Un viaje en bicicleta en torno a la ciudad de Alcañiz descubre una combinación de parajes que da lugar una geografía diversa. En ellos el agua, su uso y regulación, han determinado la configuración actual. Un recorrido que atraviesa la vega y huertas en torno al río Guadalope, las lagunas endorreicas de las Saladas de Alcañiz y el humedal de La Estanca de Alcañiz. Todo ello a escasa distancia de la capital del Bajo Aragón turolense.

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La ruta cicloturista propuesta conduce a Alcañiz, a la cual se accede por la N-232. Esta carretera nacional enlaza el mar Cantábrico con el mar Mediterráneo pasando por Zaragoza y Alcañiz. Una vez alcanzada la ciudad se puede dejar el vehículo en el entorno del río Guadalope, junto al puente que sirve de acceso al centro histórico de la población. En un pequeño parque situado a escasa distancia del puente se encuentra la fuente de los 72 caños. Éste es el punto de partida.

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Se trata de un recorrido circular, con punto de inicio y el final en Alcañiz, en la monumental fuente situada junto al río Guadalope. A lo largo de 33 kilómetros se atraviesa un territorio sin desniveles importantes. El itinerario combina el asfalto, en casi la mitad del recorrido, y pistas con muy buen piso.

LONGITUD DESNIVEL PENDIENTE FIRME DIFICULTAD
33 km
150 m 0,45% bueno media

Remontando unos metros la ribera por su margen izquierda se pasa bajo el puente. Junto a la pasarela peatonal se toma una calle que asciende hasta el camino de San Antonio. Tomando esta vía enseguida se pasa bajo las arcadas del acueducto del Molinillo, un antiguo molino de harina que fue transformado en una fábrica de lanas en el siglo pasado. A través de un camino asfaltado se abandona el casco urbano y comienza su recorrido flanqueado por huertas tradicionales. Hacia atrás hay buenas vistas del cerro Pui Pinos, donde se asienta el castillo calatravo que corona la ciudad.

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En un primer tramo atraviesa un pequeño túnel bajo la variante de la localidad. Se sigue de frente y al alcanzar el km 1,3 se gira a la derecha superando una pequeña acequia. Cuando se llevan dos kilómetros, en una zona de antiguas graveras, se toma el ramal derecho. En el km 2,5 se toma un nuevo desvío a la derecha. Se sigue por el camino principal bordeando una explotación ganadera que se emplaza a la izquierda. Una vez recorridos 3,6 kilómetros aparece un cruce múltiple. La pista asfaltada por donde se circula se junta con otra. A la izquierda parte otra de manera perpendicular que atraviesa una acequia por la cual se continuará. Poco después se toma la bifurcación a la derecha. En el km 4,7 se sigue al frente dejando la pista principal que gira a la derecha bordeando una gran casa de campo. La nueva pista en peor estado se debe mantener sin desvíos hasta llegar a cruzar el Canal de la Estanca y poco después la carretera nacional N-211. Se continúa al frente tomando una amplia pista en buen estado. El paisaje estepario ahora domina el horizonte. Tras un ligero descenso se divisa la cuenca donde se asienta la primera de las saladas, la Salada Jabonera. En uno de los costados se emplaza un observatorio de aves desde el cual se disfruta de una buena vista de esta cuenca endorreica.

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La pista avanza hasta llegar a un cruce donde debe tomarse dirección a la izquierda, en el km 7,4. En este nuevo tramo un olivar acompañará al ciclista por la derecha. En el km 8,6 se alcanza una pista principal. Girando a la izquierda en unos 200 metros se llega a la Salada Grande. A la derecha de la pista un panel interpretativo invita a realizar una parada para contemplar su extensión, en medio de un paisaje estepario, sin apenas vegetación de porte. Un poco adelante en la pista un indicador marca el ascenso a un mirador ligeramente elevado desde donde las vistas son más amplias.

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Retomando el itinerario, en medio de la gran recta, surge una pista a mano derecha en el km 10,5. Avanzando por el llano se alcanza un nuevo cruce a un kilómetro en el cual se toma el ramal derecho. Un poco más adelante se rebasa la Salada Pequeña, situada a la izquierda. Para aproximarse a su orilla hay que sobrepasar el campo que lo separa de la pista. Se avanza por la pista para alcanzar un cruce múltiple en el km 13,5. Allí se toma dirección a la izquierda. Continuando por la pista en el km 14,8 se toma otra que sale a la derecha y 200 metros después se toma un desvío a la izquierda. A poca distancia se alza la ermita de San Miguel, en estado de abandono. A los pies se alza una masía también en mal estado. La ermita conserva su fachada, en la cual despunta una gran espadaña de dos vanos. En su interior conserva los muros, así como los arcos que sustentaban la cubierta ahora inexistente.

