El río Ebro discurre pausado en su tramo intermedio, atravesando la comarca de la Ribera Alta, aguas arriba de Zaragoza. En sus orillas el paisaje humanizado desde tiempos remotos cubre sus riberas de huertas surcadas por caminos y acequias. Un manto verde que acompaña al río y que rompe con el color ocre del paisaje estepario que domina el valle.  Mientras sus orillas se cubren de vegetación de ribera, más amplia en sotos, galachos y mejanas.

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El Camino Natural del Ebro se corresponde con el sendero de gran recorrido GR-99. Recorre un total de 1.287 kilómetros acompañando al río Ebro desde su nacimiento en Fontibre hasta su desembocadura en el Delta del Ebro. Un territorio poblado por el hombre desde hace muchos siglos. Los romanos utilizaron el cauce como vía de comunicación fluvial. Y en torno al río se fue tejiendo una red de caminos. Los afluentes que desembocan en el gran río. Las acequias que derivan el agua para regar las huertas. Y las calzadas romanas, que han ido articulando la comunicación en toda la cuenca, y que fueron el germen de las vías de comunicación de las sucesivas civilizaciones que poblaron este vasto territorio. Caminos naturales y económicos que acompañan a la corriente fluvial. El último de ellos, el Camino Natural del Ebro, se erige en una versión actual dentro de este entramado.

Esta ruta ciclista recorre uno de los tramos de este camino natural, entre las poblaciones de Gallur y Cabañas de Ebro. Se trata de un recorrido sin dificultades ya que no cuenta con apenas desnivel, y además discurre en su mayor parte por pistas, con algún tramo asfaltado. Su longitud en un sentido es de 25,4 kilómetros. Existe la posibilidad de utilizar coche de apoyo en los puntos inicial y final con lo que se convierte en una ruta sencilla. En caso contrario habrá que contar con 50,8 kilómetros. Según las condiciones físicas puede ser considerado largo, y se puede acortar. Por ejemplo dando la vuelta tras recorrer el soto de Boquiñeni, con un recorrido total de unos 31 kilómetros.

LONGITUD DESNIVEL PENDIENTE FIRME DIFICULTAD
50,8 km (ida y vuelta) 40 m nula bueno fácil

El punto de partida es la localidad de Gallur. Situada en la comarca de  la Ribera Alta, se puede acceder hasta ella a través de la carretera de Logroño, que surca la ribera del Ebro. Desde ella parte una carretera comarcal, la cual hay que dejar tres kilómetros después para introducirse en el pueblo. El casco urbano se emplaza elevado y protegido de las avenidas del río. Una calle desciende hasta el cauce y atraviesa el río a través del emblemático Puente de Hierro. Una vez en la otra margen puede dejarse el vehículo junto a una zona de merenderos situada a mano izquierda.

El recorrido ciclista parte de este punto, saliendo a la carretera y tomando un camino que pasa junto al campo de fútbol municipal. El camino avanza hasta atravesar por debajo la carretera comarcal. Justo después parte un camino a mano izquierda que discurre en paralelo a la vía, y desemboca en un camino más importante. Tomando dirección a la derecha, éste será el que servirá para recorrer la margen izquierda del río hasta alcanzar la siguiente población. En su trazado sinuoso atraviesa zona de cultivos  y se acerca al cauce bordeando uno de los meandros formados por el río en su suave discurrir.

Poco a poco se adivina la silueta de Pradilla de Ebro, pasando junto a la sencilla ermita de Santa Ana. Tras recorrer poco más de siete kilómetros se alcanza el casco urbano. El trazado avanza por la mota que defiende la población de las avenidas del río. Una vez rebasada la población, a escasa distancia, el camino se topa con la carretera que une las poblaciones de Pradilla y Boquiñeni mediante el puente sobre el río Ebro. Precisamente a través de él la ruta ciclista pasa a la margen derecha.

Tras circular trescientos metros por la carretera enseguida se toma una pista asfaltada a la izquierda en dirección a Boquiñeni. Sin embargo la ruta ciclista sigue poco después por una pista a mano izquierda que bordea el casco urbano, discurriendo junto al río. El trazado recorre ahora un acusado meandro, disfrutando de un paisaje formado por campos de cultivo delimitado por la frondosa ribera. En su parte final es necesario seguir las indicaciones del camino natural ya que durante un tramo atraviesa el Soto de Boquiñeni. Aquí se puede descubrir la riqueza natural que acompaña al río en sus márgenes.

