El Montsec de L´Estall es la parte aragonesa de la Sierra del Montsec, la cual atraviesa el río Noguera Ribagorzana creando un espectacular desfiladero. El cauce marca la frontera entre Aragón y Cataluña. En medio de estas tierras de abruptos paisajes sobresale uno de los núcleos medievales mejor conservados de Aragón, Montañana/Montanyana, pieza clave en la historia de la Ribagorza.

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Para acceder a la Ribagorza más oriental sólo es necesario dejarse llevar por la N-230, la carretera nacional que conduce al valle de Arán. Provenientes de Huesca o de Lérida, se confluye en Benabarre/Benavarri. Doce kilómetros después se alcanza la población de Viacamp. A los pies de la carretera se encuentra el Centro de Visitantes del Montsec de L´Estall. Un lugar ideal para poder descubrir los aspectos paisajísticos y artísticos de esta sierra pirenaica. Desde este lugar parte una carretera que asciende hasta el núcleo originario situado a los pies de la torre defensiva, seña de identidad de la localidad. Una vez se pasa junto a un peirón van apareciendo las casas dispersas por la ladera. Un poco más arriba se alcanza una zona ajardinada que antecede a la ermita de la Virgen de Obach. La fábrica de origen románica data del siglo XII, aunque transformada posteriormente. Un rampa final resta para alcanzar el montículo donde se asienta el castillo, que pudo ser construido por Ramiro I en el año 1060. Se ubica en una meseta que estuvo amurallada y de la que todavía apreciarse en algunos tramos. En su interior descansan los restos de la antigua iglesia de San Esteban y de una gran torre de planta circular cuya altura alcanza los veinte metros. Sus muros tienen casi tres metros de espesor. Al interior se divide cuatro plantas. Una estructura metálica con escaleras permite el acceso a la primera planta. En esta planta se conserva el retrete, con asiento de piedra perforada y desagüe exterior. La segunda planta era la destinada a los aposentos. La tercera planta estaba destinada a la defensa, y en ella se abren siete ventanas. Tenía también acceso a los cadalsos individuales, estructuras de madera salientes de los muros de la torre que servían para ejercitar mejor la defensa. Sus muros se rematan con almenas. En la actualidad constituye un espectacular mirador en todas las direcciones gracias a su privilegiada ubicación.

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Retomando la carretera, en suave descenso se alcanza el valle del Noguera Ribagorzana, donde se asienta Puente de Montañana/Pont de Montanyana. En la travesía la población ofrece al visitante un buen número de panaderías tradicionales y restaurantes. El casco urbano antiguo se encuentra al otro lado del río, al cual se accede a pie a través de un pintoresco puente colgante. Precisamente el origen de este emplazamiento se debe al puente de peaje situado en este punto. La actual pasarela fue construida por una compañía de zapadores de Tenerife en 1938 con el avance de las tropas nacionales en la guerra civil. Una vez atravesado un pasadizo antecede a una amplia plaza de traza triangular, bien urbanizada y rodeada de fachadas de edificios tradicionales. Un par de pasadizos más conducen a otra calle paralela a la plaza. En ella abundan los soportales y pasadizos que conforman rincones pintorescos. En la parte baja de la calle, casi oculta en la trama urbana, surge la iglesia de San Armengol. Su torre de planta cuadrada y tejado a cuatro aguas despunta ligeramente por encima de los tejados de la localidad.

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Para la tarde se reserva la visita al enclave medieval de Montañana/Montanyana. Su acceso está situado a escasa distancia. Fue un lugar estratégico de defensa para la Ribagorza que aparece ya nombrado documentalmente a finales del siglo X. Tras un periodo en posesión del condado de Pallars, en el año 1190 el rey Alfonso II lo conquistó pasando a manos aragonesas. A pesar de contar con más de seiscientos habitantes hace un siglo, se quedó prácticamente despoblado. Esto favoreció la conservación de su fisonomía original a lo cual se ha añadido las labores de restauración del conjunto y la conservación de las viviendas por parte de sus propietarios. El resultado es uno de los cascos urbanos más preciosos de la provincia oscense.