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Se retoma la ruta sin dejar la pista por la que se circulaba y en el km 16,9 surge un nuevo cruce. Allí se toma el ramal derecho. 700 metros después se gira a la derecha y cuando el cuentakilómetros señala los 20 kilómetros se llega a la carretera nacional N-232. En este punto debe cruzarse y enfrente parte una nueva pista. En ligero ascenso se alcanza un punto que ofrece buenas vistas de los alrededores de Alcañiz. Comienza un suave descenso sin abandonar la pista principal que conduce a la carretera que sirve de acceso a Motorland, cuando se alcanza el km 22,3. Al frente continúa la ruta acercándose a la masa vegetal que oculta la Estanca de Alcañiz. A 300 metros se coge a la derecha un ramal de acceso restringido a vehículos. Sin abandonar el trazado principal, la pista se adapta el perímetro sinuoso de la Estanca de Alcañiz. Hasta sus orillas llegan los pinares que la bordean. Son numerosos los lugares de descanso habilitados, así como varios miradores para observar las diferentes aves que habitan en este humedal.

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Tras alcanzar los 25,9 kilómetros se llega a un bar, que se acompaña de un parque infantil y de un pequeño club náutico. De los tres caminos asfaltados que arrancan en este punto se toma el central, el cual se acerca a una antigua canalización de hormigón. Junto a ella se discurre alcanzando el km 26,6, donde se gira a la derecha. Ahora se circula por una carretera asfaltada paralela al antiguo trazado del ferrocarril de la Vía del Zafán. Más adelante la carretera ocupa el recorrido ferroviario. Junto al cementerio, se sigue al frente pasando cerca de la antigua estación de ferrocarril de Alcañiz. La carretera avanza y se pasa por debajo de un pequeño puente. A medida que se aproxima a Alcañiz, se disfruta de vistas diferentes de su casco urbano. Finalmente las viviendas se van acercando. Casi al final de la carretera, es necesario tomar la última bocacalle a la derecha que tras un quiebro desemboca en la avenida de Tortosa, tras haber recorrido 31,5 kilómetros. Se llega a una pequeña rotonda, y ahora sólo resta tomar a la derecha el Paseo Andrade que discurre en paralelo al río Guadalope por su margen izquierda. Cuando el cuentakilómetros marca los 33 kilómetros de recorrido total se alcanza el punto de partida.

icono exclamación amarillo_Para la tarde se propone la visita turística a Alcañiz. Una de las ciudades más importantes de Aragón ofrece al visitante múltiples atractivos turísticos. El punto de partida está en la plaza Mayor, donde se emplaza la oficina de turismo. Desde su interior parte el acceso a los pasadizos medievales, donde además de los curiosos corredores se conserva una antigua nevera. Ya en la plaza destacan los edificios del ayuntamiento y la Lonja medieval. Cerca se emplaza la gran fábrica de la ex colegiata de Santa María la Mayor. Y en la visita es imprescindible subir hasta el castillo de los Calatravos, en cuyo interior hay un parador nacional, pero cuyas estancias históricas pueden visitarse. Entre todas las estancias destacan el conjunto de pinturas murales del siglo XIV, uno de los más destacados de Aragón.

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El río Guadalopillo nace en la sierra de Ejulve. Después va formando un valle con relieve poco acentuado. A la altura de Molinos, se le añaden los pequeños caudales de los barrancos de Santa Lucía, San Nicolás y Alta Hoya, los cuales conforman espacios naturales de gran interés en esta población. Una vez rebasado Berge sus aguas atraviesan el casco urbano de Alcorisa de camino a Calanda, donde desemboca en el río Guadalope.

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icono exclamación amarillo_Para acceder a estas tierras turolenses desde la capital del Ebro es necesario tomar la carretera de Alcañiz. Justo antes de llegar a Híjar, nace la vía de acceso a Albalate del Arzobispo y Andorra. Por esta carretera regional se alcanza la población de Alcorisa, que se emplaza en la margen derecha del río Guadalopillo. En la entrada del pueblo está la iglesia de San Sebastián. Este edificio de austera fachada fue construido en 1783. En su interior alberga la oficina de turismo y el Centro de Interpretación de la Semana Santa, el cual acoge una muestra de elementos religiosos y un audiovisual. Avanzando por la calle Mayor se alcanza la plaza de los Arcos, cuyo nombre tradicional hace referencia a los porches que se abren en dos de sus costados. En ella se alza el ayuntamiento de nueva planta, pero de tipología aragonesa. A escasos metros está la iglesia de Santa María la Mayor. Se trata de una fábrica gótico-barroca del siglo XVII. Al exterior destaca su portada de dos cuerpos flanqueados por columnas salomónicas, y su torre que se eleva en cinco tramos de ladrillo y se corona con un esbelto chapitel.

