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FINES DE SEMANA Jacetania

Valle de Canfranc, surcado por el río Aragón

El valle de Canfranc conforma la cabecera del Aragón. Este río dio nombre al condado, germen del reino y la corona homónimos. Nace el río en el ibón de Escalar y recorre el valle en dirección a Jaca, capital del antiguo reino. Un valle poblado desde la prehistoria, y transformado fundamentalmente durante el siglo XX con la llegada del ferrocarril. Pero también una vía de comunicación fundamental con Francia a través del paso pirenaico del Somport.
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El acceso al valle de Canfranc se realiza a través de la carretera nacional que une las ciudades de Zaragoza, Huesca y Jaca en dirección al paso fronterizo del Somport. Buena parte de su trazado puede recorrerse en la actualidad por la autovía mudéjar. Después de Jaca, la carretera se interna en el valle formado por el río Aragón. El primer punto de destino es la localidad de Villanúa. La travesía recorre la zona urbana más reciente. Al final de la misma un desvío conduce al antiguo casco urbano. Tras atravesar el río debe aparcarse el vehículo, ya que éste es el punto de inicio del paseo propuesto para la mañana del sábado.

El objetivo es recorrer un tramo del Camino de Santiago en Aragón, uno de los dos trazados que cruza los Pirineos procedentes de Francia. Por una parte está el camino navarro que pasa por Roncesvalles. Mientras que el ramal aragonés atraviesa el puerto del Somport, y forma parte de la Vía Tolosana.

TIEMPODESNIVELDIFICULTAD
1 h (ida)100 mfácil

En las inmediaciones del puente sobre el río Aragón, por la margen izquierda, pasa el camino. Se trata del tramo entre las poblaciones de Villanúa y el núcleo originario de Canfranc, con una distancia entre ellos de cuatro kilómetros. Es uno de los tramos mejor conservados del trazado original de la ruta jacobea en Aragón. En el arranque se pasa junto al acceso de la Cueva de las Güixas cuya visita se deja para la tarde. A escasa distancia está el Dolmen de las Güixas, un monumento megalítico que marca la incipiente ocupación humana de estas tierras pirenaicas. Conserva las tres piedras, dos laterales y una superior de mayores dimensiones que formaban parte del túmulo funerario. La ruta recorre un paisaje surcado por amplia vegetación, cerca de los campos que bordean el cauce.

En el tramo intermedio debe cruzarse dos veces por debajo de la actual carretera. Al final se cruza el río Aragón por un puente medieval, por el cual habrán pasado infinidad de peregrinos.

Poco resta para alcanzar el casco urbano de Canfranc-Pueblo. Su nombre deriva del término Campus Francus, lugar fronterizo de cobro de peajes. A lo largo de su desdichada historia sufrió dos incendios devastadores, uno en 1617 y otro en 1944. Tras éste último que destruyó todo el pueblo y la mayor parte la población se trasladó al barrio de los Arañones, junto a la estación internacional de ferrocarril, convirtiendo este enclave en el núcleo principal de Canfranc. A las afueras se pasa por los restos de la iglesia de la Santísima Trinidad, que junto con el hospital se levantaron gracias a un vecino del pueblo en el siglo XVI. Debido a su decadencia dos siglos después fueron abandonados los edificios. El incendio dejó sin cubiertas la iglesia que ya estaba en mal estado. Un paseo por la calle Albareda, el eje principal, ofrece un núcleo cuyas casas recuperadas se alternan con solares vacíos. En la zona central se abre una plaza. Allí está la iglesia de la Asunción, del siglo XVI, pero que fue reconstruida tras el incendio. Al frente se alza la torre de planta poligonal y un porche de acceso. Tras la visita a la localidad debe emprenderse la vuelta, ahora en ligero descenso hasta el punto inicial.

Por la tarde se propone la visita a Villanúa, población que llegó a alcanzar el millar de habitantes gracias al impulso del ferrocarril. El lugar de mayor interés turístico es la  Cueva de las Guixas. La visita se inicia en el Centro de Interpretación Subterránea. Un audiovisual ayuda a comprender la formación de las grutas, su historia y la vida natural que acoge su interior. A unos cinco minutos se encuentra el acceso a la cueva, que toma su nombre de los aquelarres de brujas que se celebraban en su interior. La gruta ha sido formada por la filtración de aguas subterráneas en medio de un terreno poroso. El tramo inicial y más amplio corresponde a un río subterráneo que lleva agua cuando llueve con abundancia. Después se suceden unas galerías de manera ascendente, donde se refugian la fauna más carácterística, las comunidades de murciélagos. En esta zona abundan las formaciones de estalactitas y estalagmitas, destacando una gran sala en la que las coladas dan lugar a un entorno de gran belleza.

A medio kilómetro se encuentra el casco urbano que alberga bellos ejemplos de arquitectura pirenaica. Cuenta con dos plazas, de la fuente y de la iglesia, entre las cuales se situa la iglesia de San Esteban. Aunque de origen románico, fue remodelada en el siglo XVII. Sobresale su torre del siglo XVIII de singular altura y estrechez. En en entorno se pueden contemplar varios ejemplos de arquitectura tradicional pirenaico, destacando un edificio situado en la plaza de la fuente.

Como avanzadilla a la visita del dia siguiente se recomienda la visita nocturna a la estación de Canfranc. Todos los fines de semana se puede contemplar un espectáculo de luz y sonido, que ofrece una visión sorprendente de este edificio. Además la locución permite descubrir la historia de este enorme edificio varado en pleno Pirineo.

Al día siguiente se remonta el valle. Entre los dos núcleos de Canfranc, elevada a los pies de la carretera, está la Torre de los Fusileros. Se construyó entre 1884 y 1889 como refuerzo defensivo del Valle de Canfranc. De pequeñas dimensiones presenta en su base planta de rectángulo con esquinas redondeadas y alzado troncocónico. Una puerta sobre foso sirve de acceso. En sus muros se abren saeteras, en la primera planta, en la parte superior entre las arquerías y bajo el tejado. En su interior presenta dos plantas de exposición alrededor de un patio interior cubierto.

Poco más adelante se alcanza la boca del túnel de Somport puesto en marcha en el año 2003. Se trata del túnel carretero más largo de España con 8,6 kilómetros de longitud, que une los valles de Canfranc y de Aspe. Continuando por la antigua carretera nacional, a escasa distancia se encuentra el núcleo de Canfranc-Estación. Su ubicación se debe a la construcción del túnel ferroviario. A principios de siglo XX se empezaron a asentar los trabajadores de la obra. Entonces se llevó a cabo una transformación del paisaje impresionante. Con los escombros del túnel se construyó la explanada donde se asienta la estación, desviándose el cauce del río. También se repoblaron las laderas para evitar aludes. Unos años después de la inauguración de la línea de ferrocarril, en 1928, se terminan de construir los edificios que configuran buena parte del actual núcleo. A todo este núcleo original se han ido añadiendo edificios de diferente época y estética a lo largo de la carretera, formando una vía urbana.

La estación internacional de ferrocarril de Canfranc es la joya arquitectónica del pueblo. Sorprenden las dimensiones y su gran longitud. Pero la historia de la línea del ferrocarril se remonta casi 75 años antes de la inauguración de la línea. La construcción de esta vía de comunicación se llega a convertir en una verdadera obsesión para la sociedad aragonesa y que hace poner en pie a toda la clase política, con la recogida de 100.000 firmas de las tres provincias aragonesas. En 1882 se subasta la concesión a una sociedad anónima aragonesa y se firma un convenio con la compañía ferroviaria del Norte. En 1888 los dos países empiezan las obras de la línea. Posteriomente del túnel de 7,7 kilómetros de longitud, con la unión de las galerías excavadas desde Francia y España en 1912. En 1918 se comienza la estación internacional. Finalmente el 18 de julio de 1928 Alfonso XIII y el presidente de la República Francesa inauguran la línea transpirenaica. En sus primeros años de funcionamiento no tuvo buenos resultados de número de viajeros ni de toneladas de mercancías trasportadas. El tráfico mejoró progresivamente hasta 1965 sin terminar de llegar a las cotas previstas. Finalmente en 1970 un accidente de tren de mercancías en la vertiente francesa destruyó el puente de L´Estanguet cortando la línea. Desde entonces nuevamente la sociedad aragonesa reivindica la reapertura de la línea internacional.

Desde la oficina de turismo de la localidad, sita en los bajos del ayuntamiento, se ofrece una visita guiada a la estación. Aunque sólo se puede ver su vestíbulo, único espacio restaurado, es suficiente para imaginar la belleza de la estación en tiempos remotos. Además la explicación permite recorrer en el tiempo su historia, relacionados con el trajín de los viajeros y mercancías, pero también con interesantes historias relacionadas con el espionaje durante la segunda guerra mundial, o el paso del oro nazi por esta pequeña localidad pirenaica. 

 

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Comunidad de Teruel FINES DE SEMANA

Riodeva y Villel, la tierra del gigante europeo

El Turia, el río más importante de la Comunidad Valenciana, nace en las inmediaciones de la población turolense de Guadalaviar. Toma el nombre de esta localidad hasta alcanzar Teruel, cuando pasa a llamarse Turia. Cerca de la vega formada por el río dos poblaciones ofrecen rincones naturales de gran belleza. El barranco de los Trancos en Villel y Los Amanaderos en Riodeva. Éste último lugar además fue habitado por el mayor dinosaurio de Europa.
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Para acceder a la vega del Turia hay que tomar dirección al sur de Aragón. El punto de partida es Teruel, a la cual se puede acceder cómodamente por la autovía mudéjar. Desde la capital turolense se coge la carretera nacional que conduce a Cuenca. Su trazado discurre en todo momento junto al río Turia. En unos treinta kilómetros de sinuoso trazado se alcanza la frontera con la Comunidad Valenciana. Una vez rebasada surge a mano izquierda la carretera que conduce a Riodeva, de nuevo en tierras aragonesas.