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A la entrada de la localidad hay un aparcamiento, donde se encuentra la oficina de turismo. Es recomendable acompañar la visita de un guía para conocer la intensa historia de este lugar, así como para descubrir el interior de la iglesia parroquial. Una calle empedrada que desemboca en un arco sirve para trasladarse hasta la época medieval. Al otro lado aparece el barranco de San Juan, el cual se atraviesa por un puente del siglo XV con pretiles y pavimento de piedra. Un poco más adelante surge una pequeña plaza en la que se levanta el ayuntamiento del siglo XIX. El resto del casco urbano merece un paseo tranquilo para saborear sus rincones con pasadizos, arcos abovedados, y caminar sobre los cantos rodados de sus calles. Ascendiendo se alcanza el recinto murado perteneciente al castillo, al cual se accede por un arco apuntado. Un lienzo de muralla lo conecta con la torre de la Cárcel, que se levanta desafiante al borde del barrando de San Juan. Una sinuosa calle conduce a la parte alta donde están la iglesia y la abadía. De ésta última se conservan sólo los muros y el arco de acceso.

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icono exclamación amarillo_A escasos metros se alza la iglesia de la Virgen de Baldós. Se trata de una obra románica de los siglos XII-XIII. La preciosa portada está formada por seis arquivoltas que se apoyan en una imposta con motivos vegetales. Bajo ella se alinean los capiteles decorados con representaciones bíblicas. Sobre el acceso está el tímpano, en cuyo centro está la figura de Cristo flanqueado por dos ángeles con las alas abiertas. La torre tiene planta rectangular y consta de varios cuerpos separados por impostas decoradas con arquillos ciegos. En su interior la iglesia se estructura mediante planta de cruz latina y cabecera semicircular. A los pies se levanta el coro elevado y bajo él destaca un conjunto de pinturas murales góticas.

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La visita se completa con la ermita de San Juan. Desde el puente medieval, un camino entre las antiguas huertas conduce a la ermita situada a unos minutos del casco urbano. Se trata de una fábrica románica de finales del siglo XII. La fachada principal se culmina con una gran espadaña de dos grandes vanos de medio punto, y uno de menor tamaño encima. Cuenta con portada compuesta de cuatro arquivoltas, que se apean en capiteles con decoración de seres fantásticos y humanos.

Para el domingo se propone adentrarse en el corazón de la sierra del Montsec y descubrir uno de los lugares más espectaculares de la Ribagorza: el Congosto de Montrebey/Congost de Mont-rebei. Su visita obliga a pasar a tierras catalanas desde la población del Puente de Montañana/Pont de Montanyana, pasando a la margen izquierda del río Noguera Ribagorza. Poco después se toma una pista asfaltada y siguiendo las indicaciones se alcanza la Reserva del Congost de Mont-rebei.

TIEMPO

DESNIVEL

DIFICULTAD

1 h 30 min (ida)

50 m

Media

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Desde el aparcamiento acondicionado parte el sendero que inicialmente tiene dos trazados. Es recomendable recorrer el sendero inferior sin apenas desnivel si el embalse de Canelles no está lleno ya que recorre zona inundable. Ambos confluyen antes de llegar al puente colgante el cual permite atravesar el barranc de San Jaume, tras media hora de paseo.

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Al otro lado el sendero se interna en el desfiladero poco a poco y media hora después comienza el camino excavado en la roca que sirve para atravesar la zona más espectacular. Fue construido en 1982 por la empresa hidroeléctrica ENHER para reponer la comunicación entre las dos vertientes de la sierra, tras la inhabilitación de un camino inferior que anegaron las aguas del pantano. Durante media hora se recorre esta repisa artificial de unos dos metros de anchura máxima, perfectamente tallada en la roca. Está dotada de sirgas a modo de pasamanos y carece de protección alguna en dirección al cauce, con lo que hay que extremar las precauciones.

fsemana13_caminocongostmontrebeiEn las zonas más expuestas se han colocado bancos de madera, que protegen de posibles accidentes, y además permiten el descanso y la contemplación del espectáculo natural. El camino discurre a mitad de altura del desfiladero de paredes verticales de más de trescientos metros de altura. Es recomendable llegar hasta el final del desfiladero para contemplarlo en su totalidad, tras hora y media de recorrido. A mitad del congosto se puede ascender a la Cova Colomera. A pesar de la gran pendiente, está acondicionado el camino con sirgas. En la parte alta se abre la cueva, con espectaculares vistas del congosto.