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Uno de los grandes acontecimientos para la población es la Semana Santa, con la representación del Drama de la Cruz, en la que participan quinientas personas del pueblo vestidas de la época, para representar los últimos momentos de la vida de Jesús. Desde la plaza de la iglesia parte el recorrido del Calvario de Alcorisa. Se trata de un precioso camino empedrado que asciende hasta la parte alta de los riscos que bordean la población. Se encuentra flanqueado por peirones y pequeñas ermitas que muestran las estaciones del calvario. Tras un cuarto de hora de pausado ascenso se alcanza la ermita del Santo Sepulcro, llevada a cabo en el siglo XVI. Es un edificio de traza barroca, sobre cuyo acceso se alza una espadaña de ladrillo. A escasos metros se encuentran las tres cruces de madera, punto final del calvario. El paseo continúa acondicionado hasta la pequeña ermita de San Juan, levantada en 1919 tras la destrucción de la anterior durante la guerra carlista de 1873.

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Para la tarde se propone la visita a la población de Molinos, situada a unos trece kilómetros. Recibe al visitante el barranco de San Nicolás, que toma el nombre de la pequeña ermita situada en un costado. Sus paredes verticales se unen por un puente bajo el cual se precipita una cascada con salto de unos treinta metros. Un poco más adelante están los antiguos lavaderos en cuyo interior hay dos salas expositivas, que muestran tanto la riqueza natural de la zona como los hallazgos de animales y humanos de la cueva de las Graderas. Una calle recta, desemboca en la plaza porticada. Cercada por arcos apuntados y de medio punto, guarda el pavimento de cantos rodados bajo los soportales. En la misma plaza se levanta el ayuntamiento que luce un magnífico alero de madera de dos vuelos. Completando la plaza se alza la iglesia de Santa María de las Nieves, una construcción terminada a finales del siglo XV. Cuenta con una nave compuesta de tres tramos y cubierta con bóveda de crucería estrellada. Sobresale la portada principal compuesta por cinco arquivoltas englobadas en un arco conopial.

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Desde la plaza una escalinata conduce al poyo ambasaguas. En este trayecto se encuentra el acceso a una sala donde se expone una muestra de escultura y dibujo del artista contemporáneo Eleuterio Blasco Ferrer. En lo alto estuvo el castillo, cuyo actual muro delimita el espacio ajardinado dando lugar a un bonito parque, con magníficas vistas a su alrededor. Allí se levanta la torre de la iglesia parroquial, de manera aislada. A escasa distancia se encuentra la ermita de la Soledad que se cubre con un cimborrio octogonal, el cual se cubre con tejas. Se desciende de nuevo y contigua a la plazoleta anterior se abre otro espacio porticado. La plaza mayor constituye uno de los lugares más pintorescos de la población, en la que se abren dos costados con arcos de medio punto y apuntados. Se cierra la plaza con el lateral de la iglesia parroquial, donde está la segunda portada gótica. Desde una esquina de la plaza parte la calle que conduce al portal del San Roque, sobre el cual se abre una capilla.

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icono exclamación amarillo_Para la mañana del domingo se propone la visita a la cueva de las Graderas, más conocida como Grutas de Cristal. Fueron descubiertas por un grupo de espeleólogos en el año 1961. La carretera que conduce a Castellote bordea la población por la parte alta. De ella parte un camino asfaltado de cuatro kilómetros que alcanza las grutas emplazadas en el barranco de las Graderas. Desde el aparcamiento una escalinata asciende hasta la boca de la galería. En su interior constan de un recorrido de más de seiscientos metros en los que aparecen dos grandes salas. La primera en visitar en la Sala de Cristal, de mayores dimensiones. Destacan las estalactitas, estalagmitas y estalactitas excéntricas. El resto está formado por coladas, columnas y formaciones arborescentes, que completan un espectáculo natural de formación kárstica sobre roca caliza. Después se desciende mediante una escalera de caracol a la Sala Marina. Además de parecidas formaciones, destaca por otras que cubren amplias superficies y que simulan a los corales marinos. En ellas se han encontrado además restos de pequeños mamíferos, grandes animales como el oso de las cavernas y huesos de humanos, entre los que se encuentra la mandíbula de un homínido.

