo de la vega. Un cómodo y agradable recorrido por el valle del Alfambra.

En el kilómetro 8,3 se atraviesa por quinta vez el río, terminando así la aventura ciclista de cruzar el cauce. Otra vez en la margen izquierda la ruta avanza de camino a la siguiente localidad, la cual se avista entre las copas de los árboles. Un puente de hormigón permite cruzar por última vez el cauce, ésta vez sin dificultades.

Atravesando las huertas de la localidad de Peralejos, la ruta ciclista se introduce en pleno casco urbano cuando se alcanza el kilómetro 10 de ruta. En una intersección se toma una calle a la derecha la cual recorre la parte baja de la localidad. Al final del pueblo, debe tomarse una nueva calle a la derecha que desciende hacia la vega. La pista continua su trazado de manera cómoda a escasa distancia del río Alfambra. Llega un momento en que se aleja del cauce y toma dirección a la carretera nacional, sobre el kilómetro 12,5. Durante unos metros se circula por el arcén, y tras atravesar un pequeño barranco se abandona la carretera por la derecha. A partir de este momento se utiliza el antiguo trazado de la carretera, ahora en desuso. Su amplitud, el pavimento y la falta de circulación permiten rodar con tranquilidad, mientras se disfruta de las amplias vistas que proporciona el paisaje formado por los campos de cultivo.

Cuando se alcanzan los 15 kilómetros de recorrido el ramal de carretera desemboca en la actual carretera. Sin opción de continuar por la ribera con bicicleta no queda más remedio que circular por la carretera con precaución. Con este último tramo de poco más de dos kilómetros se alcanza la población de Alfambra. Para evitar la carretera se debe tomar el primer desvío al casco urbano que indica dirección a Santa Eulalia del Campo. En apenas unos metros se toma la primera calle a la derecha. En este punto están ubicadas las piscinas municipales y un área de descanso con unos merenderos, un buen lugar para hacer un alto y recobrar fuerzas. Por la amplia calle se recorre la parte baja del pueblo, hasta alcanzar una intersección donde se encuentra el monumento al labrador y el edificio del ayuntamiento. Hasta este punto se habrán recorrido unos 18 kilómetros, constituyendo la mitad del recorrido. Sólo restará emprender la vuelta por el mismo itinerario para completar la ruta ciclista.

Para la tarde se propone un paseo por la ciudad del Teruel. La ciudad de los Amantes tiene innumerables atractivos, imposibles de abarcar en una tarde. Recorrer la zona céntrica es lo más recomendable. La plaza del Torico, el entorno de la catedral, pasear por el Óvalo sin dejar de admirar sus torres mudéjares proporcionará al ciclista un complemento a la excursión matinal por el valle del río Alfambra.

El Valle de la Garcipollera fue denominado Valles Cepolaria, o valle de las cebollas. El río Ijuez lo recorre hasta desembocar en el río Aragón. Quedó despoblado a partir del año 1956 en que Patrimonio Forestal del Estado adquirió las propiedades, a excepción del casco urbano de Villanovilla. El objetivo fue repoblarlo para evitar el arrastre de sedimentos. El valle ahora tiene un aspecto mucho más verde, pero está prácticamente carente de vida humana.

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Esta ruta tiene como punto de partida la localidad pirenaica de Castiello de Jaca. Para acceder a este bello rincón de la geografía aragonesa es necesario tomar dirección a Jaca, la capital de los Pirineos. Al norte parte la carretera que recorre el valle del río Aragón. En poco más de cinco kilómetros se alcanzan las primeras casas, situadas junto a la travesía. Allí mismo aparece el indicador de La Garcipollera, a mano derecha. En el arranque de la carretera, un aparcamiento permite dejar estacionado el vehículo.

LONGITUD DESNIVEL PENDIENTE FIRME DIFICULTAD
25 km  350 m variable regular media

A partir de este punto se rueda con la bicicleta por la carretera local que recorre el valle de la Garcipollera. El primer tramo discurre por una zona con escaso desnivel y con el firme asfaltado por el que se rueda con facilidad. Los pinares cubren el paisaje del fondo del valle. En cuatro kilómetros se alcanza una granja experimental de la DGA, que fue instalada junto a los restos de las viviendas de Bescós de Garcipollera. Un alto en el camino nos permite contemplar lo poco que resta de las antiguas edificaciones entre cercados y que demuestran la belleza trastocada del antiguo pueblo. Un poco más arriba hay otro grupo de casas originarias y los escasos restos de la iglesia en el punto más alto. En las cercanías se sitúan varias viviendas nuevas construidas para albergar los trabajadores de las instalaciones agropecuarias.

De nuevo en la carretera se avanza por el valle y entre la vegetación de ribera se avista el amplio cauce del río Ijuez. En menos de dos kilómetros desde el anterior emplazamiento, el asfalto se desvía a la derecha en dirección a Villanovilla, en la otra margen del río. Para acceder al mismo se atraviesa el río por un puente y mediante una corta y pronunciada cuesta se llega al pueblo. Se trata del enclave en mejor estado de toda la Garcipollera. Fue el único en el que los vecinos no llegaron a vender sus viviendas. Tras la pérdida de la población ha vuelto la vida y las viviendas han sido restauradas según la tipología pirenaica. Su casco urbano tiene una traza irregular y una de sus calles conduce a la iglesia, situada en un extremo y elevada ligeramente sobre el resto. La iglesia tuvo su origen románico, aunque en la actualidad se encuentre en regular estado.