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Si todavía resta tiempo el domingo por la tarde una alternativa es realizar una segunda visita a Montañana/Montanyana. Se puede completar recorriendo antiguas veredas que ascienden por los barrancos que abrazan el casco urbano, como por ejemplo ascender al mirador de la Torre de las Eras. Es una manera de poder ver la población medieval desde otros puntos de vista. Estos recorridos también pueden realizarse con el guía turístico de la localidad. Y también volver a pasear por los rincones de esta población que parece anclada todavía en la Edad Media.

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01. noviembre 2014 · Comentarios desactivados en La Puebla de Castro, entre el Ésera y el Cinca · Categorías:Sin categoría · Etiquetas:

Al sur de la Ribagorza están las tierras de La Puebla de Castro. Esta población atesora un yacimiento romano, una ermita románica con un alfarje mudéjar y un magnífico retablo gótico. La suave orografía que rodea el casco urbano se quebranta por el Congosto de Olvena. El otro límite lo pone el valle del río Cinca. Sobre el embalse del Grado se alza el santuario de Torreciudad, un lugar de peregrinación ubicado en un enclave espectacular.

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Desde la capital del Somontano, Barbastro, se remonta el río Cinca atravesándolo por el puente de las Pilas. Más tarde la carretera se interna en el Congosto de Olvena, donde las aguas del Ésera han creado un espectacular desfiladero de gran belleza. Un gran muro de hormigón marca su final, y una vez atravesado un pequeño túnel surge el embalse de Barasona, que toma el nombre de la localidad que fue anegada por sus aguas. En apenas unos kilómetros aparece indicado el desvío que lleva a La Puebla de Castro. Su origen fue el enclave de Castro donde se estableció un castillo defensivo. Fue señorío, baronía y finalmente marquesado a partir de 1625. Durante los siglos XV y XVI se origina una aldea dependiente del castillo, en una zona menos agreste, originando la actual población.

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El punto de partida de la visita es la plaza de Santa Cruz. Atravesando el portal de Arriba se puede pasear por estrechas calles que conforman rincones pintorescos salpicados de interesantes viviendas. La calle mayor conduce a una plazoleta donde se alza la iglesia de Santa Bárbara. Al exterior llama la atención del visitante la galería de arcos de medio punto de ladrillo que corona el edificio, que se completa con la torre culminada con chapitel. En su interior la obra más sobresaliente es el retablo dedicado a San Román, el cual estaba emplazado en la ermita homónima, y que ahora ocupa el altar mayor de esta iglesia. Se compone de veintitrés tablas pintadas al temple y óleo que recorren la vida de San Román de Antioquía, un mártir que vivió en el siglo IV. La obra fue llevada a cabo a finales del siglo XV. Durante la guerra civil fue trasladado a Suiza y gracias a ello pudo conservarse. Tras su restauración luce en todo su esplendor. Para poder su ver tanto el interior de esta iglesia como el de la ermita de San Román es necesario solicitar visita guiada en el ayuntamiento de la localidad.

exc12_iglesiadesantabarbaraDesde la carretera que bordea la población, parte otra que se dirige directamente al congosto de Olvena. Cuatrocientos metros después parte una pista a mano izquierda la cual toma dirección a la antigua población de Castro. Tras seguir las indicaciones, y después de casi dos kilómetros de pista en regular estado, se alcanza el lugar donde hay que dejar el vehículo. A partir de este punto hay que continuar andando unos minutos más. El germen del asentamiento tiene orígenes musulmanes, y fue tomado por Sancho Ramírez sobre el año 1082. Fue elegido ya que es un lugar ideal para el control del desfiladero. Del castro, o castillo, apenas quedan las bases de muros y un desdibujado torreón en la parte alta.

