La comarca del Maestrazgo se encuentra a caballo entre las provincias de Teruel y Castellón. Los pueblos que lo componen atesoran un patrimonio arquitectónico que los sitúa entre los pueblos más bonitos de España. El Portal de las Monjas de Mirambel o la plaza mayor de Cantavieja son claros ejemplos de su belleza. A ellos se suman innumerables rincones y edificios que dejan maravillado al visitante.

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Alejada de los grandes ejes viarios, a esta comarca turolense se puede acceder por la carretera comarcal A-226, bien provenientes de Teruel o de Alcañiz. Esta ruta atraviesa el Maestrazgo pasando por su capital, Cantavieja. La visita se inicia en Villarluengo, población a la que también se puede llegar por la carretera que proviene de Ejulve. Su casco urbano se agrupa en torno a la iglesia parroquial delimitado por un cortado vertical de roca que se asoma al río Cañada.

Un paseo por las calles de la localidad conduce sin pérdida hasta la plaza de las Tablas, denominada así por el antiguo pavimento que tuvo. En la parte baja se encuentra el ayuntamiento, robusto edificio renacentista del siglo XVI. A escasos metros se alza una lonja abierta a la plaza mediante arcos apuntados. El firme inclinado de la plaza deja a los pies de la iglesia de la Asunción. De estilo renacentista, fue inaugurada en 1861. Su fachada con perfil mixtilíneo está escoltada por dos torres gemelas de mampostería y ladrillo. Sus cuerpos superiores son octogonales y se rematan con tejado piramidal. Desde la parte trasera se accede al balcón de los Forasteros. Un bello rincón con sobrecogedoras vistas del barranco de la Cañada, que discurre a los pies de la localidad.

Como complemento al paseo urbano se propone una sencilla excursión, la Ruta de los Pozos. Recorre mediante un itinerario circular rincones de gran belleza formados por el cauce del río Cañada.

TIEMPO

DESNIVEL

DIFICULTAD

2 h (ida y vuelta)

 400 m

fácil

Desde la parte baja de la localidad parte el camino que toma dirección al gran barranco. Una vez dejados atrás los huertos cercanos a las viviendas el camino empedrado pasa junto a un peirón monumental. Tras un cuarto de hora se alcanza el primer cruce. Se deja el camino y se toma a mano izquierda la senda señalizada que conduce a los pozos. Un sendero rodeado de abundante vegetación que en ligero descenso alcanza el cauce del río media hora después de comienzo. Unos metros antes, junto a una caseta pastoril se puede hacer la primera aproximación, viendo el tajo abierto en el paisaje por la erosión fluvial. La senda desciende hasta el Pozo del Invierno, el primero de ellos. Al fondo se avista el estrecho desfiladero de donde proviene el agua. Volviendo a la senda, ésta toma dirección al siguiente pozo, en paralelo al río. En diez minutos más se alcanza el Pozo La Sulsida. La senda avanza ascendiendo ligeramente y proporcionando buenas vistas del angosto valle. De nuevo en descenso se acerca al Pozo La Zarzina. Es necesario tomar un ramal de la senda que permite alcanzar el más espectacular de los tres saltos. El agua se precipita entre las rocas para alcanzar un pozo de grandes dimensiones. Desde este punto es necesario volver por el mismo itinerario hasta el primer pozo. A sus pies se cruza el cauce con alguna dificultad. Ya en la otra orilla una senda asciende mediante varias lazadas entre campos abandonados. Avanza en dirección contraria con vistas de las viviendas de Villarluengo. Al final alcanza de nuevo el camino empedrado, que conduce al Puente de la Hoya. Se trata de una robusta fábrica de sillería, con dos arcos sobre el cauce. Al otro lado comienza el ascenso, ya sin pérdida en dirección al pueblo.

Para la tarde del sábado se propone la visita a La Iglesuela del Cid . Esta localidad tomó su apellido del personaje histórico de Rodrigo Díaz de Vivar, quién mandó fortificar el pueblo. La visita se inicia caminando desde la travesía y pasando un pequeño puente. Enseguida se aprecian dos magníficas torres: la de la iglesia y la del Homenaje o de los Nublos, del castillo de los Templarios. Un arco a mano derecha introduce en la plaza de la Iglesia. Se trata de uno de los rincones más bellos de la localidad. Allí se abren la magnífica portada plateresca de la iglesia parroquial, las fachadas de la Casa del Blinque, la Casa de los Daudén y el edificio de la Casa Consistorial. Éste último es un edificio gótico del siglo XVI, con lonja de tres arcos apuntados abiertos a la plaza y ventanales ajimezados en la fachada rematada con alero de madera. Forma parte del antiguo castillo templario. Del mismo queda todavía la sala capitular, donde celebraban las sesiones los templarios y sanjuanistas bajo el rico artesonado del techo. Se utiliza actualmente como salón de sesiones. En cuanto a la Casa Blinque, frente a la iglesia, cuenta con un gran porche que cobija la puerta, apoyado en una columna. En un rincón está la Casa de los Daudén que luce portada con fecha de 1773. En el interior destaca su escalera imperial de estilo rococó. Junto a ella, en recodo, parte la calle Ondevilla, origen del núcleo y que todavía conserva un profundo sabor medieval, con buenos ejemplos de casas nobles.