Para continuar recorriendo el valle es necesario volver al cruce anterior, donde se toma la pista principal. En dos kilómetros se atraviesan los restos de una antigua chopera. A escasos metros, a mano izquierda yacen las piedras de otro de los pueblos del valle, Acín. Su estado ruinoso impide descubrir el trazado de sus calles. Ello se debió en parte a que varios de estos pueblos fueron bombardeados para prácticas militares. El único edificio en pie es la iglesia, una construcción románica terminada en el siglo XIII, y posteriormente ampliada. Se conservan los muros de la nave, así como la cabecera semicircular y la torre del siglo XVII.

La pista poco después cruza el río por una vaguada sobre una presa de contención, una de las muchas que regulan el río Ijuez en su corto trazado. A partir de este punto el firme de la pista empeora notablemente. En menos de dos kilómetros desde la anterior población parte una pista a mano derecha. Por ella se asciende ligeramente. Tras una curva, a un kilómetro y medio de la pista principal, parte un ramal a la derecha que en descenso pronunciado deja en el pueblo de Larrosa. Los muros de las casas se mantienen en pie a duras penas, pero los abancalamientos permiten recorrer el pueblo por sus antiguas calles llenas de abandono. En la parte alta permanece en pie la iglesia de San Bartolomé. Cuenta con una gran nave de planta rectangular que carece de cubierta, con capillas laterales de factura barroca. Se culmina con un ábside semicircular románico en el que se abre una ventana, bajo banda de arquillos ciegos y friso de baquetones al estilo lombardo. La esbelta torre tiene planta cuadrada, y en la parte alta se abren vanos de medio punto.

Sólo resta volver a la pista principal y enfilar el tramo final que en un kilómetro conducirá al lugar con más encanto de todo el valle, la Ermita de la Virgen de Iguácel. Se trata del único resto de un antiguo monasterio. Su primera fase constructiva se debe al conde Galindo, a mediados de siglo XI. Unas décadas después su hijo Sancho Galíndez decidió reformarla. Con ello la construcción de una nave y cabecera semicircular fue embellecida. A las ventanas se añadieron pares de columnas con capiteles decorados. Y la cabecera se decoró con un arquería ciega de cinco arcos de medio punto. Finalmente se reformó completamente la portada situada a los pies, convirtiéndose en la principal. Forma un cuerpo adelantado a la fachada que se cubre con un tejaroz sobre modillones. Bajo el mismo aparece una inscripción con caracteres mozárabes. Al interior, tras la restauración, se ha recuperado la cubierta con techumbre de madera. El pavimento se conserva intacto, formado por pequeños cantos rodados que describen sencillos dibujos geométricos. En el ábside aparecen unas pinturas murales realizadas en el siglo XV, que constituyen en sí un retablo aprovechando los huecos entre la arquería ciega de la cabecera.

Tras la ruta ciclista matinal, y el reposo después de la comida, una opción para la tarde es dar un paseo por Jaca. Su oferta turística es muy variada, siendo uno de los lugares más visitados de los Pirineos. No debe faltar un paseo por el casco antiguo, pasando por la porticada plaza de la Catedral. Es obligada la visita al edificio de mayor importancia artística, que hunde sus orígenes en el siglo XI. También se puede visitar el Museo Diocesano, que guarda una de las mejores colecciones de pinturas murales románicas. Después pasear por la calle Mayor, ver la Torre del Reloj y la fachada plateresca de la Casa Consistorial.

Y finalmente la Ciudadela, con una vasta extensión verde que la enmarca. Esta fortaleza del siglo XVI, es la única en España que se conserva íntegra y libre de edificaciones añadidas. Su planta poligonal está rematada con baluartes en sus esquinas en forma punta de flecha. Un foso rodea todo el perímetro, y un puente permite entrar por el único acceso. En su interior cuenta con un Museo de Miniaturas Militares, una magnífica muestra con más de 32.000 figuras de soldados de plomo repartidos en numerosas escenas de diferentes épocas.

Tierra de Biescas en un territorio formado por una amplia y extensa llanura surcada por el río Gállego. Al norte queda delimitado por las murallas rocosas de Sierra Tendenera y Sierra Telera, separadas por el congosto de Elena. En la zona central está escoltada por Punta Güé y el Monte Oturia. El arte serrablés constituye su elemento diferenciador, albergando ejemplos notables de este estilo románico tan singular.

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La Ruta Tierra de Biescas es un sencillo recorrido ciclista que tiene como punto de partida la localidad de Biescas y que termina en el mismo lugar. En su trazado se combina el asfalto de carreteras de poco tránsito y de las calles de la población, con la tierra de una pista en el trazado de vuelta. El desnivel es inapreciable en buena parte de su recorrido, a excepción de un pequeño repecho antes de alcanzar Lárrede. Estas características la convierten en un agradable paseo en el cual disfrutar del paisaje fluvial formado por el río Gállego.

LONGITUD DESNIVEL PENDIENTE FIRME DIFICULTAD
19 km (ida y vuelta) 100 m variable bueno fácil

La ruta tiene como punto inicial la plaza de España, centro neurálgico de la población de Biescas. Frente al ayuntamiento está ubicada la oficina de turismo donde poder obtener más información sobre esta bella población y sus alrededores. Tomando la carretera que conduce a Orós Alto se pasa junto al parque de la Conchada. Una vez dejada atrás la población se atraviesa el canal de evacuación de la central hidroeléctrica mediante un puente. A partir de este punto el recorrido coincide con la carretera que discurre por la margen izquierda del río Gállego. Tras recorrer dos kilómetros se atraviesa el barranco de Sía mediante un nuevo puente. Aparece encauzado para el control del caudal en caso de desbordamiento. Un poco más adelante se pasa cerca del núcleo de Orós Alto. El ciclista circula de una manera cómoda por una carretera que serpentea atravesando una gran llanura en la que abundan los campos de cultivo y los pastos.