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En la misma mañana hay tiempo suficiente para visitar otro atractivo natural, en este caso al aire libre: el Pozo del Salto.

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TIEMPO

DESNIVEL

DIFICULTAD

30 min (ida)

0 m

fácil

Un kilómetro antes de alcanzar la población de Molinos parte una pista a mano derecha que conduce a unas granjas. La pista principal cruza el cauce del barranco, y en tres kilómetros alcanza la ermita de Santa Lucía, recostada a mano derecha. Una parada permite visitar el edificio del cual sobresale su esbelta torre de ladrillo. También a escasos metros también puede admirarse un gran ejemplar de carrasca. Continuando por la pista, en apenas un kilómetro arranca un sendero junto a una paridera donde se puede dejar el vehículo. Rodeando unos campos se encamina a las choperas situadas junto al cauce. Se pasa a la margen derecha, y poco a poco el barranco se va estrechando. Media hora por la senda y se alcanza el precioso rincón donde cae una cascada con una balsa en la parte inferior.

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Se puede completar el fin de semana en la cercana localidad de Berge. Desde la plaza del ayuntamiento, y atravesando el portal-capilla situado enfrente se abandona el casco urbano en dirección al río Guadalopillo. Una pista señalizada desde la localidad conduce a la ermita de la Virgen de la Peña. Este santuario está enclavado en un pintoresco lugar, con un sinuoso y empinado acceso, a unos dos kilómetros al sudeste. A los pies de la colina hay una explanada donde es recomendable dejar el vehículo. Arranca una pista cementada que asciende y se introduce en la plaza, cerrada por tres edificios y en la que se alzan grandes cipreses. La ermita es una sencilla fábrica con acceso cubierto con pequeño porche. También cuenta el santuario con el edificio del albergue que cierra otro de los costados de la recoleta plaza. Tras la iglesia hay un mirador con excelentes vistas del valle del río Guadalopillo.

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En plena comarca del Bajo Aragón se encuentra Calanda. Esta localidad es conocida por muchas cosas: su melocotón, los tambores de su rompida de la hora, el afamado milagro y cómo no por su vecino más ilustre, el cineasta calandino Luis Buñuel. Pero son muchos más los diversos atractivos con los que cuenta esta población bajo aragonesa tanto en su casco urbano como en el término municipal que bien merecen una visita.

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La carretera de Castellón sirve de aproximación a las tierras del Bajo Aragón. En las cercanías de Alcañiz parte la carretera nacional que conduce en poco más de quince kilómetros a Calanda. Se asienta en una zona llana, en las cercanías de la confluencia de los ríos Guadalopillo y Guadalope. Sus orígenes se remontan al poblado celtibérico de Colenda. El núcleo actual nace con el asentamiento de sus primeros pobladores en las laderas de la colina donde estaba el castillo musulmán. En 1169 pasa a manos cristianas con Alfonso II de Aragón.

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icono exclamación amarillo_La visita comienza en la oficina de turismo situada en el CBC, Centro Buñuel Calanda. En plena calle mayor se emplaza la casa Fortán-Cascajares, un edificio renacentista que cobija este centro museístico de primer orden dedicado al genial cineasta aragonés Luis Buñuel. El acceso se realiza por la parte trasera, atravesando una plaza ajardinada donde destaca el busto del ilustre aragonés. En la planta baja se encuentra la recepción y una gran sala empleada para exposiciones temporales. En la primera planta se desarrolla la exposición permanente, en la cual mediante el empleo de nuevas tecnologías, se muestra su vida a través del cine y su universo particular. Uno de los espacios muestra una biografía completa mediante la proyección de las doce páginas de su vida. El siguiente espacio es lo más llamativo del museo, en la que se muestran los mundos de Buñuel, donde el surrealismo sorprende al visitante transportando a sus obsesiones y fragmentos de películas a través de la literatura. Otras cuatro pequeñas salas sirven para profundizar en sus más de treinta películas.