La carretera termina en la población, después de recorrer once kilómetros. Bordeando el casco urbano, en plena vega, parte indicado el camino que conduce a Los Amanaderos. Se trata de un paraje de gran belleza cuyo término hace referencia a las surgencias de agua que alimentan el río Eva, también llamado río de Riodeva, el cual desemboca en el Turia. Tomando la pista señalizada, ésta asciende ganando rápidamente altura, y atravesando paisajes desprovistos de vegetación. Tras recorrer cerca de ocho kilómetros desde la población se alcanza un aparcamiento, rodeado de pinares. Hay varias posibilidades para conocer este paraje, la primera de ellas realizando el primer tramo del sendero hasta el Salto Polaina, volviendo después al punto de partida. Tiene una duración estimada de una hora en total. La segunda y más interesante requiere de vehículos de apoyo, para realizar el recorrido en sentido descendente y poder disfrutar del recorrido sin hacerlo demasiado largo. Serán necesarias unas dos horas. En este caso se termina en un aparcamiento emplazado a unos dos kilómetros del pueblo, en la pista de acceso al CIREA (Centro de Interpretación del río Eva y los Amanederos). Y la tercera opción es realizar el recorrido íntegro ida y vuelta, partiendo de dicho aparcamiento, con una duración estimada de unas 4 horas y media.

TIEMPODESNIVELDIFICULTAD
2h (ida) 350 mfácil
4h 30´ (ida y vuelta) 350 mmedia

A escasos metros del primer aparcamiento se precipita el Salto de las Yeguas, cuyo cauce atraviesa la toba calcárea, piedra frágil, y se produce una espectacular caída de 22 metros de altura. Una senda desciende a su parte baja, con un mirador para poder apreciar el salto en toda su magnitud.

Siguiendo el recorrido perfectamente acondicionado con escaleras de madera se llega hasta la Cascada de las Ninfas, que se encuentra a escasos minutos. Se apoya en roca más dura, y su caída es escalonada, formando en su parte baja un apacible remanso. Continuando el trazado descendente se puede disfrutar de la vegetación de ribera junto al río que serpentea con pequeños saltos. El siguiente en aparecer es el Salto Polaina, con un mirador al cual se accede desviándose unos metros del recorrido. El sendero ahora se aleja del cauce. A gran altura respecto al mismo se divisa la Caída de San Lorenzo, también conocida como de la Virgen Blanca. Se trata del mayor salto de todo el recorrido en altura, con sus 48 metros en los cuales el agua se desliza por la roca. Más adelante comienza un descenso más acentuado hasta llegar a un pequeño valle. En este punto se retoma el trayecto fluvial acompañando al cauce.

Ya queda poca distancia hasta el Molino Montereta, situado en un entorno frondoso. Poco antes un pequeño sendero permite el acceso hasta el Salto de la Luz, ubicado en un precioso recoveco del cauce. Aguas abajo, junto a otro pequeño aparece el molino. En su interior alberga el CIREA. Las llaves para visitarlo se pueden solicitar en el albergue y en el pueblo. En la planta baja conserva la maquinaria del molino harinero; y en la planta alta tiene una exposición sobre el entorno natural de los Amanaderos y del río Eva. A escasos metros las aguas de los Amanaderos desembocan en el río Eva, que suele llevar menor caudal. El recorrido continúa pasando junto a una gran balsa que sirve para almacenar y regular el agua de riego de la vega que rodea a Riodeva. Poco más adelante se pasa bajo el puente de la canalización de riego. A partir de este punto la senda se convierte en pista, la cual surca la vega donde abundan frutales y huertas. En el trayecto aparece el segundo aparcamiento hasta donde se habrán invertido unas dos horas de caminata.

Para la tarde se propone la visita a Riodeva. Su casco urbano se asienta en una ladera del valle surcado por el río del mismo nombre. Una calle asciende de manera directa a una plaza donde se alza la iglesia de la Virgen de los Dolores. Fue erigida en la segunda mitad del siglo XVIII. A través de una sencilla portada adintelada se accede a su interior, compuesto por tres naves. La torre se alza en tres cuerpos; el primero es cuadrado y los dos siguientes octogonales. En la parte central del núcleo está el ayuntamiento de reciente factura.

Desde la carretera que bordea el pueblo por la vega, en su parte final, parte el desvío a mano izquierda que conduce a la ermita de la Inmaculada. La construcción de grandes dimensiones está fechada en 1857, en estilo neoclásico. Se accede a través de un pórtico abierto por tres arcos adintelados. Unos metros antes de alcanzar la ermita está la subsede de Dinópolis, que recibe el nombre de Titania. Este centro tiene como protagonista el Turiasaurus riodevensis, el dinosaurio más grande de Europa que fue encontrado en esta localidad. Del mismo ha sido descubierto el 50% de su esqueleto, y se representa a tamaño natural la mitad anterior de su cuerpo. En el espacio también se muestran los demás dinosaurios encontrados en el medio centenar de yacimientos de la zona. También se explican las rocas y estratos de la zona, donde vivieron los dinosaurios hace 150 millones de años.

Para completar la tarde se propone visitar el Barrio Minero de Libros, que se emplaza a unos seis kilómetros de Riodeva, en dirección a la vega del Turia. Un panel informativo junto a la carretera marca el acceso rodado. Desde el siglo XVIII se extrajo azufre de estas minas. En el año 1906 la Industrial Química de Zaragoza comienza a explotarlas, trasladando el mineral hasta el barrio zaragozano de la Química para su procesado. El antiguo poblado, ahora en ruinas, llegó a contar con unos dos mil habitantes. El cese de la producción tuvo lugar en 1956, y después llegó la destrucción de los edificios. Sólo se conserva en buen estado la ermita de Santa Bárbara. En los alrededores se construyeron más de un centenar de cuevas que complementaban el alojamiento a las familias debido a la numerosa mano de obra. En los últimos años una docena de ellas han sido recuperadas por Julián Martínez. Gracias a su labor es posible la visita libre a su interior. Se aprecian las estancias excavadas en la roca,  que además están dotadas de mobiliario para poder imaginar mejor su uso como vivienda.

Para el domingo la visita se traslada a la población de Villel, de vuelta hacia Teruel. A finales del siglo XI pasó por estas tierras el Cid, siendo reconquistada en 1180 por el rey Alfonso II de Aragón. Sus viviendas se sitúan en torno a una afilada elevación coronada por el castillo, en la margen derecha del río Turia.  Desde la carretera se accede a la plaza principal, donde se encuentra el edificio del ayuntamiento y la iglesia de la Virgen de las Nieves. Ésta última constituye una gran construcción en mampostería terminada en 1738. Cuenta con dos portadas de factura barroca flanqueadas por columnas bulbiformes, guarecidas por un gran arco de medio punto. La torre se alza en tres cuerpos, siendo los dos superiores octogonales en ladrillo, rematándose con chapitel. Un paseo por el pueblo permite descubrir el Portal del Concejo. En su interior hay escaleras que toman dirección a la parte más alta del promontorio. De camino se pasa junto a la ermita de Santa Bárbara. El castillo de planta irregular corona el monte a cuyos pies fue desarrollándose la población. Pertenece a los siglos XII y XIII y fue regido por la orden templaria. Se trataba de una fortaleza de planta irregular. El resto más importante es la Torre del Homenaje, de planta rectangular y ocho metros de lado. Tras su restauración se accede a través de una escalera de caracol externa. Desde este lugar se disfrutan de excelentes vistas de la población y de la vega del Turia.

Para completar la mañana se recomienda la visita al entorno natural de mayor interés de la población, el Barranco de los Trancos. En la parte trasera del pueblo, desde la calle Fuensanta, parte otra calle que atraviesa el cauce del barranco de la Chartera, junto a una pasarela peatonal de madera. Por esta calle se abandona la población tomando una pista que en unos tres kilómetros y medio deja en la entrada del barranco, sin abandonar el trazado principal.

TIEMPODESNIVELDIFICULTAD
1h (ida y vuelta) 150 mfácil

La fuente Chartera marca el inicio de la ruta. El sendero se adentra entre enormes paredes de roca. En algunas ocasiones la anchura es lo suficientemente estrecha como para tocarlas con las manos extendidas. Durante el recorrido han sido acondicionados algunos pasos con escaleras metálicas y sirgas para facilitar los ascensos bruscos del nivel. En menos de media hora se abandona la zona más angosta y el barranco se abre. Poco más adelante, en un cruce señalizado, debe tomarse el sendero GR-10 a la derecha, señalizado con marcas rojas y blancas. En el ascenso se gana poco a poco altura, con buenas vistas del barranco recorrido. Tras un pequeño collado comienza el descenso de vuelta que enlaza de nuevo con la pista que sirve de acceso al barranco.

Para la tarde se reserva la visita al Santuario de la Fuensanta. Desde la parte trasera de Villel, tomando la calle de la Fuensanta, parte una pista señalizada en buen estado que sirve de acceso a este lugar que se encuentra a dos kilómetros. Tras recorrer una zona con paisaje abierto la pista asfaltada se introduce en una barranco angosto, donde surge de repente el santuario. La actual construcción fue terminada en 1590. Es un conjunto compuesto por la ermita y la hospedería, que se unen mediante un pasadizo en alto. La ermita se compone de una nave que se cubre con bóveda de crucería estrellada. Sobre la cabecera se alza una cúpula octogonal. El acceso principal se encuentra en un lateral; se compone de arco de medio punto de gran dovelaje, con una inscripción de la cruz de malta en la clave. La hospedería es un edificio de planta cuadrada con tres alturas.

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CICLOTURISMO Ribera Alta

Camino Natural del Ebro, por la Ribera Alta

El río Ebro discurre pausado en su tramo intermedio, atravesando la comarca de la Ribera Alta, aguas arriba de Zaragoza. En sus orillas el paisaje humanizado desde tiempos remotos cubre sus riberas de huertas surcadas por caminos y acequias. Un manto verde que acompaña al río y que rompe con el color ocre del paisaje estepario que domina el valle.  Mientras sus orillas se cubren de vegetación de ribera, más amplia en sotos, galachos y mejanas.
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El Camino Natural del Ebro se corresponde con el sendero de gran recorrido GR-99. Recorre un total de 1.287 kilómetros acompañando al río Ebro desde su nacimiento en Fontibre hasta su desembocadura en el Delta del Ebro. Un territorio poblado por el hombre desde hace muchos siglos. Los romanos utilizaron el cauce como vía de comunicación fluvial. Y en torno al río se fue tejiendo una red de caminos. Los afluentes que desembocan en el gran río. Las acequias que derivan el agua para regar las huertas. Y las calzadas romanas, que han ido articulando la comunicación en toda la cuenca, y que fueron el germen de las vías de comunicación de las sucesivas civilizaciones que poblaron este vasto territorio. Caminos naturales y económicos que acompañan a la corriente fluvial. El último de ellos, el Camino Natural del Ebro, se erige en una versión actual dentro de este entramado.