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Poco después de superar los primeros cuatro kilómetros se atraviesa Orós Bajo. A escasos metros de la carretera se encuentra uno de los ejemplos del arte serrablés. Las iglesias del Serrablo tienen unas características comunes y se sitúan en un espacio reducido, en la cuenca alta del río Gállego. Fueron llevadas a cabo entre los siglos X y XI. Se caracterizan fundamentalmente por sus torres con similitudes a los minaretes musulmanes, el uso del arco de herradura en vanos y el alfiz, así como por la decoración con bandas y arquería ciega en sus ábsides. La iglesia de Santa Eulalia de Orós Bajo es una de las últimas manifestaciones de este estilo. Su ábside presenta arquería ciega que se apoya en columnas planas o lesenas.

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Una vez abandonada la población la ruta avanza en ligero descenso aproximándose al río, oculto tras la vegetación de ribera. En apenas dos kilómetros se alcanza un cruce de carreteras. Continuando por la margen izquierda se toma dirección a Lárrede. En un primer tramo se atraviesa de nuevo una zona cubierta por pastos, y un poco más adelante un pequeño ascenso sirve de antesala a la población que marca la mitad de la ruta. Lárrede posee la iglesia más importante del estilo serrablés. Cuenta con planta de cruz latina, al añadir dos capillas junto a la cabecera. El acceso está formado por un sencillo arco de herradura enmarcado por un alfiz. En su fachada luce además varias ventanas con arcos similares. La cabecera sigue la tipología del resto de iglesias. Y finalmente destaca su esbelta torre, con ventanas de tres arcos características de este estilo.

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Ya de vuelta, a poco más de un kilómetro de Lárrede, se pasa junto a la ermita de San Juan de Busa. Constituye uno de los ejemplos más emblemáticos de este conjunto de iglesias, rodeado de un espacio natural precioso. Su portada cuenta con dos arcos, uno de ellos decorado. Y la cabecera sigue los cánones del resto de iglesias serrablesas, con baquetones y arquería ciega.

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Se alcanza el cruce anterior, junto al cual está al área recreativa de Oliván, un espacio bien acondicionado donde poder realizar un pequeño descanso. Para continuar con la ruta circular es necesario atravesar el río Gállego por el puente de Oliván. Ya en la otra orilla una pista en buen estado recorre la margen derecha del río. En un primer tramo de poco más de un kilómetro la vegetación de ribera acompaña al ciclista. Le sucede un tramo de un kilómetro adicional en el cual atraviesa una plantación de chopos, un paisaje característico que acompaña a muchos ríos. Dependiendo del estado de la plantación, ésta puede ofrecer desde un bosque de árboles alineados de diferente tamaño hasta un paisaje deforestado en el momento de su tala.

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En el tramo final la ruta atraviesa el barranco de Arás. Primero se atraviesa el cauce abandonado y seco, por el cual el 7 de agosto de 1996 pudieron bajar 500 m3/segundo que arrasaron el camping de Las Nieves y sesgaron la vida de 87 personas. Un poco más adelante aparece el actual cauce regulado, atravesado por un puente. A partir de este punto se retoma el asfalto. Un camino aproxima a la población de Biescas, donde poco a poco van surgiendo las primeras viviendas. Se alcanza la avenida de Zaragoza, eje que vertebra la zona donde se agrupan las viviendas de segunda residencia del núcleo. Al final, con el sinuoso trazado de la calle Rambla de San Pedro, se alcanza el puente sobre el río Gállego. Éste conecta los dos barrios en los cuales tradicionalmente ha estado dividida la población. Al otro lado surge la plaza de España, punto de inicio y fin de la Ruta Tierra de Biescas.

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La escasa longitud permite realizar la ruta durante la mañana de manera pausada y disfrutando del paisaje. Por la tarde se recomienda un paseo por Biescas, una de las localidades pirenaicas más turísticas. Su desarrollo urbanístico y de servicios engloba un casco urbano partido por el río Gállego. En la margen derecha está el barrio de San Pedro, que se culmina con la iglesia que le da nombre. Fue reconstruida según estilo neoclásico en el siglo XX y luce una torre cuadrada visible en cualquier estampa de la población. En la parte baja del barrio, cerca del puente se encuentra la icono-exclamacion-amarillo_Torraza, el edificio civil más importante. Tras su restauración el interior cuenta con un espacio expositivo dispuesto en cuatro plantas. En la margen izquierda está el barrio de la Peña, coronado por la iglesia de San Salvador. De su fábrica románica se conserva sólo el ábside semicircular, siendo reconstruido el resto tras el paso de la guerra civil. En el recorrido por las calles no se debe pasar por alto algunos edificios de interés, entre los que destacan Casa Sebastián y Casa Pepe Estaún.

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La Ruta de los Miradores pasa por cuatro puntos desde donde disfrutar de unas magníficas vistas del paisaje monegrino. En estas panorámicas se combinan los desniveles formados por barrancos con los amplios horizontes de la llanura, en el entorno de la población de Monegrillo. Todo ello hilado con un recorrido perfecto para realizarse en bicicleta el cual discurre por pistas en buen estado y tramos de carretera.

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Esta ruta ciclista circular tiene como partida la localidad zaragozana de Monegrillo. Está emplazada al sur de la comarca de los Monegros y al pie de la Sierra de Alcubierre. Para alcanzar este lugar en coche es necesario salir de Zaragoza por la carretera que conduce a Sariñena. Después de pasar Villamayor de Gállego surge un desvío a la derecha que atraviesa el paisaje típicamente monegrino. Una vez en el pueblo, se atraviesa el casco urbano por la calle San Roque y la calle Mayor hasta alcanzar el pabellón polideportivo, situado en el extremo opuesto a la travesía. Desde este punto se empieza a rodar con la bicicleta.