A su salida se vuelve a una pista principal, la cual conduce de manera directa a la población de Luceni. Se atraviesa la población por el centro, pasando junto a la iglesia parroquial, el ayuntamiento y la plaza de España. Desde una de las esquinas de dicha plaza, a mano izquierda, parte la calle que  sirve para continuar con la ruta ciclista. Tras dejar atrás las viviendas el camino sigue su trazado rectilíneo acercándose de nuevo al cauce.

El paisaje de campos y ribera vuelve a dominar hasta toparse con la siguiente población, Alcalá de Ebro. Situada en el extremo de un meandro y protegida por una mota de defensa, el gran río en numerosas ocasiones ha puesto en aprietos a sus vecinos. Se bordea la población en paralelo al río. Junto a la ribera se emplaza el monumento a Sancho Panza, que recuerda el papel de gobernador de la Ínsula Barataria en una de las andanzas del célebre Don Quijote.

A escasos metros parte una pista que atraviesa una antigua chopera cercana al río. Tras un quiebro continúa su trazado surcando la ribera sin perder de vista la ribera que protege y oculta al río. En contrapunto los campos permiten una visión más amplia del paisaje. Cuando se llevan unos 23 kilómetros de recorrido se pasa junto al mirador del Ebro. Un pequeño desvío a la izquierda nos lleva a un punto con una vista inmejorable. Los sotos de Matillas y de la Pulliguera en primer término, y las islas cubiertas de vegetación en el cauce permiten comprender la complejidad del río más caudaloso de la Península Ibérica. Tras este pequeño descanso sólo quedan dos kilómetros más para alcanzar el punto final de la ruta ciclista, en Cabañas de Ebro.

El camino de vuelta se puede realizar por el mismo trazado. Y si es necesario recortarlo, puede evitarse recorrer el meandro de Boquiñeni, continuando por la pista que conecta directamente con el casco urbano. Por la calle Joaquín Costa se llega hasta la plaza de España. Por la calle la Purísima a la plaza Aragón, y desde ella por la calle Miguel Fleta, que pasa por las piscinas, hasta alcanzar el recorrido del sendero natural.

Para la tarde se propone visitar las poblaciones de Gallur y Alagón, por donde pasa el Camino Natural del Ebro en la Ribera Alta. La primera de ellas, Gallur, es el principio y final de la ruta ciclista. Desde el río Ebro debe cruzarse el Puente de Hierro, diseñado por Cornelio Arellano, autor del puente de hierro zaragozano. Se compone de cuatro arcos metálicos en paralelo. Al otro lado una calle se introduce en el casco urbano hasta alcanzar la plaza de España. Su planta triangular, porticada parcialmente, está cerrada en uno de sus costados por el ayuntamiento. Se trata de un edificio racionalista construido entre 1935 y 1939. Por la calle mayor, a escasa distancia, se alza la casa de los Ortega, una buena muestra de la arquitectura civil de la villa. Y desde uno de los rincones de la plaza parte una escalinata que conduce a la iglesia de San Pedro. Está emplazada en el punto más elevado de la población. La construcción neoclásica fue llevada a cabo en el siglo XVIII. La torre de ladrillo se alza en varios cuerpos con vanos de ladrillo y rematada con tejado a dos aguas.

En cuanto a Alagón, capital de la comarca de la Ribera Alta, sobrepasa los siete mil habitantes. El eje principal de la población es la calle Mayor, donde abundan las casas solariegas. En ella se abre la plaza de España donde se alza el ayuntamiento. Avanzando por la misma calle se alcanza la plaza de San Juan, que toma el nombre de la iglesia barroca con la que cuenta. En las cercanías está el promontorio donde se sitúa el origen de la villa. Una escalinata antecede a una amplia plaza donde se encuentra la ermita de la Virgen del Castillo. Pero el punto más relevante de la población tiene por epicentro la plaza de la Alhóndiga, en cuyo centro hay un kiosco de música. En uno de sus costados está la iglesia de San Pedro. La obra mudéjar en ladrillo que comenzó a construirse en el siglo XIV. La fábrica luce al exterior galería de arcos de ladrillo. Su elemento más relevante es la torre, compuesta en realidad por dos torres concéntricas entre las cuales discurre la escalera. Destaca la decoración mudéjar en sus tres cuerpos a base de arcos mixtilíneos, rombos y medios rombos. Y en la parte alta se abren vanos apuntados que cobijan a dos arcos en su interior. Se culmina la torre con pretil de ladrillo y una pequeña espadaña.