Esta ruta ciclista recorre uno de los tramos de este camino natural, entre las poblaciones de Gallur y Cabañas de Ebro. Se trata de un recorrido sin dificultades ya que no cuenta con apenas desnivel, y además discurre en su mayor parte por pistas, con algún tramo asfaltado. Su longitud en un sentido es de 25,4 kilómetros. Existe la posibilidad de utilizar coche de apoyo en los puntos inicial y final con lo que se convierte en una ruta sencilla. En caso contrario habrá que contar con 50,8 kilómetros. Según las condiciones físicas puede ser considerado largo, y se puede acortar. Por ejemplo dando la vuelta tras recorrer el soto de Boquiñeni, con un recorrido total de unos 31 kilómetros.

LONGITUDDESNIVELPENDIENTEFIRMEDIFICULTAD
50,8 km (ida y vuelta)40 mnulabuenofácil

El punto de partida es la localidad de Gallur. Situada en la comarca de  la Ribera Alta, se puede acceder hasta ella a través de la carretera de Logroño, que surca la ribera del Ebro. Desde ella parte una carretera comarcal, la cual hay que dejar tres kilómetros después para introducirse en el pueblo. El casco urbano se emplaza elevado y protegido de las avenidas del río. Una calle desciende hasta el cauce y atraviesa el río a través del emblemático Puente de Hierro. Una vez en la otra margen puede dejarse el vehículo junto a una zona de merenderos situada a mano izquierda.

El recorrido ciclista parte de este punto, saliendo a la carretera y tomando un camino que pasa junto al campo de fútbol municipal. El camino avanza hasta atravesar por debajo la carretera comarcal. Justo después parte un camino a mano izquierda que discurre en paralelo a la vía, y desemboca en un camino más importante. Tomando dirección a la derecha, éste será el que servirá para recorrer la margen izquierda del río hasta alcanzar la siguiente población. En su trazado sinuoso atraviesa zona de cultivos  y se acerca al cauce bordeando uno de los meandros formados por el río en su suave discurrir.

Poco a poco se adivina la silueta de Pradilla de Ebro, pasando junto a la sencilla ermita de Santa Ana. Tras recorrer poco más de siete kilómetros se alcanza el casco urbano. El trazado avanza por la mota que defiende la población de las avenidas del río. Una vez rebasada la población, a escasa distancia, el camino se topa con la carretera que une las poblaciones de Pradilla y Boquiñeni mediante el puente sobre el río Ebro. Precisamente a través de él la ruta ciclista pasa a la margen derecha.

Tras circular trescientos metros por la carretera enseguida se toma una pista asfaltada a la izquierda en dirección a Boquiñeni. Sin embargo la ruta ciclista sigue poco después por una pista a mano izquierda que bordea el casco urbano, discurriendo junto al río. El trazado recorre ahora un acusado meandro, disfrutando de un paisaje formado por campos de cultivo delimitado por la frondosa ribera. En su parte final es necesario seguir las indicaciones del camino natural ya que durante un tramo atraviesa el Soto de Boquiñeni. Aquí se puede descubrir la riqueza natural que acompaña al río en sus márgenes.

A su salida se vuelve a una pista principal, la cual conduce de manera directa a la población de Luceni. Se atraviesa la población por el centro, pasando junto a la iglesia parroquial, el ayuntamiento y la plaza de España. Desde una de las esquinas de dicha plaza, a mano izquierda, parte la calle que  sirve para continuar con la ruta ciclista. Tras dejar atrás las viviendas el camino sigue su trazado rectilíneo acercándose de nuevo al cauce.

El paisaje de campos y ribera vuelve a dominar hasta toparse con la siguiente población, Alcalá de Ebro. Situada en el extremo de un meandro y protegida por una mota de defensa, el gran río en numerosas ocasiones ha puesto en aprietos a sus vecinos. Se bordea la población en paralelo al río. Junto a la ribera se emplaza el monumento a Sancho Panza, que recuerda el papel de gobernador de la Ínsula Barataria en una de las andanzas del célebre Don Quijote.

A escasos metros parte una pista que atraviesa una antigua chopera cercana al río. Tras un quiebro continúa su trazado surcando la ribera sin perder de vista la ribera que protege y oculta al río. En contrapunto los campos permiten una visión más amplia del paisaje. Cuando se llevan unos 23 kilómetros de recorrido se pasa junto al mirador del Ebro. Un pequeño desvío a la izquierda nos lleva a un punto con una vista inmejorable. Los sotos de Matillas y de la Pulliguera en primer término, y las islas cubiertas de vegetación en el cauce permiten comprender la complejidad del río más caudaloso de la Península Ibérica. Tras este pequeño descanso sólo quedan dos kilómetros más para alcanzar el punto final de la ruta ciclista, en Cabañas de Ebro.

El camino de vuelta se puede realizar por el mismo trazado. Y si es necesario recortarlo, puede evitarse recorrer el meandro de Boquiñeni, continuando por la pista que conecta directamente con el casco urbano. Por la calle Joaquín Costa se llega hasta la plaza de España. Por la calle la Purísima a la plaza Aragón, y desde ella por la calle Miguel Fleta, que pasa por las piscinas, hasta alcanzar el recorrido del sendero natural.

Para la tarde se propone visitar las poblaciones de Gallur y Alagón, por donde pasa el Camino Natural del Ebro en la Ribera Alta. La primera de ellas, Gallur, es el principio y final de la ruta ciclista. Desde el río Ebro debe cruzarse el Puente de Hierro, diseñado por Cornelio Arellano, autor del puente de hierro zaragozano. Se compone de cuatro arcos metálicos en paralelo. Al otro lado una calle se introduce en el casco urbano hasta alcanzar la plaza de España. Su planta triangular, porticada parcialmente, está cerrada en uno de sus costados por el ayuntamiento. Se trata de un edificio racionalista construido entre 1935 y 1939. Por la calle mayor, a escasa distancia, se alza la casa de los Ortega, una buena muestra de la arquitectura civil de la villa. Y desde uno de los rincones de la plaza parte una escalinata que conduce a la iglesia de San Pedro. Está emplazada en el punto más elevado de la población. La construcción neoclásica fue llevada a cabo en el siglo XVIII. La torre de ladrillo se alza en varios cuerpos con vanos de ladrillo y rematada con tejado a dos aguas.

En cuanto a Alagón, capital de la comarca de la Ribera Alta, sobrepasa los siete mil habitantes. El eje principal de la población es la calle Mayor, donde abundan las casas solariegas. En ella se abre la plaza de España donde se alza el ayuntamiento. Avanzando por la misma calle se alcanza la plaza de San Juan, que toma el nombre de la iglesia barroca con la que cuenta. En las cercanías está el promontorio donde se sitúa el origen de la villa. Una escalinata antecede a una amplia plaza donde se encuentra la ermita de la Virgen del Castillo. Pero el punto más relevante de la población tiene por epicentro la plaza de la Alhóndiga, en cuyo centro hay un kiosco de música. En uno de sus costados está la iglesia de San Pedro. La obra mudéjar en ladrillo que comenzó a construirse en el siglo XIV. La fábrica luce al exterior galería de arcos de ladrillo. Su elemento más relevante es la torre, compuesta en realidad por dos torres concéntricas entre las cuales discurre la escalera. Destaca la decoración mudéjar en sus tres cuerpos a base de arcos mixtilíneos, rombos y medios rombos. Y en la parte alta se abren vanos apuntados que cobijan a dos arcos en su interior. Se culmina la torre con pretil de ladrillo y una pequeña espadaña.

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CICLOTURISMO Comunidad de Teruel

Ruta del Alfambra, sobre vías férreas y caminos fluviales

La ruta ciclista recorre el valle surcado por el río Alfambra, entre las localidades de Villalba Baja y Alfambra. Éste nace en la Sierra de Gúdar y que tras un largo periplo desemboca cerca de Teruel, en el río Guadalaviar. En su primer tramo recorre el antiguo trazado del ferrocarril fallido entre Alcañiz y Teruel, de paisaje más seco. Mientras el segundo tramo utiliza el Sendero Fluvial del Alfambra, donde predomina el verde de la ribera.
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El antiguo ferrocarril diseñado para unir las localidades de Alcañiz y Teruel se comenzó a construir en 1927. Dos parones en las obras hicieron dilatar su construcción hasta el año 1935. Por aquel entonces ya estaban terminando prácticamente su trazado, incluyendo túneles y puentes, así como las estaciones. Sin embargo el inicio de la guerra civil, los problemas económicos y la falta de apoyo político impidieron que se terminase la obra no llegando a circular ningún tren.

La ruta ciclista está compuesta de dos partes diferenciadas. La primera de ellas discurre por el trazado de ferrocarril, a través de una pista de tierra en buen estado, pero sin acondicionar como vía verde. En la segunda parte se circula por el Sendero Fluvial del Alfambra a través de una pista de tierra que atraviesa el río en numerosas ocasiones, lo cual puede impedir la realización de la ruta en caso de que el río lleve mucho caudal. En el tramo final se discurre por el asfalto de una carretera abandonada y finalmente por la carretera nacional hasta alcanzar la localidad de Alfambra.

LONGITUDDESNIVELPENDIENTEFIRMEDIFICULTAD
36 km (ida y vuelta)100 m0,2%mixtomedia

El punto de partida es la localidad de Villalba Baja, situada a unos nueve kilómetros de Teruel capital. Desde la autovía mudéjar se puede acceder directamente a la carretera nacional con dirección a Alcañiz. Poco antes de llegar al enclave, a mano izquierda aparece la antigua estación del ferrocarril en la cual figura el nombre del pueblo al cual daría servicio. Junto a ella puede dejarse el vehículo aparcado.

