El Turia, el río más importante de la Comunidad Valenciana, nace en las inmediaciones de la población turolense de Guadalaviar. Toma el nombre de esta localidad hasta alcanzar Teruel, cuando pasa a llamarse Turia. Cerca de la vega formada por el río dos poblaciones ofrecen rincones naturales de gran belleza. El barranco de los Trancos en Villel y Los Amanaderos en Riodeva. Éste último lugar además fue habitado por el mayor dinosaurio de Europa.

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Para acceder a la vega del Turia hay que tomar dirección al sur de Aragón. El punto de partida es Teruel, a la cual se puede acceder cómodamente por la autovía mudéjar. Desde la capital turolense se coge la carretera nacional que conduce a Cuenca. Su trazado discurre en todo momento junto al río Turia. En unos treinta kilómetros de sinuoso trazado se alcanza la frontera con la Comunidad Valenciana. Una vez rebasada surge a mano izquierda la carretera que conduce a Riodeva, de nuevo en tierras aragonesas.

La carretera termina en la población, después de recorrer once kilómetros. Bordeando el casco urbano, en plena vega, parte indicado el camino que conduce a Los Amanaderos. Se trata de un paraje de gran belleza cuyo término hace referencia a las surgencias de agua que alimentan el río Eva, también llamado río de Riodeva, el cual desemboca en el Turia. Tomando la pista señalizada, ésta asciende ganando rápidamente altura, y atravesando paisajes desprovistos de vegetación. Tras recorrer cerca de ocho kilómetros desde la población se alcanza un aparcamiento, rodeado de pinares. Hay varias posibilidades para conocer este paraje, la primera de ellas realizando el primer tramo del sendero hasta el Salto Polaina, volviendo después al punto de partida. Tiene una duración estimada de una hora en total. La segunda y más interesante requiere de vehículos de apoyo, para realizar el recorrido en sentido descendente y poder disfrutar del recorrido sin hacerlo demasiado largo. Serán necesarias unas dos horas. En este caso se termina en un aparcamiento emplazado a unos dos kilómetros del pueblo, en la pista de acceso al CIREA (Centro de Interpretación del río Eva y los Amanederos). Y la tercera opción es realizar el recorrido íntegro ida y vuelta, partiendo de dicho aparcamiento, con una duración estimada de unas 4 horas y media.

TIEMPO DESNIVEL DIFICULTAD
2h (ida)  350 m fácil
4h 30´ (ida y vuelta)  350 m media

A escasos metros del primer aparcamiento se precipita el Salto de las Yeguas, cuyo cauce atraviesa la toba calcárea, piedra frágil, y se produce una espectacular caída de 22 metros de altura. Una senda desciende a su parte baja, con un mirador para poder apreciar el salto en toda su magnitud.

Siguiendo el recorrido perfectamente acondicionado con escaleras de madera se llega hasta la Cascada de las Ninfas, que se encuentra a escasos minutos. Se apoya en roca más dura, y su caída es escalonada, formando en su parte baja un apacible remanso. Continuando el trazado descendente se puede disfrutar de la vegetación de ribera junto al río que serpentea con pequeños saltos. El siguiente en aparecer es el Salto Polaina, con un mirador al cual se accede desviándose unos metros del recorrido. El sendero ahora se aleja del cauce. A gran altura respecto al mismo se divisa la Caída de San Lorenzo, también conocida como de la Virgen Blanca. Se trata del mayor salto de todo el recorrido en altura, con sus 48 metros en los cuales el agua se desliza por la roca. Más adelante comienza un descenso más acentuado hasta llegar a un pequeño valle. En este punto se retoma el trayecto fluvial acompañando al cauce.

Ya queda poca distancia hasta el Molino Montereta, situado en un entorno frondoso. Poco antes un pequeño sendero permite el acceso hasta el Salto de la Luz, ubicado en un precioso recoveco del cauce. Aguas abajo, junto a otro pequeño aparece el molino. En su interior alberga el CIREA. Las llaves para visitarlo se pueden solicitar en el albergue y en el pueblo. En la planta baja conserva la maquinaria del molino harinero; y en la planta alta tiene una exposición sobre el entorno natural de los Amanaderos y del río Eva. A escasos metros las aguas de los Amanaderos desembocan en el río Eva, que suele llevar menor caudal. El recorrido continúa pasando junto a una gran balsa que sirve para almacenar y regular el agua de riego de la vega que rodea a Riodeva. Poco más adelante se pasa bajo el puente de la canalización de riego. A partir de este punto la senda se convierte en pista, la cual surca la vega donde abundan frutales y huertas. En el trayecto aparece el segundo aparcamiento hasta donde se habrán invertido unas dos horas de caminata.

Para la tarde se propone la visita a Riodeva. Su casco urbano se asienta en una ladera del valle surcado por el río del mismo nombre. Una calle asciende de manera directa a una plaza donde se alza la iglesia de la Virgen de los Dolores. Fue erigida en la segunda mitad del siglo XVIII. A través de una sencilla portada adintelada se accede a su interior, compuesto por tres naves. La torre se alza en tres cuerpos; el primero es cuadrado y los dos siguientes octogonales. En la parte central del núcleo está el ayuntamiento de reciente factura.

