El río Guadalopillo nace en la sierra de Ejulve. Después va formando un valle con relieve poco acentuado. A la altura de Molinos, se le añaden los pequeños caudales de los barrancos de Santa Lucía, San Nicolás y Alta Hoya, los cuales conforman espacios naturales de gran interés en esta población. Una vez rebasado Berge sus aguas atraviesan el casco urbano de Alcorisa de camino a Calanda, donde desemboca en el río Guadalope.

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icono exclamación amarillo_Para acceder a estas tierras turolenses desde la capital del Ebro es necesario tomar la carretera de Alcañiz. Justo antes de llegar a Híjar, nace la vía de acceso a Albalate del Arzobispo y Andorra. Por esta carretera regional se alcanza la población de Alcorisa, que se emplaza en la margen derecha del río Guadalopillo. En la entrada del pueblo está la iglesia de San Sebastián. Este edificio de austera fachada fue construido en 1783. En su interior alberga la oficina de turismo y el Centro de Interpretación de la Semana Santa, el cual acoge una muestra de elementos religiosos y un audiovisual. Avanzando por la calle Mayor se alcanza la plaza de los Arcos, cuyo nombre tradicional hace referencia a los porches que se abren en dos de sus costados. En ella se alza el ayuntamiento de nueva planta, pero de tipología aragonesa. A escasos metros está la iglesia de Santa María la Mayor. Se trata de una fábrica gótico-barroca del siglo XVII. Al exterior destaca su portada de dos cuerpos flanqueados por columnas salomónicas, y su torre que se eleva en cinco tramos de ladrillo y se corona con un esbelto chapitel.

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Uno de los grandes acontecimientos para la población es la Semana Santa, con la representación del Drama de la Cruz, en la que participan quinientas personas del pueblo vestidas de la época, para representar los últimos momentos de la vida de Jesús. Desde la plaza de la iglesia parte el recorrido del Calvario de Alcorisa. Se trata de un precioso camino empedrado que asciende hasta la parte alta de los riscos que bordean la población. Se encuentra flanqueado por peirones y pequeñas ermitas que muestran las estaciones del calvario. Tras un cuarto de hora de pausado ascenso se alcanza la ermita del Santo Sepulcro, llevada a cabo en el siglo XVI. Es un edificio de traza barroca, sobre cuyo acceso se alza una espadaña de ladrillo. A escasos metros se encuentran las tres cruces de madera, punto final del calvario. El paseo continúa acondicionado hasta la pequeña ermita de San Juan, levantada en 1919 tras la destrucción de la anterior durante la guerra carlista de 1873.

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Para la tarde se propone la visita a la población de Molinos, situada a unos trece kilómetros. Recibe al visitante el barranco de San Nicolás, que toma el nombre de la pequeña ermita situada en un costado. Sus paredes verticales se unen por un puente bajo el cual se precipita una cascada con salto de unos treinta metros. Un poco más adelante están los antiguos lavaderos en cuyo interior hay dos salas expositivas, que muestran tanto la riqueza natural de la zona como los hallazgos de animales y humanos de la cueva de las Graderas. Una calle recta, desemboca en la plaza porticada. Cercada por arcos apuntados y de medio punto, guarda el pavimento de cantos rodados bajo los soportales. En la misma plaza se levanta el ayuntamiento que luce un magnífico alero de madera de dos vuelos. Completando la plaza se alza la iglesia de Santa María de las Nieves, una construcción terminada a finales del siglo XV. Cuenta con una nave compuesta de tres tramos y cubierta con bóveda de crucería estrellada. Sobresale la portada principal compuesta por cinco arquivoltas englobadas en un arco conopial.