LONGITUD DESNIVEL PENDIENTE FIRME DIFICULTAD
31,4 km  200 m variable bueno media

Se toma la pista que sale de la parte trasera de las instalaciones deportivas. Al abandonar la población se pasa junto a varios observatorios astronómicos, que hacen singular a esta localidad, desde la cual es posible la contemplación estelar gracias a la lejanía de grandes núcleos habitados. En este entorno, a pie de pista aparece la balsa Frella. Debido a la sequedad de estas tierras son abundantes las balsas para su aprovechamiento tanto ganadero como para otros usos. Ésta en concreto fue utilizada también como lavadero por la cercanía a Monegrillo.

ciclo7_balsafrella

Poco más adelante los campos se alternan con sabinas, entre las que destaca la sabina Cascarosa, tras haber recorrido dos kilómetros desde el inicio. Se trata de un ejemplar singular, de 16 metros de altura, con una edad que superará los mil años. Es una de las últimas supervivientes de los extensos bosques que hasta tan sólo unos cientos de años cubrían estos montes.

Sabina Cascarosa

La pista comienza el ascenso, con una rampa fuerte de camino a la Estiva. Éste era el punto de llegada de los pastores trashumantes que venían del Pirineo, en concreto de la localidad de Ansó, para pasar el invierno con sus rebaños de ovejas. Una vez recorridos 4,7 kilómetros, al final de la subida se emplaza el mirador de la Estiva a mano derecha. Desde este lugar se disfruta de una panorámica de la estepa y las poblaciones allí enclavadas.

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El paisaje cambia y la pista se va adentrando en un pinar de bosque carrasco acompañado de vegetación formada por matorral mediterráneo. En una pronunciada curva, en el punto kilométrico 7,5 parte un ramal que en unos metros alcanza el mirador de la Gabardera. Perfectamente acondicionado, como todos los demás, se observa otra panorámica de las estribaciones de la Sierra de Alcubierre. Los pinos cubren la parte baja de las laderas erosionadas que conforman el paisaje.

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La pista continua su trazado bordeando la cabecera del barranco de Bujal. En este tramo el piso cuenta con algún tramo en regular estado debido a las rocas que despuntan sobre el trazado. Tras recorrer 13,4 kilómetros surge el mirador de Bujal. Desde este punto se disfruta de una magnífica vista de este espectacular barranco en forma de “V”. Está compuesto por laderas uniformes donde afloran estratos calizos. Cuenta con una anchura media de 250 metros y una profundidad máxima de 200 metros.

ciclo7_barrancobujal

El recorrido atraviesa un paisaje menos agreste, en el que se combinan cultivos y algunas parideras, con pinares en las laderas. En el kilómetro 15,7 la ruta se incorpora a la carretera asfaltada que atraviesa la sierra procedente de Lanaja. Tras alcanzar los 18 km se abandona el asfalto, tomando un ramal señalizado a mano derecha. Seiscientos metros después parte un camino que conduce hasta una paridera. Parando el cuentakilómetros se asciende hasta el mirador de Miramón por una trocha empinada. Una rampa de fuerte desnivel deja a los pies del punto geodésico, ubicado a 621 metros de altitud, lugar donde se ha colocado el mirador de más amplios horizontes de toda la ruta, gracias a su posición aislada y privilegiada. Los pinares densos cubren el paisaje a su alrededor, y la estepa en dirección al sur completa las amplias vistas que desde aquí se disfrutan.

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De nuevo en la pista, en un cruce múltiple se toma el ramal de la derecha. El recorrido en constante descenso atraviesa una densa masa de pinar. Poco a poco van a apareciendo los campos aterrazados en la Val del Conde. Se pasa junto a varios ejemplares de pinos singulares, y en el kilómetro 21,9 se dejan las indicaciones de la ruta de los Miradores a mano derecha. Sin abandonar la pista principal por la que se circulaba en menos de dos kilómetros se alcanza la carretera que comunica Monegrillo con La Almolda. Por ella se vuelve de manera cómoda hasta la población de partida. Una vez se divisa el pueblo, una pista asfaltada en el km 30,4 surge a mano derecha. Por ello se alcanzará el pabellón deportivo que marca el punto final de la ruta.

Para la tarde se propone la visita a las dos poblaciones situadas en las inmediaciones de la ruta. Sin abandonar Monegrillo un paseo por la localidad ofrece dos ejemplos de arquitectura civil de interés. La Casa Panivino es un palacio aragonés de ladrillo construido a finales del siglo XVII. Consta de varias plantas y está rematado con galería de arquillos de medio punto y alerón. Junto a ella la Casa Rocañín de similar estructura, con vanos enrejados en la planta noble, y galería de arcos adintelados en la parte alta. Un poco más adelante surge el epicentro de la localidad. Una plaza donde se ubica el ayuntamiento y la iglesia de la Asunción, la cual perdió su torre durante la guerra civil.

Nueve kilómetros le separan de la vecina localidad de Farlete. En la plaza más céntrica se alza el ayuntamiento y la iglesia de San Juan Bautista, edificio que fue reconstruido tras la guerra civil. La torre es lo más significativo, de planta cuadrada y octogonal rematada con tejadillo. Tomando una de las calles que se dirigen a la sierra de Alcubierre, cercana al pueblo se encuentra la ermita de la Virgen de la Sabina. El origen del santuario se remonta al siglo XIII, aunque el edificio actual fue terminado en 1687. El acceso a la ermita tiene un arco de entrada que da a un patio, en el cual está el acceso a la capilla.

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Un viaje en bicicleta en torno a la ciudad de Alcañiz descubre una combinación de parajes que da lugar una geografía diversa. En ellos el agua, su uso y regulación, han determinado la configuración actual. Un recorrido que atraviesa la vega y huertas en torno al río Guadalope, las lagunas endorreicas de las Saladas de Alcañiz y el humedal de La Estanca de Alcañiz. Todo ello a escasa distancia de la capital del Bajo Aragón turolense.