Desde la carretera que bordea el pueblo por la vega, en su parte final, parte el desvío a mano izquierda que conduce a la ermita de la Inmaculada. La construcción de grandes dimensiones está fechada en 1857, en estilo neoclásico. Se accede a través de un pórtico abierto por tres arcos adintelados. Unos metros antes de alcanzar la ermita está la subsede de Dinópolis, que recibe el nombre de Titania. Este centro tiene como protagonista el Turiasaurus riodevensis, el dinosaurio más grande de Europa que fue encontrado en esta localidad. Del mismo ha sido descubierto el 50% de su esqueleto, y se representa a tamaño natural la mitad anterior de su cuerpo. En el espacio también se muestran los demás dinosaurios encontrados en el medio centenar de yacimientos de la zona. También se explican las rocas y estratos de la zona, donde vivieron los dinosaurios hace 150 millones de años.

Para completar la tarde se propone visitar el Barrio Minero de Libros, que se emplaza a unos seis kilómetros de Riodeva, en dirección a la vega del Turia. Un panel informativo junto a la carretera marca el acceso rodado. Desde el siglo XVIII se extrajo azufre de estas minas. En el año 1906 la Industrial Química de Zaragoza comienza a explotarlas, trasladando el mineral hasta el barrio zaragozano de la Química para su procesado. El antiguo poblado, ahora en ruinas, llegó a contar con unos dos mil habitantes. El cese de la producción tuvo lugar en 1956, y después llegó la destrucción de los edificios. Sólo se conserva en buen estado la ermita de Santa Bárbara. En los alrededores se construyeron más de un centenar de cuevas que complementaban el alojamiento a las familias debido a la numerosa mano de obra. En los últimos años una docena de ellas han sido recuperadas por Julián Martínez. Gracias a su labor es posible la visita libre a su interior. Se aprecian las estancias excavadas en la roca,  que además están dotadas de mobiliario para poder imaginar mejor su uso como vivienda.

Para el domingo la visita se traslada a la población de Villel, de vuelta hacia Teruel. A finales del siglo XI pasó por estas tierras el Cid, siendo reconquistada en 1180 por el rey Alfonso II de Aragón. Sus viviendas se sitúan en torno a una afilada elevación coronada por el castillo, en la margen derecha del río Turia.  Desde la carretera se accede a la plaza principal, donde se encuentra el edificio del ayuntamiento y la iglesia de la Virgen de las Nieves. Ésta última constituye una gran construcción en mampostería terminada en 1738. Cuenta con dos portadas de factura barroca flanqueadas por columnas bulbiformes, guarecidas por un gran arco de medio punto. La torre se alza en tres cuerpos, siendo los dos superiores octogonales en ladrillo, rematándose con chapitel. Un paseo por el pueblo permite descubrir el Portal del Concejo. En su interior hay escaleras que toman dirección a la parte más alta del promontorio. De camino se pasa junto a la ermita de Santa Bárbara. El castillo de planta irregular corona el monte a cuyos pies fue desarrollándose la población. Pertenece a los siglos XII y XIII y fue regido por la orden templaria. Se trataba de una fortaleza de planta irregular. El resto más importante es la Torre del Homenaje, de planta rectangular y ocho metros de lado. Tras su restauración se accede a través de una escalera de caracol externa. Desde este lugar se disfrutan de excelentes vistas de la población y de la vega del Turia.

Para completar la mañana se recomienda la visita al entorno natural de mayor interés de la población, el Barranco de los Trancos. En la parte trasera del pueblo, desde la calle Fuensanta, parte otra calle que atraviesa el cauce del barranco de la Chartera, junto a una pasarela peatonal de madera. Por esta calle se abandona la población tomando una pista que en unos tres kilómetros y medio deja en la entrada del barranco, sin abandonar el trazado principal.

TIEMPO DESNIVEL DIFICULTAD
1h (ida y vuelta)  150 m fácil

La fuente Chartera marca el inicio de la ruta. El sendero se adentra entre enormes paredes de roca. En algunas ocasiones la anchura es lo suficientemente estrecha como para tocarlas con las manos extendidas. Durante el recorrido han sido acondicionados algunos pasos con escaleras metálicas y sirgas para facilitar los ascensos bruscos del nivel. En menos de media hora se abandona la zona más angosta y el barranco se abre. Poco más adelante, en un cruce señalizado, debe tomarse el sendero GR-10 a la derecha, señalizado con marcas rojas y blancas. En el ascenso se gana poco a poco altura, con buenas vistas del barranco recorrido. Tras un pequeño collado comienza el descenso de vuelta que enlaza de nuevo con la pista que sirve de acceso al barranco.

Para la tarde se reserva la visita al Santuario de la Fuensanta. Desde la parte trasera de Villel, tomando la calle de la Fuensanta, parte una pista señalizada en buen estado que sirve de acceso a este lugar que se encuentra a dos kilómetros. Tras recorrer una zona con paisaje abierto la pista asfaltada se introduce en una barranco angosto, donde surge de repente el santuario. La actual construcción fue terminada en 1590. Es un conjunto compuesto por la ermita y la hospedería, que se unen mediante un pasadizo en alto. La ermita se compone de una nave que se cubre con bóveda de crucería estrellada. Sobre la cabecera se alza una cúpula octogonal. El acceso principal se encuentra en un lateral; se compone de arco de medio punto de gran dovelaje, con una inscripción de la cruz de malta en la clave. La hospedería es un edificio de planta cuadrada con tres alturas.