icono exclamación amarillo_A los pies del recinto defensivo se encuentra la ermita de San Román de Castro, levantada entre los siglos XI y XII. El edificio está compuesto de una nave que se cubre con bóveda de medio cañón. El ábside semicircular cuenta con cinco arcos ciegos, de cuatro arquivoltas cada uno. Sobre el acceso está el coro en alto. Este descansa sobre un alfarje, obra mudéjar llevada a cabo entre los siglos XIII y XIV, que constituye una auténtica joya artística en su estilo. Se compone de seis vigas, las cuales se apoyan sobre un arco rebajado, sobresaliendo a modo de voladizo. Su decoración está formada por monstruos y animales mitológicos, caras de mujer, flores y entrelazados, a los que se añaden los escudos de los Castro. Para finalizar la visita es imprescindible situarse al exterior y colocarse junto a la cabecera del templo. Primero hay que disfrutar del estilo lombardo, con las bandas verticales, entre las cuales se abren las ventanas de arco de medio punto doblado. Pero también contemplar la amplia panorámica que desde este punto se puede apreciar, con el congosto de Olvena y la gran lámina de agua del embalse de Barasona. De esta manera se comprende la importancia de este enclave militar.

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Al yacimiento romano de Labitolosa se accede desde la carretera que rodea La Puebla de Castro. Una pista entre campos lo alcanza en menos de un kilómetro de recorrido. Esta antigua ciudad romana estuvo habitada entre los siglos I a.C. y III d.C. De los restos excavados destacan la curia y un edificio termal. En cuanto a la curia, consta de estancia rectangular en la cual se conservan pedestales cuyas inscripciones hacen referencia a habitantes ilustres de la población. Respecto al edificio termal, ha sido acondicionado y protegido con una estructura metálica que cubre los tres espacios en que se dividía: frigidarium o sala fría de grandes dimensiones, tepidarium o sala templada, y cella soliaris o habitación cálida. Se conservan buena parte de los muros que delimitan las estancias, así como los pavimentos y han quedado al descubierto los conductos de aire caliente por los cuales circulaba desde el horno para la calefacción de las estancias cálidas.

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icono exclamación amarillo_Para la tarde se propone la visita del santuario de Torreciudad. Desde La Puebla de Castro hay una carretera que conduce de manera directa al complejo religioso. Se abrió al culto en el año 1975 siendo iniciativa de José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei. Una gran explanada principal bordeada por una galería de soportales le sirve de antesala. En ella se llevan a cabo los actos religiosos que congregan a miles de personas. Al fondo se levanta la basílica levantada en ladrillo caravista que se cubre con teja árabe. Destaca la torre que se eleva a 45 metros de altura, con planta pentagonal irregular. En su interior el altar está ocupado por un magnífico retablo de alabastro, inspirado en los retablos de las catedrales de Aragón. En el óculo central aparece la talla de la Virgen de Torreciudad.

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De un costado de la explanada parte el acceso peatonal que conduce al origen del emplazamiento, situado en una cresta rocosa que se eleva sobre el embalse del Grado. Se trata de una torre de planta circular levantada para el control del paso por el Cinca. Su primera mención se remonta al año 1066, poco después de la ocupación del enclave por los cristianos. Este lugar fue el germen de la población de Civitatis, que significa Ciudad, despoblada a finales del siglo XIX. El topónimo actual de Torreciudad proviene precisamente de esta antigua denominación. Junto a ella está la antigua ermita de Santa María, perteneciente a la población, donde estuvo la talla de la imagen de Nuestra Señora, la cual tiene la advocación de Torreciudad.

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En el curso medio del valle del Isábena y situada sobre un estratégico tozal se asienta la pintoresca población de Roda de Isábena. El aire medieval de sus calles sirve de antesala a su verdadera joya, la antigua catedral. En su interior atesora gran valor artístico ligado a su obispado y a la importancia de este santuario. A escasa distancia otros pequeños núcleos como La Puebla de Roda, Serraduy y Merli guardan también pequeños encantos.

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Para adentrase en la histórica comarca de la Ribagorza, y partiendo de Barbastro, es necesario tomar la carretera nacional que tras cruzar el río Cinca se introduce en el congosto del Olvena. En pleno casco urbano de Graus parte la carretera que remonta el valle del río Isábena. Tras recorrer unos veintisiete kilómetros se llega al desvío que conduce a Roda de Isábena. Antes de entrar en el casco urbano un aparcamiento permite dejar estacionado el vehículo. El portal de Santa Ana es el acceso a la localidad. Un pasadizo con varios arcos abiertos, que constituyen balcones desde donde se puede disfrutar de una amplia vista del valle y la sierra de Sis como telón de fondo. Al atravesarlo se abre una plazoleta desde donde parten dos calles que ascienden de manera serpenteante. Es recomendable un paseo tranquilo para saborear el ambiente medieval de sus estrechas calles empedradas y sus casas de piedra. Al final se llega a la plaza mayor bajo dos pasos abovedados y entonces aparece majestuosa la antigua catedral de Roda de Isábena.