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plano_ciclo6

La ruta cicloturista propuesta conduce a Alcañiz, a la cual se accede por la N-232. Esta carretera nacional enlaza el mar Cantábrico con el mar Mediterráneo pasando por Zaragoza y Alcañiz. Una vez alcanzada la ciudad se puede dejar el vehículo en el entorno del río Guadalope, junto al puente que sirve de acceso al centro histórico de la población. En un pequeño parque situado a escasa distancia del puente se encuentra la fuente de los 72 caños. Éste es el punto de partida.

ciclo6_fuente72caños

Se trata de un recorrido circular, con punto de inicio y el final en Alcañiz, en la monumental fuente situada junto al río Guadalope. A lo largo de 33 kilómetros se atraviesa un territorio sin desniveles importantes. El itinerario combina el asfalto, en casi la mitad del recorrido, y pistas con muy buen piso.

LONGITUD DESNIVEL PENDIENTE FIRME DIFICULTAD
33 km
150 m 0,45% bueno media

Remontando unos metros la ribera por su margen izquierda se pasa bajo el puente. Junto a la pasarela peatonal se toma una calle que asciende hasta el camino de San Antonio. Tomando esta vía enseguida se pasa bajo las arcadas del acueducto del Molinillo, un antiguo molino de harina que fue transformado en una fábrica de lanas en el siglo pasado. A través de un camino asfaltado se abandona el casco urbano y comienza su recorrido flanqueado por huertas tradicionales. Hacia atrás hay buenas vistas del cerro Pui Pinos, donde se asienta el castillo calatravo que corona la ciudad.

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En un primer tramo atraviesa un pequeño túnel bajo la variante de la localidad. Se sigue de frente y al alcanzar el km 1,3 se gira a la derecha superando una pequeña acequia. Cuando se llevan dos kilómetros, en una zona de antiguas graveras, se toma el ramal derecho. En el km 2,5 se toma un nuevo desvío a la derecha. Se sigue por el camino principal bordeando una explotación ganadera que se emplaza a la izquierda. Una vez recorridos 3,6 kilómetros aparece un cruce múltiple. La pista asfaltada por donde se circula se junta con otra. A la izquierda parte otra de manera perpendicular que atraviesa una acequia por la cual se continuará. Poco después se toma la bifurcación a la derecha. En el km 4,7 se sigue al frente dejando la pista principal que gira a la derecha bordeando una gran casa de campo. La nueva pista en peor estado se debe mantener sin desvíos hasta llegar a cruzar el Canal de la Estanca y poco después la carretera nacional N-211. Se continúa al frente tomando una amplia pista en buen estado. El paisaje estepario ahora domina el horizonte. Tras un ligero descenso se divisa la cuenca donde se asienta la primera de las saladas, la Salada Jabonera. En uno de los costados se emplaza un observatorio de aves desde el cual se disfruta de una buena vista de esta cuenca endorreica.

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La pista avanza hasta llegar a un cruce donde debe tomarse dirección a la izquierda, en el km 7,4. En este nuevo tramo un olivar acompañará al ciclista por la derecha. En el km 8,6 se alcanza una pista principal. Girando a la izquierda en unos 200 metros se llega a la Salada Grande. A la derecha de la pista un panel interpretativo invita a realizar una parada para contemplar su extensión, en medio de un paisaje estepario, sin apenas vegetación de porte. Un poco adelante en la pista un indicador marca el ascenso a un mirador ligeramente elevado desde donde las vistas son más amplias.

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Retomando el itinerario, en medio de la gran recta, surge una pista a mano derecha en el km 10,5. Avanzando por el llano se alcanza un nuevo cruce a un kilómetro en el cual se toma el ramal derecho. Un poco más adelante se rebasa la Salada Pequeña, situada a la izquierda. Para aproximarse a su orilla hay que sobrepasar el campo que lo separa de la pista. Se avanza por la pista para alcanzar un cruce múltiple en el km 13,5. Allí se toma dirección a la izquierda. Continuando por la pista en el km 14,8 se toma otra que sale a la derecha y 200 metros después se toma un desvío a la izquierda. A poca distancia se alza la ermita de San Miguel, en estado de abandono. A los pies se alza una masía también en mal estado. La ermita conserva su fachada, en la cual despunta una gran espadaña de dos vanos. En su interior conserva los muros, así como los arcos que sustentaban la cubierta ahora inexistente.

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Se retoma la ruta sin dejar la pista por la que se circulaba y en el km 16,9 surge un nuevo cruce. Allí se toma el ramal derecho. 700 metros después se gira a la derecha y cuando el cuentakilómetros señala los 20 kilómetros se llega a la carretera nacional N-232. En este punto debe cruzarse y enfrente parte una nueva pista. En ligero ascenso se alcanza un punto que ofrece buenas vistas de los alrededores de Alcañiz. Comienza un suave descenso sin abandonar la pista principal que conduce a la carretera que sirve de acceso a Motorland, cuando se alcanza el km 22,3. Al frente continúa la ruta acercándose a la masa vegetal que oculta la Estanca de Alcañiz. A 300 metros se coge a la derecha un ramal de acceso restringido a vehículos. Sin abandonar el trazado principal, la pista se adapta el perímetro sinuoso de la Estanca de Alcañiz. Hasta sus orillas llegan los pinares que la bordean. Son numerosos los lugares de descanso habilitados, así como varios miradores para observar las diferentes aves que habitan en este humedal.

