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FINES DE SEMANA Sobrarbe

Valle de Bielsa, coronado por circos glaciares

En la localidad de Bielsa confluyen los valles de Pineta y de Barrosa los cuales conforman el valle de Bielsa. El valle de Pineta, también conocido como Balle Berde, nace de la erosión glaciar de la cara norte del Monte Perdido. El río Cinca inicia sus primeros pasos por el valle desde el ibón de Marboré. El valle de Barrosa, surcado por el río homónimo, sirve de comunicación directa con Francia a través del túnel de Bielsa.
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El acceso a uno de los valles pirenaicos más bonitos parte de Barbastro, con enlace directo a la autovía Huesca-Lérida. Remontando el río Cinca se alcanza la localidad de Aínsa/L´Aínsa, capital histórica del Sobrarbe. Al final se llega a Bielsa, epicentro del valle. Para la mañana del sábado se propone un sencillo paseo como primera aproximación a la riqueza natural de este valle. Tomando la carretera que conduce a Francia, a unos ocho kilómetros aparece señalizado el Circo de Barrosa. Desde este punto la carretera comienza el fuerte ascenso que conduce al túnel de Bielsa. Sin embargo el recorrido natural del valle gira bruscamente a la izquierda, por donde discurre el río  Barrosa.

TIEMPO

DESNIVEL

DIFICULTAD

1 h 30´ (ida)

 350 m

fácil

El vehículo es preciso dejarlo junto a la carretera. Desde este punto parte una pista que recorre el primer tramo. En este entorno ahora ya engullido por el bosque, se encuentran los restos de unas instalaciones mineras. Aunque siglos atrás ya se pudo extraer materiales de esta zona, la mayor actividad tuvo lugar durante el siglo XX. El material extraído era trasladado a Francia mediante cable aéreo debido a la ausencia de comunicaciones adecuadas hacia el sur del valle de Bielsa.

Tras un cuarto de hora la pista se degrada y se convierte en un sendero que se adentra en el valle, cubierto por abundante vegetación. Poco a poco se va abriendo y ello permite visualizar la forma del circo glaciar, origen del valle. El pinar se despeja y se da paso progresivamente a los pastizales que cubre el fondo del valle. En hora y media de recorrido, tras atravesar el cauce del río Barrosa, el sendero deja a los pies del refugio de Barrosa.

Por la tarde se propone dar un paseo por lo pueblos del valle, cuya arquitectura se vio seriamente dañada durante la guerra civil, en el episodio conocido como Bolsa de Bielsa. A pesar de ello todavía conservan la raigambre pirenaica. A tres kilómetros de la capital del valle, en dirección a Francia se encuentra Parzán. Una calle articula el núcleo, en paralelo a la carretera. La iglesia parroquial es una clara muestra del paso de la guerra. Un edificio completamente nuevo y de un estilo poco propio de la zona. Sin embargo un paseo por el casco urbano permite descubrir algunos ejemplos de casas de piedra con encanto, que se completa con otras reconstruidas según la tipología pirenaica.

Un poco más adelante en la carretera parte el desvío a Chisagüés. Esta pequeña localidad, enclavada en el pequeño valle del río Real, conserva de una manera más fiel su arquitectura tradicional. Elementos como las cubiertas con estructura de madera, los tejados de loseta roja y las chimeneas troncocónicas son los más característicos. Apenas una docena de casas agrupadas en torno a una calle única, que forman un núcleo pintoresco. Carece de iglesia y sólo cuenta con una pequeña capilla integrada en una de las viviendas.

Y finalmente se visita Bielsa. Desde la carretera se accede directamente a un amplio aparcamiento. Un puente permite cruzar el río Cinca, y poco después se alcanza la plaza mayor. Allí se encuentra el edificio más bello y sobresaliente, la Casa Consistorial, que conserva únicamente la fachada original. En su parte baja se abren arcos de medio punto que dan lugar a un porche. En su fachada se abren ventanas de bella factura, siendo el elemento más singular el garitón situado en una esquina. En su interior alberga el Museo de Bielsa. En la planta baja se trata Bielsa y su territorio. En la primera planta se expone lo referente a su historia, con el tema principal de la Bolsa de Bielsa. Y en la segunda planta trata las tradiciones del valle: la casa tradicional y el Carnaval, uno de los más singulares de Aragón.