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icono exclamación amarillo_Durante la ocupación musulmana de la Península Ibérica, en el año 956, se crea el obispado de Roda que englobaba los condados pirenaicos de Ribagorza, Sobrarbe, Pallars y el valle de Arán. Durante dos siglos se mantuvo la sede episcopal. Con la toma de Lérida en 1149 se trasladó allí la nueva sede. En el año 956 el obispo Odisendo consagró la catedral levantada sobre los restos de un antiguo castillo destruido por los musulmanes. El ingreso a la catedral se realiza bajo un pórtico el cual data de 1728, que se abre a la plaza mediante cinco grandes arcos. En el interior del porche se encuentra el acceso principal, formado por seis arquivoltas con capiteles decorados. La puerta mudéjar data de principios del siglo XII y presenta decoración con lazos a seis. La torre se levanta en una de las esquinas de la plaza mayor. Tiene planta octogonal y se remata con cúpula piramidal. En el interior el templo presenta planta basilical de tres naves que se rematan con sendos ábsides semicirculares. Ante la cabecera de la nave central desciende una escalinata mostrando al completo una espectacular cripta. Fue construida por San Ramón en 1125. Está compuesta por tres pequeñas naves cubiertas por bóvedas de arista. En el centro de la cripta se encuentra el sarcófago de San Ramón. Se trata de una excelente muestra de escultura funeraria realizada en el año 1170. En los laterales del altar aparecen dos urnas de madera, en una de las cuales están los restos de San Valero.

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El claustro fue construido en la primera mitad del siglo XII. Tiene planta cuadrangular y las galerías se cubren con un tejado que vierte las aguas de lluvia en el patio, en cuyo centro se encuentra un gran aljibe. En cada crujía se abren doce columnas cilíndricas sobre un banco corrido. Lo más llamativo del mismo es el conjunto de inscripciones funerarias, con casi doscientos epitafios de canónigos y personal de la iglesia, cubriendo buena parte de la arquería que forma el claustro. Alrededor se abren varias estancias: la sala capitular y el refectorio. La sala capitular aparece abierta al claustro mediante cinco vanos. En el costado norte del claustro se encuentra el refectorio que consta de una sala rectangular cubierta con bóveda apuntada sobre arcos fajones.

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Una de las calles que confluyen en la plaza alberga la imponente cabecera de la antigua catedral. Los ábsides decorados al gusto lombardo presentan una banda de arquillos, descolgándose diversas lesenas que llegan hasta la parte inferior. Avanzando por esta calle se llega a un espacio abierto donde está el palacio prioral. Su fachada está formada por una arcada de medio punto y escudo sobre las grandes dovelas. Sobre ella una ventana con alféizar se culmina con una barbacana. Entre la casa prioral y la antigua catedral aparece un espacio en el cual se levantan los cimientos de la torre perteneciente a la antigua fortaleza. Pudo tener una altura de 40 metros y sus sillares fueron reutilizados en el siglo XVII para la construcción de la torre y el porche de la catedral. Un mirador con buenas vistas completa la visita a esta pequeña y bella localidad aragonesa.