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Tras alcanzar los 25,9 kilómetros se llega a un bar, que se acompaña de un parque infantil y de un pequeño club náutico. De los tres caminos asfaltados que arrancan en este punto se toma el central, el cual se acerca a una antigua canalización de hormigón. Junto a ella se discurre alcanzando el km 26,6, donde se gira a la derecha. Ahora se circula por una carretera asfaltada paralela al antiguo trazado del ferrocarril de la Vía del Zafán. Más adelante la carretera ocupa el recorrido ferroviario. Junto al cementerio, se sigue al frente pasando cerca de la antigua estación de ferrocarril de Alcañiz. La carretera avanza y se pasa por debajo de un pequeño puente. A medida que se aproxima a Alcañiz, se disfruta de vistas diferentes de su casco urbano. Finalmente las viviendas se van acercando. Casi al final de la carretera, es necesario tomar la última bocacalle a la derecha que tras un quiebro desemboca en la avenida de Tortosa, tras haber recorrido 31,5 kilómetros. Se llega a una pequeña rotonda, y ahora sólo resta tomar a la derecha el Paseo Andrade que discurre en paralelo al río Guadalope por su margen izquierda. Cuando el cuentakilómetros marca los 33 kilómetros de recorrido total se alcanza el punto de partida.

icono exclamación amarillo_Para la tarde se propone la visita turística a Alcañiz. Una de las ciudades más importantes de Aragón ofrece al visitante múltiples atractivos turísticos. El punto de partida está en la plaza Mayor, donde se emplaza la oficina de turismo. Desde su interior parte el acceso a los pasadizos medievales, donde además de los curiosos corredores se conserva una antigua nevera. Ya en la plaza destacan los edificios del ayuntamiento y la Lonja medieval. Cerca se emplaza la gran fábrica de la ex colegiata de Santa María la Mayor. Y en la visita es imprescindible subir hasta el castillo de los Calatravos, en cuyo interior hay un parador nacional, pero cuyas estancias históricas pueden visitarse. Entre todas las estancias destacan el conjunto de pinturas murales del siglo XIV, uno de los más destacados de Aragón.

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La vía verde más larga de España discurre entre Teruel y Valencia. En su parte más elevada atraviesa un paisaje salpicado de sabinas y masías, entre las sierras de Gúdar y Javalambre. La orografía obligó a construir túneles y viaductos, que junto con su trazado suave y descendente, dan lugar a una atractiva propuesta cicloturista.

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plano_ciclo4

La vía verde de Ojos Negros utiliza el trazado del antiguo ferrocarril minero de Sierra Menera, el cual comenzó a funcionar el 27 de julio de 1907. Fue construido para transportar el hierro extraído en las minas de Ojos Negros hacia el puerto de Sagunto. Se da la paradoja de que esta línea de ferrocarril, de 205 kilómetros de longitud, se trazó casi en paralelo a la línea de la Compañía del Ferrocarril Central de Aragón debido a las altas tarifas que imponía dicha compañía. Su vida estuvo siempre condicionada por el nivel de actividad de su cuenca minera. Con la puesta en marcha de la planta siderúrgica de Sagunto, éste fue creciendo llegando a limitar su expansión. Se alcanzaron acuerdos con Renfe, propietaria entonces de la otra línea, para traspasar a esta empresa el transporte de hierro, y finalmente en el año 1972 se clausuró el ferrocarril minero.

En esta propuesta se plantea recorrer una parte de la vía verde, entre el Puerto de Escandón y Venta del Aire, ambos puntos con apeaderos de la línea actual de Renfe y con acceso para vehículo. Entre ellos la distancia es de unos 34 kilómetros y su trazado es ligeramente descendente. Para esta opción es necesario disponer de vehículos de apoyo ya que contempla realizar sólo el trazado de ida. En caso de no contar con ello otras opciones son realizar recorridos de ida y vuelta entre Venta del Aire y La Puebla de Valverde (51 km), o entre Venta del Aire y Sarrión (22 km). Se recomienda en estas variantes tomar como punto de partida Venta del Aire para realizar de trazado de vuelta en descenso.

LONGITUD DESNIVEL PENDIENTE FIRME DIFICULTAD
34 km
220 m 0,8% bueno media

El punto de partida es el Puerto de Escandón. Desde la autovía mudéjar, a unos 13 kilómetros de la ciudad de Teruel en dirección a Valencia, aparece la salida en dirección a Formiche Alto y Bajo. En este punto y visible a la derecha se encuentra la solitaria estación de la actual línea férrea Teruel-Sagunto que lleva este nombre. En paralelo a la antigua carretera nacional arranca la vía verde. El paisaje es suave y alomado, en el cual se alternan campos de cultivo, sabinas y carrascas. Las únicas edificaciones son algunas masías, casas de campo que denotan el único asentamiento humano de la zona. El pavimento que acompañará en todo el recorrido está asfaltado y junto a la pendiente ligeramente descendente facilita el rodaje de las bicicletas. En este tramo se suceden varias trincheras, zonas en las que la vía férrea atraviesa elevaciones en el terreno que se salvaron creando pequeños desfiladeros por los cuales discurre el recorrido.

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Tras recorrer 9,3 kilómetros se alcanza la estación de La Puebla de Valverde. Poco antes es necesario desviarse unos metros del antiguo trazado ferroviario y cruzar la carretera que sirve de acceso a la población, sólo distante un kilómetro y medio. Junto a la vieja estación hay un área de descanso que dispone de varias mesas. También a escasa distancia hay una fonda que cuenta con bar y restaurante. Una vez superado este punto la vía verde se ve condicionada por la ubicación de una extracción de áridos, que junto con la construcción de la autovía obliga a abandonar el trazado original en un tramo. Al igual que todo el recorrido, está bien señalizado. En el kilómetro 11,3 se atraviesa el barranco de Peñaflor. Para salvarlo se construyó un viaducto de 89 metros de longitud, y que se alza a 22 metros de altura. En paralelo discurre un viaducto de similares características utilizado por la línea férrea actual.