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Desde la plaza una escalinata conduce al poyo ambasaguas. En este trayecto se encuentra el acceso a una sala donde se expone una muestra de escultura y dibujo del artista contemporáneo Eleuterio Blasco Ferrer. En lo alto estuvo el castillo, cuyo actual muro delimita el espacio ajardinado dando lugar a un bonito parque, con magníficas vistas a su alrededor. Allí se levanta la torre de la iglesia parroquial, de manera aislada. A escasa distancia se encuentra la ermita de la Soledad que se cubre con un cimborrio octogonal, el cual se cubre con tejas. Se desciende de nuevo y contigua a la plazoleta anterior se abre otro espacio porticado. La plaza mayor constituye uno de los lugares más pintorescos de la población, en la que se abren dos costados con arcos de medio punto y apuntados. Se cierra la plaza con el lateral de la iglesia parroquial, donde está la segunda portada gótica. Desde una esquina de la plaza parte la calle que conduce al portal del San Roque, sobre el cual se abre una capilla.

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icono exclamación amarillo_Para la mañana del domingo se propone la visita a la cueva de las Graderas, más conocida como Grutas de Cristal. Fueron descubiertas por un grupo de espeleólogos en el año 1961. La carretera que conduce a Castellote bordea la población por la parte alta. De ella parte un camino asfaltado de cuatro kilómetros que alcanza las grutas emplazadas en el barranco de las Graderas. Desde el aparcamiento una escalinata asciende hasta la boca de la galería. En su interior constan de un recorrido de más de seiscientos metros en los que aparecen dos grandes salas. La primera en visitar en la Sala de Cristal, de mayores dimensiones. Destacan las estalactitas, estalagmitas y estalactitas excéntricas. El resto está formado por coladas, columnas y formaciones arborescentes, que completan un espectáculo natural de formación kárstica sobre roca caliza. Después se desciende mediante una escalera de caracol a la Sala Marina. Además de parecidas formaciones, destaca por otras que cubren amplias superficies y que simulan a los corales marinos. En ellas se han encontrado además restos de pequeños mamíferos, grandes animales como el oso de las cavernas y huesos de humanos, entre los que se encuentra la mandíbula de un homínido.

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En la misma mañana hay tiempo suficiente para visitar otro atractivo natural, en este caso al aire libre: el Pozo del Salto.

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TIEMPO

DESNIVEL

DIFICULTAD

30 min (ida)

0 m

fácil

Un kilómetro antes de alcanzar la población de Molinos parte una pista a mano derecha que conduce a unas granjas. La pista principal cruza el cauce del barranco, y en tres kilómetros alcanza la ermita de Santa Lucía, recostada a mano derecha. Una parada permite visitar el edificio del cual sobresale su esbelta torre de ladrillo. También a escasos metros también puede admirarse un gran ejemplar de carrasca. Continuando por la pista, en apenas un kilómetro arranca un sendero junto a una paridera donde se puede dejar el vehículo. Rodeando unos campos se encamina a las choperas situadas junto al cauce. Se pasa a la margen derecha, y poco a poco el barranco se va estrechando. Media hora por la senda y se alcanza el precioso rincón donde cae una cascada con una balsa en la parte inferior.

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Se puede completar el fin de semana en la cercana localidad de Berge. Desde la plaza del ayuntamiento, y atravesando el portal-capilla situado enfrente se abandona el casco urbano en dirección al río Guadalopillo. Una pista señalizada desde la localidad conduce a la ermita de la Virgen de la Peña. Este santuario está enclavado en un pintoresco lugar, con un sinuoso y empinado acceso, a unos dos kilómetros al sudeste. A los pies de la colina hay una explanada donde es recomendable dejar el vehículo. Arranca una pista cementada que asciende y se introduce en la plaza, cerrada por tres edificios y en la que se alzan grandes cipreses. La ermita es una sencilla fábrica con acceso cubierto con pequeño porche. También cuenta el santuario con el edificio del albergue que cierra otro de los costados de la recoleta plaza. Tras la iglesia hay un mirador con excelentes vistas del valle del río Guadalopillo.

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