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Por la tarde se propone la visita a la cercana localidad de La Puebla de Roda situada a tan sólo tres kilómetros de distancia. Su estampa ofrece casas alojadas sobre un elevado montículo de manera longitudinal y escalonada. El enclave pudo surgir al asentarse los servidores de la catedral de Roda, junto a tierras fértiles y ribereñas del río Isábena. En la parte baja de la localidad parte la calle mayor, principal eje del pueblo. En su trazado rectilíneo y ascendente se pasa bajo varios pasos abovedados. El primero de ellos es el portal de Santa Bárbara, antigua entrada del pueblo. En un principio se abre una placeta y después la plaza de la iglesia. En uno de sus costados se levanta la iglesia del Santiago Apóstol. Presenta una gran fachada, que sirve de espadaña con dos vanos y óculo, y bajo la cual se abre un pórtico. La calle mayor continúa en ascenso hasta alcanzar las últimas casas. Se recomienda ampliar el paseo por esta pequeña localidad acercándose al cercano Puente de la Luz. Desde el inicio de la calle mayor, y como prolongación de la misma se alcanza en poco trecho el puente medieval. Se compone de tres ojos y se levanta esbelto sobre el río Isábena y a los pies de la localidad. En la otra margen y junto al río existe un área recreativa.

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Para la jornada del domingo se puede ascender un poco más en el valle, en dirección al norte. En unos pocos kilómetros se alcanza la pequeña población de Serraduy. Sus casas se agrupan en torno al puente sobre el río Isábena, en ambas márgenes. A pesar de su reducido tamaño conforma un conjunto pintoresco. Atravesando el bello puente medieval que se alza sobre el cauce mediante tres arcadas de diferente tamaño se llega a los pies de una sencilla capilla. Desde este punto parten varias pequeñas calles. Una de ellas conduce a la fuente y el lavadero, emplazados bajo una visera rocosa, que da lugar a otro de los bellos rincones con los que cuenta esta localidad.

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Tras la visita del Barrio del Pon de Serraduy, a escasa distancia parte una carretera local que aproxima al resto de barrios que forman este enclave. El primer ramal asciende hasta El Barri. Un poco más adelante parte el desvío que lleva a La Vileta, el cual debe tomarse. En la parte alta de esta pequeña aldea, a la derecha de una nave ganadera, arranca una pista. Siguiendo su trazado un agradable paseo de unos veinte minutos conduce a la Ermita de la Virgen de la Feixa.

TIEMPO

DESNIVEL

DIFICULTAD

20 min (ida)

100 m

fácil

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A mitad de camino se alcanza un collado desde el que se adivina la faja donde se asienta la ermita, rodeada de árboles y escoltada por una muralla rojiza de la Sierra de Sis. El edificio actual fue construido en el primer cuarto del siglo XI. Cuenta con una nave de cinco tramos y bóvedas de cañón sobre fajones y pilastras adosadas. La cabecera fue recuperada tras la última restauración, y se antecede de un arco de traza mozárabe. Al exterior conserva dos puertas: una de arco de medio punto, y otra fechada en 1888 a los pies, sobre la que se abre un vano geminado. La ermita luce una espadaña compuesta por dos arcos de medio punto englobados por otro mayor a modo de alfiz, también de arco de medio punto. Desde este lugar las vistas hacia el sur son amplias, bajo las rocas habitadas por una numerosa colonia de buitres.

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Para completar el fin de semana, para la tarde del domingo o incluso si sobra tiempo el sábado por la tarde, una buena opción será acercarse hasta Merli. Una carretera local que parte de La Puebla de Roda, sirve de acceso a esta pequeña población. Se asienta a media altura sobre el vertiginoso barranco de Bacamorta. En ambas márgenes se sitúan sus casas. En la parte más baja sobresale la Casa Turmo que data del año 1574. Posee una torre cuadrada de aspecto defensivo. La vivienda conserva diversas aspilleras y matacán sobre el acceso. En la parte alta del núcleo está la iglesia de San Antonio de Padua, en medio del vial que une las dos márgenes del barranco. Una cruz, en la placeta elevada antecede al acceso abovedado de la iglesia. La portada es románica del siglo XIII, y tiene motivos vegetales en la imposta y geométricos en los capiteles. Completa el conjunto una puerta de doble hoja, con decoración mudéjar similar a la de Roda de Isábena. A las afueras aparece una curiosa roca conocida como el menhir de Merli. Se accede por una pista en regular estado que parte justo antes de llegar al pueblo a mano derecha. A corta distancia, en el costado de un campo junto a la pista se alza la roca, de más de cuatro metros de altura. Se trata de una construcción megalítica coetánea a dólmenes y crómlech, datable en torno al 4.000-5.000 a. C. No presenta talla alguna y su función pudo ser funeraria, posiblemente marcando un enterramiento.

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