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Un bosque de carrascas, coníferas y árboles de hoja caduca envuelve al ciclista pasando junto a las ruinas de los apeaderos de la Parra. Durante varios kilómetros las dos vías de férreas discurren en paralelo y en línea recta. En el kilómetro 17,2 el ferrocarril minero atravesaba el trazado de vía ancha por encima. La vía verde no lo utiliza debido a su mal estado, como queda de manifiesto por sus oxidados hierros. Cien metros antes se utiliza un puente más sólido para pasar a la otra margen. Más adelante surge el paraje de la Dehesa, un precioso bosque mediterráneo formado por un denso carrascal que impide ver el paisaje circundante. En medio de este tramo un área de descanso dotada de mesas y una pequeña caseta invita a detenerse.

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El bosque se va abriendo dejando ver de nuevo el horizonte. Tras pasar junto a una estación abandonada se alcanza un área de descanso con excelentes vistas de Sarrión, población turolense bien conocida por el cultivo de la trufa. En este punto se habrán invertido 24 kilómetros de recorrido, y a partir de ahora se suceden las obras de ingeniería más importantes en la construcción de la vía férrea. Nada más abandonar la población, el trazado atraviesa el barranco de los Judíos, y para ello fue necesario construir un viaducto en forma de curva que salva el cauce a 17 metros de altura. A su término se abre el túnel de Sarrión. Su trazado rectilíneo tiene una longitud de 352 metros. En su interior dispone de iluminación que se activa con el paso de los ciclistas. Como curiosidad, este espacio lúgubre y húmedo fue utilizado durante mucho tiempo para el cultivo de champiñones.ciclo4_tunelsarrion

La vía verde avanza y poco más de cuatro kilómetros después aparece el segundo de los túneles del recorrido. Un pequeño descenso introduce en un túnel de diferente configuración. El túnel de Albentosa tiene una longitud de 400 metros, y su trazado en curva lo hace más tenebroso. Nuevamente la iluminación en su interior permite sin dificultad atravesarlo. Se trata de una sensación diferente, en la que se combina el frescor, la humedad y la oscuridad. A su salida un área de descanso obliga a detenerse para disfrutar de una preciosa panorámica de Albentosa y su esbelto viaducto. Avanzando por la vía verde se descubre la amplitud del barranco de Albentosa, un profundo tajo que el río del mismo nombre ha tallado en las calizas de la zona. Tanto el ferrocarril de vía ancha como el ferrocarril minero se vieron obligados a construir un espectacular viaducto. En el caso del que se atraviesa en bicicleta, consta de siete arcos, y la plataforma vuela a 50 m con un recorrido de 104 metros. Una nueva parada es imprescindible para ver desde arriba los altos chopos que escoltan al río, y la vega que cubre el fondo del barranco. Mientras en la parte alta se alza el pueblo de Albentosa, con los restos de su castillo vigilantes desde lo más alto.

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Poco más de tres kilómetros restan para alcanzar Venta del Aire, y finalizar así el recorrido. Sin alcanzar la vieja estación homónima se debe abandonar la vía verde, justo antes de atravesar un arco de piedra rodeado de arbolado que pasa sobre el trazado ferroviario. Desde este punto se conecta con la carretera que comunica Venta del Aire con Albentosa. A la derecha y en menos de un kilómetro se llega a Venta del Aire, un pequeño núcleo que aglutina unas cuantas viviendas y que se asemeja más a un área de servicio de la antigua carretera nacional, muy cerca de la autovía mudéjar.

Tras realizar la ruta ciclista por la mañana, por la tarde se propone la visita a las tres poblaciones que acompañan el tramo recorrido por la vía verde de Ojos Negros. Albentosa se emplaza sobre un cerro que domina el barranco del mismo nombre. Tras introducirse en el casco urbano se alcanza la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, obra del siglo XVI. Tomando la calle ascendente, ésta se convierte en el Vía Crucis del Calvario una vez abandonadas las últimas casas. A mitad de camino hay un acceso a un mirador desde el cual se disfrutan de excelentes vistas del barranco de Albentosa y de sus viaductos. Y en la parte más alta se emplaza los restos de su castillo templario.

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Sarrión se emplaza a nueve kilómetros del anterior enclave. Se trata de la población más importante, cuyo censo ronda el millar de habitantes. Se accede a través del Portal de Teruel, único testigo de su pasado amurallado. Varias casas nobiliarias acompañan el recorrido hasta la plaza mayor, epicentro de la localidad. Allí se alza el ayuntamiento y la iglesia de San Pedro. Esta construcción tuvo que ser restaurada tras la guerra civil y destaca por sus dimensiones. Su altiva torre se alza en sillería y ladrillo, en planta cuadrada. Desde este punto se puede acceder al barrio viejo, en la parte alta de la localidad. Allí se emplaza la ermita de la Sangre de Cristo. Sobresale su portada gótica formada por tres arquivoltas.

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Y de camino a Teruel, junto al arranque de la carretera que conduce a Mora de Rubielos, se encuentra La Puebla de Valverde. Recibe al visitante el Portal de Teruel, uno de los dos que conserva esta población. La calle principal desemboca ante una bella plaza donde se alza la iglesia de Santa Emerenciana. De la construcción gótico-renacentista sobresale su portada de estilo manierista, la cual fue terminada en 1591, y que se guarece con un arco de medio punto. Tanto en la calle mayor como en las calles adyacentes sobresalen buenos ejemplos de arquitectura civil de diferentes épocas. La visita termina en el portal de Valencia, en la parte baja, perteneciente a la muralla defensiva y que data del siglo XV.