A los pies del edificio se intuye el antiguo trazado ferroviario que nunca se empleó. Una pista ocupa su espacio, permitiendo la circulación de vehículos y por donde discurre la ruta ciclista. En menos de un kilómetro y en línea recta se atraviesan dos túneles de corta longitud para lo cual no es necesario iluminación suplementaria. En este tramo se circula por la parte trasera del casco urbano. Entre los túneles se pasa junto a una ladera en la cual fueron excavadas numerosas bodegas, ahora fuera de uso, que forman una curiosa estampa. En esta primera parte se avanza por la zona más seca del recorrido, en un plano ligeramente elevado sobre la carretera nacional y sobre la vega del río. Un paisaje estepario en el cual apenas hay vegetación. En el kilómetro 3,2 la pista salva sin dificultad un pequeño barranco de desagüe construido para proteger la carretera. Poco más adelante se atraviesa otro túnel no demasiado largo. De nuevo el trazado rectilíneo y elevado ofrece amplias vistas.

Un nuevo túnel marca el final de la primera parte de la ruta, en el kilómetro 4,3. Al salir, debe abandonarse el trazado ferroviario y tomar una pista a mano derecha que conduce a la carretera. Es necesario cruzar tomando las precauciones, y justo enfrente parte el acceso asfaltado en dirección a la localidad de Cuevas Labradas. En menos de medio kilómetro, justo antes de cruzar el río, parte a mano izquierda una pista por donde discurre el Sendero Fluvial del Alfambra. La segunda parte recorre la ribera del río, donde predominan las choperas que acompañan al suave discurrir de las aguas. A partir de este punto se suceden los cruces del río, que no suponen dificultades si el cauce es reducido, como suele ser lo habitual. El primero de ellos está dotado de un vado de hormigón lo cual facilita el cruce. En el kilómetro 5,5 aparece un pequeño merendero dotado de mesas para un pequeño descanso. Desde este punto se divisa el casco urbano de Cuevas Labradas.

Siguiendo por la pista principal, sobre el kilómetro 6, se cruza casi de manera consecutiva dos veces el río, volviendo a la margen izquierda. En quinientos metros de nuevo de vadea el cauce. A partir de este punto se circula por una pista en buen estado, como en el resto del sendero fluvial. El trazado es prácticamente horizontal. Se acompaña de la vegetación ribereña compuesta por altivos chopos, junto al paisaje formado por los campos de cultivo de la vega. Un cómodo y agradable recorrido por el valle del Alfambra.

En el kilómetro 8,3 se atraviesa por quinta vez el río, terminando así la aventura ciclista de cruzar el cauce. Otra vez en la margen izquierda la ruta avanza de camino a la siguiente localidad, la cual se avista entre las copas de los árboles. Un puente de hormigón permite cruzar por última vez el cauce, ésta vez sin dificultades.

Atravesando las huertas de la localidad de Peralejos, la ruta ciclista se introduce en pleno casco urbano cuando se alcanza el kilómetro 10 de ruta. En una intersección se toma una calle a la derecha la cual recorre la parte baja de la localidad. Al final del pueblo, debe tomarse una nueva calle a la derecha que desciende hacia la vega. La pista continua su trazado de manera cómoda a escasa distancia del río Alfambra. Llega un momento en que se aleja del cauce y toma dirección a la carretera nacional, sobre el kilómetro 12,5. Durante unos metros se circula por el arcén, y tras atravesar un pequeño barranco se abandona la carretera por la derecha. A partir de este momento se utiliza el antiguo trazado de la carretera, ahora en desuso. Su amplitud, el pavimento y la falta de circulación permiten rodar con tranquilidad, mientras se disfruta de las amplias vistas que proporciona el paisaje formado por los campos de cultivo.

Cuando se alcanzan los 15 kilómetros de recorrido el ramal de carretera desemboca en la actual carretera. Sin opción de continuar por la ribera con bicicleta no queda más remedio que circular por la carretera con precaución. Con este último tramo de poco más de dos kilómetros se alcanza la población de Alfambra. Para evitar la carretera se debe tomar el primer desvío al casco urbano que indica dirección a Santa Eulalia del Campo. En apenas unos metros se toma la primera calle a la derecha. En este punto están ubicadas las piscinas municipales y un área de descanso con unos merenderos, un buen lugar para hacer un alto y recobrar fuerzas. Por la amplia calle se recorre la parte baja del pueblo, hasta alcanzar una intersección donde se encuentra el monumento al labrador y el edificio del ayuntamiento. Hasta este punto se habrán recorrido unos 18 kilómetros, constituyendo la mitad del recorrido. Sólo restará emprender la vuelta por el mismo itinerario para completar la ruta ciclista.

Para la tarde se propone un paseo por la ciudad del Teruel. La ciudad de los Amantes tiene innumerables atractivos, imposibles de abarcar en una tarde. Recorrer la zona céntrica es lo más recomendable. La plaza del Torico, el entorno de la catedral, pasear por el Óvalo sin dejar de admirar sus torres mudéjares proporcionará al ciclista un complemento a la excursión matinal por el valle del río Alfambra.

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Cuencas Mineras EXCURSIONES

Montalbán y Peñarroyas, ladrillo mudéjar y piedra de rodeno

En el centro de las Cuencas Mineras se encuentra Montalbán, la capital histórica de la comarca. Su casco urbano atesora una de las joyas del mudéjar aragonés, la iglesia de Santiago. Unidas por el cauce del río Martín aparece la población de Peñarroyas. Se cambia el ladrillo mudéjar por la piedra de rodeno. La pintoresca localidad ofrece rincones teñidos por el color rojo, que se extiende al paisaje que rodea este bello enclave turolense.
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La comarca de las Cuencas Mineras cuenta con buenas comunicaciones. De Zaragoza se puede acceder por la carretera que pasa por Belchite y Muniesa. Y desde Teruel hay conexión directa por carretera nacional. A la entrada de la población de Montalbán  aparece indicado el itinerario que atraviesa el casco urbano alcanzando la parte trasera por donde discurre el barranco del Infierno. Desde este punto parte una carretera que en cinco kilómetros deja en Peñarroyas. Se trata de un pequeño pueblo que se asienta junto al río Martín. Las piedras royas son también conocidas con el nombre de piedra de rodeno, una roca de arenisca roja producto de la lenta sedimentación de las arcillas.

Justo antes de alcanzar la localidad hay un aparcamiento donde dejar el vehículo. Debido a lo estrecho de sus calles, el casco urbano es prácticamente peatonal. Una calle sinuosa articula la población pasando por un espacio central con un mirador hacia la vega. Un paseo tranquilo por todas las calles y callejas permite descubrir un pintoresco núcleo dominado por el color rojo de sus construcciones. Más adelante surge otra replazoleta donde está la iglesia de Santa María la Mayor. En su fachada cuenta con el acceso y una torre de dos cuerpos, el primero cuadrado y el segundo ochavado, que se culmina con sencillo chapitel. Adosado se encuentra el edificio del ayuntamiento. Se alza en dos plantas, siendo la inferior una lonja de dos arcos de medio punto que se apoyan en una columna central, ahora cegados.

Atravesando la población se sale por un camino que constituye el inicio de la Ruta de las Peñas Royas. Se pasa junto a parideras y eras desligadas del casco urbano, todas ellas teñidas por el color rojo de la piedra de rodeno. También junto a un robusto peirón. Se asciende ligeramente acercándose a una pared vertical. En este punto se inicia un pequeño recorrido geológico señalizado que complementa la ruta.

El recorrido alcanza el paso del Portillo, tras haber invertido un cuarto de hora de camino desde el pueblo. A escasos metros de este punto elevado aparece un mirador. Desde allí se avista todo el valle en dirección al pueblo con amplias vistas, y también el barranco por donde discurre el río Martín a los pies. La vegetación formada por los pinos y carrascas contrasta con el color rojizo de las rocas dando lugar a un paisaje peculiar.

La senda desciende y en unos minutos parte el desvío a la derecha que conduce a unas icnitas. Este itinerario es el utilizado para realizar el recorrido circular que vuelve a Peñarroyas atravesando el fondo del barranco. Tras ver las huellas fósiles el camino desciende hasta alcanzar el río, internándose en el barranco, repleto de vegetación. Una vez en contacto con el río es necesario atravesarlo en varias ocasiones, y no se dispone de pasos habilitados. Por ello la vuelta por el río sólo es posible en la época estival, siendo necesario volver por el mismo itinerario el resto del año. Si se avanza por el desfiladero, en su tramo final están los pozos de Boyetes, una zona donde el río atraviesa una zona con bloques de grandes piedras. Al salir del barranco el valle se abre y atravesando la zona de antiguas huertas se alcanza de nuevo la población.

Para la tarde se propone visitar la población de Montalbán. Debido a su importancia comercial ha sido durante siglos la capital comarcal. En la actualidad comparte con Utrillas la capitalidad de la comarca de las Cuencas Mineras. El punto de inicio de la visita es el Torréon de la Cárcel, al cual se accede de manera directa desde la mitad de la travesía de la carretera nacional. A extramuros cuenta con un balcón cerrado con celosías de madera. En su parte baja se abre el Portal de Daroca, que data del siglo XIV. Se trata de uno de los cuatro portales que aún se conservan de su antiguo recinto amurallado.

Una vez atravesado surge la calle Mayor, arteria principal de la villa. Se recorre su trazado rectilíneo y poco antes de alcanzar la plaza mayor debe tomarse una estrecha calle a mano izquierda sirve de acceso a la Era de la Cruz. El ascenso a través de varios quiebros deja en menos de diez minutos a los pies del mirador donde se emplaza la cruz sobre unas rocas. Las vistas del casco urbano, con la iglesia justo enfrente, y los restos del castillo como telón de fondo convierten a este lugar en un mirador muy recomendable.