Un paseo por la parte baja conduce al puente de la Villa, el antiguo acceso a la población. El sencillo puente medieval atraviesa el río Barrosa con un solo vano. Ascendiendo por las callejas se alcanza la iglesia parroquial, situada en un extremo de la población. Reconstruida en buena parte, cuenta con grandes dimensiones. Su torre despunta sobre el paisaje urbano. De planta cuadrada, se cubre con tejado a cuatro aguas.

Para el domingo se reserva el lugar más emblemático, el valle de Pineta. Es necesario bordear la población de Bielsa por la carretera que toma dirección al valle. Tras pasar Javierre se alcanza un poco más adelante el embalse de Pineta. Se propone dejar para la tarde una obligada parada en este punto. Éste es un valle de origen glaciar que se caracteriza por la forma en U. Las rocas que arrastraban los glaciares excavaban estos anchos valles, a diferencia de valles fluviales en los que los ríos desgastan sólo la parte baja, creando valles en forma de V.  A pesar de la abundante vegetación en torno a la carretera, se pueden apreciar la forma del impresionante valle. A unos 13 kilómetros de Bielsa se alcanza el Circo de Pineta. Paredes de mil metros de altura cierran el valle, y en el fondo destacan las numerosas cascadas que alimentan el cauce del río Cinca.

Se cruza por un puente a la otra margen, donde se puede aparcar el vehículo. Aquí se inicia la ruta senderista que llevará al corazón de este circo glaciar, donde se precipita la mayor de las cascadas. Junto a una caseta de información del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido arranca una pista forestal.

TIEMPODESNIVELDIFICULTAD
3 h (ida y vuelta) 400 mmedia

Al principio se atraviesa una zona boscosa y luego se abre el paisaje permitiendo las vistas del final del valle. En media hora se alcanza la zona de Las Articas. Un puente atraviesa el río Cinca el cual discurre con pequeños saltos mientras sortea las voluminosas piedras que forman el cauce. Es necesario avanzar un poco más por la pista hasta que aparece a la izquierda el sendero señalizado en dirección a la Cascada del Cinca y el Balcón de Pineta. En primer lugar se atraviesa un pequeño hayedo y más tarde una zona con abundantes helechos. Después la vegetación va reduciéndose paulatinamente. Poco a poco el gran salto de agua se va acercando y sólo queda acercarse hasta su base. Dependiendo del caudal el vapor de agua que desprende puede dificultar su aproximación. En cualquier caso se trata de un espectáculo natural del cual no se puede prescindir. De igual manera las vistas en dirección al valle son espectaculares. Hasta este punto se habrá invertido una hora y media de caminata.

Ahora queda volver por el mismo itinerario hasta alcanzar de nuevo la pista. Se trata de un recorrido circular y la vuelta se realizará por la margen opuesta del río. Retomando la pista en sentido ascendente se pasa junto a una bella cascada formada por el río de La Larri. Un poco más arriba, de la pista partirá un sendero que conduce de nuevo al fondo del valle. En fuerte descenso se atraviesa un frondoso hayedo de ejemplares longevos. El sendero desemboca directamente en la ermita Nuestra Señora de Pineta, a los pies de la carretera. La devoción se remonta muchos siglos atrás. La fábrica actual tuvo que reconstruirse tras la guerra civil. El edificio es una sencilla construcción de piedra. Al interior se compone de una nave rectangular, cuya cabecera se protege con una reja, obra del año 1650. En la fachada este, durante su última restauración se levantó una especie de espadaña con dos arcos de medio punto. En el interior está colocada la imagen de la virgen. A unos cien metros termina la carretera en el Parador Nacional de Bielsa. Fue inaugurado en el otoño de 1969, poco después de que se asfaltara la carretera hasta el mismo. Se trata de una gran construcción al estilo pirenaico. Un porche cubre la fachada, y sobre él hay una terraza desde la cual se disfruta una privilegiada vista del circo glaciar de Pineta.