Se puede volver por la rambla salpicada de huertos, para entrar de nuevo por el portal de San Pablo, único vestigio del perímetro defensivo de la época medieval. En una replazoleta se alzan dos de los mejores ejemplos de arquitectura civil de la población. La casa Guijarro, del siglo XVI y la Casa grande de los Aliaga, monumental casona coronada por un magnífico alero de madera. Un paseo por el resto de calles permite apreciar por completo la riqueza monumental del núcleo.

Atravesando el portal de San Pablo, y el barrio situado al otro lado de la rambla, parte un camino que conduce al Santuario de la Virgen del Cid. A lo largo de tres kilómetros se atraviesa un paisaje escaso en vegetación, pero rico en muros de piedra seca que delimitan los campos. Una peculiar técnica constructiva carente de argamasa. El santuario, ubicado en una llanura, está formado por varios edificios en torno a una plaza. Cabe destacar el pavimento de la plaza, realizado con pequeños cantos rodados que forman dibujos. La ermita es una obra gótico-barroca, en la que destacan como elementos curiosos lápidas romanas, así como restos de columnas y capiteles incrustados en las aristas exteriores. Pertenecen a una construcción romana del siglo II, sobre la que se construyó la actual ermita.

El domingo se inicia con la visita a Cantavieja, situada en lo alto de un peñón rocoso y triangular. Desde la toma cristiana por Alfonso II su historia ha estado íntimamente ligada a las órdenes militares. Una calle sirve de acceso al recinto medieval. En ella se alza la oficina de turismo, en cuyas dependencias está el Museo de las Guerras Carlistas. A la largo de tres plantas ofrece paneles y material referente a las contiendas que sacudieron tanto esta comarca como buena parte de España, y se explican los acontecimientos políticos y militares acaecidos durante el siglo XIX. Avanzando por la calle, una bocacalle nos evoca los lugares más pintorescos y mejor conservados del casco urbano, con varios palacios. Se llega sin pérdida hasta la plaza del Cristo Rey.

Se trata de una singular y monumental plaza circundada por porches de arcos ojivales en tres de sus lados. Pertenecen a la iglesia, el ayuntamiento y la Casa de Román de Diego. El ayuntamiento luce en su fachada tres ventanales góticos con balcones de forja. En su interior se dispone un salón con un bello artesonado. Por debajo del mismo se accede a la plazuela del Portillo que ofrece un mirador con magnífica panorámica. La iglesia de la Asunción, obra barroca terminada en 1745, es la más grande de la diócesis de Teruel. La torre se alza sobre un arco atravesado por la calle principal. De planta octogonal en su parte alta, se remata con chapitel afilado rodeado de almenas. La calle avanza en dirección al antiguo castillo situado en el extremo del espolón rocoso, del cual no quedan restos. El solar es el actual calvario, y se puede observar a través de la puerta. Volviendo por la calle de San Miguel se pasa junto a la iglesia homónima, la más antigua de la localidad. Es una obra gótica levantada por los templarios en el siglo XIV. La portada con arquivoltas ojivales se cubre por un atrio de tres arcos apuntados sobre columnas. El recorrido se completa hasta alcanzar la entrada del pueblo.

A catorce kilómetros se encuentra Mirambel, cuyo topónimo significa algo así como belleza admirable, y no es para menos. Conserva buena parte de su perímetro defensivo así como los portales. Dejando el vehículo en el aparcamiento de la carretera, se accede al interior por uno de ellos. Junto a un torreón circular se entra por el Portal de las Monjas. En su interior presenta una galería formada por tres niveles, la primera con balaustrada de madera y las dos superiores con ventanucos y celosías de diferentes formas. Pertenece a un convento cuya fundación data del siglo XVI. La calle mayor es amplia, jalonada de vistosas casas, portales dovelados, rejas de hierro forjado y no pocos aleros con labores artísticas. Dos ejemplos son la Casa de los Julianes y la Casa de Lasota. Al final de la calle se abre el portal del Estudio, que servía de acceso a las escuelas situadas a extramuros. Desde este portal una calle nos conduce a la plaza de la iglesia. Se trata de una plaza abierta con un mirador sobre la muralla. En ella se alojan la iglesia y el ayuntamiento. La iglesia de Santa Margarita, data de 1679, aunque tuvo que reconstruirse casi por completo tras el incendio provocado durante las guerras carlistas, en 1837, en el que sólo quedaron en pie los muros y la torre. Bajo el influjo barroco se levantó de nuevo. En cuanto a la torre de sillería, destaca la parte superior decorada una balaustrada y culminada por un cupulín. El ayuntamiento es un edificio de 1615 en cuya fachada luce escudo y bellos ventanales. En su parte se abre una lonja de arcos de medio punto.

Desde la plaza mediante unas escaleras se accede a la vega a través del portal de la Fuente. Junto a las huertas se puede acceder a la cercana ermita del Pilar. A sus pies se abre un gran pórtico sobre columnas octogonales que forma parte del acceso. Desde este punto la vista del pueblo amurallado con la vega a los pies es muy pintoresca. Volviendo de nuevo a la plaza, junto al ayuntamiento parte una calle que conduce a la plaza de Aliaga. En este lugar se alzan las dos mejores casas del pueblo, la Casa de Aliaga y la Casa de los Castellot. Ambos edificios tienen una tipología parecida, con fachadas de sillería, grandes ventanas, galería de arcos y remate con alero de madera. Desde la plaza se vuelve a la calle Mayor, completando un recorrido monumental básico. Sin embargo hay muchos más inmuebles que tienen muchas riquezas ocultas en su interior, los cuales muestran al exterior soberbias fachadas.