Otra calle desciende de manera sinuosa al epicentro de la localidad, la plaza mayor también conocida como plaza Carlos Castel. Allí se alza el edificio del ayuntamiento, de estilo clásico. Sobreelevada en un costado se emplaza la iglesia de Santiago, uno de los ejemplos mudéjares más importantes de Aragón. Fue construida entre los siglos XIII y XIV, iniciada en sillería y culminada en estilo mudéjar a base de ladrillo. Consta de una nave de gran anchura que se culmina con cabecera de heptagonal. En todo el perímetro exterior destacan los contrafuertes. Éstos son de planta rectangular en la nave y poligonales en la cabecera. Están decorados con paños de rombos y simulando cruces mediante cerámica vidriada. Cuenta con dos portadas de seis arquivoltas de arco apuntado. La torre tiene adosada una torre secundaria, por cuyo interior discurre la escalera de caracol. Ambas torres tienen un primer cuerpo de planta cuadrada, pasando a octogonales en el segundo cuerpo. Junto a la puerta trasera se puede acceder a un pequeño mirador desde donde se puede apreciar mejor la labor mudéjar de los lienzos de la iglesia, así como vistas más amplias de todo el conjunto enclavado en medio del casco urbano.

Se puede complementar la visita a la localidad con la visita al Centro de Interpretación de la Geología y Espeleología, situado en un rincón de la misma plaza. En su interior informa sobre la historia geológica del Parque Cultural del Río Martín, con apartados referentes a espeleología, y cavidades subterráneas.

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CICLOTURISMO Jacetania

Valle de la Garcipollera, en manos de la naturaleza

El Valle de la Garcipollera fue denominado Valles Cepolaria, o valle de las cebollas. El río Ijuez lo recorre hasta desembocar en el río Aragón. Quedó despoblado a partir del año 1956 en que Patrimonio Forestal del Estado adquirió las propiedades, a excepción del casco urbano de Villanovilla. El objetivo fue repoblarlo para evitar el arrastre de sedimentos. El valle ahora tiene un aspecto mucho más verde, pero está prácticamente carente de vida humana.
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Esta ruta tiene como punto de partida la localidad pirenaica de Castiello de Jaca. Para acceder a este bello rincón de la geografía aragonesa es necesario tomar dirección a Jaca, la capital de los Pirineos. Al norte parte la carretera que recorre el valle del río Aragón. En poco más de cinco kilómetros se alcanzan las primeras casas, situadas junto a la travesía. Allí mismo aparece el indicador de La Garcipollera, a mano derecha. En el arranque de la carretera, un aparcamiento permite dejar estacionado el vehículo.

LONGITUDDESNIVELPENDIENTEFIRMEDIFICULTAD
25 km 350 mvariableregularmedia

A partir de este punto se rueda con la bicicleta por la carretera local que recorre el valle de la Garcipollera. El primer tramo discurre por una zona con escaso desnivel y con el firme asfaltado por el que se rueda con facilidad. Los pinares cubren el paisaje del fondo del valle. En cuatro kilómetros se alcanza una granja experimental de la DGA, que fue instalada junto a los restos de las viviendas de Bescós de Garcipollera. Un alto en el camino nos permite contemplar lo poco que resta de las antiguas edificaciones entre cercados y que demuestran la belleza trastocada del antiguo pueblo. Un poco más arriba hay otro grupo de casas originarias y los escasos restos de la iglesia en el punto más alto. En las cercanías se sitúan varias viviendas nuevas construidas para albergar los trabajadores de las instalaciones agropecuarias.

De nuevo en la carretera se avanza por el valle y entre la vegetación de ribera se avista el amplio cauce del río Ijuez. En menos de dos kilómetros desde el anterior emplazamiento, el asfalto se desvía a la derecha en dirección a Villanovilla, en la otra margen del río. Para acceder al mismo se atraviesa el río por un puente y mediante una corta y pronunciada cuesta se llega al pueblo. Se trata del enclave en mejor estado de toda la Garcipollera. Fue el único en el que los vecinos no llegaron a vender sus viviendas. Tras la pérdida de la población ha vuelto la vida y las viviendas han sido restauradas según la tipología pirenaica. Su casco urbano tiene una traza irregular y una de sus calles conduce a la iglesia, situada en un extremo y elevada ligeramente sobre el resto. La iglesia tuvo su origen románico, aunque en la actualidad se encuentre en regular estado.

Para continuar recorriendo el valle es necesario volver al cruce anterior, donde se toma la pista principal. En dos kilómetros se atraviesan los restos de una antigua chopera. A escasos metros, a mano izquierda yacen las piedras de otro de los pueblos del valle, Acín. Su estado ruinoso impide descubrir el trazado de sus calles. Ello se debió en parte a que varios de estos pueblos fueron bombardeados para prácticas militares. El único edificio en pie es la iglesia, una construcción románica terminada en el siglo XIII, y posteriormente ampliada. Se conservan los muros de la nave, así como la cabecera semicircular y la torre del siglo XVII.

La pista poco después cruza el río por una vaguada sobre una presa de contención, una de las muchas que regulan el río Ijuez en su corto trazado. A partir de este punto el firme de la pista empeora notablemente. En menos de dos kilómetros desde la anterior población parte una pista a mano derecha. Por ella se asciende ligeramente. Tras una curva, a un kilómetro y medio de la pista principal, parte un ramal a la derecha que en descenso pronunciado deja en el pueblo de Larrosa. Los muros de las casas se mantienen en pie a duras penas, pero los abancalamientos permiten recorrer el pueblo por sus antiguas calles llenas de abandono. En la parte alta permanece en pie la iglesia de San Bartolomé. Cuenta con una gran nave de planta rectangular que carece de cubierta, con capillas laterales de factura barroca. Se culmina con un ábside semicircular románico en el que se abre una ventana, bajo banda de arquillos ciegos y friso de baquetones al estilo lombardo. La esbelta torre tiene planta cuadrada, y en la parte alta se abren vanos de medio punto.

Sólo resta volver a la pista principal y enfilar el tramo final que en un kilómetro conducirá al lugar con más encanto de todo el valle, la Ermita de la Virgen de Iguácel. Se trata del único resto de un antiguo monasterio. Su primera fase constructiva se debe al conde Galindo, a mediados de siglo XI. Unas décadas después su hijo Sancho Galíndez decidió reformarla. Con ello la construcción de una nave y cabecera semicircular fue embellecida. A las ventanas se añadieron pares de columnas con capiteles decorados. Y la cabecera se decoró con un arquería ciega de cinco arcos de medio punto.

Finalmente se reformó completamente la portada situada a los pies, convirtiéndose en la principal. Forma un cuerpo adelantado a la fachada que se cubre con un tejaroz sobre modillones. Bajo el mismo aparece una inscripción con caracteres mozárabes. Al interior, tras la restauración, se ha recuperado la cubierta con techumbre de madera. El pavimento se conserva intacto, formado por pequeños cantos rodados que describen sencillos dibujos geométricos. En el ábside aparecen unas pinturas murales realizadas en el siglo XV, que constituyen en sí un retablo aprovechando los huecos entre la arquería ciega de la cabecera.

Tras la ruta ciclista matinal, y el reposo después de la comida, una opción para la tarde es dar un paseo por Jaca. Su oferta turística es muy variada, siendo uno de los lugares más visitados de los Pirineos. No debe faltar un paseo por el casco antiguo, pasando por la porticada plaza de la Catedral. Es obligada la visita al edificio de mayor importancia artística, que hunde sus orígenes en el siglo XI. También se puede visitar el Museo Diocesano, que guarda una de las mejores colecciones de pinturas murales románicas. Después pasear por la calle Mayor, ver la Torre del Reloj y la fachada plateresca de la Casa Consistorial.

Y finalmente la Ciudadela, con una vasta extensión verde que la enmarca. Esta fortaleza del siglo XVI, es la única en España que se conserva íntegra y libre de edificaciones añadidas. Su planta poligonal está rematada con baluartes en sus esquinas en forma punta de flecha. Un foso rodea todo el perímetro, y un puente permite entrar por el único acceso. En su interior cuenta con un Museo de Miniaturas Militares, una magnífica muestra con más de 32.000 figuras de soldados de plomo repartidos en numerosas escenas de diferentes épocas.

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Cinco Villas EXCURSIONES

La Bardena Aragonesa, la gran desconocida

A la sombra de las Bardenas Reales, en Aragón está la Bardena Aragonesa, un territorio de unas 10.000 hectáreas. Abarca parte de los términos municipales de Ejea de los Caballeros, Tauste y Sádaba en frontera con Navarra. Un espacio natural de gran interés ecológico que combina la estepa, densos bosques, barrancos y cortados rocosos. La zona central, conocida como Bardena Negra, debe su nombre al color oscuro del pino carrasco.
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Para acceder a la Bardena Aragonesa es necesario tomar dirección a Ejea de los Caballeros, capital de la comarca de las Cinco Villas. Bordeando la población por la variante, en una rotonda parte la carretera comarcal en dirección a Tudela. A unos 13 kilómetros se alcanza Valareña, uno de los pueblos de colonización con los que cuenta la zona. La carretera escoltada por zonas verdes, divide al pueblo en dos mitades. A la derecha una de las calles conduce a la plaza donde se ubica la iglesia parroquial. Cerca de ella, ya casi a las afueras de la población, están las antiguas escuelas. Su interior acoge en la actualidad el Centro de Visitantes de la Bardena Aragonesa. Un lugar que cuenta con toda la información sobre los itinerarios señalizados para recorrer a pie o en bicicleta de este espacio natural. Y donde también se explica su formación geológica, así como las especies de flora y fauna que allí habitan.

Retomando la carretera se conduce en dirección a Navarra. A unos cuatro kilómetros de la población, y tras cruzar la acequia de las Cinco Villas, se coge un amplio camino a mano izquierda. Al inicio del recorrido se pasa cerca del refugio de Goya, y más tarde del refugio de Florián. Tras un giro brusco a la derecha, frente a la caseta forestal, el trazado se introduce poco a poco en una val rodeada de laderas arboladas. En el punto kilométrico 6,4 de la pista debe detenerse el vehículo, en un cruce de caminos. Tomando la pista de la izquierda se inicia el recorrido conocido como el Sendero de la Negra.