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Avanzando por la calle mayor, salpicada de casas nobiliarias, se alcanza la plaza de España. Calanda es casi mundialmente conocida por ser una de las localidades donde la Semana Santa muestra una de las estampas más tradicionales. La rompida de la hora, a mediodía del Viernes Santo, tiene lugar en esta plaza. En ese momento comienza el ensordecedor sonido de los tambores tocados por vecinos con sus túnicas moradas, uniforme característico de la villa. La primera procesión religiosa de Semana Santa se remonta a finales del siglo XVI mientras que el comienzo del uso de los tambores hay que situarlo a finales del siglo XVIII. En la plaza se levantan la iglesia parroquial y el ayuntamiento. La iglesia de la Esperanza es una fábrica barroca llevada a cabo en el siglo XVIII. Al exterior carece de torre, la cual se suple con una espadaña sencilla. El ayuntamiento cuenta con tres plantas, la primera de ellas se realizó en piedra de sillar. En un costado del edificio destacan los singulares frescos de Francisco Cascajares, pintados en 1704. Se trata de un hijo de la villa, que llegó a ser consejero de Castilla a mitad del siglo XVIII.

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Cerca de la plaza están los restos del castillo, origen de la población. Junto a los muros que delimitan el recinto defensivo se encuentra el templo del Pilar. Se trata de un edificio barroco. Cuenta con tres naves y sobre el crucero se levanta cúpula sobre lunetos. A los pies se levanta la torre, compuesta por tres cuerpos de ladrillo que se remata con un esbelto chapitel. Adosado a su fachada está la antigua casa del capellán, la cual alberga el museo Miguel Pellicer, protagonista del afamado milagro de Calanda. Miguel Juan Pellicer era natural de la villa. En el año 1637, mientras estaba trabajando en Castellón, sufrió un accidente y fue trasladado a Valencia y después a Zaragoza. En el hospital de Nuestra Señora de Gracia finalmente le tuvieron que cortar la pierna. Se estuvo recuperando durante dos años y medio en Zaragoza, viviendo de limosna ante el Templo del Pilar, mientras se curaba con aceite de la lámpara de la virgen. Se trasladó a su pueblo y en la noche del 29 de marzo de 1640 sus padres se dieron cuenta que tenía dos piernas mientras dormía. La virgen le había restituido la misma pierna que le habían cortado hace dos años en Zaragoza y sólo tardó tres días en alcanzar la movilidad total de la pierna.

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Si todavía resta tiempo por la mañana es posible la visita de la nevera de la localidad. Tomando prestadas las llaves en la oficina de turismo podrá visitarse esta curiosa instalación subterránea. Aparte del espacio circular central cubierto por bóveda de aproximación de hiladas, se abren cuatro galerías que amplían de manera notable la capacidad de albergar nieve, posteriormente convertida en hielo gracias a su compactación. Éste servía para enfriar alimentos y bebidas, así como para fines terapéuticos.exc13_nevera

Para la tarde se propone la visita a varios puntos de interés de su término municipal. En primer lugar el acueducto de los Arcos, cuyo acceso parte de la calle que pasa junto a la puerta del calvario, en pleno casco urbano. Ya fuera de la localidad es necesario tomar el ramal izquierdo en el primer cruce, y la derecha en el siguiente. El camino desciende en su tramo final alcanzando el parque fluvial que acompaña al acueducto. Se alza por cinco arcos de medio punto que alcanzan quince metros de altura en su punto más alto sobre el río Guadalopillo. Sirvió para la traída de aguas desde el río Guadalope hasta la localidad.

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Y para completar la jornada se propone visitar el convento del Desierto. Para ello es necesario abandonar Calanda por la carretera que conduce a Mas de las Matas, y poco después tomar dirección a Torrevelilla. En el punto kilométrico 2,5 de esta carretera secundaria aparece una curva pronunciada donde surgen dos pistas a mano derecha. Debe tomarse la segunda de ellas que conduce hasta este convento abandonado tras recorrer poco más de cinco kilómetros. Tomando siempre su trazado principal, a pesar del buen número de cruces, es fácil alcanzar el lugar prescindiendo de recorrer el tramo final una vez alcanzada una curva cerrada debido a la acusada pendiente. Llegó a albergar a cuarenta religiosos de la Orden de los Carmelitas Descalzos. En la actualidad está abandonado y sorprende encontrar un edificio de estas dimensiones en medio del monte. Atravesando la monumental fachada, flanqueada en uno de sus costados por una gran espadaña, se puede acceder con precaución al interior de su gran iglesia barroca. Y también al claustro, cuyas galerías carecen ya de cubiertas, pero que permiten imaginar cómo fueron. El resto de las instalaciones están en estado más avanzado de ruina. El conjunto se rodea de entorno natural de gran belleza salpicado de bloques de conglomerado de grandes dimensiones y pequeños bosques mediterráneos.

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