El río Valcuerna es el único cauce de agua permanente que nace en los Monegros. A su paso por este valle estepario, flanqueado por cortados de piedra caliza que alternan con laderas menos agrestes, crea un espacio de diversidad que lo convierte en una de las zonas naturales más ricas de la zona. El punto final es su desembocadura en el embalse de Mequinenza, donde la exuberante vegetación invade sus orillas.

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La propuesta que recorre el barranco de Valcuerna tiene como punto de partida la localidad de Candasnos. Se emplaza a los pies de la antigua carretera de Barcelona, a 85 kilómetros de Zaragoza y a 25 de Fraga. Esta ruta cicloturista combina el asfalto de una carretera local y la tierra de un camino en buen estado. Dependiendo de la capacidad física puede optarse por realizarla completa o hacer un recorrido más corto, descartando la carretera y evitando así la zona de mayor desnivel situada en este tramo. Esta opción reduce el recorrido a 25 kilómetros en total, con una pendiente más asequible, del 1%, y que recorre el tramo más atractivo de la ruta cicloturista.

LONGITUD

DESNIVEL

PENDIENTE

FIRME

DIFICULTAD

35 km (ida y vuelta)

150 m

variable

bueno

media

Tras estacionar el vehículo junto a la iglesia parroquial, se toma la calle mayor que atraviesa el centro del pueblo. Desde la plaza del Redondillo, a la derecha, se sale a la antigua travesía. Tomando dirección a Zaragoza, junto a los últimos edificios parte la carretera que conduce a Caspe. El tramo inicial de esta propuesta discurre por esta estrecha carretera con poco tránsito. A un kilómetro y medio se pasa junto a la Laguna de Candasnos, también conocida como Balsa de los Fabares. Es posible aproximarse hasta la orilla donde un pequeño observatorio permite la contemplación de las aves sin molestarlas. El entorno de la lámina de agua está rodeado de carrizo, y abundan las anátidas que permanecen durante todo el año, aunque también sirve de estancia para aves estacionarias.

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Volviendo a la carretera, en su trazado rectilíneo atraviesa un paisaje surcado por grandes campos de cultivo de regadío. En su tramo final comienza un acusado descenso por una val sinuosa que desemboca en un amplio valle, el Barranco de Valcuerna. Junto al kilómetro 5 de la carretera, se toma un camino a mano izquierda. Poco a poco comienza un ligero descenso que acompañará en casi toda la ruta. La vegetación esteparia compuesta por sosas y sisallos delimita el trazado del camino.

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El valle es amplio y el cauce del arroyo sólo se atisba por la densa franja de los tamarizales. Tres kilómetros después de abandonar el asfalto se atraviesa el Río Valcuerna. Se trata del único río que nace en los Monegros de caudal permanente, en parte gracias a los aportes sobrantes de los regadíos de la zona. Este es el único punto de todo el recorrido en el cual se puede ver el curso fluvial, ya que en todo momento está oculto por el túnel vegetal que hace sus riberas impenetrables.

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A partir de aquí la pista recorre la margen derecha del río. Las laderas más cercanas situadas a la derecha son menos acusadas en pendiente, y su cubren con vegetación a base de pinos carrascos y algunas sabinas negras. En la margen opuesta predominan los cortados de piedra caliza mucho más descarnados y agrestes. Una vez recorridos cinco kilómetros de camino se pasa junto al Mas de Mariana, donde se toma la pista de la izquierda que avanza en suave descenso. El valle se va estrechando ligeramente y el barranco queda encajonado escuchándose el rumor de las aguas casi oculto por la vegetación. Merece la pena hacer una alto en el camino una vez recorridos 8,6 kilómetros aproximadamente junto a la Balsa Cosco. Se trata de un pozo de seis metros de diámetro recubierto de piedra de sillar, y acondicionado con una barandilla y unos bancos a su alrededor. Destaca un árbol adosado en uno de sus muros, y unos peldaños de piedra que permiten el descenso a su interior, con una profundidad de unos tres metros.

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Se retoma la ruta y poco más adelante, en un cruce, es necesario tomar el ramal izquierdo que conduce sin pérdida hasta el punto final de la ruta. Tras un ligero repecho se alcanza un refugio de pescadores, después de haber recorrido once kilómetros de pista. Este punto se localiza en alto, y cuenta con excelentes vistas de la desembocadura del barranco en el Embalse de Mequinenza.

ciclo3_desderefugiopescadoresEs recomendable prolongar la ruta por una pista descendente que arranca antes de llegar al refugio a la derecha. Permite seguir recorriendo durante un kilómetro y medio más la margen derecha del barranco, junto a las orillas del embalse. La vegetación se vuelve más espesa y acompaña a la lámina del agua cuando el embalse está lleno. Se trata de un rincón oculto y de gran belleza, que permite descubrir esta zona agreste y alejada de núcleos urbanos.

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Tras la comida y un merecido descanso, por la tarde se propone completar la visión del particular paisaje monegrino con la visita a la Laguna de la Playa. Para ello es necesario tomar la antigua carretera de Barcelona hasta alcanzar la población de Bujaraloz. En pleno casco urbano arranca junto a una balsa la carretera que conduce a Caspe. Tras un kilómetro se coge una carretera más estrecha en dirección a Sástago. A unos diez kilómetros de distancia de Bujaraloz se alcanza el desvío que conduce a la laguna más representativa y de mayor tamaño del conjunto de saladas de Sástago-Bujaraloz. Con una superficie de más de 200 héctáreas el nivel de agua depende de las lluvias y buena parte del año está prácticamente seca cubriéndose por un manto blanco. En sus alrededores yacen las ruinas de los edificios destinados a la explotación de la sal, donde destacan los pozos de extracción de agua salada para inundar las balsas de evaporación de donde se recogía la sal destinada principalmente a salazones.

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