TIEMPO

DESNIVEL

DIFICULTAD

2 h

225 metros

fácil

Se trata de un recorrido circular de poco más de seis kilómetros que pasa por quince paradas señalizadas. En su primer tramo se camina por la pista, en paralelo al Barranco de Juan Ramón. En unos diez minutos se alcanza la pequeña Balsa de Capuchinos. A su izquierda arranca un sendero señalizado con un hito. Se recorre el fondo del Barranco de Capuchinos, rodeado de abundante vegetación, hasta alcanzar la Plana de Cazuelas. Este paraje está cubierto por campos de cereal. Bordeando el campo se alcanza una pista. El recorrido avanza por ella hacia la izquierda. Poco más adelante, a mano derecha, de nuevo se retoma el sendero junto al cartel indicador de la Facera de Capuchinos. Comienza el ascenso por la empinada Ladera del Modrollar. El denso pinar que lo cubre permite amplias vistas a medida que se asciende. En el tramo final se pasa bajo la Ralla del Modrollar, una pared rocosa a cuyos pies discurre la senda. En esta zona estas formaciones geológicas son conocidas como rallas. Sólo resta un pequeño ascenso para llegar a la parte alta, donde se alcanza una pista. A corta distancia a la izquierda se emplaza la Punta de la Negra, con el punto geodésico que marca los 648 metros de altitud. Hasta este punto se habrá invertido una hora de tiempo. Se trata de un lugar excepcional por sus vistas sobre la Bardena Negra. El paisaje se completa con grandes llanuras dedicadas al cultivo delimitadas por el perfil montañoso de las cordilleras prepirenaicas y como telón de fondo los Pirineos.

Se inicia el descenso por la pronunciada ladera, y en menos de diez minutos se pasa por el lugar más atractivo del recorrido. La Ralla de la Negra es una gran pared rocosa, con marcados estratos horizontales. A sus pies, el paisaje de suaves desniveles se tapiza con un denso bosque de pino carrasco.

Un poco más abajo se atraviesa el Pinar Viejo. La senda desemboca en una pista junto al Pastizal del Andador. Se continúa por la derecha. A escasa distancia el camino se bifurca y se avanza por la izquierda. Sin alcanzar la Caseta de Juan Ramón se continúa por la pista principal. A menos de cien metros es necesario tomar un camino que aparece a la derecha, señalizado con el cartel de Plaza del Pilar. Tras recorrer un tramo de pista con vegetación mucho más abierta, un hito marca de nuevo un desvío a mano izquierda. El sendero desciende por el barranco del Varellón Oscuro y sale a una zona de cárcavas, curiosas formaciones del paisaje erosionado. A escasos metros discurre la pista, cerca del punto de inicio de la ruta, tras dos horas de caminata.

Para la tarde se propone una visión diferente del entorno de la Bardena Aragonesa. Al Santuario de Sancho Abarca se accede desde la población de Tauste, otra de las cinco villas que dan nombre a la comarca. Una carretera conduce desde la localidad al pueblo de colonización de Sancho Abarca. Antes de alcanzarlo nace una pista señalizada a mano izquierda en dirección al santuario. Tras atravesar la acequia de las Cinco Villas, se convierte en un camino de tierra en buen estado y comienza el sinuoso ascenso al promontorio visible desde las bajas Cinco Villas y el valle del Ebro. Al final se alcanza la plana que supera los seiscientos metros de altura, en la que se situa el santuario, lindando ya con tierras navarras. Su origen se basa en el emplazamiento del castillo de Sancho Abarca, levantado por Sancho Garcés Abarca en el siglo XI. Este enclave estratégico ya fue utilizado con anterioridad como avanzadilla contra los musulmanes. Junto a él se alzaba la ermita homónima que honraba la aparición de la virgen. Las obras del santuario se terminaron las obras en el año 1703, que además contaba con hospedería y antiguo hospital. La iglesia está compuesta por una nave, con capillas laterales entre los contrafuertes. El altar está cubierto por una cúpula sobre pechinas. Adosado al santuario se encuentra la antigua hospedería, ahora transformada en un hotel de dos estrellas.

El resto del conjunto lo componen viviendas alineadas que cierran un espacio a modo de gran plaza. En el costado contrario un mirador ofrece excelentes vistas de los alrededores, gracias a lo elevado sobre el terreno circundante. Por ello las vistas del final del valle del Arba, el río Ebro, y el Moncayo proporcionan razones suficientes para visitar esta atalaya natural.

Como complemento a la excursión se puede terminar dando una vuelta por Tauste. Se trata de una población de unos 7.000 habitantes. De origen musulmán, pasó a manos cristianas en 1105 de la mano de Alfonso I El Batallador. Pujante por su ganadería, contó con una cofradía desde el siglo XII y después con la Casa de Ganaderos, institución de gran importancia. Pero también por la agricultura gracias al regadío impulsado por el canal de Tauste puesto en marcha en 1561. En su casco urbano destaca la iglesia de Santa María. Del edificio sobresale la torre, magnífico ejemplo de mudéjar aragonés. De planta octogonal, destaca la decoración en sus muros. En ellos se alternan paños con frisos de esquinillas, arcos mixtilíneos, mallas de cruces y lazos de cuatro. En la parte alta se abren arcos apuntados, y se remata la torre con terraza almenada. En su interior alberga dos magníficos retablos: el mayor, obra renacentista del Gil de Morlanes y Gabriel Yoli, y el retablo que alberga la imagen de la Virgen de Sancho Abarca. En las cercanías se emplaza la plaza de España, centro neurálgico de la población. Una plaza porticada de reciente factura evoca tiempos pretéritos por su estructura a base de porches y fachadas de ladrillo, entre las cuales se encuentra la del ayuntamiento.

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FINES DE SEMANA Tarazona y el Moncayo

Somontano del Moncayo, a los pies de la mítica montaña

El Moncayo, denominado por los romanos Mons Caius, constituye frontera natural entre Castilla y Aragón. Su cota más elevada, a 2.316 metros, está en el cerro de San Miguel, cumbre a su vez del Sistema Ibérico. Sus sierras y laderas esconden historias que recogió Gustavo Adolfo Bécquer. Pero también un entorno natural de gran belleza protegido por un parque natural. Y pequeños pueblos con singularidades sorprendentes.
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Para acercarse al Somontano del Moncayo es necesario tomar la carretera nacional que conduce a Soria desde la ribera del Ebro. En las proximidades de Gallur parte la ruta que atravesando las poblaciones de Magallón y Borja alcanza Tarazona, la capital comarcal.

Para la mañana del sábado se propone una excursión que sintetiza a través de su recorrido la riqueza natural del parque natural que protege la vertiente aragonesa del Moncayo. La singularidad de este trayecto permite que en poca distancia se pueda atravesar los diferentes tipos de vegetación que albergan el Somontano del Moncayo. La caminata tiene una dificultad media, pero es asequible a buena parte de las personas que quieran disfrutar de este paraje natural de gran valor ecológico.

TIEMPODESNIVELDIFICULTAD
1h 30 min (ida) 575 mmedia

Desde Tarazona es necesario tomar dirección al lugar conocido como Agramonte, donde está el centro de interpretación, además de un restaurante y un área de merenderos. A poco menos de dos kilómetros en dirección al monasterio de Veruela, parte una pista señalizada y de acceso restringido al campamento juvenil de la DGA. Tras aparcar el vehículo en un costado de la carretera se toma andando el camino que conduce a las instalaciones. Al final de ellas, donde termina la pista, nace un sendero bien marcado. El tramo entre el campamento y el santuario viene a costar hora y media. Durante el trayecto se atraviesan diferentes pisos de vegetación entre los 1.100 y los 1.600 metros de altitud. En la parte baja se discurre por un pinar entremezclado con arbustos. Entonces se alcanza un alberge situado junto a la carretera que asciende al Santuario del Moncayo, la cual se cruzará en varias ocasiones. En el siguiente tramo domina el hayedo, ofreciendo uno de los rincones más espectaculares del recorrido, sobre todo durante el otoño. Un nuevo cruce en la carretera tiene lugar junto a la fuente del Sacristán, un buen lugar para hacer un alto en el camino.

A escasos metros pasa uno de los pequeños arroyos que discurren por las laderas del Moncayo. La vegetación va cambiando poco a poco y de nuevo el pinar sustituye al hayedo. Se pasa junto al pozo de hielo del Prado de Santa Lucía y más adelante las ruinas de la ermita de Santa Lucía. Un último cruce carretero introduce en el tramo más empinado, ya muy cerca del santuario. En él se alterna la vegetación con zonas cubiertas por rocas de gran tamaño.

El recorrido termina en una plaza alargada que preside el edificio principal el cual ofrece servicio de bar, restaurante y alojamiento en albergue. Frente a él, un excepcional mirador ofrece unas vistas magníficas del Somontano del Moncayo. En uno de los extremos, junto a una fuente, parte la senda que asciende a la cumbre del Moncayo.

Después del inevitable descanso para la tarde se propone la visita de una pequeña localidad que esconde uno de los rincones más sorprendentes de toda la comarca. A poco más de tres kilómetros de Tarazona se encuentra Grisel. El acceso parte en el arranque de la carretera en dirección a Borja. Un paseo por sus estrechas y quebradas calles recuerda el origen musulmán de la localidad. En el centro de la localidad se encuentra su castillo, elevado sobre las viviendas. Se construyó en piedra de sillar, con planta irregular y carece de torres sobresalientes. El acceso se realiza mediante una puerta apuntada. Muy cerca se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, ante una plaza. Se trata de una obra mudéjar del siglo XVI levantada en ladrillo. En la parte trasera se alza un ejemplo de casilla de pico, casetas levantadas en el campo para uso agrícola construidas sin argamasa con materiales sobrantes de los campos. Cuentan con planta circular y una altura de unos tres metros. Se cubren mediante cúpula por aproximación de hiladas, como prolongación de los muros, con forma de punta.