Para la tarde se propone una parada en el embalse de Pineta. Un paseo por su orilla que se puede prolongar hasta la presa de hormigón. La amplia lámina de agua en la cual se refleja la silueta del valle marcada por las sierras de Espierba y las Sucas supone un deleite para la vista. Se trata de uno de los rincones con más encanto de los Pirineos.

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FINES DE SEMANA Sobrarbe

San Emeterio y San Celedonio, una joya del Sobrarbe

El conjunto defensivo de San Emeterio y San Celedonio se emplaza en un punto privilegiado sobre el río Cinca. Sus valores: magníficas vistas y valioso patrimonio. A escasa distancia la cara y la cruz de los efectos de las grandes obras hidráulicas, un pueblo anegado y otro afortunadamente restaurado. Para completar una de las atalayas más bonitas del Sobrarbe, Abizanda.
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.Para el sábado por la mañana la propuesta es una caminata sencilla que culmina en la Ermita de San Emeterio y San Celedonio. A pesar de tener un nombre tan aparatoso, la visita al lugar es imprescindible si se quiere disfrutar de uno de los mejores miradores de la zona.

El punto de partida es la localidad de Samitier, a cuyo núcleo se accede por un ramal entre las localidades de Mesón de Liguerre y Mediano. El coche debe aparcarse en la población.

TIEMPO

DESNIVEL

DIFICULTAD

45 min (ida)

250 m

media

mapa_ermitasanemeterioysanceledonio

La continuación de la carretera es una pista en regular estado por la que se inicia la excursión. Su ascenso es suave y en poco más de media hora se alcanza la pequeña ermita de Santa Waldesca. Se encuentra restaurada y puede visitarse su interior donde destaca el colorido espacio de la bóveda de crucería salpicado con estrellas pintadas. Es un lugar ideal para realizar una pequeña parada y disfrutar de las magníficas vistas desde este lugar.

Un poco más adelante se toma un desvío a la izquierda que conduce al final de la caminata tras un repecho final. En la cresta rocosa se emplaza el conjunto defensivo construido en el siglo XI construido durante la Reconquista para defender la línea defensiva frente a los musulmanes. Consta de una ermita románica de tres naves, dos de las cuales además constan de cripta en su parte inferior. Su interior se puede visitar por completo y se encuentra perfectamente restaurado. Ramiro I, primer rey de Aragón, fundó el pequeño monasterio de San Emeterio del cual formaba parte esta iglesia.

Es necesario atravesar la ermita por su interior para acceder al resto del recinto defensivo, que se completa con una torre hexagonal en ruinas. La recompensa por el esfuerzo son las vistas en todas las direcciones. Paredes verticales hacia el desfiladero del Entremón, estrecho surcado por el río Cinca, y amplia panorámica hacia en norte con el embalse de Mediano y como telón de fondo de los Pirineos. 

El sábado por la tarde se propone la visita a Abizanda, una población cuya vista desde la carretera sorprende al visitante. Es necesario acercarse para terminar de descubrir sus encantos. Tras dejar el coche en la plaza, se asciende a la zona más elevada del núcleo. Allí se encuentran la iglesia de la Asunción y la imponente torre defensiva. Adosado a la iglesia se puede visitar el Museo de Creencias y Religiosidad Popular, un interesante espacio para descubrir las creencias populares para la protección de fenómenos sin explicación mediante creencias y ritos.

