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EXCURSIONES Jacetania

Valle de Aísa, un pequeño valle pirenaico por descubrir

El valle de Aísa/bal de Aísa pertenece a la comarca de la Jacetania. Está encajado y casi oculto entre los valles de Hecho/val d´Echo y valle de Canfranc/bal de Canfrán. A los pies del Pico Aspe nace el río Estarrún, el cual lo recorre de norte a sur. En su suave discurrir alcanza la Canal de Berdún y desemboca en el río Aragón. Desde tiempos remotos ha estado formado por tres ayuntamientos, Esposa, Sinués y Aísa, ahora unificados en el de Aísa.
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La vía de aproximación a este pequeño valle pirenaico parte de Jaca. En el centro de la localidad y tras recorrer el paseo de la Constitución, parte la carretera de acceso. En primer lugar se cruza el río Aragón, y más tarde el río Lubierre hasta que se alcanza la ribera del río Estarrún. La ruta recorre el amplio valle de Aísa en paralelo al río. En su parte central están los núcleos de Sinués y Esposa, ligeramente alejados de la carretera. Y finalmente se alcanza el pueblo de Aísa, cabecera del valle y población más importante con un censo de unos 160 habitantes.

Se deja para la tarde la visita a este pintoresco pueblo. La carretera bordea el casco urbano por su parte alta. Un kilómetro y medio después parte el ramal que se adentra en la cabecera del valle. La pista asfaltada surca una depresión de suaves desniveles a lo largo de seis kilómetros. En la parte final la vegetación se vuelve más exuberante y la pendiente del trazado se acentúa. Se alcanza el aparcamiento de la Cleta, donde los vehículos deben aparcarse en ambas márgenes. Una valla impide la circulación rodada y marca el arranque de la ruta del Puerto de Aísa.

TIEMPO

DESNIVEL

DIFICULTAD

2 h 45 min (ida y vuelta)

350 m

media

En el primer tramo la pista asciende de manera empinada. A los diez minutos de caminata se abre el paisaje en el lugar donde confluyen los barrancos de Igüer y Rigüelo.

Sin dejar el trazado principal se discurre por una pista en mal estado que recorre el primero de los barrancos. El cauce va formando pequeñas cascadas de gran belleza, y las praderas se llenan de flores en el verano. Tras una hora de recorrido se alcanza el Circo de Igüer, el cual cierra con paredes verticales el barranco.

Un sendero a mano derecha asciende por una ladera herbosa hasta alcanzar el cruce con la GR-11. Siguiendo su trazado a la izquierda continua el ascenso junto a un pequeño barranco, que se cruza más arriba. Al otro lado bordea la ladera ofreciendo unas vistas magníficas del barranco recorrido. A la hora y media de caminata se alcanza una gran planicie la cual estuvo cubierta de una lámina de agua hace mucho tiempo, el Ibón de Izagra, ahora colmatado. Los orificios en el suelo marcan la salida del agua tras el deshielo, producto de la acción erosiva. Y a escasa distancia, en un cruce anterior, parte un ramal que lleva hasta el Dolmen de Izagra. Está compuesto por cuatro grandes bloques de arenisca, que data del siglo III a.C. siendo un lugar de enterramiento en la época neolítica. A pesar de su expolio fueron recuperados restos óseos humanos.

Sólo resta volver por la senda de gran recorrido, marcada con señales de color rojo y blanco. En su trazado recorre el barranco de Igüer a media altura ofreciendo preciosas vistas. Al alcanzar un cruce múltiple se opta por el descenso hasta el fondo del valle, para culminar la caminata. A mitad de camino un desvío señalizado permite acercarse hasta la Surgencia del Chorrotal, a diez minutos de distancia. El agua que mana de la ladera se precipita por un escurridero creando otro lugar de gran belleza en el paisaje. Tras casi tres horas de recorrido total se alcanza de nuevo el aparcamiento.

Se vuelve por la misma carretera reservando para la tarde visitar la población que otorga el nombre al valle, Aísa. Se alza a 1045 metros. Constituye ayuntamiento propio al que se agregan los núcleos de Esposa, Sinués y Candanchú. Aparece en la segunda mitad del siglo XI. Desde sus orígenes dependía del monasterio de Santa Cruz de la Serós. En 1212 Pedro II hace una importante donación a la villa: Candanchú, Tortiellas y Rioseta. A escasa distancia de la travesía se encuentra la iglesia de la Asunción. Un espacio verde, cercado por un muro, sirve de antesala al edificio. Éste fue erigido en el siglo XVIII. Al exterior su sencilla portada se cubre con un pórtico. La torre de planta cuadrada cuenta con dos arcos de medio punto de ladrillo por costado. Se culmina con chapitel piramidal.

Desde este lugar parte la calle principal, que articula el núcleo que se muestra compacto. Conserva en buen estado su arquitectura tradicional, en conjunción con las nuevas construcciones, las cuales respetan los cánones arquitectónicos. En la plaza más amplia, donde se encuentra el frontón, se alza el edificio del ayuntamiento. Se trata de una construcción reciente, con amplios balcones en su fachada, y que se corona con el escudo de la población. Un paseo por las calles y rincones ofrece bellas instantáneas de esta preciosa localidad pirenaica.

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