Una de las singularidades naturales con que cuenta la localidad es el Pozo de los Aines. Al comienzo del pueblo se toma una calle a la derecha. Asciende hasta un peirón de grandes dimensiones y más adelante atraviesa una pequeña acequia. Poco más adelante surge un aparcamiento acondicionado. Desde este punto, en apenas cinco minutos, se llega a un campo de olivos. En medio del mismo aparece el gran agujero. En un costado un corto túnel dotado con escalones de piedra permiten bajar hasta un mirador subterráneo, desde el cual se puede contemplar en toda su magnitud la sima. La leyenda más conocida sobre su formación relata un suceso que aconteció en 1535. Entonces Grisel estaba habitado por moriscos, convertidos al cristianismo tras la reconquista. Un poderoso hacendado, Hammet-Ben-Larbi, renunciando a la fe cristiana trabajaba los días festivos. Así lo hizo el día de Santiago. Al poco de comenzar la faena en una era cercana al pueblo se escuchó un ruido ensordecedor acompañado de una gran nube de polvo. La tierra donde se encontraba se había desplomado formando una gran sima. Los vecinos que allí se congregaron gritaban aterrados que había sido castigo del Señor. El suceso tiene su explicación científica. Esta zona cuenta con abundantes riachuelos y manantiales llamados “aines”. Éstos originan oquedades bajo tierra que hacen que se desplome la superficie cuando son lo suficientemente grandes, dando lugar a estos hundimientos naturales. La sima tiene una profundidad de veintidós metros. La humedad hace que su interior cuente con abundante vegetación, con plantas que cubren las paredes, en contraste con el paisaje que rodea la formación.

El domingo se propone subir en primer lugar al Mirador de la Ciesma. Es recomendable la visita por la mañana ya que es el mejor momento para ver el Moncayo iluminado por los rayos solares. Se puede acceder desde Grisel, y también desde la carretera que une el acceso a Agramonte y Trasmoz. El monte carece prácticamente de vegetación. Generadores de energía eléctrica aprovechan la fuerza del viento en este lugar tan apropiado. En la parte más alta un par de mesas de interpretación en cada dirección ilustran las panorámicas. Desde este punto se disfruta de una de las mejoras vistas del Moncayo y de su somontano, ya que está situado a escasa distancia. En dirección contraria se contempla una amplia panorámica del valle del río.

A continuación se toma dirección la población de Los Fayos, situada a unos diez kilómetros. Este pueblo de estampa pintoresca está situado bajo los escarpes de conglomerado. Pero también junto al cauce del río Queiles, desnaturalizado ya que aparece encajado entre muros de hormigón a su paso por el casco urbano. Metros arriba de la localidad se juntan los dos arroyos que forman el río Queiles, y en el barranco del Val un gran muro de hormigón da lugar al embalse del Val.

Desde la travesía parte una calle que asciende hasta la plaza mayor de la localidad. En un lateral se levanta la casa consistorial y palacio de Villahermosa, con tres plantas y  galería de arcos. En la plaza está la iglesia de la Magdalena. Se construyó en el siglo XVI. La torre de planta cuadrada tiene decoración de ladrillo y un arco en cada lado. Tras la iglesia asciende una calle que se encamina a un frondoso barranco, por el cual se puede ascender a la parte alta de los farallones rocosos. Gracias a su acondicionamiento mediante escaleras de madera, es posible alcanzar la torre vigía del antiguo castillo. De ella sólo resta su parte baja. Desde este punto se disfrutan amplias panorámicas, con el valle formado por el río Queiles a los pies.

Volviendo por el mismo itinerario, poco antes de alcanzar la iglesia, en un callejón se encuentra el acceso a la Cueva del Caco. Para su visita es necesario solicitar las llaves en el bar de la localidad. Gracias a la instalación de unas pasarelas metálicas es posible ascender con facilidad a la cueva más conocida del lugar. Desde la oquedad más grande se puede acceder a una pequeña galería abierta, más elevada y con buenas vistas de la localidad y de la cueva. Cuenta la leyenda que el gigante Caco escondía aquí el ganado que iba robando. La encontró el gigante Hércules por los mugidos de un novillo. Entre ellos tuvo lugar una fuerte pelea, mientras surgían ríos y montañas, entre ellas el Moncayo.

Siguiendo el curso de una pequeña acequia que discurre por el casco urbano se pasa junto a otra de las oquedades del pueblo. Una gran pared de adobe cierra el habitáculo, a cuyo interior también se puede entrar. Un poco más adelante se puede visitar la ermita de San Benito. Una verja sobre la acequia cierra su acceso. Las llaves que poseen vecinos de la localidad permiten el acceso a la ermita, por un corto tramo empedrado y ascendente rodeado de vegetación. Se llega a una plazoleta donde se levanta la fachada en ladrillo y un arco de medio punto, que cierra la abertura en la roca. En su reducido interior luce la roca viva en la cabecera y parte de sus muros. El coro se encuentra en alto, en un lateral de la capilla y aprovechando una oquedad. Su historia se remonta a un monasterio fechado entre los siglos VI y XI. Habitado por eremitas, tras la construcción del monasterio de Veruela se convierte en ermita.

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EXCURSIONES Jacetania

Valle de Aísa, un pequeño valle pirenaico por descubrir

El valle de Aísa/bal de Aísa pertenece a la comarca de la Jacetania. Está encajado y casi oculto entre los valles de Hecho/val d´Echo y valle de Canfranc/bal de Canfrán. A los pies del Pico Aspe nace el río Estarrún, el cual lo recorre de norte a sur. En su suave discurrir alcanza la Canal de Berdún y desemboca en el río Aragón. Desde tiempos remotos ha estado formado por tres ayuntamientos, Esposa, Sinués y Aísa, ahora unificados en el de Aísa.
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La vía de aproximación a este pequeño valle pirenaico parte de Jaca. En el centro de la localidad y tras recorrer el paseo de la Constitución, parte la carretera de acceso. En primer lugar se cruza el río Aragón, y más tarde el río Lubierre hasta que se alcanza la ribera del río Estarrún. La ruta recorre el amplio valle de Aísa en paralelo al río. En su parte central están los núcleos de Sinués y Esposa, ligeramente alejados de la carretera. Y finalmente se alcanza el pueblo de Aísa, cabecera del valle y población más importante con un censo de unos 160 habitantes.

Se deja para la tarde la visita a este pintoresco pueblo. La carretera bordea el casco urbano por su parte alta. Un kilómetro y medio después parte el ramal que se adentra en la cabecera del valle. La pista asfaltada surca una depresión de suaves desniveles a lo largo de seis kilómetros. En la parte final la vegetación se vuelve más exuberante y la pendiente del trazado se acentúa. Se alcanza el aparcamiento de la Cleta, donde los vehículos deben aparcarse en ambas márgenes. Una valla impide la circulación rodada y marca el arranque de la ruta del Puerto de Aísa.

TIEMPO

DESNIVEL

DIFICULTAD

2 h 45 min (ida y vuelta)

350 m

media

En el primer tramo la pista asciende de manera empinada. A los diez minutos de caminata se abre el paisaje en el lugar donde confluyen los barrancos de Igüer y Rigüelo.

Sin dejar el trazado principal se discurre por una pista en mal estado que recorre el primero de los barrancos. El cauce va formando pequeñas cascadas de gran belleza, y las praderas se llenan de flores en el verano. Tras una hora de recorrido se alcanza el Circo de Igüer, el cual cierra con paredes verticales el barranco.

Un sendero a mano derecha asciende por una ladera herbosa hasta alcanzar el cruce con la GR-11. Siguiendo su trazado a la izquierda continua el ascenso junto a un pequeño barranco, que se cruza más arriba. Al otro lado bordea la ladera ofreciendo unas vistas magníficas del barranco recorrido. A la hora y media de caminata se alcanza una gran planicie la cual estuvo cubierta de una lámina de agua hace mucho tiempo, el Ibón de Izagra, ahora colmatado. Los orificios en el suelo marcan la salida del agua tras el deshielo, producto de la acción erosiva. Y a escasa distancia, en un cruce anterior, parte un ramal que lleva hasta el Dolmen de Izagra. Está compuesto por cuatro grandes bloques de arenisca, que data del siglo III a.C. siendo un lugar de enterramiento en la época neolítica. A pesar de su expolio fueron recuperados restos óseos humanos.

Sólo resta volver por la senda de gran recorrido, marcada con señales de color rojo y blanco. En su trazado recorre el barranco de Igüer a media altura ofreciendo preciosas vistas. Al alcanzar un cruce múltiple se opta por el descenso hasta el fondo del valle, para culminar la caminata. A mitad de camino un desvío señalizado permite acercarse hasta la Surgencia del Chorrotal, a diez minutos de distancia. El agua que mana de la ladera se precipita por un escurridero creando otro lugar de gran belleza en el paisaje. Tras casi tres horas de recorrido total se alcanza de nuevo el aparcamiento.

Se vuelve por la misma carretera reservando para la tarde visitar la población que otorga el nombre al valle, Aísa. Se alza a 1045 metros. Constituye ayuntamiento propio al que se agregan los núcleos de Esposa, Sinués y Candanchú. Aparece en la segunda mitad del siglo XI. Desde sus orígenes dependía del monasterio de Santa Cruz de la Serós. En 1212 Pedro II hace una importante donación a la villa: Candanchú, Tortiellas y Rioseta. A escasa distancia de la travesía se encuentra la iglesia de la Asunción. Un espacio verde, cercado por un muro, sirve de antesala al edificio. Éste fue erigido en el siglo XVIII. Al exterior su sencilla portada se cubre con un pórtico. La torre de planta cuadrada cuenta con dos arcos de medio punto de ladrillo por costado. Se culmina con chapitel piramidal.

Desde este lugar parte la calle principal, que articula el núcleo que se muestra compacto. Conserva en buen estado su arquitectura tradicional, en conjunción con las nuevas construcciones, las cuales respetan los cánones arquitectónicos. En la plaza más amplia, donde se encuentra el frontón, se alza el edificio del ayuntamiento. Se trata de una construcción reciente, con amplios balcones en su fachada, y que se corona con el escudo de la población. Un paseo por las calles y rincones ofrece bellas instantáneas de esta preciosa localidad pirenaica.