A escasos metros se alza la imponente atalaya de 24 metros de altura. Fue levantada por constructores lombardos hacia el año 1023, bajo el mandato de Sancho III el Mayor. Una escalera exterior adosada accede a la primera planta, y tras recorrer su interior se alcanza su parte más alta por donde se accede a los cadalsos. Estas estructuras de madera situadas en la parte superior son la seña distintiva de esta torre, tras ser reconstruidos. Con el paso de los años la mayor parte de las torres han perdido estos elementos de defensa. Desde esta torre las vistas en todas las direcciones son amplias.

El domingo por la mañana se puede visitar la antigua población de Ligüerre de Cinca. La triste historia reciente de esta población pasa por la construcción del pantano de El Grado y su expropiación en los años sesenta. Tras su cesión al sindicato UGT ha sido rehabilitado por completo y reconvertido en un centro turístico. A pesar de conservar la arquitectura del lugar en buen estado, la vida al pueblo no ha vuelto, y sólo revive en la época estival con la afluencia de visitantes. 

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Antes de llegar, en la carretera, está el Mesón de Ligüerre, el cual sirve de lugar de encuentro de visitantes, con información, alojamientos y un camping. Tomando la carretera que parte desde este punto y un posterior desvío se alcanza el núcleo principal. Al entrar a la localidad se deja el vehículo en un aparcamiento y se accede al pueblo cuyas casas han sido reconvertidas en apartamentos. Destaca la iglesia, ahora sin culto, y más adelante una plazoleta con el edificio civil más importante, conocido como el Palacio. La plaza constituye un bonito mirador hacia el valle del río Cinca, ahora anegado por las aguas del pantano.

Para completar la visión de esta zona se puede acercar al río Cinca por la carretera anterior. En esta zona termina el embalse de El Grado, y a escasa distancia aguas arriba está la presa de Mediano. Es un pequeño tramo natural donde pueden verse las aguas del río es su estado natural el cual coincide con el Desfiladero del Entremón. Nada más cruzar a la otra margen se puede aparcar a la derecha.

TIEMPO

DESNIVEL

DIFICULTAD

30 min / 50 min (ida)

sin apenas desnivel

baja

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Un poco más adelante, a la izquierda, nace un sendero que sirve para recorrer este tramo agreste del río. Tras un pequeño ascenso se introduce sin desnivel en el estrecho, y permite recorrer todo su trazado hasta la presa de Mediano. En una media hora aproximadamente se alcanza su tramo central más comprometido. Si no se quiere continuar el paseo habrá merecido la pena para descubrir este rincón donde es fácil el avistamiento de aves entre las paredes de 300 metros de altura coronadas con la ermita San Emeterio y San Celedonio.

Si se desea continuar la senda cuenta con un tramo excavado y unas grapas en la roca donde hay que extremar las precauciones, sin ser peligroso el paso ni necesitar ningún equipamiento. Ya cerca de la presa se atraviesan dos túneles con iluminación y se alcanza la presa, desde donde se divisa la mancha azul del agua en la cual aparece la torre del pueblo de Mediano, como muestra del pueblo ahogado en su interior. Bucólico pero triste. El recorrido de vuelta se realiza por el mismo trazado.

Y el fin de semana culmina con la visita a Mediano. En la actualidad se da el nombre al grupo de casas situadas junto a la carretera. En esta zona debe aparcarse el vehículo para acceder andando al pueblo viejo. Se toma una calle que nace a la izquierda del arranque de la carretera que conduce a la presa. Tras pasar junto a varias casas el camino cortado se introduce en el embalse. Para garantizar la visita al pueblo es preciso recurrir a la época estival, pero dependiendo del nivel del embalse cualquier época es posible para acercarse en mayor o menor medida. En todo caso merece la pena.

El recorrido por la antigua carretera puede costar entre un cuarto de hora y media hora. En el pueblo sólo queda en pie la iglesia, con la torre como testimonio que incluso emerge de las aguas con el embalse lleno. También un exconjuradero a escasos metros. El resto son las ruinas provocadas por la destrucción de un pueblo en el cual sus habitantes fueron obligados a marcharse, y que posteriormente fue derruido para evitar cualquier peligro. Triste historia que no debería repetirse.

 

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