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Cuencas Mineras FINES DE SEMANA

Aliaga, un paraíso de la geología

La Val de Jarque recorre la vertiente sur de la Sierra de San Just. El río de la Val surca este pequeño valle desembocando en el río Guadalope junto a la población de Aliaga. El entorno de esta población aglutina unas formaciones rocosas espectaculares que forman parte del primer parque geológico creado en España. Además cuenta con otros alicientes tan variados como su castillo medieval o la antigua central térmica.
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Para acceder a la comarca de las Cuencas Mineras, partiendo de Zaragoza, es necesario tomar la carretera regional que pasa por Belchite en dirección a Montalbán. Después continuar por la carretera nacional que se dirige a Teruel y finalmente adentrarse en la Val de Jarque hasta alcanzar la población de Aliaga. En este punto el río de la Val vierte sus aguas en el Guadalope. El topónimo Aliaga es de origen árabe y significa valle retorcido, como así lo atestigua el recorrido del río en torno a la población provocado por los plegamientos rocosos.


Justo antes de entrar en la población, a mano izquierda parte la calle Calvario. Asciende por ladera y recorre la parte alta del casco urbano. Desde ella sale una senda bien visible en dirección a la fortaleza, la cual protegió durante siglos a la población. De origen musulmán, tras la reconquista fue regentada por la Orden del Hospital. Más recientemente intervino en las guerras carlistas y en la guerra civil. El castillo se asienta en una gran peña de paredes verticales sobre la población y ocupa una superficie de más de cuatro mil metros cuadrados. Estaba compuesto por tres recintos escalonados. La muralla más exterior es la mejor conservada en la actualidad, formada por muros reforzados por cubos cilíndricos de unos tres metros de diámetro. En la parte más alta, donde antiguamente estuvo la torre del Homenaje, ahora se alza una cruz. Una escalera metálica adosada a la roca permite acceder cómodamente. Desde este lugar las vistas son magníficas. La estampa ofrece al completo el pueblo de Aliaga rodeado por el trazado de los ríos de la Val y Guadalope. A su alrededor montañas donde afloran las espectaculares formaciones rocosas.


Ya de nuevo en la carretera, ésta se introduce en el casco urbano, convirtiéndose en la calle principal. En la parte central aparece un tramo porticado en uno de sus laterales, mostrando el pasado medieval de la población. Bajo los soportales se accede a un patio cerrado donde se encuentra el actual edificio del ayuntamiento. Desde la calle principal parte otra calle también porticada en uno de sus costados. Ésta conduce a una gran plaza, antesala de la iglesia de San Juan Bautista. Se trata de una gran construcción barroca. Su portada está cobijada por un gran atrio abierto con un arco de medio punto, donde la fecha de 1636. La torre se alza en tres cuerpos, siendo el superior octogonal en piedra de sillar. Se culmina con chapitel apuntado. Desde este punto parte un camino que conduce al cercano río Guadalope, atravesado por un puente de piedra. Al otro lado se encuentra el santuario de la Virgen de la Zarza, obra terminada en 1728. Está rodeada de bellos jardines delimitados por un recinto amurallado. La fachada se culmina por perfil mixtilíneo y aparece flanqueada por dos torrecillas. Su interior sorprende por los esgrafiados que cubren bóvedas y columnas, y por los grandes lienzos que escoltan el altar donde yace entronizada la virgen titular.


Para la tarde se reserva un sencillo recorrido en torno a la población para conocer las singularidades del Parque Geológico de Aliaga. A la entrada del pueblo, junto a la gasolinera, se emplaza el Centro de Visitantes del Parque Geológico. Al inicio de la visita se proyecta un audiovisual que invita a descubrir los secretos de las rocas del entorno. El resto del espacio muestra la historia del parque a lo largo de su historia de formación mediante paneles, maquetas y recreaciones.


Hace 200 millones de años esta región estaba cubierta por las aguas de un mar de aguas cálidas, situación que se mantuvo durante la Era Secundaria. Con una retirada de las aguas se fueron formando lagos y zonas pantanosas en las que se depositaron los desechos vegetales, los cuales tras un proceso de carbonización se han convertido en el lignito que ha extraído durante el siglo XX. Hace 65 millones de años se pasa a la Era Terciaria. Con la retirada definitiva del agua se inicia el proceso de la Orogenia Alpina con el que se forman las cordilleras más recientes. Ello se produjo al chocar las placas africana y europea. En este proceso el plegamiento y fracturamiento de las capas rocosas del fondo del mar que emergieron dieron lugar al Sistema Ibérico. Durante la Era Cuaternaria se fueron formando valles y congostos producto del agente erosivo de la red fluvial, hasta llegar al paisaje de nuestros días.
El recorrido geológico por el parque está señalizado con numerosos puntos y paneles informativos. Los más importantes se concentran en los alrededores de la población de Aliaga. Mediante ellos se comprende muy bien la estructura geológica y la evolución de este singular relieve que acompaña a los ríos de la Val, en su tramo final, y al río Guadalope. Se toma como punto inicial el mirador del Alto de Camarillas, con amplias vistas de pueden apreciar el paisaje característico de la zona. Para acceder al mismo se toma la carretera que conduce a Camarillas. Tras el ascenso por un monte desprovisto de vegetación, a dos kilómetros y medio la señalización invita a dejar el coche. Un sendero conduce a dos miradores cercanos, uno en dirección a Aliaga y otro con vistas del barrio de Santa Bárbara. En ambas direcciones se avistan numerosas crestas rocosas, producto del plegamiento de los fondos marinos que existieron en la zona. Se desciende por la misma carretera, y en la confluencia con la carretera principal aparece otro punto de interés. Allí se alza un gran monolito calcáreo del periodo del Cretácico, conocido como La Porra. Se formó tras el plegamiento de las capas, y la fractura y erosión de los pliegues formados. En ella abundan los restos fósiles. En las inmediaciones destacan formaciones rocosas de formas variadas. Se toma dirección a Aliaga, y desde el comienzo de la población, a mano derecha se puede ver La Olla. En el ascenso al castillo se aprecia mejor la curiosa y gran formación rocosa. Se trata de una cresta que se repliega sobre sí misma dando lugar a un espectacular pliegue en forma casi circular. Una vez en la localidad de Aliaga, se atraviesa la misma en dirección a Ejulve. De camino a otro de sus barrios la carretera atraviesa los Estrechos de La Aldehuela, por cuyo fondo discurre el río Guadalope. Con la propuesta senderista del día siguiente se recorre este paraje rodeado de espectaculares crestas formadas por diferentes estratos muy diferenciados formando láminas. Tras su plegamiento la erosión ha llevado a cabo el resto del trabajo.


Para la mañana siguiente se propone un sencillo paseo para recorrer a pie uno de los rincones más interesantes del entorno de Aliaga mediante el Sendero fluvial del Guadalope. Para ello es necesario alcanzar con vehículo el santuario de la Virgen de la Zarza, a las afueras de Aliaga.

TIEMPO

DESNIVEL

DIFICULTAD

2h (ida y vuelta)

 50 m

fácil

Desde este punto parte una senda junto al río Guadalope acompañados de la preciosa vegetación de ribera. En un cuarto de hora el valle se vuelve más angosto y el río se encajona en los Estrechos de la Aldehuela. En esta zona se han instalado varias pasarelas metálicas para facilitar el tránsito. Se trata del tramo más atractivo de la ruta. Una vez superada esta zona se recorre de nuevo el fondo del valle. El sendero asciende hasta un pequeño collado elevado desde el cual se contempla una vista completamente diferente. Ante el visitante se abre el embalse de Aliaga y el edificio de la antigua Central Térmica de Aliaga. Se bordea la lámina de agua, la cual está cubierta en buena parte por el carrizo, que sirve de refugio a numerosas especies de aves. El objetivo de su construcción fue la refrigeración de la central térmica. A los pies de la presa se cruza el cauce por un puente de cemento y tras un ligero ascenso se alcanza el edificio de grandes dimensiones, tras una hora de caminata.


Se encuentra totalmente abandonada tras el cese de la actividad en 1982. Fue construido según los cánones racionalistas, y en sus fachadas se abren grandes ventanales. Con la explotación de los lignitos de las cuencas mineras, se comenzaron a construir centrales térmicas. En ellas se produce electricidad gracias a la quema de carbón. En la provincia de Teruel la primera en ponerse en marcha fue la de Aliaga, a la que le sucedieron las de Escucha y Andorra. La Central Térmica de Aliaga comenzó a funcionar en 1950 con sus dos primeros generadores, al que se le unió un tercero en 1958. A máximo rendimiento se convirtió en la más grande y moderna de España, siendo su capacidad energética de 280 kw/hora. Debido a la gran demanda de carbón generada por la central, las explotaciones mineras de su alrededor eran incapaces de suministrar carbón suficiente. Empezó el declive de la cuenca minera que se consumó con el cese de su producción eléctrica en mayo de 1982, momento en que fue necesaria una reparación costosa, que unido al encarecimiento del trasporte del carbón hicieron que ya no fuera rentable la central. Tras la visita de este singular espacio natural y arquitectónico se inicia la vuelta por el mismo sendero hasta el punto de partida. En total unos ocho kilómetros de recorrido.


Para la tarde del domingo se propone una pequeña parada en la cercana localidad de Hinojosa del Jarque. Se asienta sobre una pequeña colina, por la cual asciende la calle mayor. A mitad de camino se encuentra el ayuntamiento. Consta de un porche en ángulo formado por seis arcos de medio punto que se apoyan columnas cilíndricas. En la parte alta se alza la iglesia de San Miguel. La torre almenada, que tuvo un primer uso defensivo, data del siglo XV. Se acompaña de un atrio abierto mediante tres arcos rebajados sobre columnas dóricas en un costado. La portada responde el estilo plateresco del siglo XVI. Un paseo por la localidad se complementa con su parque escultórico. Se trata de un museo al aire libre, producto de varias convocatorias del simposio internacional dedicado a la memoria de los pueblos. Las piezas están colocadas en las pequeñas colinas que rodean la población e incluso dentro del propio casco urbano. Se trata de una treintena obras de arte contemporáneo llevadas a cabo en diferentes materiales como madera, hierro, piedra o cemento.

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